De los Sermones de san Quodvuldeo, obispo
El gran Rey nace como un niño pequeño. Vienen los magos desde
tierras lejanas; vienen pina adorar al que está todavía acostado en un pesebre,
pero que reina ya en el cielo y en la tierra. Cuando los magos hacen saber a
Herodes que ha nacido el Rey, Herodes se altera y, para no perder su reino,
quiere matar al recién nacido; y, sin embargo, si hubiese creído en él hubiera
podido reinar tranquilo aquí en la tierra y para siempre en la otra vida. ¿Por
qué temes, Herodes, al oír que ha nacido el Rey? Él no ha venido para
destronarte, sino para vencer al diablo. Pero esto tú no lo entiendes y por esto
te alteras y te llenas de furor; y, para perder al único niño que buscas, te
conviertes en el cruel asesino de muchos.
No te detienen ni las lágrimas de las madres ni el dolor de
los padres que lloran la muerte de sus hijos ni los gritos y quejidos de los
niños. Matas los cuerpos de los niños, porque a ti el temor te mata el corazón;
y piensas que, si logras tu objetivo, podrás vivir por largo tiempo, cuando en
realidad pretendes matar al que es la Vida en persona.
Aquel que es la fuente de la gracia, que es pequeño y grande
a la vez, que está acostado en un pesebre, te hace temer por tu trono; por medio
de ti, y sin que tú lo sepas, realiza sus designios y libra a las almas de la
cautividad del demonio. A los que habían nacido en pecado los recibe en el
número de sus hijos adoptivos.
Aquellos niños, sin saberlo, mueren por Cristo, y sus padres
lloran la muerte de aquellos mártires; Cristo, cuando eran todavía incapaces de
hablar, los convierte en idóneos testigos suyos. Así es el reinado de aquel que
ha venido para ser rey. Así libera aquel que ha venido a ser libertador, así
salva aquel que ha venido a ser salvador. Pero tú, Herodes, ignorando todo esto,
te alteras y te llenas de furor; y, al llenarte de furor contra aquel niño, le
prestas ya tu homenaje sin saberlo.
¡Cuán grande y gratuito es el don! ¿Qué merecimientos tenían
aquellos niños para obtener la victoria? Aún no hablan y ya confiesan a Cristo.
Sus cuerpos no tienen aún la fuerza suficiente para la lucha y han conseguido ya
la palma de la victoria.
lunes, 28 de diciembre de 2020
Santos inocentes
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