viernes, 25 de diciembre de 2020

Testigos de la Luz

Antes que nada ¡Feliz Navidad! Dios ha nacido para nuestra Salvación, y nosotros lo hemos reconocido en un Niño recostado en pesebre. ¡Esa es nuestra fe! Y esa es la Luz que ese Niño vino a traernos a nuestras vidas, y, de nuestras vidas, al mundo entero.
"Y la luz brilla en la tiniebla, y la tiniebla no lo recibió.
Surgió un hombre enviado por Dios, que se llamaba Juan: este venía como testigo, para dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él".
Hoy como ayer la Luz quiere brillar en las tinieblas, en las tinieblas del mundo, en las tinieblas de error, pero hay quienes no quieren reconocer la Luz. Y ¿por qué no quieren reconocer la Luz? Sobre todo porque quienes portamos la Luz no somos testigos creíbles de la Luz que decimos haber recibido.
Y, sí, es la verdad. Como dice el Evangelio acerca de Juan: "venía como testigo, para der testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de él". Esa también es nuestra misión: dar testimonio de la luz, para que todos creyeran por medio de nosotros. Por eso el Señor nos dijo: "vosotros sois la luz del mundo". Y ¿por qué no somos testigos veraces de la Luz? Porque dejamos que la luz del mundo se filtre en nuestros corazones, y nos dejamos engañar por luces que no son verdaderas y que van cambiando con el correr del tiempo. En cambio, la Luz Verdadera, aquella que vino al mundo en Belén, es una Luz que ilumina, también, las tinieblas de nuestros corazones y nos quiere llevar a cambiar de vida, a reconocer nuestros errores, y a ir contra la corriente del mundo.
Ya nos los decía San Juan Pablo II, en la Jornada de los Jóvenes del año 2000: "sed mártires de luchar contra la corriente del mundo", en cambio nos hemos visto arrastrados (o mejor dicho nos hemos dejado arrastrar) por la corriente del mundo, y aunque, muchas veces decimos que no, pero aceptamos los pecados del mundo, y así, la Luz que nació en Belén, en nuestros corazones va perdiendo fuerza.
Hoy, y cada día, miremos al Niño que nacido, en el que creemos; y volvamos la mirada, también, hacia el Sagrario, pues ahí está el Verdadero Dios esperándonos, invitándonos a recibirlo para que la Verdadera Luz vuelva a nacer en nuestras vidas, para que tengamos la fortaleza necesaria para remar contra la corriente, para que sepamos confiar en Su Providencia y poder defendernos contra las tinieblas, y dejar paso a la Luz, para que, como Juan seamos portadores de la Luz Verdadera, que lleguemos como nos pidió Jesús a iluminar con nuestras vidas el mundo. ¡Somos sus testigos! Tenemos que creérnoslo para que sigamos transformando el mundo como Él lo transformó. Para que no sólo sea brindar por una Navidad, sino que sea Vivir una Navidad todos y cada uno de los días, porque la Luz vino al mundo y nosotros somos testigos fieles de su Verdad y su Vida.

 

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