María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Una simple frase, de una adolescente, que cambió la historia de la Humanidad, haciendo que la historia comenzara a ser Historia de Salvación, pues en su seno comenzó a nacer el Esperado por los Siglos, el Salvador del Hombre: un Dios que se hace Hombre para salvar al hombre.
Y esas palabras de María me llevan a pensar en nuestras palabras, en nuestras respuestas de cada día al Señor: ¿somos capaces de responder a Dios como lo hizo María? ¿Somos capaces de entregar toda nuestra vida a Dios para que Él haga según su Voluntad?
A veces pienso que no estamos preparados para vivir como María, una entrega total a Dios, hacernos sus esclavos para que se cumpla en nosotros “su voluntad en la tierra como en el Cielo”, palabras que siempre salen de nuestros labios, pero que, muchas veces, no llegan al corazón.
María nos lleva a meditar, un poco más, en nuestra pertenencia al Señor, porque es Él quien nos ha elegido, como a Ella, para llevar a Dios al mundo, por eso el Hijo nos dijo: vosotros sois la sal, la luz, y el fermento; para darle al mundo una imagen nueva, para mostrar el hombre un Hombre Nuevo, para hacer que lo que se fue destruyendo del hombre pueda ser reconstruido y restaurado a imagen del Hijo por quien se hizo todo.
Así, este año, tan especial, pero tan vivido desde el dolor, desde la soledad, desde lo íntimo del corazón, aprovechémoslo para adentrarnos en el Misterio de la Navidad, pero desde el corazón de María. Ella como todas las mujeres de Israel estaba a la espera del Mesías, pero Dios la eligió a Ella, para que fuera quien lo recibiera, y todo dependía de su libertad, de su entrega, de su deseo de ser la portadora de la Buena Noticia para toda la humanidad.
Así, también nosotros, estamos llamados, como María a ser los portadores de una Buena Noticia, que no es sólo el deseo de una ¡Feliz Navidad! sino los portadores en nuestras vidas de una Vida Nueva que nace de la Palabra, de los Sacramentos, en fin, de nuestra Fidelidad a la Vida que nació en Belén, y se nos dio como Don de Dios en nuestro Bautismo. Si lo vivimos y lo anunciamos, sembraremos el mundo con semillas de Nueva Humanidad, de un Nuevo Hombre que nace en Dios para los hombres.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.