"Pero el ángel le dijo:
«No temas, Zacarías, porque tu ruego ha sido escuchado: tu mujer Isabel te dará un hijo, y le pondrás por nombre Juan. Te llenarás de alegría y gozo, y muchos se alegrarán de su nacimiento".
Es algo que ya sabemos que los tiempos de Dios no son nuestros tiempos y eso, muchas veces, nos llena de impaciencia y ansiedad. Zacarías e Isabel ya eran ancianos y no podían tener hijos, seguramente, como le dijo el ángel, hacía muchos años que suplicaban por el hijo, pero hasta que Dios no lo vió oportuno, como diría san Pablo de Jesús: llegada la plenitud de los tiempos; Dios no les concedió lo que pedían.
Pero no sólo Dios espera la plentiud de los tiempos, sino que, también, espera que en ese tiempo el instrumento pueda ayudar a Su Plan de Salvación. San Juan Bautista fue pensado por Dios para un momento determinado y para una misión determinadas, y así la cumplió él. Lo mismo que sus padres que, siendo fieles a la Voluntad de Dios, le dieron al niño el nombre que Dios quería y no el que los hombres pretendía, pues, cuando se quiere ser Fiel a Dios, no importa lo que piensen los hombres, pues la lógica de Dios es muy diferente de la lógica humana.
Y esto nos ayuda a ver dos o más cosas: por un lado que no tenemos que dejarnos caer en la ansiedad porque "Dios no nos esuchce", sí que nos escucha, pero Él sabe mejor que yo, cuándo y qué necesito, claro que eso no quita que siga pidiendo lo que creo querer, pero mucho más he de pedir el Espíritu Santo.
Por eso mismo, cuando pido el Espíritu Santo, Él me enseñará a pedir y, sobre todo, a pedir lo que sabe que Dios ha pensado para mí. Me ayuda a descubrir mi vocación y a vivirla en el momento oportuno, y recibir la fortaleza para poder llevarla a cabo.
Porque la ansiedad y el no saber qué tengo que hacer, siempre nos llevarán por otros caminos que no son los de Dios, y, muchas veces, nos harán sentir el sinsentido de lo que estamos, porque sólo estamos llenando el tiempo y el espacio de cosas que no nos convienen y que no le dan sentido a mi vida.
La confianza en la Providencia y el saber dejar al Espíritu Santo que interceda por nosotros, nos ayudará a encontrar la serenidad y la paz necesaria para poder discernir con claridad cuál es la Voluntad de Dios para mi vida, y, con Su Gracia, poder "alcanar la meta sin perder la fe".
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