Del Tratado de san Ireneo, obispo, Contra las herejías
Uno es Dios, quien por su palabra y su sabiduría hizo y dispuso todas las cosas.
Su Palabra es nuestro Señor Jesucristo, que en los últimos tiempos se hizo hombre entre
los hombres para reunir el término con el comienzo, es decir, el hombre con Dios.
Los profetas, que habían recibido el don de la profecía de
la misma Palabra, anunciaron su venida según la carne: Por esta venida se
realizó la unión y comunión de Dios y el hombre, conforme a la voluntad del
Padre. En efecto, la Palabra de Dios había anunciado de antemano que Dios sería
visto por los hombres, que viviría con ellos en la tierra; había anunciado que
hablaría y que estaría con su creatura para salvarla, que ella lo conocería; y
había anunciado también que, librándonos de nuestros enemigos y de la mano de
todos los que nos odian, es decir, de todo espíritu de pecado, nos haría
servirle con santidad y justicia, en su presencia, todos nuestros días, a
fin de que el hombre, unido al Espíritu de Dios, glorificara al Padre.
Los profetas anunciaban que Dios sería visto por los
hombres, y así lo proclamó el mismo Señor cuando dijo: Dichosos los limpios
de corazón, porque ellos verán a Dios. Pero nadie puede ver a Dios en
su grandeza y en su gloria inenarrable y seguir viviendo: el Padre es
inaccesible. Sin embargo, porque ama al hombre y porque todo lo puede, aun este
don concedió a los que lo aman: ver a Dios; y esto también lo anunciaron los
profetas: Lo que para los hombres es imposible es posible para Dios.
El hombre por sí mismo no puede ver a Dios; pero Dios, si
quiere, puede manifestarse a los hombres: a quien quiera, cuando quiera y como
quiera. Dios, que todo lo puede, fue visto en otro tiempo por los profetas en el
Espíritu, ahora es visto en el Hijo gracias a la adopción filial y será visto en
el reino de los cielos como Padre. En efecto, el Espíritu prepara al hombre para
recibir al Hijo de Dios, el Hijo lo conduce al Padre, y el Padre en la vida
eterna le da la inmortalidad, que es la consecuencia de ver a Dios.
Pues así como los que ven la luz están en la luz y reciben
su claridad, así también los que ven a Dios están en Dios y reciben su claridad.
La claridad de Dios vivifica y, por lo tanto, los que ven a Dios reciben la
vida.
miércoles, 16 de diciembre de 2020
Dios se hace visible en Cristo
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