"¿Por qué andas diciendo, Jacob, y por qué murmuras, Israel: «Al Señor no le importa mi destino, mi Dios pasa por alto mis derechos»?"
Es cierto, a veces, pareciera que el Señor no nos escucha, que hablamos y hablamos, pedimos y pedimos, pero no obtenemos respuesta a nuestras voces, a nuestros reclamos. Sin embargo, sabemos que Él no pasa por alto ninguna de nuestras palabras, y ninguno de nuestros reclamos.
"¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído?
El Señor es un Dios eterno que ha creado los confines de la tierra.
No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia.
Fortalece a quien está cansado, acrecienta el vigor del exhausto.
Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan".
Porque lo conocemos, porque lo amamos, seguimos esperando, porque nuestra Esperanza nos ha sido dada junto con el Espíritu que nos ayuda a llevar adelante la vida, la fe, el amor. Sabemos, que, si miramos hacia atrás en nuestra vida, podremos ver que siempre Él nos ha sacado de los pozos en los que hemos caído, que nos ha acompañado en las noches oscuras, y, cuando se nos hacía pesada la carga de la Cruz ha salido a nuestro encuentro y hemos podido llevarla cuantas veces Él nos lo ha pedido.
Pero, muchas otras veces, se nos cansa el alma y, humamente, nos parece haber legado al fondo de nuestras fuerzas, y, pareciera que nos falta o se nos ha perdido la fe, y se cierra nuestro corazón a una nueva súplica al Señor. Y es en ese momento donde Jesús vuelve y nos dice:
«Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso. para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
¿Por qué su yugo es llevadero y su carga ligera, si el Él mismo sucumbió al peso de la Cruz y se sintió abandonado sobre la Cruz?
Por eso mismo, Él ya la cargó por nosotros. Él ya venció el peso de la Cruz. Él será nuestro Cireneo si nosotros aceptamos cargarla, si aceptamos seguirlo. No nos dejará solos en el Camino, aunque lo parezca, siempre estará a nuestro lado para fortalecer nuestras almas para que sigamos avanzando en el Camino, y podamos llegar a la meta sin perder la fe. Por eso Él nos pide llevar Su Yugo y Su Carga, y no las que nos nosotros queremos llevar, porque las nuestras se nos hacen pesadas y duras, más la de Él es suava y ligera.
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