Le dice san Pablo a los corintios:
"Hermanos:
Si anuncio el Evangelio, no lo hago para gloriarme: al contrario, es para mí una necesidad imperiosa. ¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!
Si yo realizara esta tarea por iniciativa propia, merecería ser recompensado, pero si lo hago por necesidad, quiere decir que se me ha confiado una misión".
Porque, después de haber recibido el llamado de Jesús a seguirlo, entendió que su misión era anunciar el Evangelio a todas las gentes, y, sin más se dispuso a realizar esa misión. Y, sobre todo, sin importarle quién era ni quién había sido él hasta ese momento. Jesús lo llamó y él respondió, y llevó la Palabra de Jesús por todos los lugares que pudo, no sin tener que sufrir por Ella.
Hoy, al celebrar el día de San Francisco Javier, patrono universal de las misiones, no sólo pensemos en los que han salido de sus países para misionar por nuevas tierras o para llevar la Buena Noticia a lugares donde no se conoce o es muy difícil la predicación (aunque es necesario, siempre, recordarlos y rezar por ellos para que no pierdan la esperanza ni la fortaleza para seguir insistiendo con el Evangelio), sino que tenemos que pensar que ese envío misionero es para cada uno de nosotros.
Sí, para cada uno de los bautizados es el envío misionero. Y cada uno de nosotros va misionando con su vida por donde va pasando o por donde está viviendo, ya sea en el trabajo, el supermercado, dentro de casa y en la familia, como laico, consagrado, sacerdote, religioso; ya sea en un activo o en pasivo, estando sano o estando postrado en una cama, o enfermo.
Sí, no hay razón para no misionar, porque misionar no es sólo ir a algún lugar a predicar, sino que predico con mi vida, con mis palabras, con mis gestos, con todo mi ser anuncio lo que creo, y ese es el evangelio que predico. Por eso tengo que ser muy consciente de lo que hago y cómo lo hago, de lo que digo y cómo lo digo, por que, para muchos (como dijo alguien que no me acuerdo) el único evangelio que lean será la vida de los cristianos.
"Id por todo el mundo, anunciad el Evangelio", dijo el Señor antes de ascender a los Cielos. Ya no es Él quien anuncia, sino que son sus discípulos quienes siguieron anunciando el Evangelio de la Vida, de Su Vida, pues Su Vida es el Camino para alcanzar una Vida Nueva, para formar un Hombre Nuevo que viva la Voluntad de Dios para alcanzar la Salvación, y así construir un Mundo Nuevo donde se puede vivir, en verdad, la Justicia, la Verdad, la Paz. Pero muchos no conocerán el Camino de la Vida, si los crisitanos no vivimos lo que creemos, y, sobre todo, si no anunciamos lo que vivimos.
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