miércoles, 31 de diciembre de 2025

Poniéndole Vida a los años

Último día del año. Parece mentira pero ya se termina el año, un año que parecía que iba a ser largo pero no, no fue largo, fue intenso, han sido muchas cosas que Dios nos ha permitido vivir. Siempre hacemos balances, pero ¿para qué? No somos una empresa que tiene que presentar balances a fin de año, sino que somos una vida que Dios pensó, una vida que Él nos dio y nos puso en un lugar, en un tiempo para que disfrutemos de Su Amor y de todo lo que hizo y ha hecho para que alcancemos la plenitud en Él.
No tenemos que hacer balances. No sirve hacer balances, sino que sirve dar Gracias y no sólo por las cosas buenas que nos hayan pasado, sino también por las que no han sido buenas, porque unas y otras nos han hecho lo que somos con la Gracia de Dios.
Quizás no pensemos que la Gracia esté en nosotros porque no hemos sido todo los fieles que habríamos podido serlo, sino que hemos tropezado, hemos caído. Pero lo importante es que nos hemos levantado, que hemos sobrevivido a tantas y cuantas cosas que se nos han presentado.
Tampoco es tiempo para decir que tenemos que empezar de cero un año nuevo, porque no estamos en cero. Tenemos una experiencia que se va acumulando en nuestros corazones y nuestras mentes, pero que nos olvidamos que todo lo tenemos que poner en Sus Manos, no en nuestras manos. Sólo en sus Manos todo eso se hará sabiduría, se hará Gracia para que podamos seguir avanzando.
Hoy, última noche del año, donde seguramente pensemos en los que no están con nosotros físicamente, pero que están y estarán junto a nosotros porque están junto al Padre y nos siguen amando con el Amor de Dios, por eso, cada silla vacía es un corazón lleno del Amor Verdadero, de ese Amor que un día se derramó en nuestros corazones y nos hizo ser lo que somos, nos dio un Espíritu nuevo y nos fortaleció para dar el primer paso a la Vida Nueva. Y a partir de ese momento todo dependía de nosotros porque desde ese día comenzábamos a transitar el camino del Amor.
Por eso, en este último día del Año tenemos la oportunidad de dar Gracias, porque Dios se nos ha mostrado y se nos ha entregado como niño y cómo Dios, un Dios que nos hace niños para que aprendamos a amar a los demás como Él nos amó, y por eso, cada día es un día nuevo, cada día es Navidad y cada día podemos aprender de lo que Dios nos permite vivir.
No es un final de año, es un seguir (como dice el poeta) poniéndole Vida a los años.

martes, 30 de diciembre de 2025

Que la pereza no te prive de orar

San Cipriano de Cartago, obispo y mártir (s. III) • Tratado sobre el Padrenuestro.

En las Escrituras, el verdadero sol y el verdadero día, es Cristo; por eso los cristianos no excluyen ninguna hora, y hay que adorar a Dios sin cesar y siempre. Puesto que estamos en Cristo, es decir, en la luz verdadera, estemos en oración y no dejemos de suplicar a lo largo de todo el día. Y cuando, siguiendo el curso el tiempo, la noche llega después del día, no hay nada, ni las mismas tinieblas nocturnas, que nos puede impedir de orar: para los hijos de la luz (1Ts 5, 5), incluso durante la noche es de día. ¿Cuándo, pues, está sin luz aquel que tiene la luz en su corazón? ¡Cuándo falta el sol, cuándo, pues, no es día para aquel que Cristo es Sol y Día?
Durante la noche, pues, no dejemos de orar. Es así como Ana, la viuda, obtuvo el favor de Dios perseverando en la oración y en las vigilias, tal como está escrito en el Evangelio: «No se alejaba nunca del Templo, sirviendo día y noche con ayunos y la oración». Que la pereza y la desidia no nos priven de orar. Por la misericordia de Dios, hemos sido recreados en el Espíritu y hemos renacido. Imitemos pues, eso que seremos. Debemos ser habitantes de un reino donde no habrá más noche, donde brillará el día sin ocaso, velemos ahora, durante la noche como si fuera pleno día. Llamados a orar y a dar gracias sin fin al Dios del cielo, comencemos ya aquí a orar sin cesar y a darle gracias.

lunes, 29 de diciembre de 2025

Irse en paz

Orígenes, presbítero (s. III) • Irse en paz. Homilía 15 sobre el evangelio de San Lucas.


Simeón sabía que nadie nos puede hacer salir de la cárcel de nuestro cuerpo con la esperanza de la vida futura, fuera de aquel que él tenía en sus brazos. Por esto dice: “Ahora, Señor, puedes dejar a tu siervo irse en paz.” (Lc 2, 29) porque, mientras no cogía en brazos a Cristo, estaba como encarcelado y no me podía desligarse de sus cadenas. Es de notar que esto no vale únicamente para Simeón sino para todos los humanos. Si alguien sale de este mundo y quiere entrar en el Reino que tome a Jesús en sus manos, que lo estreche entre sus brazos, contra su pecho y entonces se puede ir, lleno de alegría, a donde desea.

“Los que se dejan guiar por el Espíritu de Dios ésos son hijos de Dios” (Rm 8, 14). El Espíritu Santo mismo lleva a Simeón al templo. Si tú quieres tener en tus brazos a Jesús y ser digno de salir de tu prisión, esfuérzate por dejarte conducir por el Espíritu Santo hasta llegar al templo de Dios. Ya estás en el templo del Señor Jesús, es decir, en su Iglesia, “el templo construido con piedras vivas” (cf 1Pe 2, 5).

Si llegas, pues, movido por el Espíritu Santo hasta el templo, encontrarás al Niño Jesús, lo tomarás en tus brazos y dirás: “Ahora, Señor, según tu palabra, puedes dejar a tu siervo irse en paz.” Esta liberación y esta partida se realizan en la paz ¿Quién es el que muere en paz sino aquel que posee la paz de Dios que sobrepasa toda inteligencia y guarda el corazón de los que la poseen? (Flp 4, 7) ¿Quién es aquel que sale de este mundo en paz, sino aquel que comprende que Dios ha venido en Cristo a reconciliar el mundo consigo?

domingo, 28 de diciembre de 2025

Matrimonio, vocación de santidad

San Juan Pablo II, Papa (s. XX) • Carta. El nacimiento y el peligro. A las Familias, 2 de febrero de 1994.

La breve narración de la infancia de Jesús nos refiere casi simultáneamente, de manera muy significativa, el nacimiento y el peligro que hubo de afrontar enseguida. Lucas relata las palabras proféticas pronunciadas por el anciano Simeón cuando el Niño fue presentado al Señor en el templo, cuarenta días después de su nacimiento. Simeón habla de «luz» y de «signo de contradicción»; después predice a María: «A ti misma una espada te atravesará el alma» (cf. Lc 2, 32-35). Sin embargo, Mateo se refiere a las asechanzas tramadas contra Jesús por Herodes: informado por los Magos, que habían ido de Oriente para ver al nuevo rey que debía nacer (cf. Mt 2, 2), se siente amenazado en su poder y, después de marchar ellos, ordena matar a todos los niños menores de dos años de Belén y alrededores. Jesús escapa de las manos de Herodes gracias a una particular intervención divina y a la solicitud paterna de José, que lo lleva junto con su Madre a Egipto, donde se quedarán hasta la muerte de Herodes. Después regresan a Nazaret, su ciudad natal, donde la Sagrada Familia inicia el largo período de una existencia escondida, que se desarrolla en el cumplimiento fiel y generoso de los deberes cotidianos (cf. Mt 2, 1-23; Lc 2, 39-52).
Reviste una elocuencia profética el hecho de que Jesús, desde su nacimiento, se encontrara ante amenazas y peligros. Ya desde niño es «signo de contradicción». Elocuencia profética presenta, además, el drama de los niños inocentes de Belén, matados por orden de Herodes y, según la antigua liturgia de la Iglesia, partícipes del nacimiento y de la pasión redentora de Cristo» Mediante su «pasión», completan «lo que falta a las tribulaciones de Cristo, en favor de su Cuerpo, que es la Iglesia» (Col 1, 24).
En los evangelios de la infancia, el anuncio de la vida, que se hace de modo admirable con el nacimiento del Redentor, se contrapone fuertemente a la amenaza a la vida, una vida que abarca enteramente el misterio de la Encarnación y de la realidad divino-humana de Cristo. El Verbo se hizo carne (cf. Jn 1, 14), Dios se hizo hombre. A este sublime misterio se referían frecuentemente los Padres de la Iglesia: «Dios se hizo hombre, para que el hombre, en él y por medio de él, llegara a ser Dios» Esta verdad de la fe es a la vez la verdad sobre el ser humano. Muestra la gravedad de todo atentado contra la vida del niño en el seno de la madre. Aquí, precisamente aquí, nos encontramos en las antípodas del «amor hermoso». Pensando exclusivamente en la satisfacción, se puede llegar incluso a matar el amor, matando su fruto. Para la cultura de la satisfacción el «fruto bendito de tu seno» (Lc 1, 42) llega a ser, en cierto modo, un «fruto maldito».
¿Cómo no recordar, a este respecto, las desviaciones que el llamado estado de derecho ha sufrido en numerosos países? Unívoca y categórica es la ley de Dios respecto a la vida humana. Dios manda: «No matarás» (Ex 20, 13). Por tanto, ningún legislador humano puede afirmar: te es lícito matar, tienes derecho a matar, deberías matar. Desgraciadamente, esto ha sucedido en la historia de nuestro siglo, cuando han llegado al poder, de manera incluso democrática, fuerzas políticas que han emanado leyes contrarias al derecho de todo hombre a la vida, en nombre de presuntas y aberrantes razones eugenésicas, étnicas o parecidas. Un fenómeno no menos grave, incluso porque consigue vasta conformidad o consentimiento de opinión pública, es el de las legislaciones que no respetan el derecho a la vida desde su concepción. ¿Cómo se podrían aceptar moralmente unas leyes que permiten matar al ser humano aún no nacido, pero que ya vive en el seno materno? El derecho a la vida se convierte, de esta manera, en decisión exclusiva de los adultos, que se aprovechan de los mismos parlamentos para realizar los propios proyectos y buscar sus propios intereses.
Nos encontramos ante una enorme amenaza contra la vida: no sólo la de cada individuo, sino también la de toda la civilización. La afirmación de que esta civilización se ha convertido, bajo algunos aspectos, en «civilización de la muerte» recibe una preocupante confirmación. ¿No es quizás un acontecimiento profético el hecho de que el nacimiento de Cristo haya estado acompañado del peligro por su existencia? Sí, también la vida de Aquel que al mismo tiempo es Hijo del hombre e Hijo de Dios estuvo amenazada, estuvo en peligro desde el principio, y sólo de milagro evitó la muerte.
Sin embargo, en los últimos decenios se notan algunos síntomas confortadores de un despertar de las conciencias, que afecta tanto al mundo del pensamiento como a la misma opinión pública. Crece, especialmente entre los jóvenes, una nueva conciencia de respeto a la vida desde su concepción; se difunden los movimientos pro-vida. Es un signo de esperanza para el futuro de la familia y de toda la humanidad.

sábado, 27 de diciembre de 2025

Corazón enamorado del Señor

Mons. José Ignacio Munilla, obispo Orihuela-Alicante (s. XXI) • Homilía 27 dicembre 2024

El 27 de diciembre celebramos a San Juan, apóstol y evangelista. Comienzo por recordar que, tras la celebración de la Navidad, estos tres días tienen un significado especial. El 26 de diciembre se celebra a San Esteban, como el primer fruto del nacimiento de Jesús: que podamos ser sus testigos, sus mártires. El segundo día, San Juan evangelista, representa el segundo fruto: la virginidad del corazón, el corazón enamorado del Señor. Y el tercer día, el 28, celebramos a los Santos Inocentes, el día de la inocencia.
Los “comites Christi” —el martirio, el corazón enamorado y la inocencia— nos acompañan en este tiempo. Vayamos al día de hoy: San Juan evangelista. Se proclama el Evangelio del capítulo 20 de San Juan, en el que se narra cómo Juan conoce la resurrección del Señor. María Magdalena anuncia a los apóstoles que el sepulcro está vacío, y salen corriendo Juan y Pedro. Juan corre más rápido que Pedro y llega primero, pero espera, por respeto, a que Pedro llegue y entre primero. Luego entra él, y al ver las vendas allí dobladas, dice: “Él vio y creyó”.
Fue el primer apóstol en creer, porque tenía un corazón enamorado. Al tener un corazón enamorado, estaba inclinado a la fe. Sabía que aquel a quien tanto amaba no podía morir. Es, pues, el apóstol del amor. En su evangelio anuncia el amor que Dios nos tiene. Además, es el Evangelio de San Juan el que recoge el mandamiento del amor que el Señor nos dio.
Juan tiene una relación especial con Jesús. Por eso, una de las antífonas de la liturgia de hoy dice: “Este es Juan, que en la cena se recostó sobre el pecho del Señor. Dichoso el apóstol a quien fueron revelados los misterios celestiales”. También se dice en el responsorio que vio las aguas vivas del evangelio desde la misma fuente del pecho sagrado del Señor.
De este modo, la función de San Juan es guiarnos a una comprensión más profunda del misterio de Cristo: tener un conocimiento interno del amor de Cristo, un conocimiento intuitivo, contemplativo, amoroso. Por eso, la oración colecta de hoy dice: “Dios y Señor nuestro, que nos has revelado por medio del apóstol San Juan el misterio de tu Palabra hecha carne, concédenos —te rogamos— llegar a comprender y amar de corazón lo que tu apóstol nos dio a conocer”.
Eso que nos dio a conocer está también recogido en la primera lectura de hoy, que es de la primera carta de Juan. Una lectura maravillosa en la que San Juan, como testigo ocular, proclama ante el mundo: “Os anunciamos la vida eterna, que estaba junto al Padre y se nos ha manifestado”. La gloria que se manifiesta en ese niño nacido en Belén es proclamada al mundo por este apóstol, testigo del amor, enamorado de Jesús.

viernes, 26 de diciembre de 2025

No tengais miedo

 San Juan Pablo II, Papa (s. XX) Homilía a los jóvenes, 1 octubre 1979

Esta tarde quiero repetiros cuanto creo debo decir a los jóvenes: vosotros sois el futuro del mundo, y el mañana os pertenece. Deseo traer a vuestra memoria los encuentros del mismo Jesús con los jóvenes de su tiempo. Los Evangelios nos conservan el interesante relato de la conversación que mantuvo Jesús con un joven. Leemos que el joven propuso a Cristo uno de los problemas fundamentales que la juventud se propone en todas partes: “¿Qué he de hacer?”, recibiendo de Él una respuesta precisa y penetrante: “Jesús, poniendo en él los ojos, le amó y dijo: ven y sígueme”. Pero mirad lo que ocurre: el joven, que había mostrado tanto interés por el problema fundamental, se fue triste, porque tenía mucha hacienda.
Este acontecimiento profundamente penetrante expresa una gran lección en pocas palabras. Toca problemas sustanciales y cuestiones de fondo que no han perdido su importancia. En todas partes los jóvenes se plantean problemas importantes: sobre el significado de la vida, sobre el modo recto de vivir, sobre la verdadera escala de valores: “¿Qué he de hacer? ¿Qué he de hacer para alcanzar la vida eterna?”. Estas preguntas dan testimonio de vuestros pensamientos, de vuestras conciencias, de vuestros corazones, y de vuestras voluntades. Dicen al mundo que vosotros, los jóvenes, lleváis en vosotros mismos una apertura especial a todo cuanto es bueno y verdadero. Esta apertura constituye una revelación del espíritu humano. Y en ella, cada uno de vosotros puede encontrarse a sí mismo; por este motivo, todos podéis experimentar de alguna manera lo que experimentó el joven del Evangelio: “Jesús, poniendo en él los ojos, le amó”.
Por esto os digo a cada uno de vosotros: escuchad la llamada de Cristo, cuando sentís que os dice: “Sígueme”. Camina sobre mis pasos. ¡Ven a mi lado! ¡Permanece en mi amor! Es una opción que se hace: la opción por Cristo y por su modelo de vida, por su mandamiento de amor.
El mensaje de amor que trae Cristo es siempre importante, siempre interesante. No es difícil ver cómo el mundo de hoy, a pesar de su belleza y grandeza, a pesar de las conquistas de la ciencia y de la tecnología, a pesar de los apetecidos y abundantes bienes materiales que ofrece, está ávido de más verdad, de más amor, de más alegría. Y todo esto se encuentra en Cristo y en su modelo de vida.
El joven del Evangelio oye la llamada: “Sígueme”, pero se fue triste, porque tenía mucha hacienda. La tristeza de este joven nos lleva a reflexionar. Podremos tener la tentación de pensar que poseer muchas cosas, muchos bienes de este mundo, puede hacernos felices. En cambio, vemos que las muchas riquezas se convirtieron en obstáculo para aceptar la llamada de Jesús. ¡No estaba dispuesto a decir sí a Jesús, y no a sí mismo; a decir sí al amor, y no a la huida!
El amor verdadero es exigente. No cumpliría mi misión si no os lo dijera con toda claridad. Porque fue Jesús —nuestro mismo Jesús— quien dijo: “Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que os mando”. El amor exige esfuerzo y compromiso personal para cumplir la voluntad de Dios. Significa disciplina y sacrificio, pero significa también alegría y realización humana.
Queridos jóvenes, no tengáis miedo a un esfuerzo honesto y a un trabajo honesto; no tengáis miedo a la verdad. Con la ayuda de Cristo y a través de la oración, vosotros podéis responder a su llamada, resistiendo a las tentaciones, a los entusiasmos pasajeros y a toda forma de manipulación de masas. Abrid vuestros corazones a este Cristo del Evangelio, a su amor, a su verdad, a su alegría. ¡No os vayáis tristes!
¡Seguid a Cristo! Vosotros, jóvenes o viejos. ¡Seguid a Cristo! Vosotros enfermos o ancianos; vosotros, los que sufrís o estáis afligidos; los que notáis la necesidad de cuidados, la necesidad de amor, la necesidad de un amigo: ¡seguid a Cristo!
En nombre de Cristo extiendo a todos vosotros la llamada, la invitación, la vocación: ¡Ven y sígueme! Él nos invita a todos y a cada uno de vosotros a vivir en su amor, hoy y siempre.

  • jueves, 25 de diciembre de 2025

    Grito de alegría y salvación

     San Bernardo, abad (s. XII) • Grito de alegría y de salvación. Primer Sermón para la Vigilia de Navidad.

     
    Un grito de júbilo resuena en nuestra tierra; un grito de alegría y de salvación en las tiendas de los pecadores. Hemos oído una palabra buena, una palabra de consuelo, una frase rezumante de gozo, digna de todo nuestro aprecio. Exultad, montañas; aplaudid, árboles silvestres, delante del Señor porque llega. Oíd cielos; escucha, tierra; enmudece y alaba, coro de las criaturas; pero más que nadie, tú, hombre. Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá. ¿Quién tendrá corazón tan de piedra que, al oír este grito, no se le derrita el alma? ¿Se podría anunciar mensaje más consolador? ¿Se podría confiar noticia más agradable? ¿Cuándo se ha oído algo semejante? ¿Cuándo ha sentido el mundo cosa parecida? Jesucristo, el Hijo de Dios, nace en Belén de Judá.
    ¡Oh nacimiento esclarecido en santidad, glorioso para el mundo, querido por la humanidad a causa de incomparable beneficio que le confiere, insondable incluso para los ángeles en la profundidad de su misterio sagrado! Y bajo cualquier aspecto, admirable por la grandeza exclusiva de su novedad; jamás se ha visto cosa parecida, ni antes ni después. ¡Oh alumbramiento único, sin dolor, cándido, incorruptible; que consagra el templo del seno virginal sin profanarlo! ¡Oh nacimiento que rebasa las leyes de la naturaleza, si bien la transforma; inimaginable en el ámbito de lo milagroso, pero sanador por la energía de su misterio!
    Reanimaos los que os sentís desahuciados: Jesús viene a buscar lo que estaba perdido. Reconfortaos los que os sentís enfermos: Cristo viene para sanar a los oprimidos con el ungüento de su misericordia. Alborozaos todos los que soñáis con altos ideales: el Hijo de Dios baja hasta vosotros para haceros partícipes de su reino. Por eso imploro: Sáname, Señor, y quedaré sano; sálvame, y quedaré a salvo; dame tu gloria, y seré glorificado. Y mi alma bendecirá al Señor, y todo mi interior a su santo nombre, cuando perdones todas mis culpas, cures todas mis enfermedades y sacies de bienes mis anhelos.
    !FELIZ NAVIDAD!

    martes, 23 de diciembre de 2025

    Testigo de la Luz

    San Máximo de Turín, obispo (s. V) • Testigo de la luz. Sermón sobre el nacimiento de Juan Bautista.

     
    Por anticipado, Dios había destinado a Juan Bautista, a que viniese para proclamar la alegría de los hombres y la alegría de los cielos. De su boca, la gente entendió las palabras admirables que anunciaban la presencia de nuestro Redentor, el Cordero de Dios (Jn 1, 29). Mientras que sus padres, habían perdido toda esperanza de obtener una descendencia, el ángel, el mensajero de un gran misterio, lo envió para servir de precursor al Señor, incluso antes de nacer (Lc 1, 41).
    Llenó de alegría eterna el seno de su madre, cuando lo llevaba en su interior. En efecto, en el Evangelio, leemos estas palabras que Isabel le dice a María: «Cuando oí tu saludo, el niño se estremeció de alegría en mi vientre. ¿De dónde a mí, que la madre de mi Señor me visite? «(Lc 1, 43-44). Mientras que, en su vejez, se afligía por no haber dado un niño a su marido, de repente, dio a luz a un hijo, que era también el mensajero de la salvación eterna para el mundo entero. Y un mensajero tal, que antes de su nacimiento, ejerció el privilegio de su futuro ministerio, cuando difundió su espíritu profético por las palabras de su madre.
    Luego, por la fuerza del nombre, que el ángel le había dado por anticipado, abrió la boca de su padre cerrada por la incredulidad (Lc 1, 13.20). Cuando Zacarías se quedó mudo, no fue para siempre, sino para recobrar divinamente el uso de la palabra y confirmar por un signo venido del cielo, que su hijo era un profeta. El Evangelio dice sobre Juan: » Este hombre no era la Luz, pero estaba allí para dar testimonio y que todos crean por él » (Jn 1, 7-8). Ciertamente, no era la Luz, pero permanecía por entero en la luz, el que mereció dar testimonio de la Luz verdadera.

    lunes, 22 de diciembre de 2025

    Magnificat

    San Beda el Venerable, presbítero - Sobre el evangelio de san Lucas.

    María dijo: Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi Espíritu en Dios, mi salvador.
    «El Señor, dice, me ha engrandecido con un don tan inmenso y tan inaudito, que no hay posibilidad de explicarlo con palabras, ni apenas el afecto más profundo del corazón es capaz de comprenderlo; por ello ofrezco todas las fuerzas del alma en acción de gracias, y me dedico con todo mi ser, mis sentidos y mi inteligencia a contemplar con agradecimiento la grandeza de aquel que no tiene fin, ya que mi espíritu se complace en la eterna divinidad de Jesús, mi salvador, con cuya temporal concepción ha quedado fecundada mi carne».
    Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo.
    Se refiere al comienzo del himno, donde había dicho: Proclama mi alma la grandeza del Señor. Porque sólo aquella alma a la que el Señor se digna hacer grandes favores puede proclamar la grandeza del Señor con dignas alabanzas y dirigir a quienes comparten los mismos votos y propósitos una exhortación como ésta: Proclamad conmigo la grandeza del Señor, ensalcemos juntos su nombre.
    Pues quien, una vez que haya conocido al Señor, tenga en menos el proclamar su grandeza y santificar su nombre en la medida de sus fuerzas será el menos importante en el reino de los cielos. Ya que el nombre del Señor se llama santo, porque con su singular poder trasciende a toda creatura y dista ampliamente de todas las cosas que ha hecho.
    Auxilia a Israel, su siervo, acordándose de la misericordia. Bellamente llama a Israel siervo del Señor, ya que efectivamente el Señor lo ha acogido para salvarlo por ser obediente y humilde, de acuerdo con lo que dice Oseas: Israel es mi siervo, y yo lo amo.
    Porque quien rechaza la humillación tampoco puede acoger la salvación, ni exclamar con el profeta: Dios es mi auxilio, el Señor sostiene mi vida, y el que se haga pequeño como este niño, ése es el más grande en el reino de los cielos.
    Como lo había prometido a nuestros padres, en favor de Abrahán y su descendencia por siempre. No se refiere a la descendencia carnal de Abrahán, sino a la espiritual, o sea, no habla de los nacidos solamente de su carne, sino de los que siguieron las huellas de su fe, lo mismo dentro que fuera de Israel. Pues Abrahán había creído antes de la circuncisión, y su fe le fue tenida en cuenta para la justificación.
    De modo que el advenimiento del Salvador se le prometió a Abrahán y a su descendencia por siempre, o sea, a los hijos de la promesa, de los que se dice: Si sois de Cristo, sois descendencia de Abrahán y herederos de la promesa.
    Con razón, pues, fueron ambas madres quienes anunciaron con sus profecías los nacimientos del Señor y de Juan, para que, así como el pecado empezó por medio de las mujeres, también los bienes comiencen por ellas, y la vida que pereció por el engaño de una sola mujer sea devuelta al mundo por la proclamación de dos mujeres que compiten por anunciar la salvación.

    domingo, 21 de diciembre de 2025

    Obediencia silenciosa

    «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
    Todo esto sucedió para que se cumpliese lo que había dicho el Señor por medio del profeta:
    «Mirad: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo y le pondrá por nombre Emmanuel, que significa "Dios-con-nosotros"».
    Cuando José se despertó, hizo lo que le había mandado el ángel del Señor y acogió a su mujer".
    Último domingo del tiempo de Adviento y ya próximos a la Navidad y la liturgia nos vuelve a ayudar a meditar sobre la disponibilidad de un corazón justo que confía en la Palabra del Señor.
    José como María confiaron, casi a ciegas, en la voluntad de Dios. Digo casi a ciegas porque no fue el mismo Dios quien les habló sino que ha sido por medio de los instrumentos que el Señor ha querido utilizar, y, ni tampoco del modo que a uno le hubiera gustado que se manifieste el Señor. Sobre todo a José vemos que no le habló, como a María, directamente el Ángel sino que lo hizo en los sueños de José. Sueños que le permitieron colaborar de un modo extraordinario en la Obra de Salvación que Dios Padre había dispuesto para sus hijos los hombres.
    Esa disponibilidad silenciosa de José nos hace pensar en nuestra disponibilidad a la Voluntad de Dios que, muchas veces, no aceptamos porque no ha venido del modo que queremos sino que se nos ha manifestado por medio de quién, quizás, no esperábamos una palabra, un gesto, e, incluso, de quien no quisiéramos ni oír una palabra.
    Sin embargo, el Padre, sabe cuándo y de qué modo quiere hacernos llegar su Voz, y, por eso nos pone como ejemplos en la vida, especialmente a José para que nos guíe en ese camino de la disponibilidad silenciosa, de la instrumentalidad presurosa porque no dejó pasar el tiempo para hacer lo que Dios le pedía, sino que, como María, presuroso se levantó para hacer lo que el Padre le pedía realizar.
    En estos tiempos de tanta necesidad de ruidos, de voces, de exponer nuestra vida para que otros vean cómo hacemos las cosas, Dios nos invita a meditar en el silencio instrumental de José, de ver en él la calma y la seguridad con la que se aceptar, en todo momento, y por medio de instrumentos creíbles, la Voluntad de Dios.
    Así también nos lo hace ver san Pablo en la carta a los romanos:
    "Pablo, siervo de Cristo Jesús, llamado a ser apóstol, escogido para el Evangelio de Dios, que fue prometido por sus profetas en las Escrituras Santas y se refiere a su Hijo, nacido de la estirpe de David según la carne, constituido Hijo de Dios en poder según el Espíritu de santidad por la resurrección de entre los muertos: Jesucristo, nuestro Señor.
    Por él hemos recibido la gracia del apostolado, para suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles, para gloria de su nombre. Entre ellos os encontráis también vosotros, llamados de Jesucristo".
    "Suscitar la obediencia de la fe entre todos los gentiles", así ha de ser nuestra vida en este mundo en tinieblas, somos testigos de la Buena Noticia de Jesús, y lo mostramos con una vida de obediencia a la voluntad del Padre.

    sábado, 20 de diciembre de 2025

    Disponibilidad de María

    "María contestó:
    «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
    Ya cerca de la Navidad, este pasaje nos invita a reflexionar sobre la fe y la confianza absoluta en Dios. María, ante el anuncio inesperado del ángel y a pesar de sus dudas iniciales, acepta humildemente el plan de Dios para su vida. Su respuesta, «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra», es un ejemplo de entrega total y valentía, pues acepta lo desconocido sin reservas, fiándose plenamente de la voluntad divina.
    Por eso, María, pudo recibir en su seno al Hijo de Dios pues estaba totalmente disponible, por la fe, a hacer lo que Él quiera. No es sólo un arrebato espiritual de María, sino que ha sido todo un proceso que la ha llevado a poder responder con docilidad a la llamada de Dios.
    Pero, también, nos ayuda a comprender que no siempre es Dios quien nos habla directamente, sino que lo hace por mediaciones ya sea, como en este caso, extraordinarias, pero, también, por mediaciones cotidianas: familia, amigos, confesores, directores espirituales. Por eso siempre tenemos que estar atentos a los mensajes del Padre si es que, como María, queremos hacer Su Voluntad y no la nuestra.
    También podemos ver la voluntad de Dios o muestras de la voluntad de Dios en los acontecimientos diarios. En el caso de la Anunciación podemos ver cómo el Ángel Gabriel le cuenta a María la experiencia de Isabel, que logra concebir en su vejez, lo cual refuerza la idea de que para Dios no existen los imposibles.
    Estos versículos nos animan a abrir el corazón y confiar, incluso cuando la razón nos lleve a dudar, recordándonos que la fe y la disponibilidad pueden transformar nuestra vida y la de quienes nos rodean.

    viernes, 19 de diciembre de 2025

    Vivir dudando

    "Zacarías replicó al ángel:
    «¿Cómo estaré seguro de eso? Porque yo soy viejo, y mi mujer es de edad avanzada».
    Respondiendo el ángel le dijo:
    «Yo soy Gabriel, que sirvo en presencia de Dios; he sido enviado para hablarte y comunicarte esta buena noticia. Pero te quedarás mudo, sin poder hablar, hasta el día en que esto suceda, porque no has dado fe a mis palabras, que se cumplirán en su momento oportuno».
    ¡Qué difícil es creer lo imposible! Zacarías tuvo dudas de lo que le decía el Ángel Gabriel, dudas humanas, razonables, como cada uno de nosotros tenemos en muchos momentos de nuestras vidas. Y así es el camino de la fe: lleno de dudas, pero aún así seguimos caminando, porque tenemos la Luz del Espíritu que nos ayuda a creer lo imposible, a ver lo que no se ve, a esperar sin saber cuándo, a confiar en la Palabra de quien no vemos.
    Claro que habrá dudas en nuestras vidas, todos los días quizás, pero no por eso debemos dejar de confiar en la Gracia, en la Providencia, en el Amor del Padre que ha dado todo por nosotros para que podamos alcanzar la Vida Verdadera.
    No es fácil caminar sin ver, pero no tenemos que pensar humanamente porque nuestra vida, desde el momento de nuestro bautismo, ya no es así, sino que llevamos el Espíritu Santo en nuestro interior que nos ayuda a creer, sólo tenemos que sostenernos en la oración, en el diálogo con el Padre y el Hijo para que Su Espíritu nos siga instruyendo, nos siga ayudando a madurar en esa confianza filial que nos mostró Jesús con su vida.
    Zacarías como tantos otros nos hablan de la fragilidad de nuestro pensar humana cuando queremos vivir según Dios. Los parámetros de Dios no son los nuestros, su tiempo no es nuestro tiempo, y sus planes no son nuestros planes, porque Él no tiene tiempo y sus planes son a tan largo plazo que no sabemos cuando se realizarán, pero sí sabemos que en esa eternidad y en esos planes estamos viviendo nosotros como hijos, como hijos amados a quienes ama con amor de madre.
    Por eso, ante la duda que siempre estará al acecho en nuestras vidas, tenemos que volver la mirada al Padre, suplicar al Hijo y dejar que el Espíritu Santo nos siga animando y fortaleciéndonos para que con su Luz podamos seguir siendo Fieles a la Vida que Él nos pide vivir aunque no sepamos cómo, porque todo lo pone Él a nosotros nos toca confiar y disponernos como María dándole nuestro Sí total y completo.

    jueves, 18 de diciembre de 2025

    Fe silenciosa y activa

    "José, su esposo, como era justo y no quería difamarla, decidió repudiarla en privado. Pero, apenas había tomado esta resolución, se le apareció en sueños un ángel del Señor que le dijo:
    «José, hijo de David, no temas acoger a María, tu mujer, porque la criatura que hay en ella viene del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo, y tú le pondrás por nombre Jesús, porque él salvará a su pueblo de los pecados».
    La fe silenciosa y activa de José, es lo que se me pasó primero por la cabeza al volver a leer este relato.
    Hoy en día estamos tan acostumbrados a ver a sacerdotes, religiosos, laicos y toda clase de cristianos en las redes sociales hablando de su vida de fe, de sus actos de fe, de todo lo que se hace que pareciera que si no se anuncia lo que hacemos no tenemos vida de fe, no tenemos vida cristiana. Y no es así.
    Las redes sociales nos ayudan a divulgar el mensaje de salvación que nos trajo Jesús, es cierto, y es un camino de evangelización verdadero. Lo cual hay que agradecer por todos los evangelizadores que hay por medio de las redes sociales.
    Pero todo tiene, también, su lado malo si no se sabe manejar desde el Espíritu, porque la popularidad y el espectáculo muchas veces nos llevan a creernos los mejores, y de la vanidad a la soberbia hay un paso muy corto.
    Por otro lado muchos creen que si no tienen la fama o la cantidad de seguidores como algunos no están evangelizando, o si no están en redes sociales no sirve su vida de fe. Por eso me pareció interesante la vida y las características que ponía de san José, porque la vida de fe no tiene por qué ser anunciada "porque tu Padre que ve en lo secreto te recompensará", nos decía el Señor.
    Cuando nuestra vida está alimentada por la Palabra y los sacramentos, sobre todo la eucaristía, no es necesario que la publiquemos (si lo hacemos no está mal) porque lo que importa es que vivamos la Voluntad de Dios, así como san José que sin entender (seguramente) el mensaje del Ángel, aceptó el camino que le propuso el Padre y se unió a María, y fue, junto a Ella, viviendo en fidelidad a Dios en todo lo que se les pedía.
    Así también nosotros, como Ellos, debemos ser fieles a Dios sin preocuparnos si lo publicamos o no, Dios se encarga de que nuestra vida produzca "aroma de santidad" y ese sea nuestro medio de evangelización en nuestra familia, comunidad, y por donde Dios nos lleve.

    miércoles, 17 de diciembre de 2025

    Su genealogía

    En la Novena preparatoria a la Navidad vemos hoy la Genealogía de Jesucristo, hijo de David, hijo de Abrahán, como la titula el Evangelio de San Mateo. Nos parece un gran título y un montón de nombres que no nos dicen, de primera vista, nada importante. Y, en realidad, es algo que era muy importante para la comunidad judía de aquél tiempo y, sobre todo, para los judíos que se convertían al cristianismo. ¿Por qué? Porque con esa genealogía se podía ver que las Promesas de Dios de que de la Casa de David saldría el Mesías se cumplía en Jesucristo.
    Pero también nos hace ver que, dentro de esa genealogía, no todos son perfectos e inmaculados, sino que Dios lo que mira es el corazón del hombres, como lo dijo del mismo David: "he hallado en David a un hombre conforme a mi corazón", y sabemos que el Rey David pecó gravemente contra los mandamientos del Señor.
    Y ¿por qué todo esto? Para descubrir que también en nosotros ha mirado nuestro corazón, que no le importa lo imperfecto y débiles que somos, sino que quiere que nuestro corazón esté disponible para vivir y llevar a cabo su Plan de Salvación para la humanidad. Por eso tenemos que confiar en Él, por eso nos pide confianza en su Voluntad y no en la nuestra porque sabe que no tenemos el poder para cambiar el mundo, sino que debemos confiar en Su Poder para poder hacerlo con nosotros como sus instrumentos.
    Así fue con cada uno de los que componen esta genealogía, quizás cada uno sin saber lo que Dios tenía planeado, pero todos pudieron seguir Su Voluntad y así la Promesa se llevó a cabo en la plenitud de los tiempos, cuando el Padre vio que todo estaba preparado para la llegada de Su Hijo.
    Por eso no debemos desesperarnos por nuestras infidelidades, sino que tenemos que ocuparnos en arrepentirnos y volver el corazón hacia Dios, para que Él nos lleve de Su Mano y podamos así, como decimos cada día, construir con el Padre el reino de los cielos aquí en la tierra.
    Y, como lo hizo María, abrir el corazón al infinito para ser colmado por la Voluntad de Dios, y llevar a cabo la misión de Jesús en el mundo, para que siempre tengamos la esperanza de alcanzar lo que Él nos prometió.

    martes, 16 de diciembre de 2025

    No hay peor sordo...

    En aquel tiempo, dijo Jesús a los sumos sacerdotes y a los ancianos del pueblo:
    «¿Qué os parece? Un hombre tenía dos hijos. Se acercó al primero y le dijo: "Hijo, ve hoy a trabajar en la viña." Él le contestó: "No quiero." Pero después se arrepintió y fue.
    Se acercó al segundo y le dijo lo mismo. Él le contestó: "Voy, señor". Pero no fue.
    ¿Quién de los dos cumplió la voluntad de su padre?»
    Contestaron: «El primero».
    Continúa el evangelio con el diálogo de Jesús con los sumos sacerdotes y ancianos del pueblo, pero esta vez es Él quien hace las preguntas, preguntas que los ancianos y los sumos sacerdotes responden acertadamente porque conocen la Ley y los Profetas y saben mucho sobre religión y educación religiosa. Y ahí está el problema que conociendo cómo actúa Dios y cuáles fueron las profecías y cómo debe ser la manera de actuar frente a la Voluntad de Dios, ellos no actuaron, dejaron pasar la oportunidad de escuchar y creer y vivir lo que Dios les estaba anunciando:
    "Jesús les dijo: «En verdad os digo que los publicanos y las prostitutas van por delante de vosotros en el reino de Dios. Porque vino Juan a vosotros enseñándoos el camino de la justicia y no le creísteis; en cambio, los publicanos y prostitutas le creyeron. Y, aun después de ver esto, vosotros no os arrepentisteis ni le creísteis».
    Por eso no basta en saber intelectualmente cosas acerca de Dios y la Escritura, sino en que todo ese saber pase al corazón y podamos llevarlo a la vida. Pero cuando la soberbia del conocimiento se apodera de nosotros nos creemos más sabios que Dios y ocupamos su lugar en nuestras vidas, siendo así, nosotros, los únicos conductores de nuestra vida y no buscamos, por eso mismo, cuál es la Voluntad de Dios, ni tampoco nos detenemos a escuchar lo que Él nos va diciendo por medio de Su Palabra, de nuestros hermanos y de las cosas de cada día. Y como dice el refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír, pero después sí que le hacemos culpable a Dios por no ayudarnos a vivir.

    lunes, 15 de diciembre de 2025

    Astutos y mansos

    En el evangelio de hoy vemos gráficamente cómo Jesús emplea aquel consejo que le dio a sus discípulos: "sed astutos como serpientes y mansos como palomas", pues Él mismo utiliza esa astucia y mansedumbre para no caer en la trampa que le están poniendo los sumos sacerdotes.
    La astucia, que es una mezcla de inteligencia, cautela y prudencia, la utiliza Jesús para, también, hacerlos caer a ellos en la misma trampa que le están poniendo a Él: "Jesús les replicó:
    «Os voy a hacer yo también una pregunta; si me la contestáis, os diré yo también con qué autoridad hago esto. El bautismo de Juan ¿de dónde venía, del cielo o de los hombres?».
    No es que no quiera responder a la pregunta de los Sumos Sacerdotes lo que no quería es que por esa respuesta comenzaran a divulgar todo lo contrario, por eso utiliza la astucia para saber si están, ellos, dispuestos a contestar con la misma verdad o se ampararán en otra cosa. Además, como Jesús conoce las intenciones de sus corazones quiere hacerles ver que ellos no buscan la verdad sino que buscan acusarlo de algo que ya tienen preparado de antemano.
    Y, también, por eso mismo los trata con calma, con mansedumbre, para no provocar una discusión que no llevará a ningún lado porque, también sabe, que no buscan la verdad y que tampoco van a comprender o querer entender o estar abiertos a la Verdad que Jesús les quiere mostrar.
    Por eso, también a nosotros Jesús nos enseña a utilizar los medios necesarios para no caer en esas trampas que no llevan a ningún lado, sino que buscan, sobre todo, culpar al inocente o hacer caer en una discusión que puede provocar divisiones o desuniones innecesarias, sobre todo cuando alguien no está por la labor de querer saber la verdad.
    A veces, cuando escuchamos estas frases de Jesús no lo aceptamos del todo porque no creemos que Él nos de estos consejos, pero no lo hace para que nosotros tendamos trampas a otros, sino para que no caigamos, nosotros mismos, en la trampa de los demás. Porque, si pensamos bien, Jesús no siempre actuó así, sino que cuando tenía que dar una respuesta concreta y real aunque le costase el dolor de la cruz la dio sin miramientos. Por eso, la prudencia y la inteligencia nos ayudan a discernir en qué momentos tenemos que defender una verdad y cuándo no, lo cual nos ayudará a educar, también, nuestro temperamento a la hora de no encendernos por cualquier cosa.
    Así, al comenzar el día le pediremos al Espíritu Santo que nos ayude con el Don de la Templanza y Prudencia para que sepamos responder o callar en el momento oportuno.

    domingo, 14 de diciembre de 2025

    Id a anunciar

    "El desierto y el yermo se regocijarán, se alegrará la estepa y florecerá como flor de narciso, festejará con gozo y cantos de júbilo.
    Le ha sido dada la gloria del Líbano, el esplendor del Carmelo y del Sarón.
    Contemplarán la gloria del Señor, la majestad de nuestro Dios".
    El Profeta anima al Pueblo, le habla de esperanza y de gozo por lo que vendrá, pues siempre se necesita un horizonte más bello y brillante para el futuro, cuando el presente se presenta oscuro y sin brillo, cuando las esperanzas van perdiendo fuerza.
    Pero también nos habla de un futuro totalmente Nuevo como nunca lo habían visto en sus tiempos, por eso este Domingo es Gaudete, de Gozo, de Alegría por que está cerca el cumplimiento de la Promesa del Señor.
    Aquella Promesa que los Profetas narraban se hizo realidad en María de Nazaret y se dio a conocer en Belén: el nacimiento del Redentor, el nacimiento del Hijo de Dios, el Mesías, el Señor. Aquél Dios que se hizo hombre para venir a traernos la Buena Noticia del Amor de Dios, de que todo se cumplirá, de que nacerán los cielos nuevos y la tierra nueva, y que todo será posible para el que cree en Su Palabra.
    No queda nada para celebrar el Nacimiento de Dios en la tierra, para celebrar el día en que el Cielo se une a la Tierra para hacer de la historia una historia de salvación, una historia donde nuestra vida estará unida a Su Vida y así llegaremos a ser hijos de Dios.
    Por eso, también se nos invita a Esperar, pero no a sentarnos a esperar sino a vivir en Espera, pero no a una espera inactiva sino activa, una espera que vive en la Esperanza de construir un Hombre Nuevo porque ha sido divinizado por un Dios que se hizo hombre, y que nos enseñó el camino para llegar a Dios. Ya no tenemos que desobedecer a Dios y comer del fruto prohibido para ser como Él, sino que Él mismo nos dio su espíritu y nos divinizó para que, siguiendo sus pasos, alcancemos aquello que deseamos: la vida en Dios.
    Como nos aconseja san Pablo "esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca". Y a veces está tan cerca que no nos acercamos a Él y así vamos perdiendo la fuerza en la espera, vamos perdiendo la gracia en el dolor, la alegría en la vida, porque no sabemos esperar en el Señor, no sabemos vivir en Él. Cuando veamos que la esperanza pierde su color, cuando veamos que la alegría pierde su brillo, recurramos al que nos da la Vida Nueva, al Señor de Belén, y volvamos con Él a ser niños para creer en la Promesa, para que nos ayude a brillar con Su Luz y así poder decirle a los demás lo que hemos visto:
    Jesús les respondió:
    «Id a anunciar a Juan lo que estáis viendo y oyendo: los ciegos ven, y los cojos andan; los leprosos quedan limpios, y los sordos oyen; los muertos resucitan, y los pobres son evangelizados. ¡Y bienaventurado el que no se escandalice de mí!».

    sábado, 13 de diciembre de 2025

    Mala cosa la ansiedad

     "Cuando bajaban del monte, los discípulos preguntaron a Jesús:
    «¿Por qué dicen los escribas que primero tiene que venir Elías?».
    Él les contestó:
    «Elías vendrá y lo renovará todo. Pero os digo que Elías ya ha venido, y no lo reconocieron, sino que han hecho con él lo que han querido. Así también el Hijo del hombre va a padecer a manos de ellos».
    Entonces entendieron los discípulos que se refería a Juan el Bautista".
    Cuando conocemos las profecías queremos saber exactamente qué es lo que dicen o a qué se refieren, sobre todo porque al saber qué dicen podemos saber a qué tiempo se refieren. Esa ha sido siempre la inquietud del hombre: conocer el tiempo exacto en que sucederán las cosas anunciadas. Pero, ya sabemos porque nos lo ha dicho Jesús, que nadie conoce el tiempo exacto salvo el Padre.
    Igualmente, los discípulos al preguntarle a Jesús por la profecía del regreso de Elías querían saber cuándo sucedería o si ya se estaba por cumplir la profecía. Con la respuesta de Jesús creyeron entender que se refería a Juan Bautista, pero tampoco hacía referencia a él, pero ya se quedaron tranquilos.
    La ansiedad es la que nos genera impaciencia y la impaciencia nos hace ver cosas que no son, pensar cosas que no son ciertas, nos produce temor ante lo que no conocemos y tantas otras cosas más. Pero, sobre todo, la ansiedad no nos permite vivir en el tiempo de Dios. La ansiedad como la impaciencia nos hacen vivir fuera del tiempo de Dios y nos llevan a no vivir en la Voluntad de Dios que nos pide que tengamos paciencia, que sepamos discernir su Voluntad y vivirla de acuerdo a lo que Él nos pide y nos va indicando. Por eso, cuando no somos pacientes no sabemos escuchar, porque la Voz del Padre sólo se escucha con un corazón en paz, con un corazón que sabe esperar y sobre todo que sabe encontrar el silencio en el tiempo para poder dialogar con el Padre.
    Cuando el no saber nos lleva a ese plano de ansiedad es cuando no podemos escuchar, ni a Dios ni a los hermanos, porque lo único que queremos es escuchar lo que queremos escuchar y eso no es así, sino que debemos aprender a escuchar Su Voz y nuestros deseos. Y, como digo muchas veces, Dios tiene toda la eternidad pero nosotros vivimos en el tiempo, por eso siempre nos pide que confiemos en Él y no en nosotros mismos pues muchas veces nos engañamos a nosotros mismos y dejamos de vivir en Él.

    viernes, 12 de diciembre de 2025

    Con María de Guadalupe

    «¿A quién compararé esta generación?
    Se asemeja a unos niños sentados en la plaza, que gritan diciendo:
    "Hemos tocado la flauta, y no habéis bailado; hemos entonado lamentaciones, y no habéis llorado".
    Porque vino Juan, que ni comía ni bebía, y dicen: "Tiene un demonio". Vino el Hijo del hombre, que come y bebe, y dicen: "Ahí tenéis a un comilón y borracho, amigo de publicanos y pecadores".
    Pero la sabiduría se ha acreditado por sus obras».
    La indignación de Jesús por aquella gente que, constantemente, le pedía un signo, un milagro, para poder creerle es tan evidente que si volviera hoy ¿diría lo mismo? ¿Pensaría lo mismo de nosotros?
    Creo que sí. Creo que se volvería a indignar y no con nuestra falta de fe, sino con las quejas que tenemos cada día que pasa. Siempre estamos quejándonos por algo o por alguien, no hay nada que nos conforme y nos llene la vida. Es más, hay, quizás, una generación que no tiene sentido para su vida y vive sin sentido, buscando en el ritmo acelerado de todos los días la satisfacción de hacer mucho para no obtener nada. Y no estoy hablando de los adolescentes o jóvenes, sino de adultos que viven contra reloj para alcanzar algo que nunca llegarán a tener porque se han olvidado de disfrutar de lo que tienen.
    Hoy tenemos que detener ese tren de alta velocidad que no nos conduce a ningún lugar, y poner los pies sobre la tierra y el corazón en el cielo para poder ocuparnos de lo que en verdad importa, pues nadie se hará cargo del sentido de nuestras vidas más que nosotros mismos. Y nadie se hará cargo de llenar el vacío de la vida sino nosotros mismos.
    Por eso debemos detener nuestras prisas y ponernos frente al Señor de la Vida y del Tiempo para que nos ayude a encontrarnos y a encontrar su Rostro para que, en el diálogo sincero y abierto, podemos volver a descubrir cuál es el sentido de nuestras vidas, cuál es Su Voluntad para que podamos alcanzar lo que deseamos.
    Es cierto que, a veces, nos da miedo detenernos para descubrir que no hemos alcanzado lo que deseábamos y que hay un vacío que no sabemos cómo llenar, pero si no nos detenemos y miramos hacia adentro y descubrimos su Rostro nunca sabremos cómo seguir para encontrar lo que anhelamos, pues lo que anhelamos está en Su Corazón, y será Él quien nos anime y sostenga para llegar a la meta.
    Hoy, como en Guadalupe, María sale a nuestro encuentro, la Madre viene como lo hizo con el indio Juan Diego a mostrarnos su amor incondicional y, si nos dejamos guiar por Su Mano, podremos alcanzar lo que el Padre quiere para nuestra vida. Y Ella nos dirá como a Juan Diego: ""Oye y ten entendido, hijo mío el más pequeño, no dejes que nada te asuste ni te aflija, que no se turbe tu corazón... ¿No estoy aquí, yo, que soy tu madre? ¿No estás bajo mi sombra? ¿No soy yo tu salud? ¿No estás por ventura en mi regazo?".
    Que María de Guadalupe nos sostenga y nos acompañe en la búsqueda de la Voluntad de Dios.

    jueves, 11 de diciembre de 2025

    Luchar por el Espíritu

    "Desde los días de Juan el Bautista, hasta ahora el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan. Los profetas y la Ley han profetizado hasta que vino Juan; él es Elías, el que tenía que venir, con tal que queráis admitirlo.
    El que tenga oídos que oiga».
    Hay veces que no nos gusta oír ciertas palabras, y, menos, las de Jesús porque esas Palabras nos "obligan", en cierto modo, a intentar vivir. Aunque siempre encontramos el modo de dejarlas a un lado porque nos resulta urticante ponernos a hablar de ellas. Y éste es el caso: "el reino de los cielos sufre violencia y los violentos lo arrebatan". Claro está que no habla de la violencia mundana, de las guerras, peleas y todo eso que está en contra de la instauración del Reino de los Cielos que es Paz, Amor, Fraternidad, Justicia, Verdad, etc., sino de la violencia interna que nos debemos hacer para alcanzar la santidad.
    Hay una violencia que, hoy en día, está tapada por aquello de que no hay que sufrir para ser cristiano, no hay que sufrir para ser bueno, no hay que sufrir... hay que disfrutar de la vida así como nos la muestra el mundo, pues ya tendremos tiempo para sufrir por otras cosas. Pero tampoco es el sufrir por sufrir porque Dios no quiere gente mazoquista en sus filas, sino hijos que realmente combatan el pecado en sí mismos y en el mundo, pero que tampoco tenemos que ser tirabombas contra el pecado, sino que nuestra misma vida es una luz para iluminar el pecado que existe en el mundo y poder quitarlo de en medio.
    La violencia a la que se refiere Jesús es el mismo combate del que habla san Pablo: pero percibo en mis miembros otra ley que lucha contra la ley de mi razón, y me hace prisionero de la ley del pecado que está en mis miembros. Esa lucha interior es la que tendremos que librar todos los días para no dejar que el pecado avance en nuestra vida, sino que sea el Espíritu de Cristo el que vaya guiando nuestro día a día. Sabiendo que ese sufrimiento que nos produce el luchar contra la carne es el mejor de los sufrimientos pues le vamos ganando al pecado y alcanzamos al Vida esperada: "Pues considero que los sufrimientos de ahora no se pueden comparar con la gloria que un día se nos manifestará. Porque la creación, expectante, está aguardando la manifestación de los hijos de Dios; en efecto, la creación fue sometida a la frustración, no por su voluntad, sino por aquel que la sometió, con la esperanza de que la creación misma sería liberada de la esclavitud de la corrupción, para entrar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Porque sabemos que hasta hoy toda la creación está gimiendo y sufre dolores de parto. Y no solo eso, sino que también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, gemimos en nuestro interior, aguardando la adopción filial, la redención de nuestro cuerpo".

    miércoles, 10 de diciembre de 2025

    Muy quejicas

    "¿Por qué andas diciendo, Jacob, y por qué murmuras, Israel:
    «Al Señor no le importa mi destino, mi Dios pasa por alto mis derechos»?"
    Desde tiempos antiguos, como vemos por el Profeta Isaías, el Señor se asombra de nuestras quejas, porque cuando viene algo que no nos gusta enseguida le ponemos las quejas a Dios, aunque, en algunos casos digamos que somos ateos igual le ponemos quejas a Dios. Las quejas están tan a tiro de nuestra lengua que no nos damos cuenta de lo quejicas que somos, y así vamos dañando nuestra confianza en el Señor.
    Más en estos tiempos que vivimos en los que creemos que tenemos derechos y sólo exigimos, y a veces cosas que no nos corresponden, la queja está a la orden del día y con Dios más aún, porque olvidándonos de todos lo que nos ha dado le reprochamos cuando no nos da lo que pedimos o tenemos que aceptar lo que nos viene.
    Y nos sigue diciendo, para fortalecer nuestra confianza:
    "¿Acaso no lo sabes, es que no lo has oído?
    El Señor es un Dios eterno que ha creado los confines de la tierra.
    No se cansa, no se fatiga, es insondable su inteligencia.
    Fortalece a quien está cansado, acrecienta el vigor del exhausto.
    Se cansan los muchachos, se fatigan, los jóvenes tropiezan y vacilan; pero los que esperan en el Señor renuevan sus fuerzas, echan alas como las águilas, corren y no se fatigan, caminan y no se cansan".
    Porque no siempre nos acordamos de lo que creemos o de lo que no hemos profundizado en nuestra fe, porque en el camino de la vida de fe, el Señor nos ha ido o nos ha querido enseñar cómo es Él, Jesús mismo nos ha hablado del Padre y nos ha querido llevar a vivir en esa confianza, sabiendo que Él mismo tuvo que aceptar el gozo y la tristeza, la alegría y el llanto, la fatiga y todo hasta abrazar el madero de la Cruz.
    Por eso Jesús nos viene a decir:
    «Venid a mi todos los que estáis cansados y agobiados, y yo os aliviaré.
    Tomad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy manso y humilde de corazón, y encontraréis descanso para vuestras almas. Porque mi yugo es llevadero y mi carga ligera».
    Y esto es para que lo meditemos en silencio, para que lo hablemos con Él para saber cuál es su yugo y cuál es su carga, si lo conoces y lo aceptas habrás encontrado la fuerza y el camino para alcanzar la santidad.

    martes, 9 de diciembre de 2025

    La oveja perdida

    En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
    «¿Qué os parece? Suponed que un hombre tiene cien ovejas: si una se le pierde, ¿no deja las noventa y nueve en el monte y va en busca de la perdida? Y si la encuentra, en verdad os digo que se alegra más por ella que por las noventa y nueve que no se habían extraviado.
    Igualmente, no es voluntad de vuestro Padre que está en el cielo que se pierda ni uno de estos pequeños».
    Es cierto que los animales siguen por costumbre o por instinto la voz del pastor, se han acostumbrado a él y por eso lo siguen, aunque siempre hay alguno que se "despista" y se pierde, pero no lo hace por decisión propia sino por que ha descubierto algún otro pasto mejor o porque lo ha asustado algún otro animal.
    Y creo que así también nos suele pasar a nosotros cuando nos acostumbramos a ser cristianos, no por convicción o sí al comienzo, pero nos hemos vuelto rutinarios y hemos perdido el "sabor" de lo divino de nuestra fe y cuando surgen algunas cosas que no nos gustan, o cuando tenemos problemas con otros cristianos, o cuando el mundo nos presenta un mejor panorama o algo más gustoso, entonces es cuando nos perdemos, pero no lo hacemos sin conciencia sino por decisión propia.
    A diferencia de la oveja el dejar el rebaño en el que estamos viviendo es una decisión propia, quizás no bien pensada o discernida, pero es una decisión. Y ahí tenemos que, también el resto de la comunidad, descubrir el por qué la gente deja de pertenecer a la comunidad, por qué muchos se pierden en el camino y deciden irse a otras comunidades o abandonar, directamente, la fe.
    Esas decisiones le corresponden tanto al pastor como a la comunidad, porque lo mismo que se dice de los matrimonios o parejas que se separan, todo es 50 y 50, nada es 100% culpabilidad de uno o de otro.
    Y esto en atención a lo último que dice Jesús en este pasaje: "no es voluntad de vuestro Padre que se pierda ni uno de estos pequeños". Está claro que Jesús no habla de los niños, también, pero lo dice en el sentido de que todos somos pequeños ante Dios, todos necesitamos en todo momento de la ayuda de los demás y de la ayuda del Padre que está en el Cielo. Por eso, no sólo nos perdemos, muchas veces, por inconsciencia sino, también, por no haber madurado lo suficiente en nuestra fe porque alejarnos de Dios por culpa de los hombres es porque he puesto más la confianza en lo humano que en lo divino.
    Pero esto no descarta que todos tengamos que poner "nuestras barbas en remojo" para saber qué hemos hecho y qué no para acompañar o no a nuestros hermanos.

    lunes, 8 de diciembre de 2025

    Bendecidos en María

    Sermón de San Anselmo de Canterbury, obispo y doctor de la Iglesia

    El cielo, las estrellas, la tierra, los ríos, el día y la noche, y todo cuanto está sometido al poder o utilidad de los hombres, se felicitan de la gloria perdida, pues una nueva gracia inefable, resucitada en cierto modo por ti ¡oh Señora!, les ha sido concedida. Todas las cosas se encontraban como muertas, al haber perdido su innata dignidad de servir al dominio y al uso de aquellos que alaban a Dios, para lo que habían sido creadas; se encontraban aplastadas por la opresión y como descoloridas por el abuso que de ellas hacían los servidores de los ídolos, para los que no habían sido creadas. Pero ahora, como resucitadas, felicitan a María, al verse regidas por el dominio y honradas por el uso de los que alaban al Señor.
    Ante la nueva e inestimable gracia, las cosas todas saltaron de gozo, al sentir que, en adelante, no sólo estaban regidas por la presencia rectora e invisible de Dios su creador, sino que también, usando de ellas visiblemente, las santificaba. Tan grandes bienes eran obra del bendito fruto del seno bendito de la bendita María.
    Por la plenitud de tu gracia, lo que estaba cautivo en el infierno se alegra por su liberación, y lo que estaba por encima del mundo se regocija por su restauración. En efecto, por el poder del Hijo glorioso de tu gloriosa virginidad, los justos que perecieron antes de la muerte vivificadora de Cristo se alegran de que haya sido destruida su cautividad, y los ángeles se felicitan al ver restaurada su ciudad medio derruida.
    ¡Oh mujer llena de gracia, sobreabundante de gracia, cuya plenitud desborda a la creación entera y la hace reverdecer! ¡Oh Virgen bendita, bendita por encima de todo, por tu bendición queda bendita toda criatura, no sólo la creación por el Creador, sino también el Creador por la criatura!
    Dios entregó a María su propio Hijo, el único igual a él, a quien engendra de su corazón como amándose a sí mismo. Valiéndose de María, se hizo Dios un Hijo, no distinto, sino el mismo, para que realmente fuese uno y mismo el Hijo de Dios y de María. Todo lo que nace es criatura de Dios, y Dios nace de María. Dios creó todas las cosas, y María engendró a Dios. Dios, que hizo todas las cosas, se hizo a sí mismo mediante María; y, de este modo, volvió a hacer todo lo que había hecho. El que pudo hacer todas las cosas de la nada no quiso rehacer sin María lo que había sido manchado.
    Dios es, pues, el padre de las cosas creadas; y María es la madre de las cosas recreadas. Dios es el padre a quien se debe la constitución del mundo; y María es la madre a quien se debe su restauración. Pues Dios engendró a aquel por quien todo fue hecho; y María dio a luz a aquel por quien todo fue salvado. Dios engendró a aquel sin el cual nada existe; y María dio a luz a aquel sin el cual nada subsiste.
    ¡Verdaderamente el Señor está contigo, puesto que ha hecho que toda criatura te debiera tanto como a él!

    domingo, 7 de diciembre de 2025

    Dar el fruto de la conversión

    "Al ver que muchos fariseos y saduceos venían a que los bautizará, les dijo:
    «¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente?
    Dad el fruto que pide la conversión.
    Y no os hagáis ilusiones, pensando: “Tenemos por padre a Abrahán”, pues os digo que Dios es capaz de sacar hijos de Abrahán de estas piedras".
    Seguramente que las palabras de Juan Bautista nos suenan muy fuertes a nuestros oídos, pero son necesarias, muchas veces, volver a escucharlas porque lo que Dios busca, por medio de él, es una sincera conversión del corazón, pues sólo así Él puede darnos su Gracia sanadora y salvadora.
    Lo que más me llamó la atención (no ahora, sino la primera vez que lo escuché) y es algo que, varias veces escuchamos decir o decimos, es (traducido a cristiano): yo no tengo pecado... yo soy bueno... no hago mal a nadie... no mato ni robo..., y por eso no abro el corazón al sincero arrepentimiento.
    Es cierto que puedo no pecar demasiado, pero siempre hay pecado en nuestro corazón porque la espina del pecado original ha quedado clavada en él, y puede haber pecado de pensamiento, palabra, obra u omisión (que son los más recurrentes en nuestra vida) Y, sobre todo, los pecados de lengua que no siempre los confesamos porque creemos que lo que hemos dicho o comentado de los demás no tiene ninguna importancia, y sí, la tiene, porque, casi siempre, están faltos de amor y misericordia o compasión.
    Es por eso que Juan Bautista le habló de una forma tan dura a los fariseos y saduceos ¿por qué? Porque ellos que conocen las escrituras y dicen que son buenos religiosos son los que menos se dan cuenta de su pecado, y tratan de pasar por buenas personas y sin embargo guardan dentro de sí mucho para cambiar. Por eso Juan Bautista le llama la atención diciéndoles: ¡Raza de víboras!, ¿quién os ha enseñado a escapar del castigo inminente? Dad el fruto que pide la conversión.
    "Dad el fruto que pide la conversión" ¿qué es eso? Cambiar, realmente, la forma de actuar, de vivir, de comportarse ante los demás, de reconocer que no soy tan bueno como me creo sino que me he equivocado, y, sobre todo, saber que la Gracia de Dios no viene al corazón que no ha sabido pedir perdón, que no ha perdonado, que guarda en su interior rencor a los demás, que guarda en su boca palabras feas hacia su prójimo, que no honra con sus actitudes a los demás y ¡tantas otras cosas! que creemos que porque los demás me han herido yo tengo el derecho de hablar mal, de criticar, de esto o de aquello. Ahí no estoy dando frutos de conversión.
    Por eso, en estas semanas que nos quedan hasta Navidad tenemos tiempo de vaciar nuestro corazón de todo aquello que no es propio de un hijo de Dios, de todo aquello que nos amor, que no es paz, que no es perdón para que libre de todo pueda nacer la Vida de Dios en mi corazón.

    sábado, 6 de diciembre de 2025

    Trabajadores del Señor

    Entonces dice a sus discípulos:
    «La mies es abundante, pero los trabajadores son pocos; rogad, pues, al Señor de la mies que mande trabajadores a su mies».
    Llamó a sus doce discípulos y les dio autoridad para expulsar espíritus inmundos y curar toda enfermedad y toda dolencia.
    A estos doce los envió Jesús con estas instrucciones:
    «Id a las ovejas descarriadas de Israel. Id y proclamad que ha llegado el reino de los cielos. Curad enfermos, resucitad muertos, limpiad leprosos, arrojad demonios. Gratis habéis recibido, dad gratis».
    Hay dos exhortaciones de parte de Jesús en estos párrafos del Evangelio.
    En primer lugar haciéndose eco de la situación del pueblo de Israel y de la gente que lo seguía nos hace ver que los que trabajan por el pueblo de Dios son pocos, por eso hay que orar para que los trabajadores sean más y que puedan atender las necesidades de la gente. Por eso nos envía a orar y pedir al Padre que envíe "trabajadores a su mies".
    Así, pues, envía a sus discípulos, dándole su poder, a trabajar, a atender a "las ovejas descarriadas de Israel", para llevarles el mensaje de la Salvación, que es Su Propio mensaje: "el Reino de Dios está cerca, convertíos y creed en el Evangelio". Para ello les ha dado el poder de hacer los milagros necesarios, sobre todo para hacerle ver a la gente que el poder de Dios está en ellos y que, por eso, el Reino de Dios está cerca.
    Por otro lado, junto con los discípulos, nos invita a nosotros mismos, que tenemos, también, el mismo Espíritu de Jesús a salir de nuestra comodidad y llevar a "las ovejas descarriadas" el mismo mensaje: "El Reino de Dios está cerca, convertíos y creed en el Evangelio". Claro que diréis: pero yo no tengo el poder de curar a los enfermos, de dar vista a los ciegos, etc. Claro que tenemos ese poder: sanando las heridas del pecado, de las divisiones, de las mentiras que acechan cada día el corazón de nuestros hermanos; de hacerles ver, con nuestra propia vida, cuál es el Camino Verdadero del Amor a Dios y del Amor de Dios, mostrarles y acompañarlos para que puedan encontrar, también ellos, el camino que los conduce a la Alegría del Evangelio.
    Podemos, también, por medio de nuestra oración y del testimonio de nuestra vida, llevarlos hasta el Señor para que la fe, la esperanza o el amor que se ha muerto en sus corazones vuelva a resucitar y se encuentren, una vez más, con esos maravillosos que el Señor nos regala. También podemos ayudarlos a arrojar de sus vidas los demonios de la envidia, de la soberbia, del orgullo que nos distancia, que nos hace cada día gente solitaria y con más dolores y angustias en el corazón, haciendo que nos endurezcamos y levantemos muros que dividen y separan en nuestras familias, comunidades, pueblos y naciones.
    Y todo ello porque "gratis lo hemos recibido y gratis lo hemos de dar", pues en el Bautismo y en los sacramentos recibimos los Dones de la Vida Nueva en Jesucristo, Dones que nos da el Señor gratuitamente y que nos ayudan a tener Vida y Vida en abundancia para que seamos, también nosotros, cada uno, trabajadores en la mies del Señor, trabajadores, discípulos de Cristo en medio de nuestro mundo.

    viernes, 5 de diciembre de 2025

    Creéis que puedo hacerlo?

     En aquel tiempo, dos ciegos seguían a Jesús, gritando:

    «Ten compasión de nosotros, hijo de David».
    Al llegar a la casa se le acercaron los ciegos, y Jesús les dijo:
    «¿Creéis que puedo hacerlo?».
    Contestaron: «Sí, Señor».
    Entonces les tocó los ojos, diciendo:
    «Que os suceda conforme a vuestra fe».
    Y se les abrieron los ojos. Jesús les ordenó severamente:
    «¡Cuidado con que lo sepa alguien!».
    Hay situaciones que, aunque nos lo diga Dios, no podemos ocultar porque la alegría llena el corazón e ilumina la vida, como en este caso. El milagro de Jesús le cambió tanto la vida a las dos personas que no podían no contarlo ¿cómo no contar la alegría que invadía su vida? ¿Cómo no contar aquello que hizo que sus vidas cambiara por completo?
    Y ¿por qué sus vida cambió por completo? ¿Sólo por volver a ver? También. Pero ese también implica la fe en Jesús, porque Jesús no hizo el milagro sólo porque Él podía, sino por la fe de quienes se lo pedían: "¿creéis que puedo hacerlo? Sí, Señor". Y "que os suceda conforme a vuestra fe". Y volvieron a ver y no sólo volverían a ver el mundo tal y como es, sino que volvieron a ver con ojos llenos de fe en Aquél que les ha devuelto la vista.
    Pero ¿no tenían todos la misma fe? Y no todos los ciegos han vuelto a ver, pues ese no era el fin de la Venida de Jesús, sino que se nos abrieran los ojos de la fe para ver el Camino de la Salvación.
    El gran milagro es que podamos ver más allá de lo que vemos, y oír más allá de lo que escuchamos, porque la Palabra de Jesús es la que hace el milagro de que alcancemos una Vida Nueva, una Vida plena de sentido, no en el más allá, sino en el ahora y aquí. Que aquí y ahora podamos darle un sentido nuevo a nuestra vida porque la miramos con los ojos de la fe, con los ojos de Aquél que nos llamó a la vida y que, por Amor, nos quiere acompañar a encontrar el camino de la plenitud.
    No, Jesús no nos va a quitar las piedras del camino, no nos quitará las obstáculos ni las cruces, pero nos dará Su Gracia para que podamos levantarnos y seguir, nos dará la Fuerza para que la Cruz no nos derriba y si lo hace nos dará su Mano para ayudarnos a seguir caminando, y, sobre todo, le dará el sentido de salvación que Él le dio a su propia Cruz.
    Por eso, si creemos en Él no lo busquemos por los grandes milagros sino recurramos a Él para que nos acompañe en el caminar, y como a los discípulos de Emaús, nos vaya haciendo comprender y encontrar el sentido de lo que estamos viviendo y de lo que tenemos que vivir de acuerdo a la Voluntad del Padre.

    jueves, 4 de diciembre de 2025

    Buenos cimientos

    «No todo el que me dice "Señor, Señor" entrará en el reino de los cielos, sino el que hace la voluntad de mi Padre que está en los cielos".
    A veces nos dejamos guiar por el sentimiento y no confiamos en las Palabras del Señor, porque pensamos que siempre el Señor va a tener misericordia con nosotros (y es verdad) pero también seremos juzgados en la justicia, por que las dos virtudes están en el Señor. Pero nos gusta y deseamos sobre todo que el Señor no se acuerde de las exhortaciones más difíciles como esta de hoy.
    Por esto, cuando pensemos en nuestras obras pensemos también en las consecuencias de nuestras obras y, también, de nuestras palabras, como en este caso: "no todo el que me dice Señor, Señor entrará en el reino de los cielos". Son las palabras las que hablan de mis obras, porque, muchas veces, nos llenamos la boca de hermosas y grandilocuentes palabras acerca de nuestra vida de fe, pero las obras no hablan de lo mismo, sino que dicen otra cosa.
    Y para que lo tengamos más en cuenta el Señor nos pone como ejemplo esta parábola del que construye su casa sobre piedra y sobre arena, porque las obras son como el cimiento de nuestra vida de fe, porque las palabras solas son como la arena del suelo, hoy están pero llega una lluvia y se las lleva.
    Así, no hablemos tanto y obremos más, pero en coherencia con lo que decimos, e, incluso, si decimos que no creemos pero hacemos obras de fe esas hablarán mejor de mí que mis palabras.
    De este modo tenemos que construir nuestra vida cristiana: con palabras y con obras, las dos cosas equilibradas y teniendo en cuenta que no tenemos que "darnos aires" de buenos cristianos y que no necesitamos decir "yo soy más cristiano que fulanito", sino dejar que la vida misma vaya hablando de quien soy y de lo que vivo.
    Por eso mismo, debemos ir buscando y discerniendo cuál es la Voluntad de Dios para mi vida, pues el ser fiel a la voluntad de Dios "aquí en la tierra como en el cielo" es lo que hará que mi vida está cimentada sobre roca, la Roca firme que es Jesús, pues hemos de vivir como Él: "mi alimento es hacer la voluntad del que me envió", "no hago otra cosa que hacer la Voluntad de mi Padre". Así que no seamos insensatos, sino que seamos buenos constructores y aunque cueste echar los cimientos firmes siempre contaremos con la ayuda del Señor para hacerlo, porque vivir según Él es su propio deseo pues es el que me lleva al Reino de los Cielos.

    miércoles, 3 de diciembre de 2025

    Basta un pan y un pescado

    «¿De dónde vamos a sacar en un despoblado panes suficientes para saciar a tanta gente?».
    Jesús les dijo: «¿Cuántos panes tenéis?».
    Ellos contestaron: «Siete y algunos peces».
    Ha habido por mucho tiempo una frase que se nos ha ido colando en nuestro corazón y mente y, además, nos ha servido de excusa frente a los pedidos de Jesús: "yo no soy nada", "yo no valgo para nada", "yo no tengo nada que ofrecer", "yo no..." Todas tonterías que el diablo ha ido metiendo en nuestras vidas. Y Dios no crea la nada y a todos los que llama les da valores, les da dones para ponerlos al servicio de los demás.
    Así fue que los apóstoles cuando Jesús les preguntó que hacer con el hambre de tanta gente lo primero que se les ocurrió fue ¿de dónde vamos a sacar panes suficientes?
    Pero a Jesús no le importaba si tenían mucho o poco, Él sabía que algo había, y con ese algo podría hacer grandes cosas, podía hacer el milagro. Lo que Jesús necesitaba en ese momento no era que le presentaran un problema, sino que le presentaran la disposición para saciar el hambre de la gente, porque aunque hubieran tenido un sólo pan y un sólo pescado, igualmente habría hecho el milagro.
    Y así nos pasa a nosotros: generalmente le presentamos el problema y ninguna solución, y cuando nos pide algo enseguida viene la frase "no soy nada", "nada tengo", pues eso quiero lo poco que tienes que me lo entregues y vas a ver lo que YO puedo hacer con lo que me entregas. Tampoco quiero que te quedes mirando el problema, no quiero que me pidas sólo el milagro sino que intentes ofrecerme una solución, que me des tu disposición a hacer algo para solucionar la situación.
    Quedarnos contemplando el problema no es solución, ir al Señor y presentarle no sólo el problema sino mi disposición y esperanza de que todo se puede solucionar ¡ahí está la solución! Vas a descubrir que cuando tienes la disponibilidad de que Él con lo que tienes pueda hacer el milagro vas a encontrar el problema resuelto. Porque muchas veces nos quedamos dando vueltas sobre la misma situación y no encontramos la salida, pero la salida siempre está cuando nos dejamos conducir por el Espíritu, pero si nos "gusta" estar dando vueltas... entonces nunca vamos a descubrir cómo salir, siempre hay una salida en todas las rotondas, pero está en ti saber discernir y, con la ayuda del Espíritu, elegir y actuar. Si te quedas dando vueltas sin discernir ni elegir nunca sabrás si te has equivocado o le has acertado.
    Por eso, aunque sólo tengas un pan y un pescado, eso ya es algo, preséntaselo al Señor y el hará lo que crea más conveniente, pero no te los guardes ni escondas, sino ponlo en Sus Manos y verás el milagro.

    martes, 2 de diciembre de 2025

    Los pequeños encuentran

    «Te doy gracias, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos, y las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, porque así te ha parecido bien".
    ¿Quienes son los pequeños a los que se refiere Jesús? En realidad todos seríamos los pequeños de Dios pues todos somos sus hijos y para los padres siempre los hijos son los pequeños. Pero en realidad no todos los hijos queremos sentirnos hijos pequeños frente a los padres, pues la edad y el pecado nos van tornando soberbios y orgullosos y eso nos hace no querer escuchar las palabras y los consejos de los padres, a lo que se suma el deseo de independencia que nos hace creer que ya somos adultos y podemos manejarnos por nuestra propia cuenta.
    Cuando el hijo de Dios se da cuenta que lo mejor es saberse hijo pequeño, es cuando comienza a vivir la alegría de confiar en el Padre, la alegría de saber que Su Voluntad es el mejor camino para su vida, y que, "aunque pase por oscuras cañadas Él siempre estará conmigo". Y, en ese caminar el Padre irá revelando todo lo que el hijo necesite para alcanzar la meta, para llegar al final del camino "sin perder la fe".
    A esos hijos pequeños que han confiado en el Padre y en el Hijo el Espíritu Santo los colma de sabiduría y de paz, por eso el Hijo ha exclamado:
    «¡Bienaventurados los ojos que ven lo que vosotros veis! Porque os digo que muchos profetas y reyes quisieron ver lo que vosotros veis, y no lo vieron; y oír lo que vosotros oís, y no lo oyeron».
    Sí, los que se han hecho pequeños ante el Padre han podido contemplar con los ojos de la fe la divinidad del Hijo, han recibido su Espíritu de salvación y santificación, han sabido aceptar el Don de la Vida Divina y gozan del Amor Verdadero del Padre que los llama hijos porque en verdad lo son.
    Ahora nos toca compartir con los demás esa alegría, la alegría de sabernos hijos en el Hijo y poder mostrar el Camino a aquellos que no ven pero lo buscan, a aquellos que no oyen pero quieren oír, porque muchos han equivocado el camino y siguen buscando, por eso nuestro testimonio será necesario para esa generación que aún busca sin saber lo cerca que puede estar la respuesta.

    lunes, 1 de diciembre de 2025

    No soy digno

    Pero el centurión le replicó:
    «Señor, no soy digno de que entres bajo mi techo. Basta que lo digas de palabra, y mi criado quedará sano. Porque yo también vivo bajo disciplina y tengo soldados a mis órdenes; y le digo a uno: “Ve”, y va; al otro: “Ven”, y viene; a mi criado: “Haz esto”, y lo hace».
    Al oírlo, Jesús quedó admirado y dijo a los que le seguían:
    «En verdad os digo que en Israel no he encontrado en nadie tanta fe. Os digo que vendrán muchos de oriente y occidente y se sentarán con Abrahán, Isaac y Jacob en el reino de los cielos».
    En esta profesión de fe, según lo que dice Jesús, encontramos dos reflexiones (se me ocurre).
    La primera es ver el por qué y de dónde sale que en la Misa, también nosotros decimos: "no soy digno de que entres en mi casa, pero una palabra tuya bastará para sanarme". Es la expresión que utiliza el Centurión al pedirle a Jesús un milagro. Y ¿por qué le dice que no vaya a su casa? Porque el centurión sabe que si un judío entraba en su casa quedaba impuro, y quiere evitarle a Jesús esa situación. Pero, además, eso le hace pronunciar no sólo un gran acto de fe, sino también de obediencia, por un lado a las leyes judías y, por otro, a la palabra de Jesús. Sabe que sus palabras son obedecidas por la fuerza que tienen y de quién salen, y por eso confía en esa fuerza que tienen sus palabras.
    Esa profesión de fe que hace el Centurión Jesús la alaba y esa es la otra reflexión: a veces los que están más alejados de Jesús, o más alejados de la fe o de la Iglesia, son, quizás, los que más pueden llegar a confiar en la fuerza de la Palabra de Jesús. No son pocos los que no se acercan a la Iglesia o a la fe en Jesús, porque se saben muy "pecadores" o saben lo difícil que es vivir el Evangelio y por eso no quieren ser incoherentes con lo que pueden llegar a decir que viven.
    Por eso, cuando digamos en la Misa esas palabras del Centurión pensemos en lo que estamos diciendo, pensemos que son un gran acto de fe en Jesús, más aún cuando vamos a recibirlo en Eucaristía, pues ahí estamos diciendo que creemos en el Misterio de la Fe que tenemos delante de nuestros ojos, y que ese Misterio se hace vida en nosotros para que Su Vida sea anunciada y pronunciada por nuestra vida en todo el mundo, en cada momento, y en cada día.