Del Tratado de Tertuliano, presbítero, Sobre la prescripción de los herejes
Cristo Jesús, nuestro Señor, durante su vida terrena, iba enseñando por sí mismo
quién era él, qué había sido desde siempre, cuál era el designio del Padre que
él realizaba en el mundo, cuál ha de ser la conducta del hombre para que sea
conforme a este mismo designio; y lo enseñaba unas veces abiertamente ante el
pueblo, otras aparte a sus discípulos, principalmente a los doce que había
elegido para que estuvieran junto a él, y a los que había destinado como
maestros de las naciones.
Y así, después de la defección de uno de ellos, cuando estaba
para volver al Padre, después de su resurrección, mandó a los otros once que
fueran por el mundo a adoctrinar a los hombres y bautizarlos en el nombre del
Padre, del Hijo y del Espíritu Santo.
Los apóstoles -palabra que significa «enviados»-, después de
haber elegido a Matías, echándolo a suertes, para sustituir a Judas y completar
así el número de doctores (apoyados para esto en la autoridad de una profecía
contenida en un salmo de David), y después de haber obtenido la fuerza del
Espíritu Santo para hablar y realizar milagros, como lo había prometido el
Señor, dieron primero en Judea testimonio de la fe en Jesucristo e instituyeron
allí Iglesias, después fueron por el mundo para proclamar a las naciones la
misma doctrina y la misma fe.
De modo semejante, continuaron fundando Iglesias en cada
población, de manera que las demás Iglesias fundadas posteriormente, para ser
verdaderas Iglesias, tomaron y siguen tomando de aquellas primeras Iglesias el
retoño de su fe y la semilla de su doctrina. Por esto también aquellas Iglesias
son consideradas apostólicas, en cuanto que son descendientes de las Iglesias
apostólicas.
Es norma general que toda cosa debe ser referida a su origen.
Y, por esto, toda la multitud de Iglesias son una con aquella primera Iglesia
fundada por los apóstoles, de la que proceden todas las otras. En este sentido
son todas primeras y todas apostólicas, en cuanto que todas juntas forman una
sola. De esta unidad son prueba la comunión y la paz que reinan entre ellas, así
como su mutua fraternidad y hospitalidad, Todo lo cual no tiene otra razón de
ser que su unidad en una misma tradición apostólica.
El único medio seguro de saber qué es lo que predicaron los
apóstoles, es decir, qué es lo que Cristo les reveló, es el recurso a las
Iglesias fundadas por los mismos apóstoles, las que ellos adoctrinaron de viva
voz y, más tarde, por carta.
El Señor había dicho en cierta ocasión: Tendría aún muchas
cosas que deciros, pero no estáis ahora en disposición de entenderlas; pero
añadió a continuación: Cuando venga el Espíritu de verdad, os conducirá a la
verdad completa; con estas palabras demostraba que nada habían de ignorar, ya
que les prometía que el Espíritu de verdad les daría el conocimiento de la
verdad completa. Y esta promesa la cumplió, ya que sabemos por los Hechos de los
apóstoles que el Espíritu Santo bajó efectivamente sobre ellos.
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