Es muy lindo poder leer estos pasajes de los Hechos de los apóstoles, en donde se nos cuenta cómo pudieron, los apóstoles y los presbíteros, resolver las controversias que se habían suscitado por los comentarios de unos y otros. Surge así el Primer Concilio de Jerusalen, en donde se reúnes para buscar la Verdad, y deciden sobre la situación:
"Habiéndonos enterado de que algunos de aquí, sin encargo nuestro, os han alborotado con sus palabras, desconcertando vuestros ánimos, hemos decidido, por unanimidad, elegir algunos y enviároslos.... que os referirán de palabra lo que sigue: Hemos decidido, el Espíritu Santo y nosotros, no imponeros más cargas que las indispensables..."
Muchas veces en nuestras comunidades surgen aquellas voces que saben más que el Señor Jesús y quieren imponer cosas o modificar el Evangelio, y así surgen las diferentes líneas dentro de la Iglesia universal y dentro de las iglesias particulares y, por supeusto, dentro de nuestras pequeñeas comundades.
¿Cuál es el tema? El problema es que no renunciamos a nuestros criterios para buscar la Verdad, pues sabemos y creemos que hay una única Verdad: "Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida", dijo Cristo, y fue Él quien no pidió que para seguirlo renunciarámos a nosotros mismos ¿por qué? Porque sólo renunciando a nosotros mismos podremos ver la Verdad que viene del Espíritu.
Seguramente estarás pensando qué líneas hay en tu comunidad que produzcan divisiones o discusiones que no llevan a ningún lado. Podría hacer un gran elenco de situaciones que producen esas "rivalidades" entre las comundades, pero, sobre todo, haré mención a algo que el Señor nos dice en el evangelio de hoy:
"Este es mí mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado.
Vosotros sois mis amigos si hacéis lo que yo os mando.
Ya no os llamo siervos, porque el siervo no sabe lo que hace su señor: a vosotros os llamo amigos, porque todo lo que he oído a mi Padre os lo he dado a conocer".
Nuestra vida y nuestra misión no es hacer lo que yo tengo ganas, sino lo que es Voluntad de Dios, y lo primero que dice Dios es que tengo que amar al otro, a mi hermano, y amarlo significa comprender que, muchas veces, no tendré yo la razón, sino que la puede tener el otro, o que ambos tenemos parte de verdad, y juntos nos tendremos que poner en manos del Señor para poder encontrarla y llegar a la Verdad y así no contribuir a la desunión y al mal testimonio.
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