"Al oír «resurrección de entre los muertos», unos lo tomaban a broma, otros dijeron:
- «De esto te oiremos hablar en otra ocasión».
Muchas veces cerramos nuestros oídos y el corazón a las cosas que no entendemos o que no queremos oír, como dice el refrán: no hay peor sordo que el que no quiere oír. Y, nosotros, como buenos humanos, hay cosas del Evangelio que no nos gusta oír.
Nos gusta sí oír que Jesús es bueno, que Dios es misericordioso, que el Espíritu Santo no s ilumina, pero no nos gusta oír que tenemos que abrazar la cruz, que ofrecer los sacrificios, que aceptar la Voluntad de Dios, que tenemos que renunciar a nosotros mismos... y tantas otras cosas más que Jesús nos ha ido diciendo en su Evangelio.
¿Por qué? Porque vivimos, más ahora en este siglo XXI, en la cultura del sin esfuerzo, del poder tener sin esfuerzo, del gritar y tener lo que uno quiere, sobre todo en los más pequeños que están llenos de cosas, de las cuales la mayor parte son inútiles para la vida cotidiana, e, incluso, se usan unos días y después quedan arrumbadas en algún lugar de la casa.
Vivimos inmersos en la cultura del no-sacrificia, y del hacer las cosas que más nos gustan y que mayor placer nos dan, pues tenemos la libertad para hacerlas y queremos hacerlas, pues si no las hacemos como la hace el mundo, pareciera que no somos parte del mundo en el que vivimos.
Sin embargo, por esas mismas cosa que creemos que nos dan libertad y placer, se nos quita la libertad y el placer, pues nos esclavizamos del movil, de la moda, del mundo y, sobre todo, del pecado, creyendo que todo eso nos hace mejores y más plenos, pero cuando se acaba todo nos damos cuenta que no tenemos nada.
Y, así, haciendo caso al mundo y dejando de lado a Dios nos vamos perdiendo a nosotros mismos sin conseguir lo que anhelamos, seguimos adorando a un dios que creemos conocer, sin encontrarnos con el Dios verdadero que nos puede dar más de lo que anhelamos pues no sólo nos da el sentido para nuestra vida, sino que también nos da la Verdadera Vida.
Por eso cerremos los oídos y el corazón al dios del mundo y abrámoslo al Dios Verdadero, Padre de Nuestro Señor Jesucristo que nos ha hablado por su Hijo para que alcancemos la Vida Verdadera.
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