domingo, 8 de mayo de 2022

Buen Pastor

 

"Mis ovejas escuchan mi voz, y yo las conozco, y ellas me siguen, y yo les doy la vida eterna; no perecerán para siempre, y nadie las arrebatará de mi mano".
Cuarto Domingo de Pascua – Domingo del Buen Pastor, una figura de Nuestro Señor que, muchas veces, o mejor dicho siempre, hace referencia al sacerdocio ministerial, al gran y hermoso Don que el Señor nos dejó en la Última Cena cuando instituye la Eucaristía y les da a los apóstoles el poder hacer ellos lo mismo.
Y, ser buen pastor, no es una tarea fácil ni para los que recibimos el llamado ni para los que tienen que aceptar nuestras debilidades, errores y defectos. Pero si intentamos mirar más allá de la persona humana que ha tenido la Gracia de ser ordenado sacerdote, podremos llegar a agradecer al Señor ese hermoso regalo que nos hizo en la Última Cena: quedarse en el Pan y el Vino, para que por las manos imperfectas y pecadores de un hombre, pueda ser el mismo Jesús quien viene a nuestro encuentro en la celebración eucarística, quien nos perdona de nuestros pecados, quien nos llena del Espíritu Santo en el Bautismo y la Confirmación, quien nos unge con el óleo santo para fortalecer nuestro espíritu y cuerpo en los momentos más difíciles de nuestra enfermedad.
Sabemos los sacerdotes que nos falta mucho para igualar al Buen Pastor, pero confiamos en Su Gracia que es la única que nos salva y convierte, fortalece y ayuda a caminar. Nosotros somos sólo instrumentos que el Señor usa para que Su Palabra y Su Vida llegue a todos los que lo busquen y los que lo quieran encontrar.
Por eso mismo no tenemos que buscar la palabra del sacerdote, sino que debemos escuchar la Palabra del Buen Pastor, es Él Quien quiere guiarnos y llevarnos por los caminos que El Padre ha preparado para nosotros. Los pastores que el Señor destinó para acompañarnos en nuestras vidas son instrumentos que nos ayudan (la mayor de las veces) a llegar hasta el Buen Pastor, para que nuestros oídos puedan estar siempre abiertos a Sus Palabras, y, con la ayuda del Espíritu, dejarnos guiar y conducir.
Por todo eso, no nos alejemos del Buen Pastor por los pastores que se cruzan en nuestros caminos, sino que siempre tengamos la mirada puesta en Él y los oídos abiertos para Sus Palabras, pues sólo Él puede salvarnos, pero, también, sólo Él puede alimentarnos y fortalecernos con el Pan de la Vida que los pastores confeccionan para el rebaño del Señor.


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