«Si el mundo os odia, sabed que me ha odiado a mí antes que a vosotros.
Si fuerais del mundo, el mundo os amaría como cosa suya, pero como no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo, por eso el mundo os odia".
Estas son de esas frases que no nos gusta recordar, o que, por lo menos, las dejamos ocultas en el inconsciente, de Jesús. Sí, no nos gusta recordar porque nos gustan mucho las ofertas que nos hace el mundo, porque, en realidad, no odiamos tanto al mundo como para dejarlo de lado en nuestras vidas, sino que vamos incorporando ideologías mundanas a nuestra vida cristiana.
Hoy en día hay tantas ideologías como idiomas o más casi, y somos tan susceptibles a ellas que las vamos incorporando a nuestra vida cristiana como si fuera el evangelio, o mejor, dicho, le damos más importancia a las idologías del mundo que al evangelio. Porque si en realidad nos importara el evangelio tendríamos más en cuenta que no tenemos por qué aceptar las cosas que se nos ofrecen en estos días como si fueran algo bueno para vivirlo.
En el mundo hoy todo vale, y si no vale todo, todo hay que probarlo para saber si me gusta o no me gusta, y ahí, después de probar todo veo si lo sigo usando o no. Claro que no hago lo mismo con el Evangelio, porque hay cosas que se que no me gustan y por eso las dejo de lado. Pero cuando viene el mundo y me dice: prueba esto que no te va a hacer mal, pero se que no está bien, igual lo pruebo, porque "como todos lo hacen ¿por qué yo no puedo hacerlo?"
Creo que el todos lo hacen (aunque sepa que no es verdad) me da permiso para dejar de lado el evangelio y vivir de acuerdo a esa mentira y pecado que el mundo me ofrece. Y ¿por qué lo hago? Para no quedar mal con mis amigos, para que no digan que soy esto o lo otro, porque en realidad me muevo más por el qué diran de mí que por lo que Dios quiere de mi.
Es ahí cuando me olvido de "no sois del mundo, sino que yo os he escogido sacándoos del mundo", y esta frase no es para los curas y los religiosos, sino para todos los que han recibido el Espíritu Santo el día del bautismo, es decir para todos los que decimos que somos cristianos.
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