viernes, 13 de mayo de 2022

El Cielo en la tierra

"En la casa de mi Padre hay muchas estancias; si no fuera así, ¿os habría dicho que voy a prepararos sitio? Cuando vaya y os prepare un lugar, volveré y os llevaré conmigo, para que donde estoy yo, estéis también vosotros. Y adonde yo voy, ya sabéis el camino".
Hace unos días alguien me preguntaba: el Cielo es nuestra meta o nuestro final, es algo a alcanzar? En realidad el Cielo es nuestra Casa, el lugar desde donde salimos para venir al mundo y el lugar a donde regrasaremos en el momento oportuno. Pero también es una meta a alcanzar y a realizar.
Esperamos llegar al Cielo, pues será el reencuentro definitivo y donde podremos contemplar a Nuestro Padre Dios, y vivir eternamente en el amor, la alegría y la paz. Esa es nuestra fe y nuestra esperanza, pues es lo que Jesús nos consiguió con su muerte y resurrección.
Pero también es lo que tenemos que construir en nuestro peregrinar por la tierra, y es lo que pedimos constantemente en nuestra oración: "venga a nosotros Tu Reino". El Reino de Dios es el Cielo en la tierra, para poder llegar a vivir en el Cielo. Sabemos, porque lo creemos que el Reino de Dios es un reino de personas que se aman, un lugar donde, como dice san Pablo, sólo se vive el Amor: "la fe y la esperanza pasarán, más el amor perdurará". Así el Cielo en la tierra es nuestra meta, y nuestra tarea diaria: vivir el "ámense unos a otros como Yo los he amado". No hay otra tarea mejor y más difícil para los cristianos.
Una tarea que se nos ha pedido y que pedimos diariamente: venga a nosotros tu Reino, hágase tu Voluntad en la tierra como en el Cielo. Nuestra meta es una tarea constante pues somos nosotros, cada uno con sus decisiones diarias y su forma de vivir, quienes vamos construyendo el Cielo en la tierra, para poder alcanzar la Vida eterna en el Cielo.
Claro que no es una tarea que hacemos en solitaria, sino que para eso el Señor nos ha dejado todo lo necesario para poder tener fortaleza, esperanza, amor, entrega, y toda la Gracia que necesitamos para estar siempre disponible para hacer la Voluntad de Dios. Y ahora nos toca a cada uno estar abiertos y disponibles a Su Voluntad para vivir, no sólo para cumplir con lo que debemos, sino para vivir como hijos de Dios, es un derecho y una obligación ser instrumentos en Sus Manos para llegar al mundo los dones espirituales que hagan de la vida diaria un Camino hacia al Vida verdadera.

 

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