Jesús les dice: «Muchachos, ¿tenéis pescado?». Ellos contestaron: «No». Él les dice: «Echad la red a la derecha de la barca y encontraréis». La echaron, y no podían sacarla, por la multitud de peces.
El Señor siempre nos está llamando para hacer algo, para compartir nuestros talentos, para servir a nuestros hermanos, y tantas otras misiones que Él ha pensado para nosotros y, sobre todo, para iluminar el mundo con nuestra vida. Pero nosotros, enseguida, y lo primero que nos sale de los labios es: “No”, “¿yo qué puedo hacer?”, “si yo no sé, si tengo miedo, si tengo mis planes, si tengo mis proyectos…” Siempre la respuesta es NO porque pienso en lo que yo tengo y lo que yo quiero, y no en lo que Él tiene y lo que Él quiere.
Por eso ante el NO de los apóstoles Jesús les dice: haced esto, y no les da otra oportunidad, porque no permite que le digan que no, porque es Él quien tiene el poder, quien tiene la Gracia para darnos para que llevemos a cabo su Voluntad.
¿Qué nos enseña este evangelio? Que no confiemos en nuestras propias fuerzas o valores, sino que confiemos en lo que Él nos pide, pues para lo que Él nos pida, es Él quien tiene la Gracia necesaria para que yo pueda obrar según la Voluntad del Padre. Como a los apóstoles nos pide confiar en Su Palabra, y no en nuestra humanidad, pues nunca vamos a tener lo necesario y suficiente para hacer lo que El Padre nos pida.
Esto también nos lleva a recordar las palabras de María: “proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios, mi salvador, porque ha mirado la humillación de su esclava”. Y es así, Dios no necesita nuestra grandeza, sino que necesita nuestra disposición para hacer grandes cosas: “ me llamarán bienaventurada porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí”.
Sí, Dios necesita nuestra debilidad para hacer grandes cosas, por eso tenemos y necesitamos creer en que lo que Él no pida será no sólo para nuestro bien, sino para un bien mayor para la salvación de los hombres, para renovar el mundo con su Gracia.
Cuando decimos que Sí a Dios sin ponernos a pensar en nuestros defectos, imperfecciones o pecados, Él puede llevar a cabo el Plan que tiene desde que le prometió a Adán y Eva salvar a los hombres, pero si nos negamos a Su Voluntad, entonces quedaremos sin la posibilidad de recibir su Gracia para vivir según su Voluntad y, sin poder ver, el gran milagro de la pesca milagrosa.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.