Os he hablado de esto ahora que estoy a vuestro lado, pero el Paráclito, el Espíritu Santo, que enviará el Padre en mi nombre, será quien os lo enseñe todo y os vaya recordando todo lo que os he dicho.
No siempre entendemos, comprendemos lo que Dios nos quiere decir. Quedan en nuestro día a día muchos por qué sin respuestas, y, sobre todo, quedan muchos mensajes de Jesús que no recordamos. Por eso, Jesús quiere enviarnos su Espíritu para hacernos recordar, pero no para que lo tengamos en la memoria, sino para que lo bajemos al corazón, todas las Palabras que Él nos dijo, y todo lo que no lleguemos a entender el mismo Espíritu nos lo hará comprender.
Claro está que, por supuesto, no todo el Misterio de la Fe lo podremos llegar a entender, pues ya no sería un misterio de fe, o ya no necesitaríamos de la Fe si descubrimos todo. Porque tener Fe no significa saber y entender todo, sino aceptar que no todo lo entenderemos pero que sí lo podremos llegar a vivir y aceptar con la fuerza del Espíritu.
Muchas veces decimos o escuchamos: no tengo tanta fe… No es que no tengas tanta Fe, porque la Fe es un Don de Dios y los dones de Dios no son escasos, ni vienen en pequeñas porciones, sino que, a muchos nos ha pasado, que no hemos sabido madurar en la vida de fe. Y, aun así, siempre nos quedarán cosas por aprender y cosas por vivir desde la oscuridad de la fe.
Por eso siempre necesitaremos al Espíritu Santo que nos ayude, no a comprender, sino a conocer al Padre y al Hijo para saber cómo actúan y cómo nos hablan, y, más que nada, a aceptar Su Voluntad para vivir como lo hizo Jesús, confiando en el Amor Providente del Padre que todo lo saber y que todo lo quiere o permite para el bien de sus hijos.
Así, cuando nos disponemos de corazón a aceptar la Voluntad de Dios en nuestra vida, será el Espíritu Santo con sus Dones, quien nos vaya guiando y enseñando y fortaleciendo para que el camino siempre lo recorramos con firmeza y disponibilidad, para que, siendo fieles instrumentos en manos del Padre, Él pueda hacer maravillas con nosotros como lo hizo con María.
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