martes, 30 de noviembre de 2021

Predicamos a Cristo?

"Ahora bien, ¿cómo invocarán a aquel en quien no han creído?; ¿cómo creerán en aquel de quien no han oído hablar?; y ¿cómo oirán hablar de él sin nadie que anuncie?; y ¿cómo anunciarán si no los envían?"
Nosotros, por Gracias de Dios, hemos escuchado y hemos creídos, como dice san Juan, aunque él dice "hemos visto", pero creemos en Cristo, nos unimos a Él en la oración, en la Eucaristía (los que van o pueden ir, aunque muchos hacen la Comunión Espiritual por no estar posibilitados para ir al encuentro físico con Él), pero creemos y ¿predicamos?
Creo que siempre se ha dejado la predicación para los sacerdotes y religiosos, quizás, pero nos olvidamos de la parte más importante que hay en la Iglesia que son los laicos, es decir todos los bautizados, todos los que han recibido el Espíritu Santo por el bautismo son profetas y sacerdotes, ministros reales y misioneros del Señor para anunciar el Evangelio de Cristo.
Claro está que, para muchos, será la primera vez que escuchan que tienen que predicar a Cristo, es decir, anunciar con la vida y con las palabras el mensaje del Evangelio. No es que tengan que subirse a un altar de iglesia a predicar como lo hacen los sacerdotes y diáconos. Sino que todos, incluídos sacerdotes, diáconos y religiosos o consagrados, tenemos que anunciar a Cristo, tenemos que predicar su Mensaje de Salvación.
Y ahí está, a veces, un poco, o mucho, el error que cometemos: "predicar Su Mensaje de Salvación". ¿Qué? Sí, porque nos olvidamos que lo que predicamos y tenemos que vivir es el Mensaje de Cristo, es el Evangelio, es la Palabra de Dios, y, muchas veces, lo que predicamos es lo que nos gustaría oír a nosotros, o lo que le gustaría oír al mundo, y dejamos de lado la Verdad de la Palabra, la Verdad del Mensaje. Y, cuando dejamos de lado la Verdad del Evangelio ya no predicamos la Palabra de Dios sino que predicamos nuestra palabra o la palabra del mundo, y, lamentablemente la palabra humana o mundana no es la que da Vida, sino que puede llevar a la perdición pues Jesús es la Palabra que se hizo carne y habitó entre nosotros.
Nos hemos hecho tanto parte del mundo, confiamos más en el mensaje que nos da o nos pide vivir el mundo de hoy, que nos olvidamos que lo que tenemos que vivir y predicar el Mensaje de Cristo. Es cierto que no es fácil predicar y vivir las exigencias del Evangelio, pero si no lo hacemos no alcanzamos al Vida Verdadera, no llegaremos al encuentro con Cristo. Por eso, en este tiempo de Adviento tenemos que ponernos en marcha, descubir en este Niño que va a Nacer, la Palabra de Dios que vino a nosotros y nos enseñó a vivir la Vida en Dios, para Dios y con Dios. Y ese será el Verdadero Mensaje que predicaremos.

 

lunes, 29 de noviembre de 2021

Sobre el Adviento

De las Cartas pastorales de san Carlos Borromeo, obispo

    Ha llegado, amadísimos hermanos, aquel tiempo tan importante y solemne, que, como dice el Espíritu Santo, es tiempo favorable, día de la salvación, de la paz y de la reconciliación; el tiempo que tan ardientemente desearon los patriarcas y profetas y que fue objeto de tantos suspiros y anhelos; el tiempo que Simeón vio lleno de alegría, que la Iglesia celebra solemnemente y que también nosotros debemos vivir en todo momento con fervor, alabando y dando gracias al Padre eterno por la misericordia que en este misterio nos ha manifestado. El Padre, por su inmenso amor hacia nosotros, pecadores, nos envió a su Hijo único, para libramos de la tiranía y del poder del demonio, invitamos al cielo e introducimos en lo más profundo de los misterios de su reino, manifestarnos la verdad, enseñamos la honestidad de costumbres, comunicarnos el germen de las virtudes, enriquecemos con los tesoros de su gracia y hacemos sus hijos adoptivos y herederos de la vida eterna.
    La Iglesia celebra cada año el misterio de este amor tan grande hacia nosotros, exhortándonos a tenerlo siempre presente. A la vez nos enseña que la venida de Cristo no sólo aprovechó a los que vivían en el tiempo del Salvador, sino que su eficacia continúa y aún hoy se nos comunica si queremos recibir, mediante la. fe y los sacramentos, la gracia que él nos prometió, y si ordenamos nuestra conducta conforme a sus mandamientos.
    La Iglesia desea vivamente hacernos comprender que así como Cristo vino una vez al mundo en la carne, de la misma manera está dispuesto a volver en cualquier momento, para habitar espiritualmente en nuestra alma con la abundancia de sus gracias, si nosotros, por nuestra parte, quitamos todo obstáculo.
    Por eso, durante este tiempo, la Iglesia, como madre amantísima y celosísima de nuestra salvación, nos enseña, a través de himnos, cánticos y otras palabras del Espíritu Santo y de diversos ritos, a recibir convenientemente y con un corazón agradecido este beneficio tan grande, a enriquecemos con su fruto y a preparar nuestra alma para la venida de nuestro Señor Jesucristo con tanta solicitud como si hubiera él de venir nuevamente al mundo. No de otra manera nos lo enseñaron con sus palabras y ejemplos los patriarcas del antiguo Testamento para que en ello los imitáramos.

domingo, 28 de noviembre de 2021

Que no se embote el corazón

Tened cuidado de vosotros, no sea que se emboten vuestros corazones con juergas, borracheras y las inquietudes de la vida…
y manteneros en pie ante el Hijo del hombre».
Comenzamos un nuevo ciclo litúrgico, y con el Tiempo de Adviento, la liturgia y las lecturas nos invitan a “mantenernos sobrios” a no dejarnos llevar por las “inquietudes de la vida” para que no nos perdamos en el camino de las tinieblas, del error, del pecado, y no podamos “aprovechar” toda la Gracia que trae el Tiempo de Navidad.
No es que vivamos en borracheras (quizás alguno por ahí) ni de juerga en juerga (quizás algún otro por ahí), pero sí, muchas veces, por las “inquietudes de la vida” nos vamos dejando atrapar en el tiempo por las cosas a hacer o las cosas por hacer y dejamos de lado nuestra parte espiritual.
El tiempo de Adviento nos invita a la meditación, a volver sobre la Palabra de Dios para dejarnos conducir por las profecías, por la esperanza, por el entusiasmo de que va a llegar el Esperado. Dejarnos llevar por el deseo que tenía el Pueblo de Israel de la llegada del Mesías, por el gozo que sentía María Virgen en su seno sabiendo que ahí se estaba gestando la Vida Nueva, no sólo para Ella, sino para el Mundo, para el Hombre de todos los tiempos.
Seguramente en cada casa, en cada familia, hay muchas cosas por hacer, por preparar y, como muchas veces decimos, escuchamos o pensamos: necesitaría que mi día tuviera 48 horas para poder hacer todo lo que quiero. Y, sin embargo, no pensamos que necesitásemos, también, algunos minutos para ponernos en Manos de Dios para saber qué es lo que Él quiere de nosotros, para dejarnos envolver por su Espíritu y aprender a discernir qué es lo que tengo que hacer, en qué tiempo.
Descubrir nuestra misión en el mundo no es tarea fácil, así como tampoco lo es saber cuál es la Voluntad de Dios en el día a día; por eso necesitamos que no dejarnos agobiar por las inquietudes de la vida, sino tomarnos, cada día, un tiempo para estar en Dios, para elevar nuestro espíritu en la oración y abrir nuestros oídos a Su Palabra.


 

sábado, 27 de noviembre de 2021

Si somos ovejas vencemos

 De las Homilías de san Juan Crisóstomo, obispo, sobre el evangelio de san Juan


    Mientras somos ovejas vencemos y superamos a los lobos, aunque nos rodeen en gran número; pero si nos convertimos en lobos entonces somos vencidos, porque nos vemos privados de la protección del pastor. Éste, en efecto, no pastorea lobos, sino ovejas, y por esto te abandona y se aparta entonces de ti, porque no le dejas mostrar su poder.
    Es como si dijera: «No os alteréis por el hecho de que os envío en medio de lobos y al mismo tiempo os mando que seáis como ovejas y como palomas. Hubiera podido hacer que fuera al revés y enviaros de modo que no tuvierais que sufrir mal alguno ni enfrentaros como ovejas ante lobos, podía haberos hecho más temibles que leones; pero eso no era lo conveniente, porque así vosotros hubierais perdido prestigio y yo la ocasión de manifestar mi poder. Es lo mismo que decía a Pablo: Te basta mi gracia, que en la debilidad se muestra perfecto mi poder. Así es como yo he determinado que fuera.» Al decir: Os envío como ovejas, dice implícitamente: «No desmayéis: yo sé muy bien que de este modo sois invencibles.»
    Pero además, para que pusieran también ellos algo de su parte y no pensaran que todo había de ser pura gracia y que habían de ser coronados sin mérito propio, añade: Sed, pues, prudentes como serpientes y sencillos como palomas. «Mas, ¿de qué servirá nuestra prudencia -es como si dijesen- en medio de tantos peligros? ¿Cómo podremos ser prudentes en medio de tantos embates? Por mucha que sea la prudencia de la oveja, ¿de qué le aprovechará cuando se halle en medio de los lobos, y en tan gran número? Por mucha que sea la sencillez de la paloma, ¿de qué le servirá, acosada por tantos gavilanes?» Ciertamente, la prudencia y la sencillez no sirven para nada a estos animales irracionales, pero a vosotros os sirven de mucho.
    Pero veamos cuál es la prudencia que exige el Señor. «Como serpientes -dice-. Así como a la serpiente no le importa perderlo todo, aunque sea seccionado su cuerpo, con tal que conserve la cabeza, así también tú -dice debes estar dispuesto a perderlo todo, tu dinero, tu cuerpo y aun la misma vida, con tal que conserves la fe. La fe es la cabeza y la raíz; si la conservas, aunque pierdas todo lo demás, lo recuperarás luego con creces.» Así pues, no te manda que seas sólo sencillo ni sólo prudente, sino ambas cosas a la vez, porque en ello consiste la verdadera virtud. La prudencia de la serpiente te hará invulnerable a los golpes mortales; la sencillez de la paloma frenará tus impulsos de venganza contra los que te dañan o te ponen asechanzas, pues, sin esto, en nada aprovecha la prudencia.
    Nadie piense que estos mandatos son imposibles de cumplir. El Señor conoce más que nadie la naturaleza de las cosas: él sabe que la violencia no se vence con la violencia, sino con la mansedumbre.

viernes, 26 de noviembre de 2021

Rechacemos el temor a la muerte

Del Tratado de san Cipriano, obispo y mártir, Sobre la muerte

    Nunca debemos olvidar que nosotros no hemos de cumplir nuestra propia voluntad, sino la de Dios, tal .como el Señor nos mandó pedir en nuestra oración cotidiana. ¡Qué contrasentido y qué desviación es no someterse inmediatamente al imperio de la voluntad del Señor, cuando él nos llama para salir de este mundo! Nos resistimos y luchamos, somos conducidos a la presencia del Señor como unos siervos rebeldes, con tristeza y aflicción, y partimos de este mundo forzados por una ley necesaria, no por la sumisión de nuestra voluntad; y pretendemos que nos honre con el premio celestial aquel a cuya presencia llegamos por la fuerza. ¿Para qué rogamos y pedimos que venga el reino de los cielos, si, tanto nos deleita la cautividad terrena? ¿Por qué pedimos con tanta insistencia la pronta venida del día del reino, si nuestro deseo de servir en este mundo al diablo supera al deseo de reinar con Cristo?
    Si el mundo odia al cristiano, ¿por qué amas al que te odia, y no sigues más bien a Cristo, que te ha redimido y te ama? Juan, en su carta, nos exhorta con palabras bien elocuentes a que no amemos el mundo ni sigamos las apetencias de la carne: No améis al mundo -dice- ni lo que hay en el mundo. Quien ama al mundo no posee el amor del Padre, porque todo cuanto hay en el mundo es concupiscencia de la carne, concupiscencia de los ojos y soberbia de la vida. El mundo pasa y sus concupiscencias con él. Pero quien cumple la voluntad de Dios permanece para siempre. Procuremos más bien, hermanos muy queridos, con una mente íntegra, con una fe firme, con una virtud robusta, estar dispuestos a cumplir la voluntad de Dios, cualquiera que ésta sea; rechacemos el temor a la muerte con el pensamiento de la inmortalidad que la sigue. Demostremos que somos lo que creemos.
    Debemos pensar y meditar, hermanos muy amados, que hemos renunciado al mundo y que mientras vivimos en él somos como extranjeros y peregrinos. Deseemos con ardor aquel día en que se nos asignará nuestro propio domicilio, en que se nos restituirá al paraíso y al reino, después de habernos arrancado de las ataduras que en este mundo nos retienen. El que está lejos de su patria es natural que tenga prisa por volver a ella. Para nosotros, nuestra patria es el paraíso; allí nos espera un gran número de seres queridos, allí nos aguarda el numeroso grupo de nuestros padres, hermanos e hijos, seguros ya de su suerte, pero solícitos aún de la nuestra. Tanto para ellos como para nosotros significará una gran alegría el poder llegar a su presencia y abrazarlos; la felicidad plena y sin término la hallaremos en el reino celestial, donde no existirá ya el temor a la muerte, sino la vida sin fin.
    Allí está el coro celestial de los apóstoles, la multitud exultante de los profetas, la innumerable muchedumbre de los mártires, coronados por el glorioso certamen de su pasión; allí las vírgenes triunfantes, que con el vigor de su continencia dominaron la concupiscencia de su carne y de su cuerpo; allí los que han obtenido el premio de su misericordia, los que practicaron el bien, socorriendo a los necesitados con sus bienes, los que, obedeciendo el consejo del Señor, trasladaron su patrimonio terreno a los tesoros celestiales. Deseemos ávidamente, hermanos muy amados, la compañía de todos ellos. Que Dios vea estos nuestros pensamientos, que Cristo contemple este deseo de nuestra mente y de nuestra fe, ya que tanto mayor será el premio de su amor, cuanto mayor sea nuestro deseo de él.

jueves, 25 de noviembre de 2021

El boomerang de Daniel

«¡Daniel, siervo del Dios vivo! ¿Ha podido salvarte de los leones tu Dios a quien veneras fielmente?».
Daniel le contestó: «¡Viva el rey eternamente! Mi Dios envió su ángel a cerrar las fauces de los leones, y no me han hecho ningún daño, porque ante él soy inocente; tampoco he hecho nada malo contra ti».
El rey se alegró mucho por eso y mandó que sacaran a Daniel del foso; al sacarlo del foso, no tenia ni un rasguño, porque había confiado en su Dios".
Siempre nos encontramos, y, a veces somos, como los hombres que condenaron a Daniel, quizás la envidia, la vanidad, la soberbia, la venganza... ¡vaya uno a saber qué cosa! llevan o nos llevan a acusar a inocentes de hacer lo que no deben, cuando están siendo coherentes con lo que creen. Pero siempre la fidelidad a Dios es lo que nos salva de la garra de los leones que están queriendo acabar con nuestras vidas. La maldad es un boomerang que siempre devuelve lo que hace y, generalmente, te pega más fuerte de lo que has querido pegarle a los demás.
Así vemos en este relato de la condena de Daniel, habiendo querido quitarse a Daniel de encima porque era el favorito del Rey, finalmente los que cayeron en las fauces de los leones y desaparecieron del mapa fueron los que juzgaron la coherencia de vida de Daniel.
Y lo que vemos, también, es que Dios se "ayuda" de estas maldades para sacar el mayor bien y provecho para las almas, porque de ese modo el Rey se convenció de que él no era Dios, y dictó otro decreto confesando la fe en el Dios de Daniel.
Por eso no tenemos que temer a los que tienen "lenguas cisañozas", es decir lenguas envenadas y nos buscan falsas acusaciones para desacreditar nuestra coherencia, sino que tenemos que cuidarnos de nosotros mismos de no caer en esas redes, y de nos ser nosotros los que acusamos la coherencia de los demás, porque el pecado original habita en todos y todos somos capaces de cometer los errores que estamos criticando.
Pero, en el caso de que nos acusen por nuestra coherencia y hasta nos quieran tirar al foso de los leones, no nos preocupemos pues Dios siempre estará con nosotros y por nueustra peseverancia nos salvará y no perderemos ni la vida ni la fe, sino que nuestro testimonio servirá para que otros descubran cuál es el Verdadero Dios y cómo se vive la verdadera Fe.

 

miércoles, 24 de noviembre de 2021

Elegir, esa es la cuestión

"Y hasta vuestros padres, y parientes, y hermanos, y amigos os entregarán, y matarán a algunos de vosotros, y todos os odiarán de mi nombre. Pero ni un cabello de vuestra cabeza perecerá; con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Dios le permite todo al hombre pues le ha dado el Don de la Libertad para que pueda vivir su vida, cómo la viva ya es problema del hombres, pues Dios mismo le ha dicho: "pongo delante de ti la vida y la muerte, el bien y el mal, tú eliges". Y el hombre elige, en cada momento cómo vivir y cómo ayudar a vivir a los demás.
En esta pequeña frase vemos que Dios le permite al hombre elegir juzgar, condenar y ajusticiar a los que él cree, pero no le permite matar el alma del que ha sido Fiel a Su Palabra, pues Dios es justo y a los que son Fieles les reserva su lugar en el Paraiso.
Sabe el Señor lo que pasa y lo que pasará, pues es el Dueño del Tiempo y la Historia, por eso sabe que el hombre seguirá con su intento de quitarlo de la sociedad y de la vida del mundo, aunque nunca pueda borrarlo del mapa. Por eso los hombres que luchan contra Dios luchan contra sus propios hermanos que viven en Dios, con Dios y para Dios.
Y Dios nos pide que no temamos pues Él conoce las intenciones y el corazón de todos, de los buenos y los malos, pero no puede modificar sus intenciones, sino sólo mostrarles el camino de conversión, así como nos lo muestra a nosotros para que siempre perseveremos en el Camino de la Vida que Él nos ha dado en Su Unigénito. Por eso la Gracia que siempre tenemos que pedir es la Gracia de la Perseverancia, porque "con vuestra perseverancia salvaréis vuestras almas".
Perseverar en el Camino de la Vida no significa nunca tropezar y caer, sino saber que debemos levantarnos y continuar, saber que siempre tendremos su Mano tendida para ayudarnos a levantarnos, incluso del fango más duro y horrible, pero tenemos que ser nosotros mismos quienes busquen la Mano del Señor, y querer salir de ese fango.
Porque así como Dios permite que los hombres elijan el camino del mal, también permite que seamos nosotros quienes queramos salir de ese camino, quienes queramos, como el Hijo Pródigo, volver a la Casa del Padre y al Camino de la Verdad y la Vida. Por eso, no temas si has caído en el peor de los fangos del pecado, pues siempre tendras la oportunidad de salir, si es eso lo que quieres...

 

martes, 23 de noviembre de 2021

No todo lo que brilla es oro

"En aquel tiempo, algunos hablaban del templo, de lo bellamente adornado que estaba con piedra de calidad y exvotos, Jesús les dijo:
«Esto que contempláis, llegarán días en que no quedará piedra sobre piedra que no sea destruida».
Muchas veces nos quedamos con lo externo y no sólo hablando del cuerpo, sino también de la manera en que nos ven o cómo queremos mostrarnos a los demás. La sociedad en la que vivimos nos hace creer que lo importante es parecer cuando, en realidad, lo importante es ser lo que Dios nos ha llamado a ser, pues lo demás vendrá por añadidura. Nos preocupamos de tener muchos títulos, no sólo de universidad, sino de que estoy en esto y en esto otro, y soy de esto y de aquello, y nos olvidamos de madurar en lo principal: los valores humanos y los valores sobrenaturales.
Así tenemos templos muy hermosos y llenos de exvotos e imágenes y tantas otras cosas, pero nos falta llenarlos de santos que vivan y se entreguen a los demás por el Reino de los cielos, viviendo en la Voluntad de Dios, siendo testigos veraces de la Verdad del Evangelio y que la vivan con alegría.
Del mismo modo hay en la Iglesia muchos planes de pastoral, muchos libros, muchos directorios, pero faltan pastores que le den vida a todo lo que se pueblica, o, mejor dicho, que todo lo que se publica sea a partir de la Vida, y para la vida de los cristianos.
A veces nos creemos los más sabios y que tenemos todas las respuestas y las formas para poder dar vida a la comunidad, pero no nos embarcamos en el trabajo personal con el otro, no llegamos al corazón de los hombres para hacer sentir la alegría del Evangelio, la alegría de creer. Creemos que con muchas ceremonias o mucho boato se llega a los corazones y, cada vez, vemos más corazones lejos del Señor, o, por lo menos, lejos de la iglesia.
Y, en definitiva, creo que somos como la imagen que vio el Rey Nabucodonosor: nuestros pies son de hierro y barro, no hay unión entre los que formamos parte de la iglesia, ni de arriba ni de abajo, y por eso cualquier piedra nos destruye los cimientos y nos tambaleamos. Por ahora y nunca, creo, seremos destruidos porque es el Espíritu Santo y Cristo quienes sostienen la Iglesia, pero si fuera por nosotros hace mucho tiempo habríamos dejado de existir.
¿Será tiempo de ponernos a revisarnos en serio? ¿Será tiempo de dejar de ser barro y hierro y comenzar un trabajo en serio de unión, sí en la diversidad de carismas, pero como nos pidió el Señor: Sed UNO para que que el mundo crea?

 

lunes, 22 de noviembre de 2021

Cantad a Diois con alegría y júbilo

De los Comentarios de san Agustín, obispo, sobre los salmos


    Dad gracias al Señor con la cítara, tocad en su honor el arpa de diez cuerdas; cantadle un cántico nuevo. Despojaos de lo antiguo, ya que se os invita al cántico nuevo. Nuevo hombre, nuevo Testamento, nuevo cántico. El nuevo cántico no responde al hombre antiguo. Sólo pueden aprenderlo los hombres nuevos, renovados de su antigua condición por obra de la gracia y pertenecientes ya al nuevo Testamento, que es el reino de los cielos. Por él suspira todo nuestro amor y canta el cántico nuevo. Pero es nuestra vida, más que nuestra voz, la que debe cantar el cántico nuevo.
    Cantadle un cántico nuevo, cantadle con maestría. Cada uno se pregunta cómo cantará a Dios. Cántale, pero hazlo bien. Él no admite un canto que ofenda sus oídos. Cantad bien, hermanos. Si se te pide que cantes para agradar a alguien entendido en música, no te atreverás a cantarle sin la debida preparación musical, por temor a desagradarle, ya que él, como perito en la materia, descubrirá unos defectos que pasarían desapercibidos a otro cualquiera. ¿Quién, pues, se prestará a cantar con maestría para Dios, que sabe juzgar del cantor, que sabe escuchar con oídos críticos? ¿Cuándo podrás prestarte a cantar con tanto arte y maestría que en nada desagrades a unos oídos tan perfectos?
    Mas he aquí que él mismo te sugiere la manera cómo has de cantarle: no te preocupes por las palabras, como si éstas fuesen capaces de expresar lo que deleita a Dios. Canta con júbilo. Éste es el canto que agrada a Dios, el que se hace con júbilo. ¿Qué quiere decir cantar con júbilo? Darse cuenta de que no podemos expresar con palabras lo que siente el corazón. En efecto, los que cantan, ya sea en la siega, ya en la vendimia o en algún otro trabajo intensivo, empiezan a cantar con palabras que manifiestan su alegría, pero luego es tan grande la alegría que los invade que, al no poder expresarla con palabras, prescinden de ellas y acaban en un simple sonido de júbilo.
    El júbilo es un sonido que indica la incapacidad de expresar lo que siente el corazón. Y este modo de cantar es el más adecuado cuando se trata del Dios inefable. Porque, si es inefable, no puede ser traducido en palabras. Y, si no puedes traducirlo en palabras y, por otra parte, no te es lícito callar, lo único que puedes hacer es cantar con júbilo. De este modo, el corazón se alegra sin palabras y la inmensidad del gozo no se ve limitada por unos vocablos. Cantadle con maestría y con júbilo.

domingo, 21 de noviembre de 2021

Es mi Rey?

Jesús le contestó:
«Tú lo dices: soy rey. Yo para esto he nacido y para esto he venido al mundo; para dar testimonio de la verdad. Todo el que es de la verdad escucha mi voz».
Jesús Rey del Universo. Un Rey distinto, diferente a todos los conocidos, e, incluso, casi desconocido para nosotros mismos que somos quienes decimos que escuchamos su Voz y que lo seguimos. Pero ¿somos conscientes que Él es el Rey del Universo, es decir que es mi Rey y Señor? Y ¿qué significa para mi vida que Jesús sea mi Rey y Señor?
Los que lo seguían, incluidos los apóstoles, antes de la resurrección esperaban y querían que Jesús fuera Rey, y quisieron, en varias oportunidades nombrarlo Rey, pero Él se escabullía entre la gente para que no lo hicieran ¿por qué? Porque Él tenía muy claro que “su reino no era de este mundo”, pero no ese momento no lo comprendían, y menos lo comprendieron cuando se dejó arrestar y crucificar.
¡Qué más quisiéramos que tener un Rey que obrara semejantes milagros! Pero no, su Reino no es de este mundo, y tan no era de este mundo que no sanó a todos los enfermos, no curó a todos los leprosos, no resucitó a todos los muertos, porque esa no era Su Misión.
Y ¿cuál era su misión? Mostrarnos el Camino hacia Dios, que volvamos los hombres a ser hijos de Dios, aquello que nos robara el pecado original (la fidelidad divina) nos lo tendría que devolver el Hijo de Dios, pues “si por un hombre entró la muerte, por un hombre recuperaríamos la vida”.
Claro que para enseñarnos el Camino Él tendría que recorrerlo primero, por eso se hizo Hombre como nosotros, en todo menos en el pecado, para poder caminar como nosotros, pero en fidelidad a la Voluntad de Dios, y obedeciendo hasta la muerte y muerte en Cruz, alcanzó al Vida por su resurrección y se constituyó en Dios y Señor, no sólo del Universo, sino de nuestra propia vida, de mi vida y de tu vida, pero que lo sea realmente tenemos que aceptar su invitación a vivir como Él, no como nosotros quisiéramos, sino como Él quiere, es decir de acuerdo a la Voluntad del Padre. ¿Estás dispuesto?


 

sábado, 20 de noviembre de 2021

Madre de Cristo, madre de los cristianos

 De los Sermones del beato Guerrico, abad 


Un solo hijo dio a luz María, el cual, así como es Hijo único del Padre celestial, así también es el hijo único de su madre terrena. Y esta única virgen y madre, que tiene la gloria de haber dado a luz al Hijo único del Padre, abarca, en su único hijo, a todos los que son miembros del mismo; y no se avergüenza de llamarse madre de todos aquellos en los que ve formado o sabe que se va formando Cristo, su hijo.

La antigua Eva, más que madre madrastra, ya que dio a gustar a sus hijos la muerte antes que la luz del día, aunque fue llamada madre de todos los vivientes, no justificó este apelativo; María, en cambio, realizó plenamente su significado, ya que ella, como la Iglesia de la que es figura, es madre de todos los que renacen a la vida. Es, en efecto, madre de aquella Vida por la que todos viven, pues al dar a luz esta Vida, regeneró en cierto modo a todos los que habían de vivir por ella.

Esta santa madre de Cristo, como sabe que, en virtud de este misterio, es madre de los cristianos, se comporta con ellos con solicitud y afecto maternal, y en modo alguno trata con dureza a sus hijos, como si no fuesen suyos, ya que sus entrañas, una sola vez fecundadas, aunque nunca agotadas, no cesan de dar a luz el fruto de piedad.

Si el Apóstol de Cristo no deja de dar a luz a sus hijos, con su solicitud y deseo piadoso, hasta ver a Cristo formado en ellos, ¿cuánto más la madre de Cristo? Y Pablo los engendró con la predicación de la palabra de verdad con que fueron regenerados; pero María de un modo mucho más santo y divino, al engendrar al que es la Palabra en persona. Es ciertamente digno de alabanza el ministerio de la predicación de Pablo; pero es más admirable y digno de veneración el misterio de la generación de María.

Por eso vemos cómo sus hijos la reconocen por madre, y así, llevados por un natural impulso de piedad y de fe, cuando se hallan en alguna necesidad o peligro, lo primero que hacen es invocar su nombre y buscar refugio en ella, como el niño que se acoge al regazo de su madre. Por esto creo que no es un desatino el aplicar a estos hijos lo que el profeta había prometido: Tus hijos habitarán en ti; salvando, claro está, el sentido originario que la Iglesia da a esta profecía.

Y si ahora habitamos al amparo de la madre del Altísimo, vivamos a su sombra, como quien está bajo sus alas, y así después reposaremos en su regazo, hechos partícipes de su gloria. Entonces resonará unánime la voz de los que se alegran y se congratulan con su madre: Y cantarán mien. tras danzan: Todas mis fuentes están en ti, santa Madre de Dios.

viernes, 19 de noviembre de 2021

Reconoció y amó a Cristo en los pobres

De una Carta escrita por Conrado de Marburgo, director espiritual de santa Isabel

    Pronto Isabel comenzó a destacar por sus virtudes, y, así como durante toda su vida había sido consuelo de los pobres, comenzó luego a ser plenamente remedio de los hambrientos. Mandó construir un hospital cerca de uno de sus castillos y acogió en él gran cantidad de enfermos e inválidos; a todos los que allí acudían en demanda de limosna les otorgaba ampliamente el beneficio de su caridad, y no sólo allí, sino también en todos los lugares sujetos a la jurisdicción de su marido, llegando a agotar de tal modo todas las rentas provenientes de los cuatro principados de éste, que se vio obligada finalmente a vender en favor de los pobres todas las joyas y vestidos lujosos.
    Tenía la costumbre de visitar personalmente a todos sus enfermos, dos veces al día, por la mañana y por la tarde, curando también personalmente a los más repugnantes, a los cuales daba de comer, les hacia la cama, los cargaba sobre sí y ejercía con ellos muchos otros deberes de humanidad; y su esposo, de grata memoria, no veía con malos ojos todas estas cosas. Finalmente, al morir su esposo, ella, aspirando a la máxima perfección. me pidió con lágrimas abundantes que le permitiese ir a mendigar de puerta en puerta.
    En el mismo día del Viernes santo, mientras estaban denudados los altares, puestas las manos sobre el altar de una capilla de su ciudad, en la que había establecido frailes menores, estando presentes algunas personas, renunció a su propia voluntad, a todas las pompas del mundo y a todas las cosas que el Salvador, en el Evangelio. aconsejó abandonar. Después de esto, viendo que podía ser absorbida por la agitación del mundo y por lá gloria mundana de aquel territorio en el que, en vida de su marido, había vivido rodeada de boato, me siguió hasta Marburgo, aun en contra de mi voluntad; allí, en la ciudad, hizo edificar un hospital, en el que dio acogida a enfermos e inválidos, sentando a su mesa a los más míseros y despreciados.
    Afirmo ante Dios que raramente he visto una mujer que a una actividad tan intensa juntara una vida tan contemplativa, ya que algunos religiosos y religiosas vieron más de una vez como, al volver de la intimidad de la oración, su rostro resplandecía de un modo admirable y de sus ojos salían como unos rayos de sol.
    Antes de su muerte la oí en confesión, y, al preguntarle cómo había de disponer de sus bienes y de su ajuar, respondió que hacía ya mucho tiempo que pertenecía a los pobres todo lo que figuraba como suyo y me pidió que se lo repartiera todo, a excepción de la pobre túnica que vestía y con la que quería ser sepultada. Recibió luego el cuerpo del Señor y después estuvo hablando hasta la tarde, de las cosas buenas que había oído en la predicación; finalmente habiendo encomendado a Dios con gran devoción a todos los que la asistían, expiró como quien se duerme plácidamente.

jueves, 18 de noviembre de 2021

Oración al Buen Pastor

Del Comentario de san Gregorio de Nisa, obispo, sobre el Cantar de los cantares

    ¿Dónde pastoreas, pastor bueno, tú que cargas sobre tus hombros a toda la grey?; (toda la humanidad, que cargaste sobre tus hombros, es, en efecto, como una sola oveja). Muéstrame el lugar de reposo, guíame hasta el pasto nutritivo, llámame por mi nombre para que yo, oveja tuya, escuche tu voz, y tu voz me dé la vida eterna: Avísame, amor de mi alma, dónde pastoreas.
    Te nombro de este modo, porque tu nombre supera cualquier otro nombre y cualquier inteligencia, de tal manera que ningún ser racional es capaz de pronunciarlo o de comprenderlo. Este nombre, expresión de tu bondad, expresa el amor de mi alma hacia ti. ¿Cómo puedo dejar de amarte, a ti que de tal manera me has amado, a pesar de mi negrura, que has entregado tu vida por las ovejas de tu rebaño? No puede imaginarse un amor superior a éste, el de dar tu vida a trueque de mi salvación.
    Enséñame, pues -dice el texto sagrado-, dónde pastoreas, para que pueda hallar los pastos saludables y saciarme del alimento celestial, que es necesario comer para entrar en la vida eterna; para que pueda asimismo acudir a la fuente y aplicar mis labios a la bebida divina que tú, como de una fuente, proporcionas a los sedientos con el agua que brota de tu costado, venero de agua abierto por la lanza, que se convierte para todos los que de ella beben en manantial, cuyas aguas brotan para comunicar vida eterna.
    Si de tal modo me pastoreas, me harás recostar al mediodía, sestearé en paz y descansaré bajo la luz sin mezcla de sombra; durante el mediodía, en efecto, no hay sombra alguna, ya que el sol está en su vértice; bajo esta luz meridiana haces recostar a los que has pastoreado, cuando haces entrar contigo en tu refugio a tus ayudantes. Nadie es considerado digno de este reposo meridiano si no es hijo de la luz y del día. Pero el que se aparta de las tinieblas, tanto de las vespertinas como de las matutinas, que significan el comienzo y el fin del mal, es colocado por el sol de justicia en la luz del mediodía, para que se recueste bajo ella.
    Enséñame, pues, cómo tengo que recostarme y pacer, y cuál sea el camino del reposo meridiano, no sea que por ignorancia me sustraiga de tu dirección y me junte a un rebaño que no sea el tuyo.
    Esto dice (la esposa del Cantar), solícita por la belleza que le viene de Dios y con el deseo de saber cómo alcanzar la felicidad eterna.

miércoles, 17 de noviembre de 2021

Aconsejar y educar desde Dios

"Con noble actitud, uniendo un temple viril a la ternura femenina, fue animando a cada uno, y les decía en su lengua patria:
«Yo no sé cómo aparecisteis en mi seno; yo no os regalé el aliento ni la vida, ni organicé los elementos de vuestro organismo. Fue el creador del universo, quien modela la raza humana y determina el origen de todo. Él, por su misericordia, os devolverá el aliento y la vida, si ahora os sacrificáis por su ley».
Ayer leíamos cómo los amigos de Eleazar, el maestro judío, lo alentaban para que mintiera sobre la comida y así pudiera conservar la vida. En este texto de los hermanos macabeos vemos todo lo contrario, pero no en los amigos de los muchachos, sino en la madre de ellos. Ella con "temple viril unida a su ternura femenina fue animando a cada uno" para aceptar el martirio antes de atentar contra la Ley de Moisés.
Al leer todo el texto nos damos cuenta la disponibilidad del corazón no sólo de la madre, sino de los 7 hijos, para ser fieles a la Ley de Moisés hasta entregar su vida para no caer en la tentación. Y fijáos que no estamos hablando de grandes tentaciones o pecados, sino de que el Rey les obligaba a comer carne de cerdo, que era lo que prohibía la Ley de Moisés (y hoy lo sigue prohibiendo para el pueblo judío) Pero así mismo, la madre sigue insistiendo e instruyendo a los hijos sobre la fidelidad a Dios antes que a los hombres, y cuando le habla al más pequeño es toda una madre amando a su hijo y amando a Dios, que es quien le dio a ella esa vida para criarla y educarla:
«¡Hijo mío, ten piedad de mí, que te llevé nueve meses en el seno, te amamanté y crié durante tres años y te he alimentado hasta que te has hecho mozo! Hijo mío, te lo suplico, mira el cielo y la tierra, fíjate en todo lo que contienen y ten presente que Dios lo creó todo de la nada, y el mismo origen tiene el género humano. No temas a ese verdugo; mantente a la altura de tus hermanos y acepta la muerte. Así, por la misericordia de Dios, te recobraré junto con ellos»
¿Cómo vivimos hoy la fidelidad a la Palabra de Dios? ¿Somos capaces de aceptar los pequeños martirios de todos los días para ser fieles a la Voluntad de Dios? ¿Nos damos cuenta que nuestra vida cristiana no "sirve" de nada si no la vivimos desde Dios, en Dios y para Dios? ¿Cómo aconsejamos a nuestros hijos, hermanos, amigos... desde Dios o desde el mundo, desde lo que conviene o desde lo que deben hacer?
Ahí está la disponibilidad que tenemos para ser fieles a Dios, es el valor de la fidelidad a la Voluntad de Dios, nuestra capacidad de entrega y de perseverancia la que está en juego en cada uno de nuestros días. Por eso, cuanto más fieles y perseverantes seamos a la Voluntad de Dios, más Gracia nos dará el Señor para seguir el Camino de la Santidad, no sólo en nuestras vidas, sino también para que nosotros podamos ser ejemplo y educadores en la fe a quienes Dios pone a nuestro lado. Y desde este sentido podemos entender lo que hoy Jesús nos dice en el Evangelio:
"Os digo: al que tiene se le dará, pero al que no tiene se le quitará hasta lo que tiene. Y en cuanto a esos enemigos míos, que no querían que llegase a reinar sobre ellos, traedlos acá y degolladlos en mi presencia"»
Y, como siempre, o casi siempre termina Jesús sus exhortaciones: el que quiera entender que entienda, o el que quiera oir que oiga.

 

martes, 16 de noviembre de 2021

Voy iluminando el camino

Me gusta mucho la lectura de los Macabeos de hoy, pues habla del valor y fidelidad y de los malos consejos de la amistad. Cuando Eleazar es llevado al martirio, los amigos intentan convencerlo para que mintiendo pueda salvarse del martirio, a lo que Eleazar responde:
«¡Enviadme al sepulcro! No es digno de mi edad ese engaño. Van a creer los jóvenes que Eleazar a los noventa años ha apostatado y si miento por un poco de vida que me queda se van a extraviar con mi mal ejemplo".
Dos cosas me llevó a pensar esta lectura, por un lado los consejos que damos a nuestros amigos o conocidos: ¿son consejos a favor de la fidelidad al evangelio o son consejos para disfrazar sus vida de buenas obras pero que no los llevan a la santidad? Porque, si somos cristianos, como decimos que lo somos, nuestros consejos tienen que ser en función de la fidelidad a la Voluntad de Dios, y no para ocultar el pecado, el error, la falta de disponibilidad... a veces nos costará decir cuál es el verdadero camino, pero si no ayudo a caminar en la Verdad hacia la Vida, mejor no des ningún consejo, pues, como dice la Sagrada Escritura: "se nos pedirá cuenta de su vida".
Y, por otro lado, está el ejemplo de Elezar que en su ancianidad quiso seguir dando ejemplo con su vida, no quiere que su vida quede manchada con la mentira, pues sabe que él es ejemplo para los jóvenes y si lo ven hacer lo contrario de lo que había predicado, entonces comprenderán que ellos pueden hacer lo mismo.
Es que no nos damos cuenta, o no queremos tomar conciencia que nuestra vida siempre, en todo momento, es ejemplo para los que nos están mirando. A veces, seguramente, no queremos ser ejemplo, pero somos personas públicas que nos miran y que, sobre todo, nos juzgan y observan. Seguramente me diréis que no hacemos las cosas para que los demás las vean, pero sabemos, como nos dijo Jesús, que nuestra vida es "luz para el mundo", pues, aunque no lo queramos, desde el momento de haber asumido una vida cristiana, iluminamos el camino de los que vienen atrás. Por eso, como Eleazar tenemos que tener en cuenta cómo iluminamos y qué camino iluminamos, porque los que vienen detrás seguirán, quizás, ese camiino.

 

lunes, 15 de noviembre de 2021

Sobre el perdón

Del Tratado del san Fulgencio de Ruspe, obispo.


    En un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque de la última trompeta, porque resonará y los muertos despertarán incorruptibles y nosotros nos veremos transformados. Al decir «nosotros» enseña Pablo que han de gozar junto con él del don de la transformación futura todos aquellos que, en el tiempo presente, se asemejan a él y a sus compañeros por la comunión con la Iglesia y por una conducta recta. Nos insinúa también el modo de esta transformación cuando dice: Esto corruptible tiene que vestirse de incorrupción, y esto mortal tiene que, vestirse de inmortalidad. Pero a esta transformación, objeto de una justa retribución, debe preceder, antes otra transformación, que es puro don gratuito.
    La retribución de la transformación futura se promete a los que en la vida presente realicen la transformación del mal al bien.
    La primera transformación gratuita consiste en la justificación, que es una resurrección espiritual, don divino que es una incoación de la transformación perfecta que tendrá lugar en la resurrección de los cuerpos de los justificados, cuya gloria será entonces perfecta, inmutable y para siempre. Esta gloria inmutable y eterna es, en efecto, el objetivo al que tienden, primero, la gracia de la justificación y, después, la transformación gloriosa.
    En esta vida somos transformados por la primera resurrección, que es la iluminación destinada a la conversión; por ella pasamos de la muerte a la vida, del pecado a la justicia, de la incredulidad a la fe, de las malas acciones a una conducta santa. Sobre los que así obran no tiene poder alguno la segunda muerte. De ellos dice el Apocalipsis: Bienaventurado el que toma parte en esta resurrección primera. Sobre ellos no tendrá poder alguno la segunda muerte. Y leemos en el mismo libro: El vencedor no sufrirá daño de la muerte segunda. Así como hay una primera resurrección, que consiste en la conversión del corazón, así hay también una segunda muerte, que consiste en el castigo eterno. Que se apresure, pues, a tomar parte ahora en la primera resurrección el que no quiera ser condenado con el castigo eterno de la segunda muerte. Los que en la vida presente, transformados por el temor de Dios, pasan de mala a buena conducta, pasan de la muerte a la vida y más tarde serán transformados de su humilde condición a una condición gloriosa.

 

domingo, 14 de noviembre de 2021

Mis palabras no pasarán

“El cielo y la tierra pasarán, pero mis palabras no pasarán. En cuanto al día y la hora, nadie lo conoce, ni los ángeles del cielo ni el Hijo, solo el Padre”
En estos dos pequeños renglones se esconden muchas verdades de nuestra fe que, en estos tiempos, no se están viviendo o no nos queremos dar cuenta que nos están engañando.
Primero: “mis palabras no pasarán”, no se pueden modificar las palabras de Jesús, pues es Dios mismo quien nos ha dirigido su Palabra y por eso, nadie, salvo Dios mismo puede modificar sus Palabras. Incluso Jesús cuando les responde a los judíos cuando lo acusaban de querer abolir la ley y los profetas les decía: “no he venido a abolir la Ley y los Profetas, sino a darles plenitud. En verdad os digo que antes pasarán el cielo y la tierra que deje de cumplirse hasta la última letra o tilde de la ley”.
Así cuando decimos que “Es Palabra de Dios”, así lo creemos, pero no la vivimos o no la intentamos vivir, porque nos agrada más la palabra del mundo, que la Palabra de Dios. Y, por eso mismo, muchos intentan modificar la Palabra de Dios porque es fuerte a los oídos, porque cuestiona la vida misma del mundo de hoy, y, por lo tanto, muchas de las cosas que, nosotros, los cristianos, aceptamos como algo normal en nuestras vidas y son acciones, palabras o formas de vivir que no son propias del Evangelio.
Segundo: siempre el hombre ha querido conocer el tiempo y la hora del fin del mundo, de su muerte, de lo que pasará mañana, de lo que le pasará dentro de un tiempo; por eso algunos se vuelven adictos a los horóscopos, a las Cartas Natales, a los adivinos, y a tantas otras cosillas que los atan a un futuro que es impredecible y, que, en algunos casos, tampoco llegará. Así buscan pre-ocuparse de una realidad que aún no ha llegado, y, que, quizás, tampoco llegue nunca. Y de esa pre-ocupación surgen tantas cosas y situaciones que nos impiden vivir el hoy, gozar y disfrutar de la familia, de las amistades, del tiempo precioso que tenemos para vivir, en el cual sí hemos de ocuparnos de ser Fieles a la Vida que Dios nos ha regalado.


 

sábado, 13 de noviembre de 2021

Encontrará Fe?

"Y el Señor añadió:
«Fijaos en lo que dice el juez injusto; pues Dios, ¿no hará justicia a sus elegidos que claman ante él día y noche?; ¿o les dará largas? Os digo que les hará justicia sin tardar. Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?».
Dicen los papás, cuando son nuevos y tienen su primer hijo, que tienen que ir conociendo el llanto del bebé porque no siempre pide de comer, a veces tienes gases, otras veces tiene los pañales sucios, otras veces llora porque se acostumbró a los brazos de sus padres, etc. Conocer el llanto del bebé ayuda a cuidarlo, a darle lo que necesite en su debido momento, pero no si no conozco su llanto puedo estar equivocándome en lo que le doy, e incluso, muchas veces, se malacostumbran a los brazos de los padres y están siempre sobre ellos, lo que no hace bien ni a unos ni a otros.
Así le pasa a Dios con nosotros, con la diferencia de que Él por ser nuestro Creador y Padre, sabe de antemano qué es lo que necesitamos y para qué lo vamos a utilizar, por eso, aunque muchas veces lloremos y gritemos por algo, si no es para nuestro bien no lo recibiremos, pues como dice San Pablo: "pedis y no recibis porque pedis mal". Y, entonces ¿cómo hay que pedir? Al finalizar la parábola del amigo insistente que nos habla de lo mismo (para que os acordéis aquella del pedid y recibireis) nos dice: "cuanto más mi Padre os dará el Espíritu Santo a quien se lo pidiere". Y ahí está lo mejor que podemos pedir.
Sí, también es cierto que el Espíritu Santo vive en nosotros, está en nosotros desde el día de nuestro bautismo, pero... ¿lo escuchamos? ¿lo dejamos hablar en lugar de hablar nosotros? Porque es el Espíritu Santo quien vive en nosotros quien sabe mejor que nosotros lo que mejor necesitamos, por eso tenemos que pedir que venga a nosotros, es decir que hable en nosotros y por nosotros, y, sobre todo, que podamos escuchar su Voz para poder saber qué es lo que el Padre nos va a dar y para qué nos lo va a dar.
Porque, en realidad, lo más importante para nuestra vida, es la Fe, por eso mismo Jesús termina la parábola de hoy diciendo: "Pero, cuando venga el Hijo del hombre, ¿encontrará esta fe en la tierra?", y recibimos todo lo que pedimos ¿eso fortalecerá nuestra fe? ¿Si el niño recibe todo lo que pide en todo momento, lo hará madurar en la docilidad, en la obediencia, lo hará madurar para la vida diaria??
La Fe es un don que nos ayuda en la vida diaria a dar los pasos necesarios para ser Fieles a la Voluntad de Dios en nuestra vida, pues es el empujón que necesitamos para poder hacer lo que muchas veces creemos que no podemos hacer, pero que, gracias al Don de la Fe, lo podemos alcanzar y realizar, aunque creamos que para nosotros era imposible, pero no lo es para Dios si lo dejamos obrar en nuestras vidas.

 

viernes, 12 de noviembre de 2021

La sabiduría del mundo

"Con todo, estos merecen un reproche menor, pues a lo mejor andan extraviados, buscando a Dios y queriéndolo encontrar.
Dan vueltas a sus obras, las investigan y quedan seducidos por su apariencia, porque es hermoso lo que ven.
Pero ni siquiera estos son excusables, porque, si fueron capaces de saber tanto que pudieron escudriñar el universo, ¿cómo no encontraron antes a su Señor?"
Si esto lo escribió un autor sagrado, por inspiración divina, hace más de 21 siglos... ¿qué habría que escribir ahora en el siglo XXI? Si los que se llaman o se dicen expertos y sabios de este mundo no sólo ignoran a Dios, sino que también ignoran la vida que Dios da a los hombres, ignoran su propia creación, y, por supuesto, se creen ellos mismos dioses.
Y, por supuesto, que, en esa misma red, hemos caído todos, porque, poco a poco, nos vamos olvidando que nosotros no somos los dioses de nuestras vidas, sino que, también, somos creaturas. Es más, somos criaturas que han sido redimidas, rescatadas por Dios del pecado y de la muerte, para una vida mejor a imagen y semejanza no sólo del creador, sino de su Unigénito que entregó su vida para que nosotros tengamos Vida en abundancia.
Hemos caído en la red del siglo XXI porque no es que neguemos a Dios, o que desconocamos su existencia, porque si lo negásemos o no lo conociéramos no podríamos llamarnos cristiaos, pero porque nos llamamos y decimos que somos cristianos quere decir que le conocemos, pero, en lo concreto del día a día, vivimos, muchos de nosotros como si no supiéramos cómo tenemos que vivir.
Y ¿cómo tenemos que vivir? Es simple, los que nos llamamos y decimos que somos cristianos tenemos que vivir como Cristo: "mi alimento es hacer la Voluntad del que me envió", ¿quién lo envió? El Padre de los Cielos, lo envió, por lo tanto, lo que Él vino a hacer y a vivir fue la Voluntad de Dios, la que nosotros decimos, cada vez que rezamos, que haremos: "venga a nosotros tu Reino, hágase Tu Voluntad aquí en la tierra como en el Cielo".
Y ¿quién tiene que hacer la Voluntad de Dios? Yo mismo que digo que lo he conocido y por haberlo conocido lo quiero seguir, y por eso mismo me llamo cristiano. No caigamos en la tentación de llamarnos cristianos y no vivir como cristianos, aunque sabemos que es difícil conocer la Voluntad de Dios, pero no imposible si nos dejamos conducir por Su Mano.

 

jueves, 11 de noviembre de 2021

Martín de Tours, pobre y humilde

De las Cartas de Sulpicio Severo

    Martín conoció con mucha antelación su muerte y anunció a sus hermanos la proximidad de la disolución de su cuerpo. Entretanto, por una determinada circunstancia, tuvo que visitar la diócesis de Candes. Existía en aquella iglesia una desavenencia entre los clérigos, y, deseando él poner paz entre ellos, aunque sabía que se acercaba su fin, no dudó en ponerse en camino, movido por este deseo, pensando que si lograba pacificar la Iglesia sería éste un buen colofón a su vida.
    Permaneció por un tiempo en aquella población o comunidad, donde había establecido su morada. Una vez restablecida la paz entre los clérigos, cuando ya pensaba regresar a su monasterio, de repente empezaron a faltarle las fuerzas; llamó entonces a los hermanos y les indicó que se acercaba el momento de su muerte. Ellos, todos a una, empezaron a entristecerse y a decirle entre lágrimas:
    «¿Por qué nos dejas, padre? ¿A quién nos encomiendas en nuestra desolación? Invadirán tu grey lobos rapaces; ¿quién nos defenderá de sus mordeduras, si nos falta el pastor? Sabemos que deseas estar con Cristo, pero una dilación no hará que se pierda ni disminuya tu premio; compadécete más bien de nosotros, a quienes dejas.»
    Entonces él, conmovido por este llanto, lleno como estaba siempre de entrañas de misericordia en el Señor, se cuenta que lloró también; y, vuelto al Señor, dijo tan sólo estas palabras en respuesta al llanto de sus hermanos:
    «Señor, si aún soy necesario a tu pueblo, no rehuyo el trabajo; hágase tu voluntad.»
    ¡Oh varón digno de toda alabanza, nunca derrotado por las fatigas ni vencido por la tumba, igualmente dispuesto a lo uno y a lo otro, que no tembló ante la muerte ni rechazó la vida! Con los ojos y las manos continuamente levantados al cielo, no cejaba en la oración; y como los presbíteros, que por entonces habían acudido a él, le rogasen que aliviara un poco su cuerpo cambiando de posición, les dijo:
    «Dejad, hermanos, dejad que mire al cielo y no a la tierra, y que mi espíritu, a punto ya de emprender su camino, se dirija al Señor.»
    Dicho esto, vio al demonio cerca de él, y le dijo:
    «¿Por qué estás aquí, bestia feroz? Nada hallarás en mí, malvado; el seno de Abraham está a punto de acogerme.»
    Con estas palabras entregó su espíritu al cielo. Martín, lleno de alegría, fue recibido en el seno de Abraham; Martín pobre y humilde entró en el cielo, cargado de riquezas.
 

miércoles, 10 de noviembre de 2021

A nosotros nos habla

"Él indagará vuestras acciones y sondeará vuestras intenciones.
Porque, siendo ministros de su reino, no gobernasteis rectamente, ni guardasteis la ley, ni actuasteis según la voluntad de Dios".
Hace unos días decía en una reunión que nos habíamos olvidado de la Voluntad de Dios, no sólo de discernirla para nuestra vida, sino, también, de predicarla y de ayudar a los demás a descubrirla y a vivirla, por supuesto. Nos quedamos, muchas veces, en que sabemos cómo vivir y qué hacer, pero no nos preguntamos si eso que sabemos o que pensamos es lo que Dios quiere, y nos "largamos" a la mar sin preguntarle al Señor hacia dónde remar, o si, en realidad, tenemos que remar.
No son pocas las veces que vemos que nuestros planes y proyector quedan a medias o, muchas veces, tampoco llegan a dar frutos o dan frutos malos, y, nos "tiramos de los pelos" porque las cosas no salen como habíamos pensado o planeado. Y es cierto, no salen porque no son de Dios.
Fijáos que estas palabras o estas recomendaciones no son de este tiempo, sino que están en el Libro de la Sabiduría que tiene más de 20 siglos, y que se vienen leyendo desde esa época, y, sin embargo, todavía no hemos aprendido que cuando somos hombres de Dios, varones y mujeres que quieren vivir su fe, entonces, ya no tenemos que vivir según nuestro parecer, según nuestro pensar, según lo que nos gusta, según lo que pensamos, sino que en todo momento hemos de buscar la Voluntad de Dios.
Y claro, cuando no sólo somos hombres de Dios, sino que, además, hemos decidio seguirla a Cristo, no sólo se renuevan la palabras de La Sabiduría, sino que también nos lo da a entender el Hijo de Dios al decirnos: "mi alimento es hacer la Voluntad de Mi Padre", y ese es nuestro caminar: "hacer la voluntad del Hijo", que es la Voluntad del Padre.
Y no volvais a decirme que es complicado y difícil, porque sabemos que lo es, pero es lo que hemos decidido vivir, cuando hemos descubierto a Cristo, cuando hemos aceptado ser cristianos, hemos aceptado ser otros Cristos, es decir vivir como Jesús quien siendo Dios se hizo Hombre para enseñarnos a los hombres a vivir como hijos de Dios, y el hijo de Dios vive buscando y discerniendo la Voluntad del Padre para ser Fiel a su Palabra.
Y me repito y os repito las palabras finales de la lectura del Libro de la Sabiduría:
"A vosotros, soberanos (y yo agrego 'a vosotros cristianos'), dirijo mis palabras, para que aprendéis sabiduría y no pequéis.
Los que cumplan santamente las leyes divinas serán santificados; los que se instruyen en ellas encontrarán en ellas su defensa.
Así, pues, desead mis palabras; anheladlas, y recibiréis instrucción".

 

martes, 9 de noviembre de 2021

Somos templos de Dios

De los Sermones de san Cesáreo de Arlés, obispo.

    Hoy, hermanos muy amados, celebramos con gozo y alegría, por la benignidad de Cristo, la dedicación de este templo; pero nosotros debemos ser el templo vivo y verdadero de Dios. Con razón, sin embargo, celebran los pueblos cristianos la solemnidad de la Iglesia madre, ya que son conscientes de que por ella han renacido espiritualmente. En efecto, nosotros, que por nuestro primer nacimiento fuimos objeto de la ira de Dios, por el segundo hemos llegado a ser objeto de su misericordia. El primer nacimiento fue para muerte; el segundo nos restituyó a la vida.
    Todos nosotros, amadísimos, antes del bautismo fuimos lugar en donde habitaba el demonio; después del bautismo nos convertimos en templos de Cristo. Y, si pensamos con atención en lo que atañe a la salvación de nuestras almas, tomamos conciencia de nuestra condición de templos verdaderos y vivos de Dios. Dios habita no sólo en templos levantados por los hombres ni en casas hechas de piedra y de madera, sino principalmente en el alma hecha a imagen de Dios y construida por él mismo, que es su arquitecto. Por esto dice el apóstol Pablo: El templo de Dios es santo: ese templo sois vosotros.
    Y, ya que Cristo, con su venida, arrojó de nuestros corazones al demonio para prepararse un templo en nosotros, esforcémonos al máximo, con su ayuda, para que Cristo no sea deshonrado en nosotros por nuestras malas obras. Porque todo el que obra mal deshonra a Cristo. Como antes he dicho, antes de que Cristo nos redimiera éramos casa del demonio; después hemos llegado a ser casa de Dios, ya que Dios se ha dignado hacer de nosotros una casa para sí.
    Por esto, nosotros, carísimos, si queremos celebrar con alegría la dedicación del templo, no debemos destruir en nosotros, con nuestras malas obras, el templo vivo de Dios. Lo diré de una manera inteligible para todos: debemos disponer nuestras almas del mismo modo como deseamos encontrar dispuesta la iglesia cuando venimos a ella.
    ¿Deseas encontrar limpia la basílica? Pues no ensucies tu alma con el pecado. Si deseas que la basílica esté bien iluminada, Dios desea también que tu alma no esté en tinieblas, sino que sea verdad lo que dice el Señor: que brille en nosotros la luz de las buenas obras y sea glorificado aquel que está en los cielos. Del mismo modo que tú entras en esta iglesia, así quiere Dios entrar en tu alma, como tiene prometido: Habitaré en medio de ellos y andaré entre ellos.

lunes, 8 de noviembre de 2021

Confesemos a Dios con nuestras obras

De la Homilía de un autor del siglo segundo

    Mirad cuán grande ha sido la misericordia del Señor para con nosotros: En primer lugar no ha permitido que quienes teníamos la vida sacrificáramos ni adoráramos a dioses muertos, sino que quiso que, por Cristo, llegáramos al conocimiento del Padre de la verdad. ¿Qué significa conocerlo a él sino el no apostatar de aquel por quien lo hemos conocido? El mismo Cristo afirma: A todo aquel que me reconozca ante los hombres lo reconoceré yo también ante mi Padre. Ésta será nuestra recompensa si confesamos a aquel que nos salvó. ¿Y cómo lo confesaremos? Haciendo lo que nos dice y no desobedeciendo nunca sus mandamientos; honrándolo no solamente con nuestros labios, sino también con todo nuestro corazón y con toda nuestra mente. Dice, en efecto, Isaías: Este pueblo me glorifica con los labios, mientras su corazón está lejos de mí.
    No nos contentemos, pues, con llamarlo: «Señor», pues esto solo no nos salvará. Está escrito, en efecto: No todo el que me diga: «¡Señor, Señor!» se salvará, sino el que practique la justicia. Por tanto, hermanos, confesémoslo con nuestras obras, amándonos los unos a los otros. No seamos adúlteros, no nos calumniemos ni nos envidiemos mutuamente, antes al contrario, seamos castos, compasivos, buenos; debemos también compadecernos de las desgracias de nuestros hermanos y no buscar desmesuradamente el dinero. Mediante el ejercicio de estas obras confesaremos al Señor, en cambio no lo confesaremos si practicamos lo contrario a ellas. No es a los hombres a quienes debemos temer, sino a Dios. Por eso a los que se comportan mal les dijo el Señor: Aunque vosotros estuviereis reunidos conmigo, si no cumpliereis mis mandamientos, os rechazaré y os diré: «Apartaos de mí vosotros, nunca jamás os he conocido, obradores de maldad.»
    Por esto, hermanos míos, luchemos, pues sabemos que el combate ya ha comenzado y que muchos son llamados a los combates corruptibles, pero no todos son coronados, sino que el premio se reserva a quienes se han esforzado en combatir debidamente. Combatamos nosotros de tal forma que merezcamos todos ser coronados. Corramos por el camino recto, el combate incorruptible, y naveguemos y combatamos en él para que podamos ser coronados; y si no pudiéramos todos ser coronados, procuremos acercarnos lo más posible a la corona. Recordemos, sin embargo, que si uno lucha en los combates corruptibles y es sorprendido infringiendo las leyes de la lucha, recibe azotes y es expulsado fuera del estadio.
    ¿Qué os parece? ¿Cuál será el castigo de quien infringe las leyes del combate incorruptible? De los que no guardan el sello, es decir, el compromiso de su bautismo, dice la Escritura: Su gusano no muere, su fuego no se apaga y serán el horror de todos.

domingo, 7 de noviembre de 2021

Pobreza o riqueza

«En verdad os digo que esta viuda pobre ha echado en el arca de las ofrendas más que nadie. Porque los demás han echado de lo que les sobra, pero esta, que pasa necesidad, ha echado todo lo que tenía para vivir».
La pobreza o la riqueza de una persona no radica en la cantidad de bienes que tenga o no tenga, sino en la capacidad de compartir lo que mucho o poco que se tenga, porque la humildad y la pobreza del espíritu es algo que se adquiere con esfuerzo y con la ayuda de la Gracia.
Cuando no sólo mezquinamos nuestros bienes materiales, sino que también mezquinamos nuestros bienes espirituales, ahí nos damos cuenta de la capacidad de compartir y de amar que tiene una persona.
“No sólo amar, sino amar hasta que duela” decía la Madre Teresa, y esa es la medida del compartir, no sólo compartir lo que me sobra o lo que ya no uso, sino aquello que me gusta y que no me sobra, pero, sobre todo, compartir mi tiempo con el que lo necesita, dar de mi tiempo y de mis valores para aquellos que lo necesitan. Pero, para eso debo tener un corazón que no sólo esté mirando mi ombligo, sino que aprenda a mirar hacia adelante y al frente, donde están mis hermanos, ver sus necesidades y poder brindarme sin que ellos tengan que venir a pedirme algo.
Cuando el corazón del cristiano está libre de sí mismo tiene la capacidad de ver las necesidades de los hermanos y salir, como María al encuentro de su prima Isabel, con prontitud y disponibilidad de ayudar, de dar una mano aún sin que el otro lo pida o lo demuestre.
La pobreza espiritual me ayuda a no caer en el egoísmo y la vanidad espiritual que nos llevan a sentirnos más que los demás, sino que, sabiendo los dones que el Señor nos ha regalado, poder compartirlo con el resto de mis hermanos. Saber que los dones, como el amor que el Señor nos ha dado sólo crecen en la medida que lo entregamos, en caso contrario se vuelven en nuestra contra porque nos creemos ricos de bienes, y de ahí a la soberbia espiritual hay un solo paso, sabiendo que la soberbia no es fruto del Espíritu Santo, sino que es el fruto de aquello que no han sabido recorrer el Camino que Jesús nos enseñó, y dejándonos tentar hemos sucumbido a otras enseñanzas…


 

sábado, 6 de noviembre de 2021

Fiel en lo poco

"El que es fiel en lo poco, también en lo mucho es fiel; el que es injusto en lo poco, también en lo mucho es injusto".
La fidelidad en las pequeñas cosas o en el los pequeños actos es lo que nos engrandece y lo que fortalece nuestro espíritu para poder ser fiel en las grandes cosas o en los momentos extraordinariios. La fidelidad en las pequeñas cosas sí implica de nosotros el don de la perseverancia, pues las pequeñas cosas o actos no son los que se ven, no son los que los demás ven con claridad en nuestras vidas, e, incluso no son los que a nosotros nos gusta realizar, pues para nosotros son pequeñeces que no haceen falta a nuestra vida espritual. Sin embargo, son esos gestos pequeños los que demuestran nuestra entrega y nuestra capacidad de amar a Dios y a los hermanos. Son esos pequeños gestos los que nos enseñó Santa Teresita de Lisieux a vivir, pues ese fue su Caminito de Santidad, lo que la llevó a los altares y la convirtió en modelo por su fidelidad a la Voluntad de Dios en los pequeños actos de amor, de entrega y sacrificio.
Pero vivimos en un mundo que necesita grandes signos y gestos para llamar la atención, necesita que la "originalidad" sea la protagonista de la vida de los hombres, y, como vivimos inmerso en este mundo, creemos que también, en nuestra vida cristiana, necesitamos los mismos gestos.
Por eso el Señor nos lo vuelve a repetir: "Ningún siervo puede servir a dos señores, porque, o bien aborrecerá a uno y amará al otro, o bien se dedicará al primero y no hará caso del segundo. No podéis servir a Dios y al dinero".
¿Por qué servimos al mundo y a Dios? ¿No nos damos cuenta acaso que cuando vamos incorporando la forma de vivir del mundo vamos perdiendo el espíritu de Cristo? ¿No nos damos cuenta que cuando nos servimos a nosotros mismos vamos perdiendo de vista la Voluntad de Dios? ¿No nos damos cuenta que en nuestras comunidades hemos dejado de vivir comonos ha pedido nuestro fundador y vamos incorporando la doctrina del mundo o nuestros propios gustos y placeres? ¿Cómo darnos cuenta?
Si miramos bien a nuestra vida y a nuestras comunidades vamos a darnos cuenta que la vida se va yendo de ellas como el agua de entre los dedos, vamos perdiendo no sólo la frescura de la Gracia, sino la alegría de vivir de acuerdo a la Fidelidad a la Voluntad de Dios. Vamos viviendo contentos porque hacemos lo que queremos, pero, en definitiva, todo se va desmoronando porque no hacemos lo que Dios quiere, hemos comenzado a ser fieles a la voluntad del hombre y no a la de Dios.

 

viernes, 5 de noviembre de 2021

El progreso del dogma

Del primer Conmonitorio de san Vicente de Lerins, presbítero

    ¿Es posible que se dé en la Iglesia un progreso en los conocimientos religiosos? Ciertamente que es posible y la realidad es que este progreso se da.
    En efecto, ¿quién envidiaría tanto a los hombres y sería tan enemigo de Dios como para impedir este progreso? Pero este progreso sólo puede darse con la condición de que se trate de un auténtico progreso en el conocimiento de la fe, no de un cambio en la misma fe. Lo propio del progreso es que la misma cosa que progresa crezca y aumente, mientras lo característico del cambio es que la cosa que se muda se convierta en algo totalmente distinto. Es conveniente, por tanto, que, a través de todos los tiempos y de todas las edades, crezca y progrese la inteligencia, la ciencia y la sabiduría de cada una de las personas y del conjunto de los hombres, tanto por parte de la Iglesia entera, como por parte de cada uno de sus miembros.
    Pero este crecimiento debe seguir su propia naturaleza, es decir, debe estar de acuerdo con las líneas del dogma y debe seguir el dinamismo de una única e idéntica doctrina. Que el conocimiento religioso imite, pues, el modo como crecen los cuerpos, los cuales, si bien con el correr de los años se van desarrollando, conservan, no obstante, su propia naturaleza. Gran diferencia hay entre la flor de la infancia y la madurez de la ancianidad, pero, no obstante, los que van llegando ahora a la ancianidad son, en realidad, los mismos que hace un tiempo eran adolescentes. La estatura y las costumbres del hombre pueden cambiar, pero su naturaleza continúa idéntica y su persona es la misma.
    Los miembros de un recién nacido son pequeños, los de un joven están ya desarrollados; pero, con todo, el uno y el otro tienen el mismo número de miembros. Los niños tienen los mismos miembros que los adultos y, si algún miembro del cuerpo no es visible hasta la pubertad, este miembro, sin embargo, existe ya como en embrión en la niñez, de tal forma que nada llega a ser realidad en el anciano que no se contenga como en germen en el niño.
    No hay, pues, duda alguna: la regla legítima de todo progreso y la norma recta de todo crecimiento consiste en que, con el correr de los años, vayan manifestándose en los adultos las diversas perfecciones de cada uno de aquellos miembros que la sabiduría del Creador había ya preformado en el cuerpo del recién nacido.
    Porque si aconteciera que un ser humano tomara apariencias distintas a las de su propia especie, sea porque adquiriera mayor número de miembros, sea porque perdiera alguno de ellos, tendríamos que decir que todo el cuerpo perece o bien que se convierte en un monstruo o, por lo menos, que ha sido gravemente deformado. Es también esto mismo lo que acontece con los dogmas cristianos: las leyes de su progreso exigen que éstos se consoliden a través de las edades, se desarrollen con el correr de los años y crezcan con el paso del tiempo.
    Nuestros mayores sembraron antiguamente en el campo de la Iglesia semillas de una fe de trigo; sería ahora grandemente injusto e incongruente que nosotros, sus descendientes, en lugar de la verdad del trigo legáramos a nuestra posteridad el error de la cizaña.
    Al contrario, lo recto y consecuente,- para que no discrepen entre sí la raíz y sus frutos, es que de las semillas de una doctrina de trigo recojamos el fruto de un dogma de trigo; así, al contemplar cómo a través de los siglos aquellas primeras semillas han crecido y se han desarrollado, podremos alegrarnos de cosechar el fruto de los primeros trabajos.