miércoles, 15 de julio de 2020

El regalo más grande

"Todo me ha sido entregado por mi Padre, y nadie conoce al Hijo más que el Padre, y nadie conoce al Padre sino el Hijo, y aquel a quien el Hijo se lo quiera revelar".
¿Se puede llegar a conocer a Dios estudiando, buscándolo en la naturaleza? ¿Si nos esforzamos en buscarlo lo encontraremos? Puede ser que estudiando lleguemos al conocimiento de Dios, puede ser que, a traves de la naturaleza y de otras tantas cosas podamos acercarnos a Él, pero tenemos que saber que la Fe es un Don que viene de lo alto, y el conocimiento del Padre es una revelación que nos hace el Hijo. Y, aunque nos esforcemos de estudiar todos los libros que tengamos a mano, si no tenemos una experiencia de fe y de encuentro personal, nunca llegaremos a saber Quién y Cómo es el Padre.
Si nos ponemos a pensar un poquito es, como dicen muchos: se pueden llegar a leer muchos libros acerca de cómo cuidar a los hijos cuando nacen, pero hasta que no nazca el niño y lo tengas entre tus manos... recién ahí sabrás lo que es ser padre y cómo aprender a escuchar el llanto y la voz de tu hijo, y saber qué es lo que le pasa en cada sonido, en cada llanto, en cada mirada.
Por eso mismo, si nos escudamos en todo lo que podemos llegar a estudiar y aprender por medio de los libros y los razonamientos intelectuales, podremos sí, acercarnos al conocimiento de Dios, pero si no nos hacemos pequeños y aceptamos el desafío de ser niños e hijos ante el Padre Dios, nunca podremos experimentar su cercanía, su sabiduría, su amor, su providencia.
"Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Sí, Padre, así te ha parecido bien".
No somos pocos los que nos escudamos detrás de nuestra sabiduría humano y detrás de los libros de ciencias religiosas para saber y hablar de Dios, pero es así como nuestras palabras quedan vacías cuando no hay una verdadera experiencia personal de ser hijo ante el Padre, de haber confiado en su Providencia ante la oscuridad de la Fe, de haber sabido dejar todo confiando en la Luz de su Espíritu para poder andar un Camino que sólo Él conocía. Solamente cuando nos ponemos a escuchar su Voz y a oír los latidos de su Corazón podemos decir que conoocemos al Padre, porque el Hijo nos lo reveló, porque el Hijo nos llevó hasta Él, porque fue cuando pudimos encontrarnos verdaderamente con el Hijo cuando conocimos al Padre:
"Felipe... quien ve al Hijo ve al Padre".
Es el regalo más maravilloso que nos podían haber dado: el Don de la Fe, un camino de oscuridad pero que nos asegura acercarnos al Amor del Hijo y del Padre, para que nuestra vida pueda sostenerse en la Verdad, en el Amor, en la Esperanza y así poder caminar con pie firme hacia la Vida Verdadera.

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