"Moisés dijo a Aarón:
«¿Qué te ha hecho este pueblo, para que nos acarreases tan enorme pecado?».
Contestó Aarón:
«No se irrite mi señor. Sabes que este pueblo es perverso. Me dijeron: “Haznos un Dios que vaya delante de nosotros, pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué le ha pasado.” Yo les dije: “Quien tenga oro que se desprenda de él y me lo dé; yo lo eché al fuego, y salió este becerro”».
Siempre me sorprenden algunos pasajes bíblicos, porque aunque los hayas leído otras veces, algún día es el mismo pasaje quien te hace pensar lo que otras veces no has hecho. En este caso este diálogo de Moisés con Aarón me ha hecho pensar.
Pareciera que Moisés le recrimina a Aaron haber llevado al pueblo a pecar, y por eso le pregunta ¿qué te ha hecho este pueblo? Pues Aarón había quedado a cargo del Pueblo mientras Moisés estaba en el Sinaí en diálogo con el Señor, y su ausencia no fueron años, sino que según cuenta el relator fueron 40 días y 40 noches.
Aarón no se exculpa de lo que ha hecho, pero igual dice por qué lo ha realizado: el Pueblo quería tener un Dios, y no se le ocurrió otra cosa que hacerlo de oro. El Pueblo sentía la ausencia de Moisés y comenzó a revelarse y a exigir alguien que los guíe, lo necesitaba. Y al no tener al Dios de Moisés se hicieron su propio dios.
Es un poco lo que hoy nos pasa o vemos que pasa en muchas partes. Al no haber profundizado en una relación segura con nuestro Dios y Señor, nos sentimos, en algunos momentos desamparados, sin Dios, y por eso recurrimos a otros dioses. Vemos en algunas casas cristianas otras imágenes de dioses: Budas, pirámides, dioses orientales, nos dejamos guiar por los horóscopos, y, hasta incluso, tenemos más "adoración" a una imagen de yeso, escayola o madera, que al mismo Jesús Vivo en la Eucaristía.
Cuando nuestra fe no es madura y no está enraizada en el Verdadero Dios, al que decimos y llamamos Padre Todopoderoso y su Hijo Jesucristo, quien dio la vida por nosotros, entonces buscamos reemplazos que nos digan los que queremos y que hagan lo que deseamos. Es decir nos fabricamos un dios a nuestra medida.
¿Será tiempo de purificar, como hizo Moisés, nuestra fe en el Dios Verdadero del cual decimos que somos hijos y que Él es el Señor de nuestra vida?