lunes, 31 de julio de 2017

Purificar nuestra fe

"Moisés dijo a Aarón:
«¿Qué te ha hecho este pueblo, para que nos acarreases tan enorme pecado?».
Contestó Aarón:
«No se irrite mi señor. Sabes que este pueblo es perverso. Me dijeron: “Haznos un Dios que vaya delante de nosotros, pues a ese Moisés que nos sacó de Egipto no sabemos qué le ha pasado.” Yo les dije: “Quien tenga oro que se desprenda de él y me lo dé; yo lo eché al fuego, y salió este becerro”».
Siempre me sorprenden algunos pasajes bíblicos, porque aunque los hayas leído otras veces, algún día es el mismo pasaje quien te hace pensar lo que otras veces no has hecho. En este caso este diálogo de Moisés con Aarón me ha hecho pensar.
Pareciera que Moisés le recrimina a Aaron haber llevado al pueblo a pecar, y por eso le pregunta ¿qué te ha hecho este pueblo? Pues Aarón había quedado a cargo del Pueblo mientras Moisés estaba en el Sinaí en diálogo con el Señor, y su ausencia no fueron años, sino que según cuenta el relator fueron 40 días y 40 noches.
Aarón no se exculpa de lo que ha hecho, pero igual dice por qué lo ha realizado: el Pueblo quería tener un Dios, y no se le ocurrió otra cosa que hacerlo de oro. El Pueblo sentía la ausencia de Moisés y comenzó a revelarse y a exigir alguien que los guíe, lo necesitaba. Y al no tener al Dios de Moisés se hicieron su propio dios.
Es un poco lo que hoy nos pasa o vemos que pasa en muchas partes. Al no haber profundizado en una relación segura con nuestro Dios y Señor, nos sentimos, en algunos momentos desamparados, sin Dios, y por eso recurrimos a otros dioses. Vemos en algunas casas cristianas otras imágenes de dioses: Budas, pirámides, dioses orientales, nos dejamos guiar por los horóscopos, y, hasta incluso, tenemos más "adoración" a una imagen de yeso, escayola o madera, que al mismo Jesús Vivo en la Eucaristía.
Cuando nuestra fe no es madura y no está enraizada en el Verdadero Dios, al que decimos y llamamos Padre Todopoderoso y su Hijo Jesucristo, quien dio la vida por nosotros, entonces buscamos reemplazos que nos digan los que queremos y que hagan lo que deseamos. Es decir nos fabricamos un dios a nuestra medida.
¿Será tiempo de purificar, como hizo Moisés, nuestra fe en el Dios Verdadero del cual decimos que somos hijos y que Él es el Señor de nuestra vida?

domingo, 30 de julio de 2017

Cambio de mentalidad

Al finalizar las comparaciones del Reino de los Cielos, Jesús les pregunta a los discípulos se habían comprendido y, a renglón seguido, les dice:
«Pues bien, un escriba que ese ha hecho discípulo del reino de los cielos es como un padre de familia que va sacando de su tesoro lo nuevo y lo antiguo".
Cuando aceptamos la invitación a seguirlo a Jesús por el Camino que Él comenzó a recorrer y lo recorrió hasta el final, para que nosotros pudiésemos seguir sus Huellas, se nos presenta el desafío de tener que hacer un cambio de mentalidad, de forma de pensar.
Como Él dice en los ejemplos acerca del Reino de los Cielos "hemos encontrado una perla fina... un tesoro escondido", algo de tanto valor que quiero tener y por eso voy detrás de eso que vale más que todo lo que antes tenía.
Si lo vemos en el orden natural hoy en día son muchos los que van detrás de buenos trabajos, de buenos ingresos, de una gran profesión, de grandes casas, coches, etc. y por ir detrás de todo eso y además, con el tiempo, poder tener un buen ahorro para la educación de sus hijos, entonces dejan de lado muchas cosas: relaciones sociales, amigos, y, en muchas casos hasta dejan aquello por lo que están luchando: la familia.
Jesús, en cambio, nos presenta un Camino para alcanzar la verdadera plenitud y perfección de la persona: la santidad, pero es un fin que no muchos pueden comprender, pero cuando lo han comprendido y gustado no pueden hacer otra cosa que lanzarse a vivir el Gran Desafío de seguirlo a Cristo. Por eso dejan de lado lo material y superfluo del mundo y se dedican a lo que es esencial en este camino: "Marta, Marta, te inquietas y te afanas por muchas cosas pero una sola es importante y María eligió la mejor parte".
Sí, un cambio de mentalidad porque ser cristiano no es ser mundano e ir a misa o ponerme a rezar, sino que la vida sacramental y de oración son instrumentos para fortalecer nuestro cambio interior, nuestro cambio de mentalidad. Dejar de pensar como piensa el mundo para comenzar a pensar como piensa Cristo: "mi alimento es hacer la Voluntad de mi Padre", "no hago otra cosa que hacer la Voluntad del que me envió", "no he venido a abolir la Ley y los Profetas sino a darles plenitud".
En ese Camino de santidad no todo vale, pues yo me incorporo a una Comunidad de Vida con una cierta estructura y unas ciertas normas que me ayudan a vivir, a caminar. Cuando decido ser Cristiano, entonces quien ha de guiar mis pasos y mi vida es Cristo, Su Palabra. Pero su Palabra muchas veces cae en terreno pedregoso y enseguida la ocultan "otras cosas" y son esas las que comienzan a dominar mi vida, y no el Espíritu de Cristo.
Por eso es hora de pensar si realmente he encontrado en Cristo el sentido de mi vida, o simplemente ser cristiano es cumplir un mero precepto y no un cambio de vida y mentalidad.

sábado, 29 de julio de 2017

Renovar la Alianza

"Después, Moisés, tomó el documento de la alianza y se lo leyó en voz alta al pueblo, el cual respondió:
«Haremos todo lo que ha dicho el Señor y le obedeceremos».
Entonces Moisés tomó la sangre y roció al pueblo, diciendo:
«Esta es la sangre de la alianza que el Señor ha concertado con vosotros, de acuerdo con todas estas palabras».
Resulta fácil, a veces, responder a Dios con estas palabras cuando nos sentimos muy cautivados por lo que Él ha hecho por nosotros. El Pueblo de Israel, cuando Moisés bajo del Sinaí, escuchó todo lo que Dios le había dicho a Moisés y eso lo cautivó. En ese momento se sintieron felices y protegidos y por eso pudieron hacer esa Promesa al Señor: "haremos todo lo que ha dicho el Señor y le obedeceremos".
Pero bien sabemos que, con el tiempo, esa misma felicidad y esas mismas palabras van perdiendo fuerza, van perdiendo valor para quienes las han dicho.
Hoy, en este siglo XXI, quizás, más que en otros, la palabra ha perdido mucho valor, las promesas ya no son tan fuertes en la vida de los hombres, y lo que hoy escribo con la mano mañana lo borro con el codo.
Como nos explicaba a Jesús en la parábola del Sembrador, es la palabras que cae entre piedras, o abrojos nace con fuerza pero por falta de raíces se seca en enseguida. Los agobios, los deseos del mundo, las preocupaciones de cada día hacen que pierda la constancia en la relación con Dios y se va secando aquello que un día me dio energía, seguridad, esperanza y sentido en mi vida.
Por eso el Señor selló una Alianza Nueva con el Hombre, no ya con la sangre de corderos y chivitos del holocausto, sino con su misma sangre derramada en la Cruz, una Sangre que se hace presente en cada Misa, una Alianza que se perpetúa en el Tiempo gracias a la celebración de la Eucaristía, pues en el altar celebramos el misterio de la Muerte y Resurrección de Jesús, y es Él mismo quien vuelve a entregar su Sangre como Alianza Nueva. Así, cada vez que nos acercamos al Altar de la Eucaristía, volvemos a sellar la Alianza con el Señor, y es Él mismo Quien se nos entrega como Vida Nueva para renovar y ayudarnos a mantenernos Fieles a la Alianza que hemos sellado con Él.
Nuestra Promesa de Fidelidad a la Vida que Jesús nos dio, la renovamos cada vez que nos acercamos a comulgar, cada vez que los recibimos en Su Cuerpo y en Su Sangre, renovamos nuestra Alianza de Amor con Dios y con los hombres, nuestros hermanos.

viernes, 28 de julio de 2017

Cree lo que lees

"En aquellos días, el Señor pronunció estas palabras:
«Yo soy el Señor, tu Dios, que te saqué de la tierra de Egipto, de la casa de esclavitud.
No tendrás otros dioses frente a mí".
Y Dios, ese día, nos dio los 10 Mandamientos para que sean un camino seguro para llegar hasta Él, son sólo los límites del Camino para recorrerlo seguro. Por eso el Salmo nos invita a cantar:
"La ley del Señor es perfecta
y es descanso del alma;
el precepto del Señor es fiel
e instruye a los ignorante.

Los mandatos del Señor son rectos
y alegran el corazón;
la norma del Señor es límpida
y da luz a los ojos.

La voluntad del Señor es pura
y eternamente estable;
los mandamientos del Señor son verdaderos
y enteramente justos.

Más preciosos que el oro,
más que el oro fino;
más dulces que la miel
de un panal que destila."
Es cierto que esto es un acto de fe. El Don de la FE nos permite creer que esta es Palabra de Dios, que los Mandamientos son Palabra de Dios, y que, por eso, es la Única Palabra que le da Vida a nuestra Vida de Fe, que le da sentido a nuestra vida cotidiana y por la cual muchos han dado su vida para defender lo que creían.
Pero no siempre lo que decimos creer con la mente lo creemos en el corazón, porque no dejamos que eche raíces profundas, sino que sólo afectiva o sensiblemente nos gusta: porque es linda, porque dice cosas agradables, porque me da pie para enjuiciar a alguien, para sostenerme en mis treces... Pero así, sin raíces, la Palabra se seca y la cambio como cambio una planta de maceta el día que se seca.
Tenemos que dejar que en nuestro corazón la Palabra de Dios eche raíces profundas, que se nutran con el agua de la Gracia y que nos ayude a vivir radicalmente la Palabra de Dios, para que seamos cristianos creíbles que no sólo dicen, sino que, sobre todo viven lo creen:
"Cree lo que lees,
predica lo que crees,
vive lo que predicas".
"Lo sembrado en tierra buena significa el que escucha la palabra y la entiende; ese da fruto y produce ciento o sesenta o treinta por uno".

jueves, 27 de julio de 2017

Quien no quiera entender....

Cuando los apóstoles le preguntaron a Jesús por qué hablaba en parábolas a la gente y a ellos se las explicaba, Jesús les respondió:
"A vosotros se os han dado a conocer los secretos del reino de los cielos y a ellos no. Porque al que tiene se le dará y tendrá de sobra, y al que no tiene, se le quitará hasta lo que tiene. Por eso les hablo en parábolas, porque miran sin ver y escuchan sin oír ni entender".
Cuando realmente hay disposición para escuchar y entender lo que nos dicen o lo que nos pide Dios, siempre Él estará dispuesto a darnos una explicación, pero cuando no hay disposición no se nos va a volver a decir nada. Y eso lo escuchamos muchas veces entre nosotros mismos, hay quienes sabemos que realmente quieren entender y quienes se han cerrado en sus trece y no quieren saber nada de nada.
Se podría decir que no es que se les va a quitar lo que tienen sino que ya están cerrados a poder recibir algo nuevo, pues sus oídos y su corazón está cerrado a que alguien pueda ayudarle a comprender otra razón que no sea la que ya se ha enraizado en su corazón y en su mente. Por eso, cuando hay tal cerrazón de corazón no podemos llegar a comprender, a entender y por lo tanto, a aceptar algo más que no sea lo que uno mismo piensa y quiere. Y, por la misma razón, pensamos que ya no nos quieren o que no entienden mis razones.
Es esa la razón por la cual, en la intimidad, Jesús les explicaba a los apóstoles las parábolas: ellos tenían el corazón dispuesto a comprender y necesitaban comprender pues serían ellos los continuadores de Jesús, serían ellos quienes tendrían las responsabilidad de seguir anunciando el Camino que Jesús había comenzado.
Así cuando realmente hay disposición de nuestro corazón para escuchar, entender y aceptar las razones de Dios entonces es en la oración personal donde Él nos da toda la Gracia Necesaria para poder decir ¡Sí! ¡Aquí estoy para hacer tu Voluntad!.

miércoles, 26 de julio de 2017

Las cebollas de egipto

Es algo normal que escuchemos alguna vez: "no valoramos las cosas o las personas hasta que las perdemos". Y así le pasó al Pueblo de Israel, cuando tuvieron hambre en el desierto comenzaron a valorar las cebollas y la carne que comían en Egipto. A pesar de estar esclavos del faraón, pero lo que más recordaban era que comían bien.
¿Pero vale más la libertad o las cebollas y la carne?
Cuando buscamos algo más alto y valioso no da pena dejar lo que tenemos, como en las parábolas del Reino: los que encuentran un gran tesoro escondido van y venden todo para comprar el tesoro. Incluso el esfuerzo es valorado cuando lo que se busca es algo que vale más que lo que tengo.
Cuando no le damos el verdadero valor a lo que vendrá siempre nos parece más valioso lo que tenemos, y por eso no lo dejamos. Así nos pasa con los bienes del Cielo, aún no los valoramos lo suficiente como para dejar los bienes de la tierra y lanzarnos por la conquista de los bienes celestiales. Aún queremos mucho las "delicias" terrenales y por eso no vamos detrás de santidad, nuestra libertad y nuestra voluntad es más valiosa que la Voluntad de Dios, y por eso no dejamos que Él sea nuestro Dios y Señor aunque siempre lo decimos con nuestros labios.
"Tentaron a Dios en sus corazones,
pidiendo una comida a su gusto;
hablaron contra Dios: «¿Podrá Dios
preparar una mesa en el desierto?"
Le pedimos a Dios cosas increíbles e imposibles para decirle: Ah! No lo puedes hacer, pues bien yo tampoco hago lo que me pides. Así quedo libre en conciencia de no hacer su Voluntad, y seguir así haciendo lo que a mi me parece, y no lo que Él me pide que viva. Y, aunque vea que lo que Él me muestra al final del camino es lo que yo quiero y anhelo, aún todavía no estoy listo para dejar lo que estoy viviendo.
Lo peor de todo esto es que, muchas veces, como el Pueblo de Israel, sabemos que estamos esclavos de algo que no nos da vida ni plenitud, pero nos gustan las cebollas y la carne que nos brinda. Sabemos que somos esclavos pero anhelamos la libertad. Queremos la libertad pero nos da miedo el precio que tenemos que pagar, sin saber que el precio que se ha pagado por nuestra liberad es la Sangre del Hijo de Dios, una sangre que se nos da cada día en la Eucaristía, para que un día y otro nos libere de la esclavitud del pecado y nos devuelva la Gracia que el mismo pecado nos ha quitado.
Cuando descubramos que la vida en Dios es nuestro gran tesoro no dudaremos en pasar hambre en el desierto hasta alcanzar la Tierra Prometida, y aunque el recuerdo de las cebollas y la carne de Egipto nos nuble la vista, seguiremos seguro por el Camino que nos lleva el Señor.

martes, 25 de julio de 2017

Obedecer a Dios

San Pablo les contaba a los Corintios acerca de la vida de los apóstoles y de los cristianos de sus comunidades:
"Atribulados en todo, más no aplastados; apurados, más no desesperados; perseguidos, pero no abandonados; derribados, mas no aniquilados, llevando siempre y en todas partes en el cuerpo la muerte de Jesús, para que también la vida de Jesús se manifieste en nuestro cuerpo".
La persecución que vivían es ese tiempo no los hacía flaquear en el crecimiento de su fe y, mucho menos, en el testimonio que daban diariamente, por donde fuesen.
Pues ellos sabían que:
"Hay que obedecer a Dios antes que a los hombres. El Dios de nuestros padres resucitó a Jesús, a quien vosotros matasteis, colgándolo de un madero. Dios lo ha exaltado con su diestra, haciéndolo jefe y salvador, para otorgar a Israel la conversión y el perdón de los pecados. Testigos de esto somos nosotros y el Espíritu Santo, que Dios da a los que le obedecen".
La docilidad en la obediencia del apóstol es la que le da la Fuerza de Dios, la que le permite recibir la Gracia Necesaria y Suficiente para poder ser Fiel en todo momento, sabiendo que el apóstol es sólo barro divinizado por la Vida de Jesús, esa Vida recibida en la Cruz y que, cada uno, lleva inscrita en su corazón.
"Llevando siempre en nuestro cuerpo la muerte de Jesús".
Pero sabiendo que la vida del apóstol no es una vida de muerte sino que la muerte le da Vida y esa es la causa de su alegría permanente y constante: la Vida de Jesús.
Una Vida que se hace realidad en cada Palabra suya, en cada Sacramento y en cada Eucaristía en donde se nos entrega para que "nuestra vasija de barro" siga encerrando el Tesoro de la Vida, porque es ese Tesoro el que le da valor a todo lo que hacemos vivimos y aceptamos de parte de nuestro Padre Dios.
La aceptación amorosa de la Voluntad de Dios no abre a la Vida Nueva en Cristo Jesús, una Vida de entrega pero también de gozo en el Espíritu, pues es el Espíritu del Amor quien nos sostiene, nos fortalece y nos ayuda a "pedir como es debido" pues es el mismo Espíritu quien clama desde nuestro interior al Padre por todo lo que necesitamos.
Así la Vida del Apóstol es una vida de oración entregada en las manos del Señor para que sea el Espíritu quien nos guíe, quien nos oriente y quien nos ayude a ser Fieles a la Voluntad de Dios, dejando de lado lo que los hombres piensen, digan o hagan con la vida del apóstol.

lunes, 24 de julio de 2017

Confiar en su Providencia

Comenzamos a leer en el libro del Éxodo la liberación del pueblo de Israel, un pueblo que clamó siempre al Señor por su liberación, pero, como leemos hoy, llegado el momento tuvo miedo de morir siguiendo la Palabra de Dios. Pues cuando estaban ya en el desierto y comenzaron a ver a los egipcios que venían detrás de ellos desconfiaron de las palabras de Moisés, desconfiaron de la Promesa de Dios.
Y no es extraño que frente a situaciones de peligro o de muerte siempre se nos empañe la confianza en Dios. Cuando vemos una situación muy difícil para vivir siempre miramos hacia atrás y pensamos que lo anterior ha sido mejor que lo que vendrá y queremos volver al pasado. Pero Dios siempre sale a nuestro encuentro y nos ayuda a salir hacia adelante, siempre nos pide un poco más de confianza en su Mano, siempre nos exige un salto al vacío para sostenernos.
Por eso muchas veces nos hace repetir:
"El Señor es mi pastor nada me falta,
en verdes pastos me hace reposar.
Me conduce a fuentes tranquilas,
allí reparo mis fuerzas.
Me guía por cañadas seguras
haciendo honor a su nombre.
Aunque fuese por valle tenebroso,
ningún mal temería,
pues tú vienes conmigo;
tu vara y tu cayado me sosiegan".
Pero claro que una cosa es saber de memoria el Salmo y otra cosa es llevarlo vivo en el corazón, pues en el menor de los casos se me olvida y...
Por eso Dios siempre nos envía a alguien que nos ayude a recordar sus Palabras, que nos ayude a buscar en Él la confianza que, en ese momento, hemos perdido. Y así, de la mano de un Moisés, podemos seguir adelante. Podremos ver cómo se disipan las tinieblas o se abren las aguas que impiden nuestro caminar.
Si descubrimos Su Mano en nuestras vidas, si vemos cómo nos ha ido acompañando a lo largo de muchos momentos, y de cada día, no tendremos que pedirle nuevos milagros como los hombres sin fe, sino que creemos y confiaremos porque siempre nos ha dado muestras de su Amor por nosotros, siempre se ha mostrado cercano, aunque, muchas veces, nos hayamos alejado o no lo hayamos tenido en cuenta en nuestras vidas. Pues los milagros los hace día a día por nosotros, día a día nos ofrece su Amor y su Vida para que nosotros sigamos caminando en la Esperanza, la Fe y el Amor.

domingo, 23 de julio de 2017

Antes de poner tu lengua en movimiento....

Cuando Jesús terminó de hablar los discípulos le pidieron que les explicara la parábola de la cizaña y el trigo:
"Él les respondió: «El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los que pertenecen al Reino; la cizaña son los que pertenecen al Maligno, y el enemigo que la siembra es el demonio; la cosecha es el fin del mundo y los cosechadores son los ángeles.
Así como se arranca la cizaña y se la quema en el fuego, de la misma manera sucederá al fin del mundo. El Hijo del hombre enviará a sus ángeles, y estos quitarán de su Reino todos los escándalos y a los que hicieron el mal, y los arrojarán en el horno ardiente: allí habrá llanto y rechinar de dientes. Entonces los justos resplandecerán como el sol en el Reino de su Padre.
¡El que tenga oídos, que oiga!»
Hay dos cosas que quisiera compartir, por un lado comenzaré por el final: "El que tenga oídos, que oiga", o lo que escuchamos a menudo en el refranero popular: "no hay peor sordo que el que no quiere oír". Si realmente nos interesa lo que el otro me está diciendo puedo hacer el esfuerzo por entender, primero, quizás por escuchar, pero sobre todo por entender lo que me dice, porque si realmente no me interesa lo que dice, o porque lo que me va a decir no me va a gustar o porque quien lo dice no me gusta, entonces no voy a entender por más que me lo expliquen.
Entonces, lo primero es estar siempre dispuesto a querer escuchar y entender lo que Dios nos dice, pues Él nunca nos va a hablar directamente: no tiene móvil, ni teléfono, ni internet. Así que Él nos va a hablar a través de otros medios, personas, acontecimientos y yo tengo que estar atento si quiero saber qué me dice.
Por otro lado con respecto a la parábola: muchas veces sabemos quiénes son los que siembran cizaña, pero lo que no nos damos cuenta es que también, a veces, somos cómplices y ayudamos a esparcir la cizaña. Cuando abrimos nuestros oídos y nuestros labios para escuchar y transmitir la cizaña que otros siembran. Y como se dice en derecho penal: el cómplice tiene la misma pena que quien comete el delito.
Tampoco vale el decir: "uy! lo dije o lo hice sin darme cuenta". No. Todo lo que sale de tus labios o lo que haces en cada día tiene que estar pensado y reflexionado. Por eso aquí vale una frase popular que dice: "antes de poner tu lengua en movimiento pon tu cerebro en funcionamiento", y lo mismo para todos tus actos. Pues una vez que lo has dicho o hecho ¡ya está! tú eres el actor de eso.
Pues pidamos al Espíritu que siempre pensemos y reflexionemos acerca de a quién escuchamos, qué escuchamos y qué transmitimos o hacemos.

sábado, 22 de julio de 2017

Perseverar en el encuentro con el Amor

Hermosas las dos lecturas de esta Fiesta de santa María Magdalena. Hermosas porque las dos nos llevan a pensar en una relación de amor con nuestro Dios y Señor, una relación de amor que nace de un llamado, de Su Llamado, pues es Él quien nos ha amado primero y ha seducido nuestra alma para que se encuentre con Él.
Muchos días han pasado hasta que nos hemos logrado encontrarnos con Él, corazón a corazón, es así como lo ve el escritor del Cantar de los cantares, porque muchas veces buscamos y buscamos sin saber qué buscamos, y sólo cuando nos encontramos con el verdadero Amor sabemos que es a Él a Quién buscábamos, pues sólo ese Amor es el que llena el vacío de un corazón creado por Él.
Y al encontrarlo no podemos dejarlo ni un minuto, pues ese minuto sin Él es un minuto vacío en nuestras vidas. Por eso María Magdalena, como todos los discípulos del Señor, se sintieron vacíos, sin esperanzas, sin vida cuando lo vieron a Él colgado de la Cruz, sin vida, y más aún cuando quedó cerrado bajo la piedra del sepulcro.
Pero no fue suficiente para las mujeres dejarlo al Amor de los Amores en su sepulcro, por eso eso fueron de madrugada a seguir con el rito de la sepultura, pero también a estar con el cuerpo del amado. Y así a primera hora del Nuevo Día el Señor le da la Nueva y Buena Noticia a María: ¡he resucitado! Y renace el Amor.
Un diálogo se va descubriendo la Nueva Vida a los nuevos ojos de María Magdalena, un diálogo que seca las lágrimas y hace desaparecer la oscuridad de la muerte y la desesperanza, y hablándole al corazón por su nombre propio le da a conocer la Verdad y con ella la Vida Nueva y Verdadera.
María Magdalena nos ayuda hoy a perseverar en el encuentro, aunque muchas veces veamos que ya no hay vida, que todo se ha vuelto oscuro en nuestra vida, sigamos insistiendo, volvamos a encontrarnos con Aquél que nos ha abierto los ojos a la Vida Nueva y nos ha permitido gustar el Verdadero Amor que da Vida. Busquemos siempre el encuentro con el Señor, busquemos siempre el diálogo sincero y abierto con aquél que nos Amó tanto que nos dio su propia vida.

viernes, 21 de julio de 2017

San ,Ambrosio sobre la Eucaristía

Los recién bautizados, enriquecidos con tales distintivos, se dirigen al altar de Cristo, diciendo: Me acercare al altar de Dios, al Dios que alegra mi juventud. En efecto, despojados ya de todo resto de sus antiguos errores, renovada su juventud como un águila, se apresuran a participar del convite celestial. Llegan, pues, y, al ver preparado el sagrado altar, exclaman: Preparas una mesa ante mi. A ellos se aplican aquellas palabras del salmista: El Señor es mi pastor, nada me falta: en verdes praderas me hace recostar; me conduce hacia fuentes tranquilas y repara mis fuerzas. Y más adelante: Aunque camine por cañadas oscuras, nada temo, porque tú vas conmigo: tu vara y tu cayado me sosiegan. Preparas una mesa ante mi, enfrente de mis enemigos; me unges la cabeza con perfume, y mi copa rebosa. 
Es, ciertamente, admirable el hecho de que Dios hiciera llover el maná para los padres y los alimentase cada día con aquel manjar celestial, del que dice el salmo: El hombre comió pan de ángeles. Pero los que comieron aquel pan murieron todos en el desierto; en cambio, el alimento que tú recibes, este pan vivo que ha bajado del cielo, comunica el sostén de la vida eterna, y todo el que come de él no morirá para siempre, porque es el cuerpo de Cristo. 
Considera, pues, ahora qué es más excelente, si aquel pan de ángeles o la carne de Cristo, que es el cuerpo de vida. Aquel maná caía del cielo, éste está por encima del cielo; aquél era del cielo, éste del Señor de los cielos; aquél se corrompía si se guardaba para el día siguiente, éste no sólo es ajeno a toda corrupción, sino que comunica la incorrupción a todos los que lo comen con reverencia. A ellos les manó agua de la roca, a ti sangre del mismo Cristo; a ellos el agua los sació momentáneamente, a ti la sangre que mana de Cristo te lava para siempre. Los judíos bebieron y volvieron a tener sed, pero tú, si bebes, ya no puedes volver a sentir sed, porque aquello era la sombra, esto la realidad. 
Si te admira aquello que no era más que una sombra, mucho más debe admirarte la realidad. Escucha cómo no era más que una sombra lo que acontecía con los padres: Bebían -dice el Apóstol- de la roca que los seguía, y la roca era Cristo; pero la mayoría de ellos no agradaron a Dios, pues sus cuerpos quedaron tendidos en el desierto. Estas cosas sucedieron en figura para nosotros. Los dones que tú posees son mucho más excelentes, porque la luz es más que la sombra, la realidad más que la figura, el cuerpo del Creador más que el maná del cielo

jueves, 20 de julio de 2017

Feliz día del amigo


A veces me dice que los argentinos festejamos todo, que tenemos días para todo y para todas las cosas. Pero hoy es un día muy especial porque en Argentina y desde Argentina festejamos una parte muy importante de nuestra vida: la amistad. Sí, hoy es el día del Amigo.
Y ¿por qué es una parte muy importante en nuestra vida? Porque después de la familia, el lugar donde nace el amor más puro y confiable es en el corazón de los amigos. Cuando el nido original que es la familia, va desapareciendo tienes el nido del amigo donde poder cobijarte, donde encontrar paz y también donde encontrar una mano que te ayude a corregir los error de la vida.
Claro que hay amigos de diferentes clases, porque no siempre se ama con la misma intensidad a todas las personas, pero siempre se comparte algo con cada una de ellas, por eso llamamos a muchos y, casi, a todos amigos, porque no nos gusta hacer diferencias.
Porque la amistad nace del amor entre dos personas, un amor que no es de confianza, que se mantiene en la distancia, que busca siempre encontrarse pero que no necesita estar siempre cerca, sino que necesita saberse cerca. Es el amor de amistad el que nos ayuda a comprender y a aprender a amar con intensidad y de verdad a la persona que va a ser para toda nuestra vida la otra mitad de mi vida.
A veces no nos gusta pensar o decir que entre los amigos hay verdadero amor, porque siempre pensamos que el amor es sólo para las parejas, y no es así. El amor es de familia entre padres e hijos y entre hermanos, el amor es de pareja, y también el amor es de amistad.
Pero dejo de hablar porque hoy es un día especial y quiero que cada uno simplemente elevemos una oración de Acción de Gracias por todos aquellos que Dios ha puesto en nuestro camino, que han compartido nuestro caminar en algún momento de nuestra vida, que nos tendieron una mano para levantarnos de nuestras camino, que nos dieron una palmada en la espalda para ayudarnos a seguir caminando, que nos llamaron la atención porque nos habíamos equivocado y nos ayudaron a encontrar un buen camino. Una oración por aquellos que nos comprendieron algo en nuestra vida y por eso se alejaron pero que siempre estarán en nuestro corazón. Un Acción de gracias por aquellos que estuvieron en nuestra vida y que ahora nos acompañan desde el Cielo.
Hoy, quiero dar GRACIAS POR TODOS LOS AMIGOS porque ellos han puesto su granito de arena para que mi vida siempre tenga el brillo especial que le da la amistad verdadera. GRACIAS Y FELIZ DÍA QUERIDOS AMIGOS.

miércoles, 19 de julio de 2017

El elige el como, tu da el Si

Moisés se dijo:
«Voy a acercarme a mirar este espectáculo admirable, a ver por qué no se quema la zarza».
Viendo el Señor que Moisés se acercaba a mirar, lo llamó desde la zarza:
«Moisés, Moisés».
Dios utiliza los medios que quiere ya se da a conocer como quiera a quien esté dispuesto a escucharlo. Y a cada uno lo llama para una misión particular, quizás, como Moisés, no nos sintamos preparados para responder porque no nos sentimos dignos, porque no somos intelectuales, porque esto o porque lo otro. Por eso Dios responde y nos dice
"Respondió Dios:
«Yo estoy contigo; y esta es la señal de que yo te envió: cuando saques al pueblo de Egipto, daréis culto a Dios en esta montaña».
Pero para que El esté conmigo yo tengo que estar con El, pues en esta relación, como en todas las relaciones de amor, todo depende de los dos. Y esta relación cuenta con la Fidelidad eterna de El, y necesita de la nuestra constante y radical, y sobre todo basada en la Confianza del que nos ha llamado pues "nos conoce desde antes de la creación del mundo" y sabe de qué madera estamos hechos, y, sabe que su Espíritu estará en nosotros si hemos comprendido que de nosotros solo depende la disposición del corazón, pues nos quiere pequeños y dóciles, pues El nos mostrará el camino y nos hará conocer todo lo que necesitamos para ser Fieles, pues así lo dice el Hijo:
«Te doy gracias, Padre, Señor de cielo y tierra, porque has escondido estas cosas a los sabios y entendidos y se las has revelado a los pequeños. Si, Padre, así te ha parecido bien".

Cuando escuches su Voz no dudes de darle tú Sí.

martes, 18 de julio de 2017

No sabemos pedir

"En aquel tiempo, se puso Jesús a recriminar a las ciudades donde había hecho la mayor parte de sus milagros, porque no se habían convertido..."
No siempre descubrimos cuáles son los milagros que el Señor obra en nosotros, por eso no siempre damos Gracias por lo que recibimos, y, sobre todo, siempre reprochamos que por nosotros no hace nada o que siempre nos pide lo más difícil a los mismos. Y ahí está el sentido de nuestra conversión: no nos hemos convertido de corazón a Su Palabra, pues seguimos pensando como piensa el mundo: en un sentido materialista del si te pido me das, si te doy me das, si yo creo no tengo que sufrir, si yo creo no me puede pasar esto.... y tantas otras cosas más, que son fruto del pensar mundano que tenemos los cristianos.
Por esa razón Jesús se enfadó tanto con las ciudades donde había hecho grandes milagros, porque no llegaron a entender la Palabra de Dios. Así fue que en un momento también dijo: "cuando vuelva el Hijo del Hombre ¿encontrará fe sobre la tierra?"
Incomoda mucho tener que escuchar de los que se dicen cristianos tantas quejas contra Dios, tanto reprocharle esto y aquello, y no ver que lo que Él hizo con nosotros es mucho más de lo que nosotros hacemos por Él. Claro que Él no necesita nada de nosotros, aunque lo que Él nos pide es que lo hagamos por los demás, que aceptemos Su Voluntad, aunque en un primer momento no estemos dispuestos, pero "que no se haga mi voluntad sino la Tuya".
Debemos encontrar le modo de acercarnos tanto a Dios que Él pueda purificar nuestro corazón de tanta mundanidad, de tanto pensamiento egoísta que nos impide aceptar lo que Él nos pide vivir o nos permite vivir. Porque cuanto más luchamos contra Dios más nos hundimos en nuestro propio fango y se hace realidad lo que dice el salmo de hoy:
"Me estoy hundiendo en un cieno profundo
y no puedo hacer pie;
he entrado en la hondura del agua,
me arrastra la corriente".
¿Cómo salgo de ese fango? ¿Cómo vuelvo a la superficie de la Luz? Cuando Pedro quiso andar sobre las aguas como Jesús, Jesús no se lo impidió, pero quitó la mirada de Jesús y comenzó a hundirse. Para salvarse le gritó al Señor: "¡Señor, sálvame!" Y el Señor volvió a rescatarlo de su miedo, pero se dijo: "¡Hombre de poca fe, ¿por qué dudaste?"
A veces pedimos cosas que no sabemos si las vamos a poder vivir. Queremos caminar sobre las aguas pero no tenemos la fe suficiente como para mantenernos en pie. Por eso hemos de aceptar la Mano tendida del Señor para que sea Él quien nos conduzca y nos mantenga sobre las aguas, caso contrario volveremos a hundirnos una y otra vez.