martes, 28 de julio de 2026

Sembradores de cizaña

«Explícanos la parábola de la cizaña en el campo».
Él les contestó:
El que siembra la buena semilla es el Hijo del hombre; el campo es el mundo; la buena semilla son los ciudadanos del reino; la cizaña son los partidarios del Maligno; el enemigo que la siembra es el diablo; la cosecha es el fin del tiempo, y los segadores los ángeles".
Está claro que no me toca a mí explicar más la parábola de la cizaña, pero sí que siempre nos queda algo más para poder reflexionar. Cuando leemos una parábola o escuchamos alguna palabra de Jesús que nos compromete o que nos puede llegar a tocar por algún lado porque sabemos que hemos actuado mal, entonces, nos ponemos un espejo y dejamos que la palabra rebote y le pegue a otro a no a mí.
Entonces es cuando tenemos que hacer un gran trabajo de sinceramiento con nosotros mismos frente a Dios y preguntarnos: ¿he sido sembrador de cizaña? ¿He hablado mal de mis hermanos, de mi prójimo, de alguien de mi familia, comunidad, amistades, etc.? Seguramente que sí pues si no hemos hablado directamente nos hemos hecho eco de la palabra de alguien, y, seguramente, también, hemos dejado que se hablara mal de otra persona.
¿Y si lo que dijeran fuera acerca de mí? Quizás nadie hable mal de mí estando en el mismo círculo de personas, quizás nadie se atreva a decirme tal o cual cosa por miedo a mis reacciones. Es ahí cuando debo pensar cómo estoy siendo, como estoy actuando con los demás. ¿Le permito a los demás que me diga, sinceramente, lo que ven mal en mí? ¿Me rebelo contra ellos cuando hablan mal de mí? ¿Soy vengativo? ¿Soy rencoroso?
Hay muchas manera de sembrar cizaña en el mundo, y no hablemos del mundo en general, sino de mi propio mundo: familia, amigos, comunidad parroquial, de trabajo, etc.
Porque no sólo es hablar mal de los demás, sino no dejar que los demás puedan ayudarme a cambiar, cerrarme a los otros porque han querido ayudarme a modificar mis defectos o me han hecho ver que he hablado mal o que he sembrado cizaña. En definitiva la corrección fraterna es algo que nos gusta hacer hacia los demás, pero nos cuesta que los demás quieran tener un diálogo fraterno conmigo y me ayuden a modificar mi conducta o mi modo de hablar o relacionarme.
Y, sobre todo tengamos en cuenta que la cizaña no es simplemente una hierva, sino que es un pecado contra la caridad, contra el amor fraterno, y, por eso, no le hace mal a la otra persona, sino que me hace mal a mí, pues cuando siembro cizaña la cizaña no habla de la otra persona sino del sembrador. Y, por supuesto, como pecado contra el amor y la caridad, me va quitando Gracia, me va a alejando del Verdadero Amor.

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