jueves, 2 de julio de 2026

Poderosos para servir

"Jesús, sabiendo lo que pensaban, les dijo:
«¿Por qué pensáis mal en vuestros corazones? ¿Qué es más fácil decir: "Tus pecados te son perdonados", o decir: "Levántate- y echa a andar"? Pues, para que veáis que el Hijo del hombre tiene potestad en la tierra para perdonar pecados - entonces dice al paralítico -: "Ponte en pie, coge tu camilla y vete a tu casa"».
Se puso en pie, y se fue a su casa.
Al ver esto, la gente quedó sobrecogida y alababa a Dios, que da a los hombres tal potestad".
Jesús, por ser Dios (segunda persona de la Santísima Trinidad) tenía gran poder, aunque no siempre lo utilizó y, sobre todo, no lo utilizó para su propio bien sino para el bien de la misión que el Padre le había encomendado.
Y ese poder, esa potestad, de la cual la gente se asombraba es la que nos ha dado a nosotros, a cada uno según su vocación y servicio al Reino. Sí, cada uno de nosotros tenemos, casi, el mismo poder de Jesús porque todos nosotros hemos sido llamados a ser hijos de Dios en el Hijo, es Él quien nos ha dado el poder de llevar Su Palabra y Su Vida al mundo, de iluminar, de salar, de fermentar la masa del mundo para que el mundo encuentre el Camino que lo conduzca a la Vida.
Claro que no podremos hacer andar a un paralítico, ni curar la ceguera a un ciego, ni resucitar un muerto como lo hacía Jesús, pero podemos, a esas mismas personas, darle esperanza, iluminar con la luz de la fe, ayudarle a encontrar sentido en su vida, resucitar sus deseos de esperanza, de amor, etc.
Hay tanto que podemos hacer con los Dones que nos ha dado el Señor, viviendo como Él vivió en la obediencia a la Voluntad del Padre, obtendremos de Él muestras de su gran poder para llevar al mundo todo lo que se necesite para que encuentre caminos de conversión, para que podamos, día a día, ser partícipes en la construcción del Reino de Dios aquí en la tierra, pero sabiendo que los "poderes" que tenemos por ser hijos de Dios son para el servicio de los demás y no para nuestro propio servicio, y son poderes que se hacen cada día más fuerte cuanto más los utilizamos para llevar la Palabra de Dios a los demás.
No caigamos en la tentación del mundo que nos hace creer que somos poderosos por nosotros mismos y caemos en el pecado del apetito de poder, haciéndonos dueños de la Gracia y no servidores de nuestros hermanos para que ellos alcancen la Gracia de Dios.

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