lunes, 27 de julio de 2026

Dejarnos sembrar

En aquel tiempo, Jesús propuso otra parábola al gentío:
«El reino de los cielos se parece a un grano de mostaza que uno toma y siembra en su campo; aunque es la más pequeña de las semillas, cuando crece es más alta que las hortalizas; se hace un árbol hasta el punto de que vienen los pájaros del cielo a anidar en sus ramas».
Las parábolas son el género literario que Jesús usaba para hablarles y para hablarnos de modo que podamos entender, en algún sentido, una verdad que trasciende lo intelectual y que no hay palabras humanas para describir. Quedarnos con el texto literal es un error pues tenemos que ir, siempre, a lo profundo de lo que Jesús ha intentado decirnos, y, a cada uno, puede parecerle otra cosa, pero siempre dentro del mismo tema.
¿Qué es el reino de Dios? Es el Reino donde habita Dios y que está gobernado por Dios. Es el Reino que podemos llegar a entender cuando leemos el Antiguo Testamento y vemos cómo el Señor quería crear un Pueblo en el que Él fuera quien lo gobernase pues sabía y conocía perfectamente a quienes había elegido para vivir en él.
"Porque del mismo modo que se ajusta el cinturón a la cintura del hombre, así hice yo que se ajustaran a mí la casa de Judá y la casa de Israel - oráculo del Señor -, para que fueran mi pueblo, mi fama, mi alabanza, y mi honor. Pero no me escucharon".
Así tenemos que entender que el Señor nos eligió a nosotros para formar un Nuevo Pueblo que pueda escuchar y vivir la Voluntad del Padre, así como la vivió Él, Jesús.
Nos eligió como semillas pequeñas, que parecen nada a la luz del mundo, pero que si se dejan fertilizar por la Palabra de Dios y pueden germinar en la tierra fértil de la Gracia del Espíritu Santo, se convierten en un árbol frondoso que da sombra a cuántos necesitan acercarse al Señor.
Pero si esta semilla, que somos nosotros, nos ocultamos de la vista de los demás y no dejamos que el Señor nos siembre donde quiera, entonces no produciremos el fruto adecuado. La semilla no le pone obstáculos al sembrador, por eso tenemos que hacer el esfuerzo de no poner obstáculos a la Palabra de Dios para hacer su Voluntad aquí en la tierra como en el Cielo.

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