domingo, 19 de julio de 2026

Aprender con el Espíritu

Hoy el Señor nos da, por lo menos, dos motivos en los que reflexionar: por un lado la carta a los romanos nos habla de nuestra oración, y Jesús nos habla en la parábola de la cizaña. Creo que las dos están bien unidas e intentemos meditarlas para nuestra conversión o maduración en la fe.
Cuando escucho la parábola de la cizaña pienso en mí (y es lo que tenemos que hacer cuando leemos la Palabra de Dios pues Él nos habla a cada uno) y me pregunto: ¿qué es lo que voy sembrando en el camino de la vida? ¿Soy sembrador de buena semilla o sembrador de cizaña? Espero que sepamos lo que es la cizaña, pero si no lo sabemos son los comentarios malos que hacemos sobre las personas, cuando difamamos a otros, cuando "repasamos" (como se dice en España) la vida de los demás (en argentino sería "cuerearlos"), y ir diciendo a mi me dijeron que fulanito o menganita hizo tal o cual cosa (y con el me dijeron intento no ser yo quien siembre cizaña, pero igual lo estoy haciendo)
Y, por otro lado, todos sabemos que siempre, así como lo hacemos con los demás, los demás lo hacen con nosotros. Entonces ¿qué actitud tomo cuando hablan mal de mí? ¿Salgo rápido a defenderme o dejo pasar la acción pues ya vendrá el Señor a hacer la cosecha, como Él dice en el Evangelio?
Cosillas para pensar.
Y en todo esto nos ayuda lo que san Pablo le dice a los romanos:
"El Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables.
Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios".
En todos los casos, sea que me tengo que arrepentir por lo que he hecho o dicho, sea porque tengo que tener paciencia o aprender a no se vengativo por lo que dijeron de mí, o por tantas otras cosas, debo dejar lugar al Espíritu para que me ayuda a comprender qué es lo que el Padre quiere que haga o cómo quiere que me comporte o que me de la fortaleza y la Gracia necesaria para asumir y vivir tal o cual situación.
Si lo dejáramos más al Espíritu actuar seríamos aún mejores hijos de Dios y viviríamos con más paz todo lo que nos pide o permite vivir el Padre Dios.

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