sábado, 11 de julio de 2026

Siempre en condicional

En el libro de los Proverbios vemos cómo Dios quiere cuidarnos, cómo se preocupa de que alcancemos la sabiduría y la inteligencia necesaria para comprenderlo y así alcanzar lo que tanto anhelamos:
"Hijo mío, si aceptas mis palabras,
si quieres conservar mis consejos,
si prestas oído a la sabiduría
y abres tu mente a la prudencia;
si haces venir a la inteligencia
y llamas junto a ti a la prudencia;
si la procuras igual que el dinero
y la buscas lo mismo que un tesoro,
comprenderás lo que es temer al Señor
y alcanzarás el conocimiento de Dios".
Pero, mirad, hay un detalle que no siempre lo tomamos en cuenta: Dios no nos obliga a aceptar sus palabras, sus consejos o mandamientos, por eso lo pone en condicional "si aceptas, si quieres, si prestas...". Él sabe que nos ha dado el gran poder de la libertad para optar, cada día, por algo mejor o peor. Él pone delante nuestro todo lo que Él sabe que necesitamos, pero no siempre elegimos lo que necesitamos sino lo que nos apetece. Y lo que nos apetece, muchas veces, no es lo que nos lleva por el mejor de los caminos.
Alcanzar el conocimiento de Dios es el mejor de los regalos, pero que, en realidad, tiene un alto precio: renunciar a nosotros mismos, y es ese precio el que no estamos dispuestos a pagar. Para el hombre de hoy es más útil el dinero que la sabiduría de Dios, por eso vive sin vivir y muere sin haber vivido ni disfrutado de lo que Dios tenía preparado para él.
"Porque el Señor concede sabiduría,
de su boca brotan saber e inteligencia;
atesora acierto para el hombre recto,
es escudo para el de conducta intachable;
custodia la senda del honrado,
guarda el camino de sus fieles.
Entonces podrás comprender
justicia, derecho y rectitud,
el camino que lleva a la felicidad".

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