viernes, 27 de febrero de 2026

Verdadera conversión

En aquel tiempo, dijo Jesús a sus discípulos:
«Si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos, no entraréis en el reino de los cielos.
Habéis oído que se dijo a los antiguos: "No matarás", y el que mate será reo de juicio. Pero yo os digo: todo el que se deja llevar de la cólera contra su hermano será procesado. Y si uno llama a su hermano "imbécil", tendrá que comparecer ante el Sanedrín, y si lo llama "necio", merece la condena de la “gehena” del fuego".
Muchos de nosotros, los cristianos, no llegamos a tomarle el peso a las Palabras de Jesús, y, sobre todo, a estas palabras que nos hablan del juicio y del peligro que corremos si no nos convertimos verdaderamente. Para muchos es suficiente con creer en la Misericordia Divina y por eso no se arrepienten ni piden perdón, y creen que porque Jesús es Bueno y Misericordioso todo lo perdona, y siguen leyendo el Evangelio como si no dijera nada o no tuviera consecuencias en mi vida espiritual lo que Jesús me manda a vivir, o, mejor dicho lo que Jesús nos advierte sobre nuestras malas acciones.
Y todo eso está respaldado por las Palabras que el Padre dio en la antigüedad al Pueblo de Israel:
"Cuando el inocente se aparta de su inocencia, comete la maldad y muere, muere por la maldad que cometió. Y cuando el malvado se convierte de la maldad que hizo y practica el derecho y la justicia, él salva su propia vida. Si recapacita y se convierte de los delitos cometidos, ciertamente vivirá y no morirá».
Por eso las lecturas nos ayudan, en este tiempo de cuaresma, a hacer un repaso no de la vida de los otros, sino de mi propia vida, de cómo he tratado a mis hermanos, y no sólo a los que más quiero, sino, sobre todo a los que menos quiero o a los que me han hecho daño, porque la exhortación del evangelio nos habla de que hagamos el bien a los que no queremos porque si hacemos sólo el bien a los que queremos ¿qué mérito tenemos? Eso lo hacen también los paganos.
Y, por otro lado, descubrir que sólo alcanzaremos la misericordia si tenemos misericordia porque la vara con que midamos a los demás se usará para medirnos a nosotros, por eso decimos en el Padre nuestro: perdona nuestras ofensas como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden. Así, mirándonos bien y sin miedo de descubrir que no hemos sido tan buenos como nos creíamos podremos alcanzar la misericordia si, realmente, pedimos perdón a quién hemos ofendido o perdonamos a quien nos ha ofendido.
Tiempo de Cuaresma, tiempo de reconocer nuestras malas acciones y reconciliarnos con los hermanos, con Dios y con nosotros mismos.

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