sábado, 7 de febrero de 2026

Lo urgente o lo esencial?

"Entonces le dijo Dios:
«Por haberme pedido esto y no una vida larga o riquezas para ti, por no haberme pedido la vida de tus enemigos sino inteligencia para atender a la justicia, yo obraré según tu palabra: te concedo, pues un corazón sabio e inteligente, como no ha habido antes de ti ni surgirá otro igual después de ti
Te concedo también aquello que no has pedido, riquezas y gloria mayores que las de ningún otro rey mientras vivas».
Esta respuesta de Dios a Salomón, rey de Israel, hijo de David, es realmente fuerte, pues nos habla de lo que debemos pedir: no es lo que queremos sino lo que necesitamos, pues de lo demás se encarga Dios.
Salomón le pidió a Dios la sabiduría para discernir entre el bien y el mal pues era un rey joven y no sabría hacerlo, no le pidió ni oro ni dinero, sino lo que él vio que necesitaba como rey para guiar a su pueblo.
A veces, las "urgencias" sociales nos hacen pedir a Dios cosas que nos gustaría tener, pero pocas veces pedimos lo que necesitamos para ser fieles a su Voluntad. Y ese es el mejor camino para recorrer. Como nos dice Santiago en su carta:
"Pedís y no recibís, porque pedís mal, con la intención de satisfacer vuestras pasiones".
O como le dice san Pablo a los romanos:
"Del mismo modo, el Espíritu acude en ayuda de nuestra debilidad, pues nosotros no sabemos pedir como conviene; pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos inefables. Y el que escruta los corazones sabe cuál es el deseo del Espíritu, y que su intercesión por los santos es según Dios".
Así es, cuando en el silencio dejamos que el Espíritu Santo nos hable será Él quien nos enseñe a pedir, quien nos enseñe a descubrir qué es lo que necesitamos para poder ser Fieles a la Voluntad de Dios, en todo momento y ocasión. Por eso, la oración del cristiano tiene que ser una oración al Espíritu Santo que es quien sabe el camino y el sentido que el Padre quiere darle a nuestras vidas.
No dejemos que las urgencias del día a día o del mundo nos obliguen a olvidarnos de lo esencial.

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