domingo, 8 de febrero de 2026

Ser sal y luz

No es una metáfora bonita o una simple comparación la que hace Jesús en este Evangelio, sino que Él nos habla de una realidad que hay en nosotros o que tiene que haber en nosotros, y no por que lo seamos de por sí, sino porque Él nos ha transformado con su Espíritu. Por eso al leer o escuchar lo que nos dice nos tenemos que poner en movimiento para poder alcanzar este Ideal, para poder descubrir en en qué no estamos siendo Fieles a lo que Él nos dice que tenemos que ser:
«Vosotros sois la sal de la tierra. Pero si la sal se vuelve sosa, ¿con qué la salarán?
No sirve más que para tirarla fuera y que la pise la gente".
La sal le da sabor a la comida, realza los sabores de las cosas por eso nos pide que seamos sal. Pero sal verdadera no esos sustitutos de sal que no son en realidad la sal del mar, sino que descubramos en la vida la mano del Padre para alegrarnos por lo que Él hace por nosotros, para alegrarnos por la Gracia de Dios en nuestras vidas, para alegrarnos por el maravilloso Don del Amor de Dios y de la entrega de Jesús en la Cruz por nosotros, y, sobre todo, por el Don del Espíritu Santo que se nos dio en el bautismo y que inhabita en nosotros para santificarnos y hacernos gustar de las maravillas de Dios.
Y así, no sólo le daremos a nuestras vidas y a la vida de los demás un saber especial y verdadero, sino que también nos llama a vivir de una determinada manera cuando nos dice:
"Vosotros sois la luz del mundo. No se puede ocultar una ciudad puesta en lo alto de un monte.
Tampoco se enciende una lámpara para meterla debajo del celemín, sino para ponerla en el candelero y que alumbre a todos los de casa.
Alumbre así vuestra luz a los hombres, para que vean vuestras buenas obras y den gloria a vuestro Padre que está en el cielo».
Ser Luz por la Gracia de Dios y por eso mismo no tener miedo de iluminar, no tener miedo de mostrarnos tal cual somos ante Dios y ante los hombres, pues nuestra iluminada y fortalecida y santificada por el Espíritu Santo tiene que ser el método indiscutible de vida en Dios. Sí, y Dios lo sabe, que vamos a tropezar y caer, pero siempre nos levantaremos y seguiremos intentando recorrer el camino de la santidad que es el que nos conduce hacia el Padre y le da el verdadero sentido a nuestra vida, y con la ayuda del Espíritu podremos ser aquello que Jesús nos llama a vivir, confiados en el Amor del Padre y la fuerza del Espíritu que vive en nosotros y, de manera especial, alimentados por el Cuerpo y la Sangre del Hijo que se nos entrega cada día

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.