domingo, 22 de febrero de 2026

Respondiendo a las tentaciones

Ya sabemos que siempre estaremos tentados en muchos aspectos de nuestra vida y en todo momento del día, la tentación, se podría decir que forma parte de nuestra vida, de nuestro día a día. Por eso quería que nos pongamos a pensar no en las tentaciones sino en las respuestas que da Jesús a las tentaciones de satanás:
«Está escrito: “No sólo de pan vive el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios”».
Es cierto que, literalmente, habla del alimento, del hambre natural y humano, pero Jesús le responde desde el alimento espiritual que, para muchos, no es tan necesario como el otro. Y el es alimento que, generalmente, dejamos de lado porque no tenemos tiempo, porque estamos cansados, porque esto, porque lo otro. Incluso los que deberíamos ser más conscientes de que necesitamos del alimento espiritual lo dejamos de lado por diferentes razones, pero ninguna justificada. La vida espiritual (la oración, la reflexión de la Palabra, la confesión, la Eucaristía) es esencial para nuestra vida cotidiana.
«También está escrito: “No tentarás al Señor, tu Dios”».
Cuando dejamos de lado la vida espiritual lo que nos nace son las necesidades terrenales, y es ahí cuando comenzamos a tentar a Dios porque pretendemos que el Señor nos siga sosteniendo cuando nosotros no recurrimos a Él. O, mejor dicho, recurrimos a Él para exigirle cosas que nosotros no estamos dando ni viviendo. Sólo por el hecho de no "buscar" la Gracia por los caminos ordinarios estamos tentando a Dios para que nos fortalezca, nos de esperanza, alegría, etc., sin dar nosotros o hacer nada para poder alcanzar los frutos de la vida entregada a la Voluntad de Dios.
«Vete, Satanás, porque está escrito: “Al Señor, tu Dios, adorarás y a él solo darás culto”».
Y aquí es donde tenemos que tener más cuidado, porque no es solamente estar sentado frente al Santísimo Sacramento, sino dejar que el Señor me hable, me cuestione, y me deje cuestionar y así poder convertirme en verdadero discípulo del Señor. Porque si sólo me quedo mirando y no dejo que el transforme mi corazón, entonces la adoración es sólo un acto más de nuestro fariseísmo pues nos sentamos para adorarlo pero en realidad vivimos según la voluntad del mundo.

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