domingo, 8 de septiembre de 2024

Un día mariano

 "Todo esto sucedió para que se cumpliera lo que el Señor había anunciado por el Profeta: la Virgen concebirá y dará a luz un hijo a quien pondrán el nombre de Emanuel, que traducido significa: “Dios con nosotros”.

Un domingo marcado por una fiesta mariana, donde la presencia de la Virgen María se vive, casi, en cada rincón de la geografía católica: la Natividad de la Virgen María, madre de Nuestro Señor Jesucristo. Una fiesta que lleva los distintos y diferentes nombres que se le da a María en distintas y distantes partes del mundo católico. En Albacete, la patrona de la diócesis, Nuestra Señora de los Llanos, La Virgen de Fuensanta, de Alcaraz, etc., etc. No alcanzarían las páginas para llenarlas de los nombres que le damos a María, la Madre del Señor y Madre nuestra. ¿Os habéis preguntado por qué?
Yo acabo de hacerlo, ¿por qué en todas partes se nombra y se venera a la Virgen María con tantas fiestas y con tantos títulos? Creo que, en definitiva, por dos cosas que son importantes para nosotros: necesitamos una Madre eterna que siempre esté ahí para ayudarnos, para acompañarnos, para consolarnos, para fortalecernos, a la que podamos recurrir en todo momento para abrirle nuestro corazón. Aunque tengamos una gran madre que nos haya dado el Señor, pero María es la que llega siempre a todos los corazones, incluso, a los menos devotos y religioso.
También, Ella nos muestra el camino de la esperanza cierta en un Hombre Nuevo, en una vida nueva cargada de Gracia y del Espíritu para poder seguir los pasos que Dios quiere para nosotros. Porque María, desde su pequeñez y sencillez, hizo posible que las Promesas del Padre se hicieran realidad, pues abrió, de par en par, su corazón a la Voluntad de Dios, no dejando nada para sí, sino que toda era de Dios. Y Dios tomó toda su vida para hacer que la Vida misma naciera en la historia, y que la eternidad viniera a nuestras vidas.
María, nuestra Madre, quiere ser no sólo nuestro consuelo y fortaleza, sino que quiere llevarnos de la mano hacia el Padre, quiere hacernos saber que la “esclavitud” a Su Voluntad no nos quita libertad, sino que nos hace libres y nos ayuda a llegar a horizontes que nunca pensaríamos alcanzar, así como Ella los alcanzó: “me llamarán bienaventurada todos los hombres, porque el todopoderoso ha hecho obras grandes por mí”.
¿Qué hermoso sería si, como María, dejásemos que el Señor hiciera con nosotros maravillas? ¿Cuántas cosas podría hacer Dios con muchas almas como la de María que se puso en Sus Manos y dejó que Él obrara según sus planes de toda la eternidad? Por eso, no nos soltemos de Su Mano.

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