"¿No os da vergüenza? ¿Es que no hay entre vosotros ningún entendido que sea capaz de arbitrar entre dos hermanos?
No señor, un hermano tiene que estar en pleito con otro y además entre gentiles.
Desde cualquier punto de vista ya es un fallo que haya pleitos entre vosotros.
¿No estaría mejor sufrir la injusticia? ¿No estaría mejor dejarse robar?
En cambio, sois vosotros los injustos y los ladrones, y eso con hermanos vuestros".
San Pablo le habla a los corintios, y nos habla a nosotros, de la caridad fraterna, de cómo vivir sin pleitos, y, si los hubiere, que seamos capaces de arbitrar para que vuelva la paz y la fraternidad a la comunidad.
Es cierto que, muchas veces, nos encontramos con personas que no quieren reconocer su error, es más, que parece ser que se vanaglorian de sus errores, y, para colmo, culpan a otros de sus propios errores. Son momentos donde no te dan ganas de decir nada pues no habrá "dios" que les haga comprender que están equivocados.
Otras veces miras a tu alrededor y ves como algunas personas tratan a otras con desprecio y lanzan dardos envenenados con sus lenguas para hacer daño o para que reconozcan su lugar, sin darse cuenta que están dando un testimonio fatal frente a otros hermanos que, asombrados, se horrorizan por la conducta de gente de iglesia, o de gente que se dice que es profundamente cristiana.
Y, lamentablemente, nos encontramos a diario con esta clase de gente que por soberbia, vanidad, orgullo o "patos volados" hacen o dicen cosas que, aunque las borren de las redes sociales, o quieran olvidarlas o culpar a otros, ya están dichas o escritas y el daño ya lo han causado. Siendo lo peor la falta de conciencia de haber dañado a otra persona, de haber dado un mal testimonio o de cargar con culpas a otros, culpas que son de ellas mismas.
Por eso necesitamos, siempre, saber que somos discípulos de Cristo, que nuestra vida es un testimonio constante de lo que somos y que, como dice el Señor, de la abundancia del corazón hablan los labios. Y, si en todo caso caemos o nos comportamos mal tenemos que saber pedir perdón y buscar el camino de la reconciliación.
Tengamos cuidado con nuestras actitudes y nuestras faltas de amor, pues ellas nos abren o cierran la puerta del Reino de los Cielos.
martes, 10 de septiembre de 2024
De la abundancia del corazón
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