"Pues el cuerpo no lo forma un solo miembro, sino muchos.
Pues bien, vosotros sois el cuerpo de Cristo, y cada uno es un miembro. Pues en la Iglesia Dios puso en el primer lugar a los apóstoles; en el segundo lugar, a los profetas; en el tercero, a los maestros; después, los milagros; después el carisma de curaciones, la beneficencia, el gobierno, la diversidad de lenguas. ¿Acaso son todos apóstoles? ¿O todos son profetas? ¿O todos maestros? ¿O hacen todos milagros? ¿Tienen todos don para curar? ¿Hablan todos en lenguas o todos las interpretan?".
Hay algo que no muchos saben interpretar y es esto de lo que habla San Pablo: somos parte de un cuerpo, el Cuerpo Místico de Cristo, la Iglesia, donde todos tenemos un lugar y todos tenemos una misión, pero cada uno tiene una misión diferente al otro, y no por eso es una misión más importante o menos importante.
Los carismas que el Espíritu Santo nos regala son para usarlos en bien del conjunto, en bien del Cuerpo entero, no sólo para una parte, no sólo para "mi parte". Tampoco es que porque tengo este carisma o esta función soy más importante que el que tiene otro u otra, pues todos valemos lo mismo aunque todos tengamos diferentes responsabilidades, como en una familia: no es la misma responsabilidad que tienen los padres a la que tienen los hijos, pero todos deben ser responsables de su propia familia.
Claro que, como en el cuerpo humano, siempre se cuelan los virus y las enfermedades, y, en el Cuerpo de Cristo, también pasa lo mismo. Hay un virus recurrente que se llama pecado original y que si no lo mantenemos a raya nos va provocando y llevando por malos caminos. Después se van metiendo otros virus contagiosos que son los que vienen del príncipe de este mundo como es el deseo de figurar, de ser más que el otro, de tener que "pisar" al otro para ser más yo, de querer saber más que dios, o, incluso, de ser dios, y tantos otros que afectan la vida interior del Cuerpo.
Por eso, y por tantas otras cosas más, hemos de tener siempre una sana relación con el Espíritu Santo y con la Cabeza del Cuerpo, para que no nos desviemos del Camino trazado por el Padre, y que, podamos, entre todos, liberarnos de las enfermedades del mundo, pues no somos del mundo, no le debemos nada al mundo, sino que somos de Dios y le debemos nuestra Vida al Señor.
martes, 17 de septiembre de 2024
Comos un Cuerpo?
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