lunes, 3 de junio de 2024

La dieta del espíritu

"Queridos hermanos:
A vosotros gracia y paz abundantes por el conocimiento de Dios y de Jesús nuestro Señor.
Pues su poder divino nos ha concedido todo lo que conduce a la vida y a la piedad, mediante el conocimiento del que nos ha llamado con su propia gloria y potencia, con las cuales se nos han concedido las preciosas y sublimes promesas, para que, por medio de ellas, seáis partícipes de la naturaleza divina, escapando de la corrupción que reina en el mundo por la ambición, en vista de ello, poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor".
Muchas veces decimos que la Palabra de Dios es eterna, que es viva, y, nada más lógico para decir con esta carta de San Pedro. Creo que Dios, como siempre, mira nuestra realidad y nos escribe para que reconozcamos lo que tenemos que hacer y cómo vivir: "escapando de la corrupción que reina en el mundo", que, no es sólo la ambición del dinero (ésta de manera especial) pero hay una ambición que va más allá del dinero: la fama, la popularidad, el poder, y todo lo que se desprende de las mentiras del príncipe de este mundo que nos hace creer que son buenas oportunidades.
Y ¿cuál es el camino para no dejarnos tentar por esta ambición mundana y satánica? "Poned todo empeño en añadir a vuestra fe la virtud, a la virtud el conocimiento, al conocimiento la templanza, a la templanza la paciencia, a la paciencia la piedad, a la piedad el cariño fraterno, y al cariño fraterno el amor". Es que no hay mejor camino que este que nos ha indicado el Señor por medio de San Pedro.
Por supuesto que nada de esto lo conseguiremos en un día, pero sí lo tenemos que tener como método de vida, un cuadro colgado y pegado en el frigorífico como si fuera la dieta para estar mejor. Y, sí, en realidad es la dieta para estar mejor en el espíritu y si el espíritu está mejor el cuerpo también, porque somos cuerpo y espíritu, pero, muchas veces, dejamos de lado lo espiritual por ocuparnos del cuerpo.
Y, si dejamos de oír al mundo nos ocupamos un poco más del espíritu? Quizás sea lo que nos falta para hacer frente a la ambición del mundo, y volver a lo que dejamos de ser: hijos de Dios, que están en el mundo pero no son del mundo.

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