En el Evangelio encontramos, si leemos bien, consejos y advertencias de Jesús, además de milagros y esas cosas que supo hacer para atraer a la gente hacia sí. Pero lo importante no eran los milagros y signos que hizo, sino lo que nos dijo para que renováramos nuestra forma de vivir, para vivir, realmente, como hijos de Dios. Por eso, Él, el Hijo de Dios se hizo hombre para ensañarnos a los hombres a ser hijos de Dios. Pero, si sólo nos quedamos con que de Jesús necesitamos o queremos sólo sus milagros, entonces, no hemos entendido su misión en la tierra.
En el Evangelio de Dios, san Marcos, rescata dos cosas que me parecen muy interesantes para que las meditemos en silencio y por bastante tiempo, pero con sinceridad de corazón, porque de nada sirve que las advertencias las meditemos a la ligera porque no nos servirán de nada, pues las advertencias son para que paremos las orejas y nos analicemos en profundidad, porque, seguramente, por algo nos lo ha dicho.
"Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas".
¿Nuestra manera de actuar es siempre buena? Es decir, cuando digo o hago algo a alguien, lo hago pensando que eso mismo me gustaría que me lo dijeran a mí o que me lo hagan a mí o a alguien de mi familia. Porque, muchas veces, herimos a la gente con nuestras palabras o con nuestras acciones, o levantamos chismes sobre las personas, pero que, después, si lo mismo hacen con nosotros somos capaces de enfadarnos, de no hablarle a las personas, de darle vuelta la cara y no saludarlo, en fin, de no vivir el amor fraterno porque lo que me han hecho o dicho es lo mismo que yo he dicho o hecho.
A veces no ponemos reparo en las relaciones fraternas y nos dejamos llevar por los impulsos del temperamento o de lo que me dijeron, o de lo que pensé que podría haber sido, o de lo que me pareció que dijo o que dijeron... y así vamos, rompiendo relaciones con quienes han sido familia, o con quienes han sido amigos de toda la vida, o con parte de la comunidad.
"Entrad por la puerta estrecha. Porque ancha es la puerta y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos entran por ellos".
Y esa es la puerta estrecha: la del amor fraterno, la del perdón como Él nos ha perdonado, la del pensar antes de hablar, la de pedir perdón si he dañado a alguien o si me he equivocado. La puerta es tan estrecha que no nos deja pasar con todo aquello que vamos cargando y no logramos soltar en el camino de la Vida: rencores, desavenencias, mentiras, insultos, chismorreos, vanidad, soberbia, malos tratos, etc. etc. Son todas cosas que tenemos que ir haciendo desaparecer de nuestras vidas porque se nos pegan al alma y no sólo no nos dejan pasar a la Vida Nueva, sino que nos hacen daño y así seguimos haciendo daño a quienes queremos o hemos querido.
martes, 25 de junio de 2024
Adelgazar para pasar por la puerta
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