lunes, 31 de mayo de 2021

Las maravillas de Dios

De las Homilías de san Beda el Venerable, presbítero

    Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi salvador. Con estas palabras, María reconoce en primer lugar los dones singulares que le han sido concedidos, pero alude también a los beneficios comunes con que Dios no deja nunca de favorecer al género humano.
    Proclama la grandeza del Señor el alma de aquel que consagra todos sus afectos interiores a la alabanza y al servicio de Dios y, con la observancia de los preceptos divinos, demuestra que nunca echa en olvido las proezas de la majestad de Dios. Se alegra en Dios su salvador el espíritu de aquel cuyo deleite consiste únicamente en el recuerdo de su creador, de quien espera la salvación eterna.
    Estas palabras, aunque son aplicables a todos los santos, hallan su lugar más adecuado en los labios de la Madre de Dios, ya que ella, por un privilegio único, ardía en amor espiritual hacia aquel que llevaba corporalmente en su seno. Ella con razón pudo alegrarse, más que cualquier otro santo, en Jesús, su salvador, ya que sabía que aquel mismo al que reconocía como eterno autor de la salvación había de nacer de su carne, engendrado en el tiempo, y había de ser, en una misma y úrica persona, su verdadero hijo y Señor.
    Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. No se atribuye nada a sus méritos, sino que toda su grandeza la refiere a la libre donación de aquel que es por esencia poderoso y grande, y que tiene por norma levantar a sus fieles de su pequeñez y debilidad para hacerlos grandes y fuertes.
    Muy acertadamente añade: Su nombre es santo, para que los que entonces la oían y todos aquellos a los que habían de llegar sus palabras comprendieran que la fe y el recurso a este nombre había de procurarles, también a ellos, una participación en la santidad eterna y en la verdadera salvación, conforme al oráculo profético que afirma: Todo el que invoque el nombre del Señor se salvará, ya que este nombre se identifica con aquel del que antes ha dicho: Se alegra mi espíritu en Dios mi salvador.
    Por esto se introdujo en la Iglesia la hermosa y saludable costumbre de cantar diariamente este cántico de María en la salmodia de la alabanza vespertina, ya que así el recuerdo frecuente de la encarnación del Señor enardece la devoción de los fieles y la meditación repetida de los ejemplos de la Madre de Dios los corrobora en la solidez de la virtud. Vello precisamente en la hora de Vísperas, para que nuestra mente, fatigada y tensa por el trabajo y las múltiples preocupaciones del día, al llegar el tiempo del reposo, vuelva a encontrar el recogimiento y la paz del espíritu.
 

domingo, 30 de mayo de 2021

Practica lo que predicas

“Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”.
Varias veces había hablado Jesús de su relación con el Padre, y, en algún caso, había dicho: “el Padre y yo somos uno”, y en esa relación nos hizo ver nuestra misión: la unidad en el Amor, para que el mundo crea.
En la misión universal que les da a los apóstoles y discípulos, antes de ascender a los cielos, nos habla de una Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, la que nos revela a las Tres Personas de la Santísima Trinidad: Un Dios, Tres Personas, con la misma dignidad y naturaleza.
Un misterio tan grande para nuestra capacidad intelectual, que sólo queda admirarlo y aceptarlo desde la Fe, pues nos resulta imposible (aunque muchos han tratado de hacerlo) entenderlo a los que no somos doctos en la materia.
Pero lo que importa no es entenderlo todo, pues si lo entendiéramos todo ya no necesitaríamos el Don de la Fe, pues lo que se entiende o se ve, no es necesario creerlo pues lo tenemos delante.
Y, lo más importante es que, al cumplir la misión de bautizar y enseñar, se nos ha incorporado a esa Gran Familia de la Trinidad, por medio del Espíritu Santo que se nos dio, convirtiéndonos de hombres en hijos de Dios, a imagen del Unigénito de Dios, Jesús, Nuestro Señor.
Claro es que no sólo somos hijos de Dios, sino que, al recibir el Don del Espíritu y la filiación divina, se nos da una misión, la misma misión que tuvo el Hijo: “así como el Padre me envió a mí, así yo los envío a ustedes”. Por lo tanto, nuestra vida de hijos de Dios, de cristianos, implica una misión: “Id y haced discípulos de todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo; y enseñándoles a guardar todo lo que os he mandado”.
Y, para poder enseñar lo que Jesús nos ha enseñado, tenemos que aceptar y aprenderlo, y, sobre todo, vivirlo: lee lo que crees, predica lo que crees y practica lo que predicas.

 

sábado, 29 de mayo de 2021

El sacramento se realiza por la palabra de Cristo

Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre los misterios.
 
    Vemos que el poder de la gracia es mayor que el de la naturaleza y, con todo, aún hacemos cálculos sobre los efectos de la bendición proferida en nombre de Dios. Si la bendición de un hombre fue capaz de cambiar el orden natural, ¿qué diremos de la misma consagración divina, en la que actúan las palabras del Señor y Salvador en persona? Porque este sacramento que recibes se realiza por la palabra de Cristo. Y si la palabra de Elías tuvo tanto poder que hizo bajar fuego del cielo, ¿no tendrá poder la palabra de Cristo para cambiar la naturaleza de los elementos? Respecto a la creación de todas las cosas leemos que él lo dijo y fueron hechas, él lo mandó y existieron. Por tanto, si la palabra de Cristo pudo hacer de la nada lo que no existía, ¿no podrá cambiar en algo distinto lo. que ya existe? Mayor poder supone dar el ser a lo que no existe que dar un nuevo ser a lo que ya existe.
    Mas, ¿para qué usamos de argumentos? Atengámonos a lo que aconteció en su propia persona, y los misterios de su encarnación nos servirán de base para afirmar la verdad del misterio. Cuando el Señor Jesús nació de María, ¿por ventura lo hizo según el orden natural? El orden natural de la generación consiste en la unión de la mujer con el varón. Es evidente, pues, que la concepción virginal de Cristo fue algo por encima del orden natural. Y lo que nosotros hacemos presente es aquel cuerpo nacido de una virgen. ¿Por qué buscar el orden natural en el cuerpo de Cristo, si el mismo Señor Jesús nació de una virgen, fuera de las leyes naturales? Era real la carne de Cristo que fue crucificada y sepultada; es, por tanto, real el sacramento de su carne.
    El mismo Señor Jesús afirma: Esto es mi cuerpo. Antes de las palabras de la bendición celestial, otra es la realidad que se nombra; después de la consagración, es significado el cuerpo de Cristo. Lo mismo podemos decir de su sangre. Antes de la consagración, otro es el nombre que recibe; después de la consagración, es llamada «sangre». Y tú dices: «Amén», que equivale a decir: «Así es». Que nuestra mente reconozca como verdadero lo que dice nuestra boca, que nuestro interior asienta a lo que profesamos externamente.
    Por esto la Iglesia, contemplando la grandeza del don divino, exhorta a sus hijos y miembros de su familia a que acudan a los sacramentos, diciendo: Comed, mis familiares, bebed y embriagaos, hermanos míos. Qué es lo que hay que comer y beber, nos lo enseña en otro lugar el Espíritu Santo por boca del salmista: Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él. En este sacramento está Cristo, porque es el cuerpo de Cristo. No es, por tanto, un alimento material, sino espiritual. Por ello dice el Apóstol, refiriéndose a lo que era figura del mismo, que nuestros padres comieron el mismo manjar espiritual, y bebieron de la misma espiritual bebida. En efecto, el cuerpo de Dios es espiritual, el cuerpo de Cristo es un cuerpo espiritual y divino, ya que Cristo es espíritu, tal como leemos: El espíritu ante nuestra faz, Cristo el Señor. Y en la carta de Pedro leemos también: Cristo murió por vosotros. Finalmente, este alimento fortalece nuestro corazón, y esta bebida alegra el corazón del hombre, como recuerda el salmista.
 

viernes, 28 de mayo de 2021

Una huella en la historia

"Hagamos el elogio de los hombres de bien, de la serie de nuestros antepasados.
Hay quienes no dejaron recuerdo, y acabaron al acabar su vida: fueron como si no hubieran sido, y lo mismo sus hijos tras ellos.
No así los hombres de bien, su esperanza no se acabó; sus bienes perduran en su descendencia, su heredad pasa de hijos a nietos".
¿Cuál es la herencia que dejamos a los que vienen detrás nuestro? No sólo a los hijos y nietos, sino a la sociedad misma. ¿Nuestra vida es un ejemplo a seguir? ¿Hemos hecho algo para dejar mejor el mundo de lo que lo encontramos o sólo nos hemos dedicado a vivir para nosotros mismos?
Sabemos, o, por lo menos, hemos de creer, que nuestra vida no ha sido creada en balde, sino que, cada uno, tiene una misión, y, aunque no lo creamos, siempre dejamos una huella en la historia. Y, esa huella puede ser digna de seguir o una huella que va al vacío de la existencia, pues nada hemos hecho con nuestra vida.
Sí, cada uno de nosotros ha sido pensado y llamado por Dios a la vida para dejar modificar la historia, para traer a la historia de la humanidad un mensaje, dejar una huella ¿cuál es el mensaje que tengo que dejar en la historia? ¿Cuál es mi huella para que otros la sigan?
Muchas veces, y sobre todo en este siglo XXI, se vive pensando en la imagen, pero se muestra, generalmente, una imagen vacía de contenido, pues la imagen que se quiere conseguir es la que se logra con los filtros de las cámaras de foto o de los móviles, pues sólo mostramos una instantánea de nuestra vida y la retocamos de acuerdo a quién queremos llegar, y eso es sólo lo superficial de nuestra vida, o, en la mayoría, una vida superficial que no tiene un contenido vital.
Cuando comenzamos a "rascar" esa imagen descubrimos que no hay raíces profundas que sostengan valores humanos o sobrenaturales que den sentido a la vida, sino que esa vida se sostiene por los "likes" que tiene en instagram o cualquier otra red social. Y que, cuando se le quitan esos likes, ya no es nada, pues sólo vivve en un espacio irreal.
Por eso dice la sabiduría de Dios:
"Hay quienes no dejaron recuerdo, y acabaron al acabar su vida"
"No así los hombres de bien, su esperanza no se acabó; sus bienes perduran en su descendencia, su heredad pasa de hijos a nietos".
Nuestra vida tiene que dejar no sólo un buen recuerdo, sino que tiene que dejar una huella en la historia, y, para nosotros, los que somos creyentes en Cristo, sabemos que la huella es en la historia de la Salvación, sabiendo que no sólo es una huella sino una vida santa que habla de la alegría del evangelio, que habla de la confianza en el Señor, que habla de los valores del evangelio y dice que se pueden vivir en este mundo y en este siglo, para que los que nos vean vivirlos se contagien de nuestra alegría cristiana.

 

jueves, 27 de mayo de 2021

Catequesis sobre el bautismo

Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre los misterios,

 

Al salir de la piscina bautismal fuiste al sacerdote. Considera lo que vino a continuación. Es lo que dice el salmista: Es ungüento precioso en la cabeza, que va bajando por la barba, que baja por la barba de Aarón. Es el ungüento del que dice el Cantar de los cantares: Es tu nombre un ungüento cuyo perfume se difunde; por eso te aman las doncellas. ¡Cuántas son hoy las almas renovadas que, llenas de amor a ti, Señor Jesús, te dicen: Arrástranos tras de ti; correremos tras el olor de tus vestidos, atraídas por el olor de tu resurrección!

Esfuérzate en penetrar el significado de este rito, porque el sabio tiene sus ojos en la frente. Este ungüento va bajando por la barba, esto es, por tu juventud renovada, y por la barba de Aarón, porque te convierte en linaje escogido, sacerdotal, precioso. Todos, en efecto, somos ungidos por la gracia del Espíritu para ser miembros del reino de Dios y formar parte de su sacerdocio.

Después de esto, recibiste la vestidura blanca como señal de que te habías despojado de la envoltura del pecado y te habías vestido con la casta ropa de la inocencia, de conformidad con lo que dice el salmista: Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve. En efecto, tanto la ley antigua como el Evangelio aluden a la limpieza espiritual del que ha sido bautizado: la ley antigua, porque Moisés roció con la sangre del cordero sirviéndose de un ramo de hisopo, el Evangelio, porque las vestiduras de Cristo eran blancas como la nieve, cuando mostró la gloria de su resurrección. Aquel a quien se le perdonan los pecados queda más blanco que la nieve. Por esto dice el Señor por boca de Isaías: Aunque vuestros pecados sean como la grana, blanquearán como la nieve.

La Iglesia, engalanada con estas vestiduras gracias al baño de regeneración, dice con palabras del Cantar de los cantares: Soy negra pero hermosa, hijas de Jerusalén. Negra por la fragilidad de su condición humana, hermosa por la gracia; negra porque consta de hombres pecadores, hermosa por el sacramento de la fe. Las hijas de Jerusalén, estupefactas al ver estas vestiduras, dicen: «¿Quién es ésta que sube resplandeciente de blancura? Antes era negra, ¿de dónde esta repentina blancura?»

Y Cristo, al contemplar a su Iglesia con blancas vestiduras —él, que por su amor tomó unas sórdidas vestiduras, como dice el libro del profeta Zacarías—, al contemplar al alma limpia y lavada por el baño de regeneración, dice: ¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres! Tus ojos son como palomas, bajo cuya apariencia bajó del cielo el Espíritu Santo.

Recuerda, pues, que has recibido el sello del Espíritu, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, espíritu del santo temor, y conserva lo que has recibido. Dios Padre te ha sellado, Cristo el Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón, como prenda suya, el Espíritu, como te enseña el Apóstol.


miércoles, 26 de mayo de 2021

Podrás vivir lo que reclamas?

"Se le acercaron los hijos de Zebedeo, Santiago y Juan, y le dijeron:
-«Maestro, queremos que hagas lo que te vamos a pedir.»
Les preguntó:
-«¿Qué queréis que haga por vosotros?»
Contestaron:
-«Concédenos sentarnos en tu gloria uno a tu derecha y otro a tu izquierda. »
Para pedir y reclamar siempre estamos dispuestos, es más, siempre encontramos el lugar, la hora, el motivo, y miles de argumentos para reclamar lo que nos corresponde por derecho, o lo que creemos que son nuestros derechos, o si no existen los inventamos, da igual, lo importante es ponernos por encima de los demás, hacernos los más valientes, y reclamar lo que creemos que nos corresponde. Y, como vemos, no es algo nuevo, sino que es parte del hombre, y, yo diría es parte del pecado original que vive en el hombre, pues siempre nos gusta reclamar o pedir sin dar nada a cambio, o, creyendo, que hemos dado todo o que nos corresponde todo por ser quien somos.
Y por eso, Jesús, le responde de una manera muy bien, y que nos hace, o nos debería hacer pensar en lo que entregamos o qué obligaciones cumplimos para reclamar nuestros derechos:
"Jesús replicó:
-«No sabéis lo que pedís, ¿sois capaces de beber el cáliz que yo he de beber, o de bautizaros con el bautismo con que yo me voy a bautizar?».
Es cierto, nos gusta sentirnos importanes, vernos en los mejores lugares y puestos. El caso es que vivimos en una sociedad donde eso se consigue mediante extorsión o reclamando lo que creemos que nos pertenece. No estamos dispuestos a entregar lo nuestro o a esforzarnos por alcanzar lo que creemos. Y, por otro lado, se piensa en los derechos pero no en las obligaciones que se tienen, y, en algunos casos, sólo pueden reclamar los que se consideran con derechos a reclamar, pero los demás no. Los que siempre han cumplido con las normas, los que siempre han vivido sus obligaciones, parece que no tuvieran derecho a exigir o a hacer ver cuál es la verdad.
"Jesús les dijo:
-«El cáliz que yo voy a beber lo beberéis, y os bautizaréis con el bautismo con que yo me voy a bautizar, pero el sentarse a mi derecha o a mi izquierda no me toca a mi concederlo; está ya reservado».
Y salimos con el pecho fuerte a querer vivir lo que hemos reclamado, pero nos damos, a veces, la cabeza contra la pared porque no podemos llegar a sostener en el tiempo la misma fuerza, ni vivir lo que eso implica. Nos hemos creído los superhéroes porque hemos levantado la pancarta de mis derechos, pero las obligaciones nos llegan y no las llegamos a aceptar o a vivir, porque, en realidad, los superhéroes sólo viven fuertes y resucitan en la ficción, en la vida real es otra cosa que no muchos están dispuestos a vivir y aceptar.

 

martes, 25 de mayo de 2021

Qué recibiremos?

"En aquel tiempo, Pedro se puso a decir a Jesús:
«Ya ves que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido».
Siempre que hacemos algo lo hacemos por un sentido, con un fin, por una convicción. Nunca hacemos nada por qué sí, aunque sea inconscientemente, siempre hay una razón para actuar, incluso, cuando hacemos el mal o lo hacemos convencidos que para nosotros está bien. Pero es así de raro nuestro actuar. Siempre tenemos argumentos y razones para hacer lo que hacemos, aunque, a veces, no las sepamos.
La afirmación de Pedro, iba dirigida a Jesús para encontrar un por qué o una recompensa a lo que hacían, al seguirlo a Jesús. Todavía no habían recibido la misión que Jesús les daría antes ascender a los Cielos. Todavía estaban en un tiempo de "preparación" para su misión, y no habían recibido el Espiritu Santo que les hiciera comprender todo lo que iban a vivir.
Igualemente, Jesús, sabíendo las intenciones de la pregunta de Pedro le responde:
«En verdad os digo que no hay nadie que haya dejado casa, o hermanos o hermanas, o madre o padre, o hijos o tierras, por mí y por el Evangelio, que no reciba ahora, en este tiempo, cien veces más - casas y hermanos y hermanas y madres e hijos y tierras, con persecuciones -, y en la edad futura, vida eterna".
Claro es que esa respuesta no es muy reconfortante, pero es que Él nunca miente sobre lo que va a suceder o para lo que nos elige: recibiréis todo eso, con persecuciones. Sí, persecuciones.
Tampoco es necesario que las persecuciones sean externas, es decir que sea el mundo o los enemigos de Cristo quienes me persigan, que, también, puede ser. Sino que hay una persecución interna, como dice San Pablo, de no querer hacer lo que debemos, y por eso buscamos, siempre, excusas para hacer lo que tenemos ganas o lo que nos ofrece el mundo, y, ante eso, tenemos que tener argumentos para poder hacer frente a una decisión que es fundamental para nuestra vida de fe: ¿hago lo que quiero y lo que dice el mundo o hago lo que me está pidiendo Dios? ¿Me pregunto cuál es la Voluntad de Dios o me dejo llevar por mis instintos? Ahí descubriré cuál ha sido mi respuesta y cómo ha sido mi seguirlo a Cristo, pues no es sólo seguirlo, sino seguirlo para aprender a vivir como Él, seguirlo para vivir como Él.
Y ahí aparece esa afirmación que parece salidad de contexto de lo que le dice a Pedro:
"Muchos primeros serán últimos, y muchos últimos primeros".
Por que nada tiene que ver que haya sido elegido el primero, sino que haya vivido de acuerdo para lo que fuí elegido. Porque, muchas veces, respondemos primero que todos, pero, al final, no hacemos lo que debemos. Como aquella parábola que Jesús le contaba a los discípulos y judíos: había dos hijos, uno le dijo al Padre, sí, voy a trabajar a la viña, pero luego no fue; y el otro le dijo, no, no voy, pero luego fue ¿cuál de los dos hizo la voluntad de su padre?
Muchos llevan muchos años de cristianos, pero ¿hacen la Voluntad de Dios?


 

lunes, 24 de mayo de 2021

María, Madre de la Iglesia

De las obras oratorias de Bossuet, obispo de Meaux, sobre la bienaventurada Virgen María

 

La santa Virgen María es la verdadera Eva, la verdadera madre de todos los vivientes. Vivid, vivid, y María será vuestra madre. Pero vivid de Jesucristo y por Jesucristo, porque incluso María tiene vida únicamente de Jesucristo y por Jesucristo.

La maternidad de la santa Virgen es una realidad innegable. Por otra parte, que María sea madre de los cristianos es algo que no puede ser más oportuno; éste fue también el designio de Dios, revelado ya desde el paraíso. Pero para que esta realidad penetre más profundamente en vuestros corazones, debéis admirar el modo como este designio de Dios llegó a cumplimiento en el Evangelio de nuestro Salvador, contemplando cómo Jesús quiso asociar a sí a la santa Virgen al engendrarnos por medio del alumbramiento de su sangre, que siempre tan fértil, produjo frutos agradables al Padre.

En aquella ocasión, san Juan representaba la universalidad de los fieles. Entended mi raciocinio: todos los demás discípulos del Salvador abandonaron a Jesús. Dios permitió que esto sucediera así para que comprendiéramos que son pocos los que siguen a Jesús hasta su cruz.

Así, pues, habiéndose dispersado todos los demás discípulos, la providencia quiso que, junto al Dios que moría, no permaneciera sino Juan, el discípulo amado. Él fue el único, él, el verdadero fiel; porque únicamente es verdadero fiel de Jesús el que le sigue hasta la cruz. Y fue así como este único fiel representó a todos los fieles. Por consiguiente, cuando Jesucristo, hablando a su Madre, le dice que Juan es su hijo, no penséis que considera a san Juan como un hombre particular: en la persona de Juan entrega a María todos sus discípulos, todos sus fieles, todos los herederos de la nueva alianza, todos los hijos de su cruz.

Por esto, precisamente, llama a María «Mujer»; con esta expresión quería significar «Mujer por excelencia, Mujer elegida singularmente para ser la madre del pueblo elegido». «Oh Mujer, oh nueva Eva -le dice-, ahí tienes a tu hijo; por tanto, Juan y todos los fieles a quienes él representa son tus hijos. Juan es mi discípulo, mi discípulo amado; recibe, pues, en su persona a todos los cristianos, porque aquí Juan los representa a todos, ya que todos ellos son, como lo es Juan, mis discípulos, mis discípulos amados.» Esto es lo que el Salvador quería significar a su santa Madre.

Y lo que más importante se me antoja en este hecho es que Jesús dirija estas palabras a María desde la cruz. Porque en la cruz es donde el Hijo de Dios nos dio la vida y nos engendró a la gracia por la fuerza de su sangre derramada por nosotros. Y es precisamente desde la cruz desde donde significa a la purísima virgen María que ella es madre de Juan y madre de todos los fieles. Mujer, ahí tienes a tu hijo, le dice. En estas palabras contemplo al nuevo Adán que, al engendrarnos por su muerte, asocia a la nueva Eva, su santa Madre, en la generación, casta y misteriosa, de los hijos del nuevo Testamento.


domingo, 23 de mayo de 2021

Recibid el Espíritu

Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:

«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».

Así como en el Génesis vemos cómo Dios exhala en la nariz de Adán su aliento para darle vida, así, Jesús, Dios, exhala su aliento para darnos, por medio del Espíritu Santo, una nueva Vida que nace del perdón de los pecados y nos renueva como hijos de Dios.

La Vida que nos da Jesús con su Resurrección, es la Vida que nos da, por medio del Espíritu Santo, el día de nuestro bautismo, otorgándonos la filiación Divina y la participación como personas con derechos y obligaciones, en la vida de la Iglesia, el Nuevo Pueblo de Dios que nació el día de Pentecostés.

El día de nuestro bautismo el Espíritu Santo nos limpia del pecado original y purifica nuestra alma para que, a partir de ese momento, Él more en nosotros y sea el motor que santifique nuestras vidas. Esto significa que, desde ese día, comienza un proceso de santidad en nuestra vida. Un proceso para el que necesitamos, siempre, de la asistencia del Espíritu que, con sus Dones, nos ayude a discernir la Voluntad del Padre, a fortalecernos contra las asechanzas del enemigo, a liberarnos de nuestros pecados personales y habituales (el justo peca 7 veces por día, dice Jesús) y, sobre todo, nos alienta a seguir en el camino de la Santidad viviendo la perfección del Amor a Dios y a los hermanos, para que podamos llegar a ser verdaderos discípulos de Jesús: “en la medida en que se amen unos a otros verán que sois mis discípulos”.

No podemos construir nuestra vida cristiana, nuestra vida de familia, de comunidad cristiana, de Iglesia sin la ayuda constante del Espíritu Santo. Por eso debemos invocarlo ¡Ven Espíritu Santo!


sábado, 22 de mayo de 2021

La unidad se manifiesta en la pluralidad

De los Sermones de un autor africano del siglo sexto

    Los apóstoles se pusieron a hablar en todas las lenguas. Así quiso Dios, por aquel entonces, significar la presencia del Espíritu Santo, haciendo que todo el que lo recibía hablase en todas las lenguas. Hay que entender, queridos hermanos, que se trata del Espíritu Santo por el cual el amor de Dios se derrama en nuestros corazones.
    Y, ya que el amor había de congregar a la Iglesia de Dios, extendida por todo el orbe de la tierra, del mismo modo que entonces cada persona que recibía el Espíritu Santo podía hablar en todas las lenguas, así ahora la unidad de la Iglesia, congregada por el Espíritu Santo, se manifiesta en la pluralidad de lenguas.
    Por tanto, si alguien nos dice: «Has recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no hablas en todas las lenguas?», debemos responderle: «Hablo ciertamente en todas las lenguas, ya que pertenezco al cuerpo de Cristo, esto es, a la Iglesia, que habla en todas las lenguas. Lo que Dios quiso entonces significar por la presencia del Espíritu era que la Iglesia, en el futuro, hablaría en todas las lenguas.» De este modo se cumplió lo que había prometido el Señor: Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, sino que se ha de echar en odres nuevos; así se conservan las dos cosas.
    Con razón algunos, al oír que los apóstoles hablaban en todas las lenguas, decían: Están llenos de mosto. Es que se habían convertido ya en odres nuevos, renovados por la gracia santificadora, para que, llenos del vino nuevo, esto es, del Espíritu Santo, hablaran llenos de ardor en todas las lenguas, prefigurando así, por aquel evidentísimo milagro, la catolicidad de la Iglesia, que había de abarcar a los hombres de toda lengua.
    Celebrad, pues, este día, conscientes de que sois miembros del único cuerpo de Cristo. No lo celebraréis en vano, si procuráis ser lo que celebráis, viviendo unidos a la Iglesia, a la cual el Señor, llenándola del Espíritu Santo, reconoce como suya, a medida que se va esparciendo por todo el mundo, Iglesia que, a su vez, lo reconoce a él como su Señor. Como el esposo no abandona a su propia esposa ni admite que sea sustituida por otra. A vosotros, hombres de todas las naciones, que sois miembros de Cristo, que constituís el cuerpo de Cristo, la Iglesia de Cristo, la esposa de Cristo, os dice el Apóstol: Sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos por mantener la unidad del Espíritu, con el vinculo de la paz.
    Fijaos que al precepto de la mutua tolerancia añade la mención del amor, y cuando habla de la solicitud por la unidad hace referencia al vínculo de la paz. Tal ha de ser la casa de Dios, edificada con piedras vivas, para que el padre de familia se complazca en habitar en ella, y sus ojos no tengan que contemplar con disgusto su división y su ruina.

viernes, 21 de mayo de 2021

Me amas?

"Por tercera vez le pregunta:
«Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?».
Se entristeció Pedro de que le preguntara por tercera vez: «¿Me quieres?» y le contestó:
«Señor, tú conoces todo, tú sabes que te quiero».
Poder responder con tranquilidad a la misma pregunta es lo que nos ayuda, no sólo para demostrarle al Otro nuestro amor, sino que nos ayuda a seguir tomando conciencia de a quién amamos verdaderamente.
En realidad Jesús no dudaba del amor de Pedro, pues Él conocía su corazón, sino que quería que Pedro lo explicitara frente a los demás y, sobre todo, para sí mismo. Es una profesión de fe que lo "ata" a lo que ha dicho, y que lo hace consciente y libre, no como otras veces, que las respuestas de Pedro son un arrebato del corazón o de los labios, y, en algunas de ellas, Jesús ha tenido que reprenderlo.
En estas tres veces Pedro no dice lo que dice por un arrebato o por un impulso, sino que cada vez va tomando mas conciencia de lo que está diciendo. Por eso, a la tercera vez se entristece pues piensa que Jesús no le creer, sin embargo, no es que no le crea sino que quiere que él mismo se lo crea para poder aceptar el encargo-misión que Jesús le da.
Ahí descubrimos que la misión que Jesús nos da, a cada uno, no es una obligación, sino que es respuesta al amor que le dispensamos. El Amor no es una obligación, sino que es un deseo que brota del conocimiento, pues cuanto más se conoce más se ama, o no; pues no podemos amar sin conocer a quien amamos. Puede haber una arrebato, como se dice "amor a primera visita", pero eso no es verdadero amor, pues cuando se comienza a conocer al otro, quizás, esa sensación de amor desaparezca, o cuando esa relación me exija algo que no quiero, entonces ya no hay amor...
El verdadero Amor es el que se implica con todo el ser en la relación, y lo que se hace por el otro y con el otro, no es una obligación, sino que es en respuesta a ese amor.
Aquí Jesús nos lo demuestra, pues une a la confesión del amor a Él una responsabilidad para Pedro: apacienta a mi ovejas. Así descubrimos que Amar a Dios no sólo es Amar a Dios, sino que es amar a los demás, amar a los hombres, a los hermanos, pues Él mismo está en cada uno de los hermanos: "porque tuve hambre, tuve sed... porque lo que le hicieste a cada uno de ellos me lo hicisteis a mí".
Así, cuando más conocemos a Jesús, más podremos amarlo, y cuánto más lo amamos más habremos de amar a nuestros hermanos, porque si no es así, será como dice San Juan: "quien dice que ama a Dios a quien no ve y no ama a su hermano a quien ve, es un mentiroso".

 

jueves, 20 de mayo de 2021

Que sean UNO para que el mundo crea

"En aquel tiempo, levantando los ojos al cielo, oró, Jesús diciendo:
- «No solo por ellos ruego, sino también por los que crean en mí por la palabra de ellos, para que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado".
¡Qué ocurrencia más complicada! ¿Cómo se te ocurre Señor que tengamos que ser uno como Tú y el Padre? ¡Eso es imposible entre gente tan distinta y con pensamiento tan diferente! Y, por muchos siglos, estamos viendo que es imposible ser UNO, no sólo en la Iglesia Unviersal, sino en la particular, y, más aún, en la pequeña comunidad que somos cada parroquia.
Y, sin embargo, el Señor nos sigue reclamando esa Unidad, porque ¡sí que es imposible para el hombre! pero no para Dios. Y es ahí donde tenemos que poner nuestra mirada: Dios. San Pablo le decía a los presbíteros de Éfeso: "Incluso de entre vosotros mismos surgirán algunos que hablarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí". Y es ahí donde se rompe la Unidad de la Iglesia, de la comunidad, porque no nos centramos en Dios, sino en uno mismo: en mis gustos, en mis proyectos, en mis planes.
Somos muchos los que queremos que las comunidades se centren en nuestra persona. Incluso, dejamos que la vida de la comunidad se centre en tal o cual persona, a veces lo hacemos sin pensarlo, y otras lo hacemos muy conscientes, porque, seguramente, es más fácil que llevar a todos a Dios.
Y, sí, las exigencias que Dios nos pone son más duras que las que nos puede poner un hombre, pero, lamentablemente, quien nos Sana y Salva es el Señor, y quien nos Une es el Señorío del Señor, todo lo demás es pasajero y transitorio.
Si ponemos a Dios como el centro de la rueda, como el eje, central de nuestra vida personal y de la comunidad, vamos a descubrir cómo todo se va centrando y va perdiendo fuerza la individualidad y el pecado personal, dejando lugar a una Vida Común, donde lo único que buscamos es la Voluntad de Dios, para llevar a cabo la misión que nos fue encomendada: anunciar al mundo la alegría del Evangelio.
"...que todos sean uno, como tú, Padre, en mí, y yo en ti, que ellos también lo sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me has enviado", si no somos UNO el mundo no creerá que El nos ha enviado, y no encontrará el Camino de la Vida que Jesús recorrió para que el Hombre encuentre su Salvación.

 

miércoles, 19 de mayo de 2021

Tener cuidado conmigo mismo

"Yo sé que, cuando os deje, se meterán entre vosotros lobos feroces, que no tendrán piedad del rebaño. Incluso de entre vosotros mismos surgirán algunos que hablarán cosas perversas para arrastrar a los discípulos en pos de sí".
San Pablo le advertía a los presbíteros de la iglesia de Éfeso acerca de los daños que se pueden ocasionar cuando dejamos de lado a Dios y nos ponemos nosotros mismos como el centro de la vida de una comunidad. El, como muchas veces lo he dicho, apetito de poder que nace del pecado original, hace que, muchas veces, nos pongamos nosotros como el centro y dueño de las comunidades crisitanas, creemos que somos los únicos que podemos llevar adelante una misión o que somos los únicos que podemos hacer tal o cual cosa, sin ponernos a pensar qué es lo que Dios quiere para esa Comunidad, o, lo mínimo que tenemos que tener en cuenta que no somos nosotros los que salvamos, sino que tenemos que ayudar a que encuentren en el Camino hacia Dios, y no hacia nosotros mismos.
Así se lo dice Pablo:
"Ahora os encomiendo a Dios y a la palabra de su gracia, que tiene poder para construiros y haceros partícipes de la herencia con todos los santificados".
Es Su Palabra la que tiene poder para construirnos, para edificarnos como Iglesia, si quitamos la Palabra de Dios del centro de la Vida de una Comunidad, e, incluso, de nuestra propia vida, ¿qué es lo que ponemos en el centro? ¿Qué es lo que tenemos como regla de vida? Si quitamos la Palabra de Dios ponemos la palabra de los hombres, nuestros intereses, nuestros gustos y así surgen las divisiones y los desvios de la Voluntad de Dios, lo que hace que una comunidad de santos se transforme en una comunidad dividida, pues "yo soy de Pablo, yo de Apolo, yo de Cefas...", pero ninguno es de Cristo, que es el único que sana y salva al Hombre.
"Santifícalos en la verdad: tu palabra es verdad. Como tú me enviaste al mundo, así yo los envío también al mundo. Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad".
Santificados en la Verdad, pues sólo la Verdad nos hará libres y nos eneseñará el Verdadero Camino hacia una comunidad de personas que se aman, y que son el lugar donde los Hombres encuentran el Camino para llegar a Dios.

 

martes, 18 de mayo de 2021

La acción del Espíritu Santo

Del Libro de san Basilio Magno, obispo, Sobre el Espíritu Santo

    ¿Quién, habiendo oído los nombres que se dan al Espíritu, no siente levantado su ánimo y no eleva su pensamiento hacia la naturaleza divina? Ya que es llamado Espíritu de Dios y Espíritu de verdad que procede del Padre; Espíritu firme, Espíritu generoso, Espíritu Santo son sus apelativos propios y peculiares.
    Hacia él dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de santificación; hacia él tiende el deseo de todos los que llevan una vida virtuosa, y su soplo es para ellos a manera de riego que los ayuda en la consecución de su fin propio y natural.
    Fuente de santificación, luz de nuestra inteligencia, él es quien da, de sí mismo, una especie de claridad a nuestra razón natural, para que conozca la verdad.
    Inaccesible por su naturaleza, se hace accesible por su bondad; todo lo llena con su poder, pero se comunica solamente a los que son dignos de ello, y no a todos en la misma medida, sino que distribuye sus dones a proporción de la fe de cada uno.
    Simple en su naturaleza, diverso en su virtualidad, está presente todo él en cada uno, sin dejar de estar todo él en todas partes. De tal manera se divide, que en nada queda disminuido; todos participan de él, aunque él permanece intacto, a la manera del rayo de sol, del que cada uno se beneficia como si fuera para él solo y, con todo, ilumina la tierra y el mar y se mezcla con el aire.
    Así también el Espíritu Santo está presente en cada uno de los que son capaces de recibirlo, como si estuviera en él solo, infundiendo a todos la totalidad de la gracia que necesitan. Gozan de su posesión todos los que de él participan, en la medida en que lo permite la disposición de cada uno, pero no en la medida del poder del mismo Espíritu.
    Por él. los corazones son elevados hacia lo alto, los débiles son llevados de la mano, los que ya van progresando llegan a la perfección; iluminando a los que están limpios de toda mancha, los hace espirituales por la comunión con él.
    Y, del mismo modo que los cuerpos límpidos y transparentes, cuando les da un rayo de luz, se vuelven brillantes en gran manera y despiden un nuevo fulgor, así las almas portadoras del Espíritu y por él iluminadas se hacen ellas también espirituales e irradian a los demás su gracia.
    De ahí procede el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia de los misterios, la comprensión de las cosas ocultas, la distribución de dones, el trato celestial. la unión con los coros angélicos; de ahí deriva el gozo que no termina, la perseverancia en Dios, la semejanza con Dios y, lo más sublime que imaginarse pueda, nuestra propia deificación.

lunes, 17 de mayo de 2021

El agua viva del Espíritu Santo

De las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo

    El agua que yo le dé se convertirá en él en manantial de agua viva, que brota para comunicar vida eterna. Se nos habla aquí de un nuevo género de agua, un agua viva y que brota; pero que brota sólo sobre los que son dignos de ella. Mas, ¿por qué el Señor da el nombre de agua a la gracia del Espíritu? Porque el agua es condición necesaria para la pervivencia de todas las cosas, porque el agua es el origen de las plantas y de los seres vivos, porque el agua de la lluvia baja del cielo, porque, deslizándose en un curso siempre igual, produce efectos diferentes. Diversa es, en efecto, su virtualidad en una palmera o en una vid, aunque en todos es ella quien lo hace todo; ella es siempre la misma, en cualquiera de sus manifestaciones, pues la lluvia, aunque cae siempre del mismo modo, se acomoda a la estructura de los seres que la reciben, dando a cada uno de ellos lo que necesitan.
    De manera semejante, el Espíritu Santo, siendo uno solo y siempre el mismo e indivisible, reparte a cada uno sus gracias según su beneplácito. Y del mismo modo que el árbol seco, al recibir el agua, germina, así también el alma pecadora. al recibir del Espíritu Santo el don del arrepentimiento, produce frutos de justicia. Siendo él, pues, siempre igual y el mismo, produce diversos efectos. según el beneplácito de Dios y en el nombre de Cristo.
    En efecto, se sirve de la lengua de uno para comunicar la sabiduría; a otro le ilumina la mente con el don de profecía; a éste le da el poder de ahuyentar los demonios; a aquél le concede el don de interpretar las Escrituras. A uno lo confirma en la temperancia; a otro lo instruye en lo pertinente a la misericordia; a éste le enseña a ayunar y a soportar el esfuerzo de la vida ascética; a aquél a despreciar las cosas corporales; a otro más lo hace apto para el martirio. Así, se manifiesta diverso en cada uno, permaneciendo él siempre igual en sí mismo, tal como está escrito: A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad.
    Su actuación en el alma es suave y apacible, su experiencia es agradable y placentera y su yugo es levísimo. Su venida va precedida de los rayos brillantes de su luz y de su ciencia. Viene con la bondad de genuino protector; pues viene a salvar, a curar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a iluminar, en primer lugar, la mente del que lo recibe y, después, por las obras de éste, la mente de los demás.
    Y, del mismo modo que el que se hallaba en tinieblas, al salir el sol, recibe su luz en los ojos del cuerpo y contempla con toda claridad lo que antes no veía, así también al que es hallado digno del don del Espíritu Santo se le ilumina el alma y, levantado por encima de su razón natural, ve lo que antes ignoraba.

domingo, 16 de mayo de 2021

Nuestra misión

En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo:

«ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.

 

Antes de ascender a los Cielos, Jesús le dejó a los apóstoles y a los discípulos una misión: llevar el evangelio a todo el mundo. Una misión que ha llegado hasta nosotros, porque, como ellos, hemos sido llamados y hemos respondido al llamado de Jesús. Y, seguirlo a Jesús implica una gran responsabilidad, pues somos sus discípulos y apóstoles, y como aquellos que lo vieron ascender a los Cielos, también nosotros tenemos la misma misión: llevar el Evangelio a todos los hombres, de todo el mundo.

Porque nadie puede conocer a Cristo si no se lo predica, y nadie puede predicarlo si no lo conoce, y nadie lo puede conocer si no ha sido elegido para seguirlo. Así es que nosotros, somos esos misioneros del siglo XXI que llevan, por todos lados, la alegría del Evangelio, la alegría de creer, la alegría de sabernos llamados y elegidos para ser discípulos y misioneros de una Vida que es Camino y Verdad.

Claro que no es una tarea fácil, no lo fue para ellos, no lo será para nosotros, pero debemos tener el valor y la confianza, para saber que no es imposible si lo hacemos con Dios en el corazón. Valor porque vivimos en un mundo que, cada día, quiere dejar más de lado a Dios y, sobre todo, hacer desaparecer a quienes lo viven y predican; y confianza en la Providencia, para saber que Dios nunca dejará de acompañar nuestro caminar, si lo hacemos buscando su Voluntad.

Por eso es necesario que nuestra relación con el Señor de la Vida sea constante, que nuestro encuentro con Su Palabra sea perseverante y que siempre estemos alimentados con el Pan de la Vida, para poder creer y predicar lo que vivimos.


sábado, 15 de mayo de 2021

Esperad con paciencia

"Hermanos, esperad con paciencia hasta la venida del señor. Mirad: el labrador aguarda el fruto precioso de la tierra, esperando con paciencia hasta que recibe la lluvia temprana y la tardía.
Esperad con paciencia también vosotros, y fortaleced vuestros corazones, porque la venida del Señor está cerca".
Esperad con paciencia... una frase que nos toca muy de cerca, porque, en estos momentos que vivimos, de pandemia, ya no tenemos paciencia para esperar, porque parece que nos hubiesen esclavizado en nuestras propias casas y nos hubiesen quitado todas nuestras libertades. Y vemos cómo, hace unos días, muchos salieron como salvajes a festejar la libertad sin ponerse a pensar los riesgos de lo que estaban haciendo.
Aunque, en realidad, esas fiestas de estos días fueron sólo un botón de muestra de lo que vivimos todos los días, pues todos los días nos mostramos ansiosos por algo que aún no tenemos o siempre corriendo detrás del tiempo para ganar más tiempo, sin darnos cuenta que estamos perdiendo el mejor de los tiempos.
La paciencia, como alguien la definía es: paz más ciencia, tener el alma en calma porque sabe confiar en la Providencia, y tiene la ciencia, la capacidad de haber aprendido a buscar la Voluntad de Dios en cada cosa, para poder vivir, minuto a minuto, en Fidelidad a Su Palabra:
"Dichoso el hombre
que no sigue el consejo de los impíos,
ni entra por la senda de los pecadores,
ni se sienta en la reunión de los cínicos;
sino que su gozo es la ley del Señor,
y medita su ley día y noche".
¿Cuándo seguimos el consejo de los impíos? Cuando nos dejamos arrastrar por las ideas del mundo, por la voz del mundo. De un mundo materialista que nos lleva al consumo constante, y a buscar, cada día el tener más, el poseer más, y, por eso, vivimos para el trabajo y el tener, y nos perdemos el vivir las relaciones humanas más preciadas: el amor de la pareja, de la familia, de los hijos, de los amigos, que son los verdaderos tesoros que tenemos en nuestras vidas, y los dejamos de lado porque vamos detrás de bienes que son pasajeros y que nos quitan el tiempo para vivir.
Así llegamos tan pronto a la edad adulta y ancianidad que, cuando queremos darnos cuenta, ya no tenemos tiempo para disfrutar de lo que hemos cosechado, pues no están las fuerzas para disfrutarlo.
Sí, seguramente estoy exagerando con mi comentario, pero sólo cuando exageramos nos damos cuenta que lo que estamos viviendo no está muy lejos de esta realidad.

 

viernes, 14 de mayo de 2021

Para ser apóstol

"Es necesario, por tanto, que uno de los que nos acompañaron todo el tiempo en el que convivió con nosotros el Señor Jesús, comenzando en el bautismo de Juan hasta el día en que nos fue quitado y llevado al cielo, se asocie a nosotros como testigo de su resurrección".
Cuando decidieron los 11 elegir un nuevo apóstol para completar el lugar que había dejado Judas Iscariote, Pedro, dio este argumento, como algo necesario para ser apóstol: conocer al Señor, haber estado con él en todo momento, para poder ser testigo de su resurrección. Se podría decir, etnonces, que esa es la definición de un apóstol, lo que lo caracteriza es que haya estado con el Señor el tiempo suficiente para poder tener certeza de su resurrección, pues, como diría San Pablo: si Cristo no hubiera resucitado vana sería nuestra fe. Es decir, si no creemos en la Resurrección de Jesús, nada tendría sentido, pues sólo sería un profeta más o un caudillo más que predicó cosas bonitas, pero nada más. En cambio creemos en Jesús muerto y resucitado para nuestra salvación. Ése es el núcleo de nuestra fe.
Así podemos asumir que nuestra vida, pues también somos apóstoles, tenemos la misión de los apóstoles, tiene que estar unida a Jesús, para poder hablar de él, y ser testigos de su resurrección. Pero, también, está claro que no sólo tenemos que hablar como ellos, sino que tenemos que vivir como ellos, dando testimonio de lo que predicamos, pues la coherencia entre la palabra y las obras, es fundamental para que los demás crean que somos apóstoles de Cristo.
Por eso, el Señor, no nos dejó premisas claras y concretas para vivir en fidelidad a Su Palabra y a Su Vida, sino que nos dejó un ideal muy alto y, a veces, muy difícil de llevar a la vida:
"No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto permanezca.
De modo que lo que pidáis al Padre en mi nombre os lo dé.
Esto os mando: que os améis unos a otros".
El mandamiento del amor es lo que nos hace diferentes a todos, y lo que le da sentido a todo lo que podamos llegar a predicar, pues, si no lo vivimos con la intensidad que lo vivió el Señor, entonces, de nada servirán todas nueustras predicaciones.

 

jueves, 13 de mayo de 2021

La Ascensión alimenta nuestra fe

De los Sermones de san León Magno, papa

    Así como en la solemnidad de Pascua la resurrección del Señor fue para nosotros causa de alegría, así también ahora su ascensión al cielo nos es un nuevo motivo de gozo, al recordar y celebrar litúrgicamente el día en que la pequeñez de nuestra naturaleza fue elevada, en Cristo, por encima de todos los ejércitos celestiales, de todas las categorías de ángeles, de toda la sublimidad de las potestades, hasta compartir el trono de Dios Padre. Hemos sido establecidos y edificados por este modo di' obrar divino, para que la gracia de Dios se manifestara más admirablemente, y así, a pesar de haber sido apartada de la vista de los hombres la presencia visible del Señor, por la cual se alimentaba el respeto de ellos hacia él, la fe se mantuviera firme, la esperanza inconmovible y el amor encendido.
    En esto consiste, en efecto, el vigor de los espíritu verdaderamente grandes, esto es lo que realiza la luz d la fe en las almas verdaderamente fieles: creer sin vacilación lo que no ven nuestros ojos, tener fijo el deseo en lo que no puede alcanzar nuestra mirada. ¿Cómo podría nacer esta piedad en nuestros corazones, o cómo podríamos ser justificados por la fe, si nuestra salvación consistiera tan sólo en lo que nos es dado ver?
    Así, todas las cosas referentes a nuestro Redentor que antes eran visibles, han pasado a ser ritos sacramentales; y, para que nuestra fe fuese más firme y valiosa, la visión ha sido sustituida por la instrucción, de modo que, en. adelante, nuestros corazones, iluminados por la luz celestial, deben apoyarse en ésta instrucción.
    Esta fe, aumentada por la ascensión del Señor y fortalecida con el don del Espíritu Santo, ya no se amilana por las cadenas, la cárcel, el destierro, el hambre, el fuego, las fieras ni los refinados tormentos de los crueles perseguidores. Hombres y mujeres, niños y frágiles doncellas han luchado, en todo el mundo, por esta fe. hasta derramar su sangre. Esta fe ahuyenta a los demonios, aleja las enfermedades, resucita a los muertos.
    Por esto los mismos apóstoles, que, a pesar de los milagros que habían contemplado y de las enseñanzas que habían recibido, se acobardaron ante las atrocidades de la pasión del Señor y se mostraron reacios en admitir el hecho de su resurrección, recibieron un progreso espiritual tan grande de la ascensión del Señor, que todo lo que antes les era motivo de temor se les convirtió en motivo de gozo. Es que su espíritu estaba ahora totalmente elevado por la contemplación de la divinidad, del que está sentado a la derecha del Padre; y al no ver el cuerpo del Señor podían comprender con mayor claridad que aquél no había dejado al Padre, al bajar a la tierra, no había abandonado a sus discípulos, al subir al cielo.
    Entonces, amadísimos hermanos, el Hijo del hombre se mostró, de un modo más excelente y sagrado, como Hijo de Dios, al ser recibido en la gloria de la majestad del Padre, y, al alejarse de nosotros por su humanidad, comenzó a estar presente entre nosotros de un modo nuevo e inefable por su divinidad.
    Entonces nuestra fe comenzó a adquirir un mayor y progresivo conocimiento de la igualdad del Hijo con el Padre, y a no necesitar de la presencia palpable de la substancia corpórea de Cristo, según la cual es inferior al Padre; pues, subsistiendo la naturaleza del cuerpo glorificado de Cristo, la fe de los creyentes es llamada allí donde podrá tocar al Hijo único, igual al Padre, no ya con la mano, sino mediante el conocimiento espiritual.

miércoles, 12 de mayo de 2021

Vivir en Dios

"De uno solo creó el género humano para que habitara la tierra entera, determinando fijamente los tiempos y las fronteras de los lugares que habían de habitar, con el fin de que lo que buscasen a él, a ver si, al menos a tientas, lo encontraban; aunque no está lejos de ninguno de nosotros, pues en él vivimos, nos movemos y existimos; así lo dicen incluso algunos de vuestros poetas: "Somos estirpe suya".
"A ver si, al menos a tientas, lo encontraban", una bonita frase que nos ayuda a saber que si nos esforzamos o si lo buscamos con sinceridad, Él se deja encontrar. Cuando el corazón está interesado en encontrarse con Dios, con la Verdad, con Su Voluntad, lo puede hallar sin mucho esfuerzo, porque es Él quien más interesado está en que uno se encuentre con la Verdad para alcanzar la Vida. Por eso mismo, Él se hizo Camino, Verdad y Vida, para que no tuviésemos dificultad en encontrar lo que buscamos, y en alcanzar lo que deseamos. Porque, en realidad, ¿qué es lo que desea el Hombre para sí mismo sino alcanzar la plenitud de su ser? Un deseo que está inscrito en su interior pues es la semilla de la divinidad la que nos lleva a buscar esa plenitud, ese deseo de trascendencia y de eternidad que Dios dejó en nuestra alma, es lo que nos impulsa a estar religado a algo o alguien que nos haga alcanzar la felicidad. Es lo que llamamos religión.
Para algunos la plenitud está en las cosas del mundo, para otros en el tener, para otros en el cuerpo, y, para otros que han llegado a descubrirlo está en una trascendencia que va más allá de uno mismo. Y, para los más simples y sencillos de corazón se llama Dios, y es el Padre de Nuestro Señor Jesucristo, creador del Cielo y de la Tierra y que nos ha llamado a la vida y nos ha concedido la Gracia de ser sus hijos gracias al Hijo. Esa es nuestra Verdad, y nuestro Camino y nuestra Vida. Tal es así que dice san Pablo que "en él vivimos, nos movemos y existimos", pues no sólo somos sus hijos, sino que somos parte de Él, pues cuando recibimos el Espíritu Santo en el bautismo, ya está Dios en nosotros, y, más aún, cuando comulgamos con el Pan de la Vida, es Dios mismo quien habita en nosotros y se hace parte de nosotros.
¿Puede haber realidad más plena para el hombre que vivir, exitir y moverse en Dios? ¿No es ya el Cielo en nosotros cuando estamos junto a Dios? ¿No alcanzamos la vida divina cuando nos unimos sacramentalmente a Dios y es él la plenitud de nuestra vida?
Pero, en realidad, todo esto se nos hace difícil de comprender y entender, pues, como nos dice Jesús:
"Muchas cosas me quedan por deciros, pero no podéis cargar con ellas por ahora; cuando venga él, el Espíritu de la verdad, os guiará hasta la verdad plena. Pues no hablará por cuenta propia, sino que hablará de lo que oye y os comunicará lo que está por venir".
No le pidamos sólo entender al Espíritu Santo sino tener la capacidad de vivir esta hermosa realidad divina que el Señor nos ha regalado y que nos lleva a vivir en la plenitud de nuestra vida.

 

martes, 11 de mayo de 2021

Cree en el Señor

"El carcelero pidió una lámpara, saltó dentro, y se echó temblando a los pies de Pablo y Silas; los sacó fuera y les preguntó:
«Señores, ¿qué tengo que hacer para salvarme?».
Le contestaron:
«Cree en el Señor Jesús y te salvarás tú y tu familia».
Hay veces que pedimos muchos signos de parte de Dios para creer, para convertirnos, y, sin embargo, los signos de Dios están frente a nosotros pero no los vemos.
El carcelero de Pablo y los demás podría no haberse dado cuenta que lo que había pasado era algo de Dios, sin embargo, pudo ver más allá y se convirtió él y su familia.
Cuando realmente el corazón siente la necesidad del encuentro con el Señor, cuando realmente está buscando la salvación o la conversión, cualquier signo le sirve para hacer un cambio en su vida o para darse cuenta que por aquí tiene que ir o por ahí no tiene que ir.
Nuestras madres dirían: "porque nunca has pasado hambre es que rechazas las legumbres". Y así nos pasa en la vida espiritual. Cuando estamos satisfechos quizás intelectualmetne, materialmente, y, hasta incluso, espiritualmente, no necesitamos creer nada más que en nosotros mismos y en las teorías que nosotros mismos queremos creer o que nos inventamos. Pero, cuando el "agua nos llega al cuello", entonces intentamos buscar algo más allá de nosotros mismos para no "ahogarnos" y, a veces, no lo encontramos y, otras veces, porque no sabemos buscarlo.
Por eso eso Señor nos animaba a crecer en un espíritu de niños, pues la infancia espiritual es la que nos ayuda a dejarnos sorprender por las pequeñas cosas que nos ofrece el Señor, por los pequeños milagros de todos los días que tenemos frente a nuestros ojos, y, que, si sabemos mirarlos y apreciarlos nos llenarán de alegría porque nos hablan del Amor del Padre por sus hijos, y nos van revelando, poco a poco, cuál es su Camino para mi.
Claro es que hay que tener un espíritu maduro y fortalecido desde la oración y la Palabra para poder alcanzar la infancia espiritual, pues no es un infantilismo espirituala, sino que hay que ser muy maduro para poder ser niños en Dios, porque el fin de la infancia espiritual es poder alcanar la santidad en la Fidelidad a la Voluntad de Dios, creyendo que lo que el Padre me va mostrando en el camino de mi vida, es lo mejor para alcanzar la plenitud de la vida, o, como nos diría Jesús en estos días, para que nuestra alegría sea perfecta.

 

lunes, 10 de mayo de 2021

El Espíritu Santo nos renueva

Del Tratado de Dídimo de Alejandría, Sobre la Santísima Trinidad

    El Espíritu Santo, en cuanto que es Dios, junto con el Padre y el Hijo, nos renueva en el bautismo y nos retorna de nuestro estado deforme a nuestra primitiva hermosura, llenándonos de su gracia, de manera que ya nada nos queda por desear; nos libra del pecado y de la muerte; nos convierte de terrenales, esto es, salidos de la tierra y del polvo, en espirituales; nos hace partícipes de la gloria divina, hijos y herederos de Dios Padre, conformes a la imagen del Hijo, coherederos y hermanos de éste. para ser glorificados y reinar con él; en vez de la tierra nos da el cielo y nos abre generosamente las puertas del paraíso, honrándonos más que a los mismos ángeles; y con las aguas sagradas de la piscina bautismal apaga el gran fuego inextinguible del infierno.
    Hay en el hombre un doble nacimiento, uno natural, otro del Espíritu divino. Acerca de uno y otro escribieron los autores sagrados. Yo voy a citar el nombre de cada uno de ellos, así como su doctrina.
    Juan: A cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, dio poder de llegar a ser hijos de Dios, los cuales traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios. Todos los que creen en Cristo, afirma, han recibido el poder de llegar a ser hijos de Dios, esto es, del Espíritu Santo, y de llegar a ser del mismo linaje de Dios. Y, para demostrar que este Dios que nos engendra es el Espíritu Santo, añade estas palabras de Cristo en persona: Te aseguro que el que no nazca de agua y de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.
    La piscina bautismal, en efecto, da a luz de manera visible al cuerpo visible de la Iglesia, por el ministerio de los sacerdotes; pero el Espíritu de Dios, invisible a todo ser racional, bautiza espiritualmente en sí mismo y regenera, por ministerio de los ángeles, nuestro cuerpo y nuestra alma.
    Juan el Bautista, en relación con aquella expresión: De agua y de Espíritu, dice, refiriéndose a Cristo: Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego. Ya que nosotros somos como una vasija de barro, por eso necesitamos en primer lugar ser purificados por el agua, después ser fortalecidos y perfeccionados por el fuego espiritual (Dios, en efecto, es un fuego devorador); y, así, necesitamos del Espíritu Santo para nuestra perfección y renovación, ya que este fuego espiritual es también capaz de regar, y esta agua espiritual es capaz de fundir como el fuego.