De las Homilías de san Beda el Venerable, presbítero
Proclama mi alma la grandeza del Señor, se alegra mi espíritu en Dios mi
salvador. Con estas palabras, María reconoce en primer lugar los dones
singulares que le han sido concedidos, pero alude también a los
beneficios comunes con que Dios no deja nunca de favorecer al género
humano.
Proclama la grandeza del Señor el alma de aquel que consagra todos sus
afectos interiores a la alabanza y al servicio de Dios y, con la
observancia de los preceptos divinos, demuestra que nunca echa en olvido
las proezas de la majestad de Dios.
Se alegra en Dios su salvador el espíritu de aquel cuyo deleite consiste
únicamente en el recuerdo de su creador, de quien espera la salvación
eterna.
Estas palabras, aunque son aplicables a todos los santos, hallan su
lugar más adecuado en los labios de la Madre de Dios, ya que ella, por
un privilegio único, ardía en amor espiritual hacia aquel que llevaba
corporalmente en su seno.
Ella con razón pudo alegrarse, más que cualquier otro santo, en Jesús,
su salvador, ya que sabía que aquel mismo al que reconocía como eterno
autor de la salvación había de nacer de su carne, engendrado en el
tiempo, y había de ser, en una misma y úrica persona, su verdadero hijo y
Señor.
Porque el Poderoso ha hecho obras grandes por mí: su nombre es santo. No
se atribuye nada a sus méritos, sino que toda su grandeza la refiere a
la libre donación de aquel que es por esencia poderoso y grande, y que
tiene por norma levantar a sus fieles de su pequeñez y debilidad para
hacerlos grandes y fuertes.
Muy acertadamente añade: Su nombre es santo, para que los que entonces
la oían y todos aquellos a los que habían de llegar sus palabras
comprendieran que la fe y el recurso a este nombre había de procurarles,
también a ellos, una participación en la santidad eterna y en la
verdadera salvación, conforme al oráculo profético que afirma: Todo el
que invoque el nombre del Señor se salvará, ya que este nombre se
identifica con aquel del que antes ha dicho: Se alegra mi espíritu en
Dios mi salvador.
Por esto se introdujo en la Iglesia la hermosa y saludable costumbre de
cantar diariamente este cántico de María en la salmodia de la alabanza
vespertina, ya que así el recuerdo frecuente de la encarnación del Señor
enardece la devoción de los fieles y la meditación repetida de los
ejemplos de la Madre de Dios los corrobora en la solidez de la virtud.
Vello precisamente en la hora de Vísperas, para que nuestra mente,
fatigada y tensa por el trabajo y las múltiples preocupaciones del día,
al llegar el tiempo del reposo, vuelva a encontrar el recogimiento y la
paz del espíritu.
lunes, 31 de mayo de 2021
Las maravillas de Dios
domingo, 30 de mayo de 2021
Practica lo que predicas
sábado, 29 de mayo de 2021
El sacramento se realiza por la palabra de Cristo
Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre los misterios.
Vemos que el poder de la gracia es mayor que el de la naturaleza y, con todo,
aún hacemos cálculos sobre los efectos de la bendición proferida en nombre de
Dios. Si la bendición de un hombre fue capaz de cambiar el orden natural, ¿qué
diremos de la misma consagración divina, en la que actúan las palabras del Señor
y Salvador en persona? Porque este sacramento que recibes se realiza por la
palabra de Cristo. Y si la palabra de Elías tuvo tanto poder que hizo bajar
fuego del cielo, ¿no tendrá poder la palabra de Cristo para cambiar la
naturaleza de los elementos? Respecto a la creación de
todas las cosas leemos que él lo dijo y fueron hechas, él lo mandó y existieron.
Por tanto, si la palabra de Cristo pudo hacer de la nada lo que no existía, ¿no
podrá cambiar en algo distinto lo. que ya existe? Mayor poder supone dar el ser
a lo que no existe que dar un nuevo ser a lo que ya existe.
Mas, ¿para qué usamos de argumentos? Atengámonos a lo que aconteció en su propia
persona, y los misterios de su encarnación nos servirán de base para afirmar la
verdad del misterio. Cuando el Señor Jesús nació de María, ¿por ventura lo hizo
según el orden natural? El orden natural de la generación consiste en la unión
de la mujer con el varón. Es evidente, pues, que la concepción virginal de
Cristo fue algo por encima del orden natural. Y lo que nosotros hacemos presente
es aquel cuerpo nacido de una virgen. ¿Por qué buscar el orden natural en el
cuerpo de Cristo, si el mismo Señor Jesús nació de una virgen, fuera de las
leyes naturales? Era real la carne de Cristo que fue crucificada y sepultada;
es, por tanto, real el sacramento de su carne.
El mismo Señor Jesús afirma: Esto es mi cuerpo. Antes de las palabras de la
bendición celestial, otra es la realidad que se nombra; después de la
consagración, es significado el cuerpo de Cristo. Lo mismo podemos decir de su
sangre. Antes de la consagración, otro es el nombre que recibe; después de la
consagración, es llamada «sangre». Y tú dices: «Amén», que equivale a decir:
«Así es». Que nuestra mente reconozca como verdadero lo que dice nuestra boca,
que nuestro interior asienta a lo que profesamos externamente.
Por esto la Iglesia, contemplando la grandeza del don divino, exhorta a sus
hijos y miembros de su familia a que acudan a los sacramentos, diciendo: Comed,
mis familiares, bebed y embriagaos, hermanos míos. Qué es lo que hay que comer
y beber, nos lo enseña en otro lugar el Espíritu Santo por boca del salmista:
Gustad y ved qué bueno es el Señor, dichoso el que se acoge a él. En este
sacramento está Cristo, porque es el cuerpo de Cristo. No es, por tanto, un
alimento material, sino espiritual. Por ello dice el Apóstol, refiriéndose a
lo que era figura del mismo, que nuestros padres comieron el mismo manjar
espiritual, y bebieron de la misma espiritual bebida. En efecto, el cuerpo de
Dios es espiritual, el cuerpo de Cristo es un cuerpo espiritual y divino, ya
que Cristo es espíritu, tal como leemos: El espíritu ante nuestra faz, Cristo
el Señor. Y en la carta de Pedro leemos también: Cristo murió por vosotros.
Finalmente, este alimento fortalece nuestro corazón, y esta bebida alegra el
corazón del hombre, como recuerda el salmista.
viernes, 28 de mayo de 2021
Una huella en la historia
jueves, 27 de mayo de 2021
Catequesis sobre el bautismo
Del Tratado de san Ambrosio, obispo, Sobre los misterios,
Al salir de la piscina bautismal fuiste al sacerdote. Considera lo que vino a continuación. Es lo que dice el salmista: Es ungüento precioso en la cabeza, que va bajando por la barba, que baja por la barba de Aarón. Es el ungüento del que dice el Cantar de los cantares: Es tu nombre un ungüento cuyo perfume se difunde; por eso te aman las doncellas. ¡Cuántas son hoy las almas renovadas que, llenas de amor a ti, Señor Jesús, te dicen: Arrástranos tras de ti; correremos tras el olor de tus vestidos, atraídas por el olor de tu resurrección!
Esfuérzate en penetrar el significado de este rito, porque el sabio tiene sus ojos en la frente. Este ungüento va bajando por la barba, esto es, por tu juventud renovada, y por la barba de Aarón, porque te convierte en linaje escogido, sacerdotal, precioso. Todos, en efecto, somos ungidos por la gracia del Espíritu para ser miembros del reino de Dios y formar parte de su sacerdocio.
Después de esto, recibiste la vestidura blanca como señal de que te habías despojado de la envoltura del pecado y te habías vestido con la casta ropa de la inocencia, de conformidad con lo que dice el salmista: Rocíame con el hisopo: quedaré limpio; lávame: quedaré más blanco que la nieve. En efecto, tanto la ley antigua como el Evangelio aluden a la limpieza espiritual del que ha sido bautizado: la ley antigua, porque Moisés roció con la sangre del cordero sirviéndose de un ramo de hisopo, el Evangelio, porque las vestiduras de Cristo eran blancas como la nieve, cuando mostró la gloria de su resurrección. Aquel a quien se le perdonan los pecados queda más blanco que la nieve. Por esto dice el Señor por boca de Isaías: Aunque vuestros pecados sean como la grana, blanquearán como la nieve.
La Iglesia, engalanada con estas vestiduras gracias al baño de regeneración, dice con palabras del Cantar de los cantares: Soy negra pero hermosa, hijas de Jerusalén. Negra por la fragilidad de su condición humana, hermosa por la gracia; negra porque consta de hombres pecadores, hermosa por el sacramento de la fe. Las hijas de Jerusalén, estupefactas al ver estas vestiduras, dicen: «¿Quién es ésta que sube resplandeciente de blancura? Antes era negra, ¿de dónde esta repentina blancura?»
Y Cristo, al contemplar a su Iglesia con blancas vestiduras —él, que por su amor tomó unas sórdidas vestiduras, como dice el libro del profeta Zacarías—, al contemplar al alma limpia y lavada por el baño de regeneración, dice: ¡Qué hermosa eres, amada mía, qué hermosa eres! Tus ojos son como palomas, bajo cuya apariencia bajó del cielo el Espíritu Santo.
Recuerda, pues, que has recibido el sello del Espíritu, espíritu de sabiduría y de inteligencia, espíritu de consejo y de fortaleza, espíritu de ciencia y de piedad, espíritu del santo temor, y conserva lo que has recibido. Dios Padre te ha sellado, Cristo el Señor te ha confirmado y ha puesto en tu corazón, como prenda suya, el Espíritu, como te enseña el Apóstol.
miércoles, 26 de mayo de 2021
Podrás vivir lo que reclamas?
martes, 25 de mayo de 2021
Qué recibiremos?
lunes, 24 de mayo de 2021
María, Madre de la Iglesia
De las obras oratorias de Bossuet, obispo de Meaux, sobre la bienaventurada Virgen María
La santa Virgen María es la verdadera Eva, la verdadera madre de todos los vivientes. Vivid, vivid, y María será vuestra madre. Pero vivid de Jesucristo y por Jesucristo, porque incluso María tiene vida únicamente de Jesucristo y por Jesucristo.
La maternidad de la santa Virgen es una realidad innegable. Por otra parte, que María sea madre de los cristianos es algo que no puede ser más oportuno; éste fue también el designio de Dios, revelado ya desde el paraíso. Pero para que esta realidad penetre más profundamente en vuestros corazones, debéis admirar el modo como este designio de Dios llegó a cumplimiento en el Evangelio de nuestro Salvador, contemplando cómo Jesús quiso asociar a sí a la santa Virgen al engendrarnos por medio del alumbramiento de su sangre, que siempre tan fértil, produjo frutos agradables al Padre.
En aquella ocasión, san Juan representaba la universalidad de los fieles. Entended mi raciocinio: todos los demás discípulos del Salvador abandonaron a Jesús. Dios permitió que esto sucediera así para que comprendiéramos que son pocos los que siguen a Jesús hasta su cruz.
Así, pues, habiéndose dispersado todos los demás discípulos, la providencia quiso que, junto al Dios que moría, no permaneciera sino Juan, el discípulo amado. Él fue el único, él, el verdadero fiel; porque únicamente es verdadero fiel de Jesús el que le sigue hasta la cruz. Y fue así como este único fiel representó a todos los fieles. Por consiguiente, cuando Jesucristo, hablando a su Madre, le dice que Juan es su hijo, no penséis que considera a san Juan como un hombre particular: en la persona de Juan entrega a María todos sus discípulos, todos sus fieles, todos los herederos de la nueva alianza, todos los hijos de su cruz.
Por esto, precisamente, llama a María «Mujer»; con esta expresión quería significar «Mujer por excelencia, Mujer elegida singularmente para ser la madre del pueblo elegido». «Oh Mujer, oh nueva Eva -le dice-, ahí tienes a tu hijo; por tanto, Juan y todos los fieles a quienes él representa son tus hijos. Juan es mi discípulo, mi discípulo amado; recibe, pues, en su persona a todos los cristianos, porque aquí Juan los representa a todos, ya que todos ellos son, como lo es Juan, mis discípulos, mis discípulos amados.» Esto es lo que el Salvador quería significar a su santa Madre.
Y lo que más importante se me antoja en este hecho es que Jesús dirija estas palabras a María desde la cruz. Porque en la cruz es donde el Hijo de Dios nos dio la vida y nos engendró a la gracia por la fuerza de su sangre derramada por nosotros. Y es precisamente desde la cruz desde donde significa a la purísima virgen María que ella es madre de Juan y madre de todos los fieles. Mujer, ahí tienes a tu hijo, le dice. En estas palabras contemplo al nuevo Adán que, al engendrarnos por su muerte, asocia a la nueva Eva, su santa Madre, en la generación, casta y misteriosa, de los hijos del nuevo Testamento.
domingo, 23 de mayo de 2021
Recibid el Espíritu
Y, dicho esto, exhaló su aliento sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
Así como en el Génesis vemos cómo Dios exhala en la nariz de Adán su aliento para darle vida, así, Jesús, Dios, exhala su aliento para darnos, por medio del Espíritu Santo, una nueva Vida que nace del perdón de los pecados y nos renueva como hijos de Dios.
La Vida que nos da Jesús con su Resurrección, es la Vida que nos da, por medio del Espíritu Santo, el día de nuestro bautismo, otorgándonos la filiación Divina y la participación como personas con derechos y obligaciones, en la vida de la Iglesia, el Nuevo Pueblo de Dios que nació el día de Pentecostés.
El día de nuestro bautismo el Espíritu Santo nos limpia del pecado original y purifica nuestra alma para que, a partir de ese momento, Él more en nosotros y sea el motor que santifique nuestras vidas. Esto significa que, desde ese día, comienza un proceso de santidad en nuestra vida. Un proceso para el que necesitamos, siempre, de la asistencia del Espíritu que, con sus Dones, nos ayude a discernir la Voluntad del Padre, a fortalecernos contra las asechanzas del enemigo, a liberarnos de nuestros pecados personales y habituales (el justo peca 7 veces por día, dice Jesús) y, sobre todo, nos alienta a seguir en el camino de la Santidad viviendo la perfección del Amor a Dios y a los hermanos, para que podamos llegar a ser verdaderos discípulos de Jesús: “en la medida en que se amen unos a otros verán que sois mis discípulos”.
No podemos construir nuestra vida cristiana, nuestra vida de familia, de comunidad cristiana, de Iglesia sin la ayuda constante del Espíritu Santo. Por eso debemos invocarlo ¡Ven Espíritu Santo!
sábado, 22 de mayo de 2021
La unidad se manifiesta en la pluralidad
De los Sermones de un autor africano del siglo sexto
Los apóstoles se pusieron a hablar en todas las lenguas.
Así quiso Dios, por aquel entonces, significar la presencia del Espíritu Santo,
haciendo que todo el que lo recibía hablase en todas las lenguas. Hay que
entender, queridos hermanos, que se trata del Espíritu Santo por el cual el amor
de Dios se derrama en nuestros corazones.
Y, ya que el amor había de congregar a la Iglesia de Dios, extendida
por todo el orbe de la tierra, del mismo modo que entonces cada persona que recibía el
Espíritu Santo podía hablar en todas las lenguas, así ahora la unidad de la Iglesia,
congregada por el Espíritu Santo, se manifiesta en la pluralidad de lenguas.
Por tanto, si alguien nos dice: «Has recibido el Espíritu Santo, ¿por qué no
hablas en todas las lenguas?», debemos responderle: «Hablo ciertamente en todas las
lenguas, ya que pertenezco al cuerpo de Cristo, esto es, a la Iglesia, que habla en todas
las lenguas. Lo que Dios quiso entonces significar por la presencia del Espíritu era que
la Iglesia, en el futuro, hablaría en todas las lenguas.» De este modo se cumplió lo que
había prometido el Señor: Nadie echa el vino nuevo en odres viejos, sino que se ha de
echar en odres nuevos; así se conservan las dos cosas.
Con razón algunos, al oír que los apóstoles hablaban en todas las lenguas,
decían: Están llenos de mosto. Es que se habían convertido ya en odres nuevos,
renovados por la gracia santificadora, para que, llenos del vino nuevo, esto es, del
Espíritu Santo, hablaran llenos de ardor en todas las lenguas, prefigurando así, por
aquel evidentísimo milagro, la catolicidad de la Iglesia, que había de abarcar a los
hombres de toda lengua.
Celebrad, pues, este día, conscientes de que sois miembros del único cuerpo
de Cristo. No lo celebraréis en vano, si procuráis ser lo que celebráis, viviendo unidos
a la Iglesia, a la cual el Señor, llenándola del Espíritu Santo, reconoce como suya, a
medida que se va esparciendo por todo el mundo, Iglesia que, a su vez, lo reconoce a él
como su Señor. Como el esposo no abandona a su propia esposa ni admite que sea sustituida
por otra. A vosotros, hombres de todas las naciones, que sois miembros de Cristo, que
constituís el cuerpo de Cristo, la Iglesia de Cristo, la esposa de Cristo, os dice el
Apóstol: Sobrellevaos mutuamente con amor; esforzaos por mantener la unidad del Espíritu,
con el vinculo de la paz.
Fijaos que al precepto de la mutua tolerancia añade la mención del amor, y
cuando habla de la solicitud por la unidad hace referencia al vínculo de la paz. Tal ha de
ser la casa de Dios, edificada con piedras vivas, para que el padre de familia se complazca
en habitar en ella, y sus ojos no tengan que contemplar con disgusto su división y su ruina.
viernes, 21 de mayo de 2021
Me amas?
jueves, 20 de mayo de 2021
Que sean UNO para que el mundo crea
miércoles, 19 de mayo de 2021
Tener cuidado conmigo mismo
martes, 18 de mayo de 2021
La acción del Espíritu Santo
Del Libro de san Basilio Magno, obispo, Sobre el Espíritu Santo
¿Quién, habiendo oído los nombres que se dan al Espíritu, no
siente levantado su ánimo y no eleva su pensamiento hacia la naturaleza divina?
Ya que es llamado Espíritu de Dios y Espíritu de verdad que procede del Padre;
Espíritu firme, Espíritu generoso, Espíritu Santo son sus apelativos propios y
peculiares.
Hacia él dirigen su mirada todos los que sienten necesidad de
santificación; hacia él tiende el deseo de todos los que llevan una vida
virtuosa, y su soplo es para ellos a manera de riego que los ayuda en la
consecución de su fin propio y natural.
Fuente de santificación, luz de nuestra inteligencia, él es
quien da, de sí mismo, una especie de claridad a nuestra razón natural, para que
conozca la verdad.
Inaccesible por su naturaleza, se hace accesible por su
bondad; todo lo llena con su poder, pero se comunica solamente a los que son
dignos de ello, y no a todos en la misma medida, sino que distribuye sus dones a
proporción de la fe de cada uno.
Simple en su naturaleza, diverso en su virtualidad, está
presente todo él en cada uno, sin dejar de estar todo él en todas partes. De tal
manera se divide, que en nada queda disminuido; todos participan de él, aunque
él permanece intacto, a la manera del rayo de sol, del que cada uno se beneficia
como si fuera para él solo y, con todo, ilumina la tierra y el mar y se mezcla
con el aire.
Así también el Espíritu Santo está presente en cada uno de
los que son capaces de recibirlo, como si estuviera en él solo, infundiendo a
todos la totalidad de la gracia que necesitan. Gozan de su posesión todos los
que de él participan, en la medida en que lo permite la disposición de cada uno,
pero no en la medida del poder del mismo Espíritu.
Por él. los corazones son elevados hacia lo alto, los débiles
son llevados de la mano, los que ya van progresando llegan a la perfección;
iluminando a los que están limpios de toda mancha, los hace espirituales por la
comunión con él.
Y, del mismo modo que los cuerpos límpidos y transparentes,
cuando les da un rayo de luz, se vuelven brillantes en gran manera y despiden un
nuevo fulgor, así las almas portadoras del Espíritu y por él iluminadas se hacen
ellas también espirituales e irradian a los demás su gracia.
De ahí procede el conocimiento de las cosas futuras, la inteligencia
de los misterios, la comprensión de las cosas ocultas, la distribución de dones,
el trato celestial. la unión con los coros angélicos; de ahí deriva el gozo que no
termina, la perseverancia en Dios, la semejanza con Dios y, lo más sublime que
imaginarse pueda, nuestra propia deificación.
lunes, 17 de mayo de 2021
El agua viva del Espíritu Santo
De las Catequesis de san Cirilo de Jerusalén, obispo
El agua que yo le dé se convertirá en él en manantial de
agua viva, que brota para comunicar vida eterna. Se nos habla aquí de un
nuevo género de agua, un agua viva y que brota; pero que brota sólo sobre los
que son dignos de ella. Mas, ¿por qué el Señor da el nombre de agua a la gracia
del Espíritu? Porque el agua es condición necesaria para la pervivencia de todas
las cosas, porque el agua es el origen de las plantas y de los seres vivos,
porque el agua de la lluvia baja del cielo, porque, deslizándose en un curso
siempre igual, produce efectos diferentes. Diversa es, en efecto, su virtualidad
en una palmera o en una vid, aunque en todos es ella quien lo hace todo; ella es
siempre la misma, en cualquiera de sus manifestaciones, pues la lluvia, aunque
cae siempre del mismo modo, se acomoda a la estructura de los seres que la
reciben, dando a cada uno de ellos lo que necesitan.
De manera semejante, el Espíritu Santo, siendo uno solo y siempre
el mismo e indivisible, reparte a cada uno sus gracias según su beneplácito.
Y del mismo modo que el árbol seco, al recibir el agua, germina, así también el
alma pecadora. al recibir del Espíritu Santo el don del arrepentimiento, produce
frutos de justicia. Siendo él, pues, siempre igual y el mismo, produce diversos
efectos. según el beneplácito de Dios y en el nombre de Cristo.
En efecto, se sirve de la lengua de uno para comunicar la sabiduría;
a otro le ilumina la mente con el don de profecía; a éste le da el poder de
ahuyentar los demonios; a aquél le concede el don de interpretar las Escrituras.
A uno lo confirma en la temperancia; a otro lo instruye en lo pertinente a la
misericordia; a éste le enseña a ayunar y a soportar el esfuerzo de la vida
ascética; a aquél a despreciar las cosas corporales; a otro más lo hace apto para
el martirio. Así, se manifiesta diverso en cada uno, permaneciendo él siempre igual
en sí mismo, tal como está escrito: A cada uno se le otorga la manifestación del
Espíritu para común utilidad.
Su actuación en el alma es suave y apacible, su experiencia es
agradable y placentera y su yugo es levísimo. Su venida va precedida de los rayos
brillantes de su luz y de su ciencia. Viene con la bondad de genuino protector;
pues viene a salvar, a curar, a enseñar, a aconsejar, a fortalecer, a consolar, a
iluminar, en primer lugar, la mente del que lo recibe y, después, por las obras de
éste, la mente de los demás.
Y, del mismo modo que el que se hallaba en tinieblas, al salir el sol,
recibe su luz en los ojos del cuerpo y contempla con toda claridad lo que antes no veía,
así también al que es hallado digno del don del Espíritu Santo se le ilumina el alma y,
levantado por encima de su razón natural, ve lo que antes ignoraba.
domingo, 16 de mayo de 2021
Nuestra misión
En aquel tiempo, se apareció Jesús a los once y les dijo:
«ld al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación”.
Antes de ascender a los Cielos, Jesús le dejó a los apóstoles y a los discípulos una misión: llevar el evangelio a todo el mundo. Una misión que ha llegado hasta nosotros, porque, como ellos, hemos sido llamados y hemos respondido al llamado de Jesús. Y, seguirlo a Jesús implica una gran responsabilidad, pues somos sus discípulos y apóstoles, y como aquellos que lo vieron ascender a los Cielos, también nosotros tenemos la misma misión: llevar el Evangelio a todos los hombres, de todo el mundo.
Porque nadie puede conocer a Cristo si no se lo predica, y nadie puede predicarlo si no lo conoce, y nadie lo puede conocer si no ha sido elegido para seguirlo. Así es que nosotros, somos esos misioneros del siglo XXI que llevan, por todos lados, la alegría del Evangelio, la alegría de creer, la alegría de sabernos llamados y elegidos para ser discípulos y misioneros de una Vida que es Camino y Verdad.
Claro que no es una tarea fácil, no lo fue para ellos, no lo será para nosotros, pero debemos tener el valor y la confianza, para saber que no es imposible si lo hacemos con Dios en el corazón. Valor porque vivimos en un mundo que, cada día, quiere dejar más de lado a Dios y, sobre todo, hacer desaparecer a quienes lo viven y predican; y confianza en la Providencia, para saber que Dios nunca dejará de acompañar nuestro caminar, si lo hacemos buscando su Voluntad.
Por eso es necesario que nuestra relación con el Señor de la Vida sea constante, que nuestro encuentro con Su Palabra sea perseverante y que siempre estemos alimentados con el Pan de la Vida, para poder creer y predicar lo que vivimos.
sábado, 15 de mayo de 2021
Esperad con paciencia
viernes, 14 de mayo de 2021
Para ser apóstol
jueves, 13 de mayo de 2021
La Ascensión alimenta nuestra fe
De los Sermones de san León Magno, papa
Así como en la solemnidad de Pascua la resurrección del Señor
fue para nosotros causa de alegría, así también ahora su ascensión al cielo nos
es un nuevo motivo de gozo, al recordar y celebrar litúrgicamente el día en que
la pequeñez de nuestra naturaleza fue elevada, en Cristo, por encima de todos
los ejércitos celestiales, de todas las categorías de ángeles, de toda la
sublimidad de las potestades, hasta compartir el trono de Dios Padre. Hemos sido
establecidos y edificados por este modo di' obrar divino, para que la gracia de
Dios se manifestara más admirablemente, y así, a pesar de haber sido apartada de
la vista de los hombres la presencia visible del Señor, por la cual se
alimentaba el respeto de ellos hacia él, la fe se mantuviera firme, la esperanza
inconmovible y el amor encendido.
En esto consiste, en efecto, el vigor de los espíritu
verdaderamente grandes, esto es lo que realiza la luz d la fe en las almas
verdaderamente fieles: creer sin vacilación lo que no ven nuestros ojos, tener
fijo el deseo en lo que no puede alcanzar nuestra mirada. ¿Cómo podría nacer
esta piedad en nuestros corazones, o cómo podríamos ser justificados por la fe,
si nuestra salvación consistiera tan sólo en lo que nos es dado ver?
Así, todas las cosas referentes a nuestro Redentor que antes
eran visibles, han pasado a ser ritos sacramentales; y, para que nuestra fe
fuese más firme y valiosa, la visión ha sido sustituida por la instrucción, de
modo que, en. adelante, nuestros corazones, iluminados por la luz celestial,
deben apoyarse en ésta instrucción.
Esta fe, aumentada por la ascensión del Señor y fortalecida
con el don del Espíritu Santo, ya no se amilana por las cadenas, la cárcel, el
destierro, el hambre, el fuego, las fieras ni los refinados tormentos de los
crueles perseguidores. Hombres y mujeres, niños y frágiles doncellas han
luchado, en todo el mundo, por esta fe. hasta derramar su sangre. Esta fe
ahuyenta a los demonios, aleja las enfermedades, resucita a los muertos.
Por esto los mismos apóstoles, que, a pesar de los milagros
que habían contemplado y de las enseñanzas que habían recibido, se acobardaron
ante las atrocidades de la pasión del Señor y se mostraron reacios en admitir el
hecho de su resurrección, recibieron un progreso espiritual tan grande de la
ascensión del Señor, que todo lo que antes les era motivo de temor se les
convirtió en motivo de gozo. Es que su espíritu estaba ahora totalmente elevado
por la contemplación de la divinidad, del que está sentado a la derecha del
Padre; y al no ver el cuerpo del Señor podían comprender con mayor claridad que
aquél no había dejado al Padre, al bajar a la tierra, no había abandonado a sus
discípulos, al subir al cielo.
Entonces, amadísimos hermanos, el Hijo del hombre se mostró,
de un modo más excelente y sagrado, como Hijo de Dios, al ser recibido en la
gloria de la majestad del Padre, y, al alejarse de nosotros por su humanidad,
comenzó a estar presente entre nosotros de un modo nuevo e inefable por su
divinidad.
Entonces nuestra fe comenzó a adquirir un mayor y progresivo
conocimiento de la igualdad del Hijo con el Padre, y a no necesitar de la
presencia palpable de la substancia corpórea de Cristo, según la cual es
inferior al Padre; pues, subsistiendo la naturaleza del cuerpo glorificado de
Cristo, la fe de los creyentes es llamada allí donde podrá tocar al Hijo único,
igual al Padre, no ya con la mano, sino mediante el conocimiento espiritual.
miércoles, 12 de mayo de 2021
Vivir en Dios
martes, 11 de mayo de 2021
Cree en el Señor
lunes, 10 de mayo de 2021
El Espíritu Santo nos renueva
Del Tratado de Dídimo de Alejandría, Sobre la Santísima Trinidad
El Espíritu Santo, en cuanto que es Dios, junto con el Padre y el Hijo, nos
renueva en el bautismo y nos retorna de nuestro estado deforme a nuestra
primitiva hermosura, llenándonos de su gracia, de manera que ya nada nos queda
por desear; nos libra del pecado y de la muerte;
nos convierte de terrenales, esto es, salidos de la tierra y del polvo, en
espirituales; nos hace partícipes de la gloria divina, hijos y herederos de Dios
Padre, conformes a la imagen del Hijo, coherederos y hermanos de éste. para ser
glorificados y reinar con él; en vez de la tierra nos da el cielo y nos abre
generosamente las puertas del paraíso, honrándonos más que a los mismos ángeles;
y con las aguas sagradas de la piscina bautismal apaga el gran fuego
inextinguible del infierno.
Hay en el hombre un doble nacimiento, uno natural, otro del Espíritu divino.
Acerca de uno y otro escribieron los autores sagrados. Yo voy a citar el nombre de cada uno
de ellos, así como su doctrina.
Juan: A cuantos lo recibieron, a los que creen en su nombre, dio poder de
llegar a ser hijos de Dios, los cuales traen su origen no de la sangre ni del deseo carnal
ni de la voluntad del hombre, sino del mismo Dios. Todos los que creen en Cristo, afirma,
han recibido el poder de llegar a ser hijos de Dios, esto es, del Espíritu Santo, y de llegar
a ser del mismo linaje de Dios. Y, para demostrar que este Dios que nos engendra es el Espíritu
Santo, añade estas palabras de Cristo en persona: Te aseguro que el que no nazca de agua y
de Espíritu no puede entrar en el reino de Dios.
La piscina bautismal, en efecto, da a luz de manera visible al cuerpo visible de
la Iglesia, por el ministerio de los sacerdotes; pero el Espíritu de Dios, invisible a todo ser
racional, bautiza espiritualmente en sí mismo y regenera, por ministerio de los ángeles, nuestro
cuerpo y nuestra alma.
Juan el Bautista, en relación con aquella expresión: De agua y de Espíritu,
dice, refiriéndose a Cristo: Él os bautizará con el Espíritu Santo y con fuego.
Ya que nosotros somos como una vasija de barro, por eso necesitamos en primer lugar ser
purificados por el agua, después ser fortalecidos y perfeccionados por el fuego espiritual (Dios,
en efecto, es un fuego devorador); y, así, necesitamos del Espíritu Santo para nuestra perfección
y renovación, ya que este fuego espiritual es también capaz de regar, y esta agua espiritual es
capaz de fundir como el fuego.