miércoles, 31 de marzo de 2021

El espejo de la verdad

"Entonces preguntó Judas, el que lo iba a entregar:
- «¿Soy yo acaso, Maestro?»
Él respondió: - «Tú lo has dicho».
La verdad, la veracidad, no tiene que ser sólo para los demás, sino, también, para uno mismo. Cada uno de nosotros somos conscientes de lo que hacemos, aunque lo hagamos sin conciencia, pero sabemos qué estamos haciendo en cada momento de nuestras vidas, y, sobre todo, sabemos qué estamos pensando en todo momento. Por eso no hace falta que preguntemos a alguien ¿seré yo? Porque tengo que acostumbrarme a analizar mi conducta y mi forma de ser, pues esas cosas son las que hablan de mí, no sólo las buenas intenciones que, generalmente, no son las que más ponemos en práctica, aunque sí las usamos para excusarnos de haber actuado mal: pero mi intención era buena... y eso también era mentira.
"Solo la verdad os hará libres", y esa verdad es, sobre todo, hacia mí. Ser veraz conmigo mismo, aunque me duela, pero tengo que aceptar quién y cómo soy, y, también, lo que Dios quiere que sea y para lo que me ha llamado, cuál es mi misión. Pero si no acepto lo que soy, y me niego a aceptarlo, y vivo en una mentira conmigo mismo, entonces no podré nunca hacer lo que Dios me pide, pues Dios cuenta conmigo para hacer maravillas. Pero si yo mismo no estoy para mí ¿cómo Dios podrá hacer algo conmigo?
Es cierto que hay cosas que he vivido y no quisiera recordarlas, pero son parte de mi vida, y, aunque quisiera, no voy a poderlas quitar de mi memoria. Las tengo que asumir sabiendo que esa parte "oscura" de mi vida vida es mía, y que, aunque le echara la culpa a otra persona, he sido yo quién ha actuado y ha obrado. Por eso tengo que asumir que no siempre he actuado como debería y que, a pesar de todo, también el pecado forma parte de mi vida.
Cuando somos capaces de reconocernos tal y cual somos, entonces sí Dios podrá trabajar conmigo, porque no tendrá obstáculos y Él irá perfeccionando la obra de sus manos, que soy yo. Me irá indicando el Camino a seguir para que pueda alcanzar la meta que Él soñó para mí, y, en el camino se irá manifestando a los hombres a través de mi vida.
Pero cuando no nos dejamos modelar por Dios, solamente nos ponemos una máscara de lo que deberíamos ser, hasta que llega el momento que se termina el carnaval y la máscara se cae, y sale al descubierto mi verdadero rostro. Una vida que no me gusta ni le gusta a la gente, porque no dice lo que mis labios dicen.
Así, cuando en el espejo de la verdad me veo reflejado puedo entregarle al Padre todo lo que no me gusta y dejar que Él lo transforme, pero haciéndome cargo de que cada acto fue una decisión mía, y no fue culpa de otros. Así podré ofrecerle en el altar del sacrificio todo lo que no soy, y darle para que trabaje todo lo que soy y lo que Él quiere que sea. Limpiar mi vida de las máscaras que he comprado y que he usado, para que con el rostro limpio y luminosa por la Gracia recibida manifieste al mundo la alegría de la conversión, la alegría de creer que Él es mi Padre y que hace maravillas con quien se dejar conducir por Sus Manos.

 

martes, 30 de marzo de 2021

Piensa, luego habla

"Simón Pedro le dijo:
- «Señor, ¿a dónde vas?».
Jesús le respondió:
- «Adonde yo voy no me puedes seguir ahora, me seguirás más tarde».
Pedro replicó:
- «Señor, ¿por qué no puedo seguirte ahora? Daré mi vida por ti».
Jesús le contestó:
- «¿Con que darás tu vida por mí? En verdad, en verdad te digo: no cantará el gallo antes de que me hayas negado tres veces».
Pedro siempre impetuoso y decidido hablaba sin pensar, lo que pronto le venía a la cabeza lo decía, pero no se ponía a pensar lo que decía. Seguramente que su intención era muy buena, su deseo de estar con Jesús era lo que motivaba su respuesta, pero aún no tenía fuerte el espíritu para soportar lo que vendría. Y al escribir esto me acuerdo de la respuesta de Jesús a la madre y a los hijos de Zebedeo, Juan y Santiago: "no sabéis lo que pedis ¿podréis beber el cáliz que yo beberé?"
El dejarnos llevar por los impulsos de los sentimientos, o por los arranques del temperamente, sin ponernos a pensar qué es lo que vamos a decir o en qué momentos vamos a decir las cosas, nos puede poner en situaciones difíciles o, seguramente, hacer daño a alguna persona. Claro que todo tiene solución si nuestro corazón es humilde y sincero, porque siempre tendremos tiempo de rectificar y pedir perdón o disculpas por lo que dijimos o hicimos. Pero no siempre podremos detener lo que hemos hecho o dicho, o no siempre podremos subsanar el error cometido o el daño causado.
Y vuelve a mi cabeza un refrán que, muchas veces, he repetido: antes de poner la lengua en movimiento pon tu cerebro en funcionamiento. Porque nuestra lengua, si no está unida a nuestro cerebro, y éste a la virtud de la prudencia, de la verdad, y, sobre todo, del amor fraterno, seguramente, hará mucho daño, y me hará hacer promesas o juramentos que después no podré cumplir.
Pedro, le juró al Señor que jamás lo negaría y que iría con él hasta la muerte, pero a las pocas horas lo negó tres veces y no lo acompañó hasta el calvario. Había hablado de más, y se había puesto delante de los otros como el más fuerte y seguro, y, sin embargo, no estaba su espíritu tan firme y fuerte como para hacer frente a lo que vendría. No podría resistir ante la presión y el miedo de la muerte.
Claro es que, muchas veces, ante situaciones parecidas escuchamos: es que soy así... no puedo cambiar... si no te gusta... Pedro pudo cambiar, cuando recibió la gracia del Espíritu Santo pudo hacer realidad su promesa de seguir al Señor hasta la muerte y muerte en cruz, pero hasta que no tuvo la fuerza del Espíritu, hasta que no maduró en su fe no pudo vivir lo que realmente tenía que vivir.
Siempre hay tiempo para cambiar, si realmente lo deseamos tenemos que buscar los medios para modificar nuestro temperamento, para saber pensar antes de hablar, para vivir en la verdad, para saber pedir disculpas o perdón, pero, por sobre todo, para aprender a ser prudente y vivir el amor fraterno.

 

lunes, 29 de marzo de 2021

Los últimos días

"Seis días antes de la Pascua, fue Jesús a Betania, donde vivía Lázaro, a quien había resucitado de entre los muertos. Allí le ofrecieron una cena; Marta servía, y Lázaro era uno de los que estaban con él a la mesa".
Jesús ya sabía que había llegado su Hora, sabía que en unos días sería entregado en las manos de los Sumos Sacerdotes y ancianos del pueblo, sería condenado y clavado en la Cruz. Sabía que se acercaba su Pasión y su corazón estaba con una angustia de muerte.
¿Qué haríamos nosotros si supiéramos que nos quedan pocos días de vida en este mundo?
Jesús subió a la casa de sus amigos, con sus discípulos, a compartir los ultimos días y las últimas horas con sus mejjores afectos.
A veces, en las películas modernas sale que las personas cuando se enteran que les queda poco tiempo de vida, comienzan a vivir lo que nunca habían vivido, a hacer lo que nunca habían hecho, como si lo que nunca hicieron fuera una frustración en sus vidas y quieren "gastar" lo que les queda en una "vida loca".
Jesús sabiendo que había llegado la Hora, se preocupó y ocupó de seguir con el mismo Plan del Padre, y lo que, para Él, era su plan de vida y su ideal de vida: hacer la Voluntad del Padre. Y, sobre todo, seguir con su misión de anunciar el Reino, y dar a conocer lo que nadia sabía acerca del Padre Dios.
Por eso lo que hizo fue estar con sus amigos, con sus más queridos amigos y sus discípulos, pues así había sido su vida, y no tenía nada que buscar, pues todo lo había realizado según el Plan del Padre, y eso le daba plenitud a su vida. Por eso no tenía que utilizar los últimos días para gastarlos en cosas que nunca había realiado, porque no se sentía fracasado.
Aunque, ha decir verdad, para muchos su vida había sido un fracso y, sobre todo, cuando lo ven morir en la Cruz, todo se desarma: la esperanza, la gloria... Pero eso sólo lo ven aquellos que nunca entendieron lo que había predicado, y nunca abrieron el corazón a la Verdad de la Vida, pues viviendo en la Voluntad de Dios, Él llegó a la plenitud de su Vida.
Así nos enseña que, aunque tengamos un aviso de que son pocos los días que nos quedan, no nos preocupemos ni nos esforcemos en hacer lo que no debemos, pues lo que hemos realizado en nuestra vida, si lo hemos hecho de acuerdo a la Voluntad del Padre, como dice san Pablo, hemos alcanzado la meta, y, lo importante es no perder la fe en Su Providencia y Amor, pues Él saber y conoce lo que anhela nuestro corazón. Y, los últimos días, vivirlos con serenidad con aquellos que pueden llenar nuestro corazón de amor y paz.

 

domingo, 28 de marzo de 2021

Solo un sentimiento?

Viernes de Dolores, Domingo de Ramos. Comenzamos una nueva Semana Santa, una nueva y diferente Semana Santa. El año pasado la tuvimos que vivir, cada uno, desde sus propias casas compartiendo las celebraciones desde un móvil o una TV, este año las viviremos en cada templo, pero sin las procesiones que llenan nuestras calles y corazones.

Una Semana Santa diferente que viviremos, especialmente, desde el corazón, desde la contemplación profunda del Misterio del Amor de Dios por los hombres, por nosotros, por mí y por ti, que es la mejor y la mayor de las formas para poder introducirnos de lleno en el Misterio del Amor.

El silencio de estos días nos llevará a meditar, a reflexionar y acompañar, en una procesión interna, cada uno de los pasos que dio Jesús en obediencia a la Voluntad del Padre, para la salvación de los hombres. Una procesión que nos llevará, quizás, a una sana reflexión acerca de nuestro vivir cristiano, de nuestro compromiso y fidelidad con el Amor de Dios. Sí, como alguna vez he repetido, tomado de un amigo: una procesión difícil y muy complicada, la que va de la cabeza al corazón, de lo intelectual a lo vivencial; porque, muchas veces, sabemos muchas cosas, pero no son las que vivimos.

No siempre, pero en lo general, nos quedamos, en la Semana Santa, con un espectáculo sentimental viendo cómo pasan por delante de nuestros ojos los Pasos de Semana Santa, quizás se nos caiga una lágrima o nos sensibilice el corazón, pero una vez que pasó el Paso, volvemos a la misma rutina de olvidarnos de Dios y de dejarnos llevar más por las ideas del mundo que por la Palabra de Dios.

Y, sabiendo que Dios siempre escribe derecho con renglones torcidos, tenemos que tomar lo bueno de estos tiempos que vivimos, para volver a refrescarnos, no la mente, sino el corazón, sabiendo que cuando nos decimos cristianos es porque estamos decididos a vivir como Cristo, y no sólo a vivir la gloria de la pascua, sino a aceptar cada uno de los pasos de la obediencia y fidelidad a la Voluntad del Padre, hasta la muerte y muerte en Cruz, para, alcanzar, con su resurrección, nuestra santidad.


sábado, 27 de marzo de 2021

Participar en la Pascua

De las Disertaciones de san Gregorio de Nacianzo, obispo

    Es verdad que ahora celebraremos la Pascua todavía sacramentalmente; sin embargo, lo haremos ya con un conocimiento más claro que en la antigua ley (ya que la Pascua de la ley antigua era -no tengo reparo en decirlo- una figura más oscura que lo que representaba), y de aquí a poco la celebraremos de un modo más puro y perfecto, a saber: cuando aquel que es la Palabra beba con nosotros el vino nuevo en el reino de su Padre, dándonos la plena y clara inteligencia de lo que aquí nos enseñó de un modo más restringido. Decimos «nuevo», pues siempre resulta nuevo lo que se llega a comprender de una manera diferente.
    Y ¿en qué consiste esa bebida y esa manera nueva de percibir? Eso es lo que toca a él enseñar a sus discípulos, y a nosotros aprenderlo. Y la doctrina de aquel que alimenta es también alimento.
    Celebremos, pues, ahora también nosotros lo mismo que celebraba la ley antigua, pero no en un sentido literal, sino evangélico; de una manera perfecta, no imperfecta; de un modo eterno, no temporal. Sea nuestra capital no la Jerusalén terrena, sino la metrópoli celestial; quiero decir, no ésta que es ahora hollada por los ejércitos, sino la que es ensalzada por las alabanzas y encomios angélicos.
    Inmolemos no ya terneros y machos cabríos, que es cosa ya caducada y sin sentido, sino el sacrificio de alabanza, ofrecido a Dios en el altar del cielo, junto con los coros celestiales. Atravesemos el primer velo, no nos detengamos ante el segundo, contemplemos de lleno el santuario. y diré más todavía: inmolémonos nosotros mismos a Dios, inmolemos cada día nuestra persona y toda nuestra actividad, imitemos la pasión de Cristo con nuestros propios padecimientos, honremos su sangre con nuestra propia sangre, subamos con denuedo a la cruz.
    Si quieres imitar a Simón de Cirene, toma la cruz y sigue al Señor.
    Si quieres imitar al buen ladrón crucificado con él, reconoce honradamente su divinidad; y así como entonces Cristo fue contado entre los malhechores, por ti y por tus pecados, así tú ahora, por él, serás contado entre los justos. Adora al que por amor a ti pende de la cruz y, crucificándote tú también, procura recibir algún provecho de tu misma culpa; compra la salvación con la muerte; entra con Jesús en el paraíso, para que comprendas de qué bienes te habías privado. Contempla todas aquellas bellezas; deja fuera, muerto, lo que hay en ti de murmurador y blasfemo.
    Si quieres imitar a José de Arimatea, pide el cuerpo a aquel que lo mandó crucificar; haz tuya la víctima expiatoria del mundo.
    Si quieres imitar a Nicodemo, el que fue a Jesús de noche, unge a Jesús con aromas, como lo ungió él para honrado en su sepultura.
    Si quieres imitar a María, a la otra María, a Salomé y a Juana, ve de madrugada a llorar junto al sepulcro, y haz de manera que, quitada la piedra del monumento, puedas ver a los ángeles y aun al mismo Jesús.

viernes, 26 de marzo de 2021

Encontrar la paja en el ojo ajeno

"En aquel tiempo, los judíos agarraron piedras para apedrear a Jesús.
Él les replicó: «Os he hecho ver muchas obras buenas por encargo de mi Padre: ¿por cuál de ellas me apedreáis?».
Los judíos le contestaron: «No te apedreamos por una obra buena, sino por una blasfemia: porque tú, siendo un hombre, te haces Dios».
Cuando queremos encontrar la paja en el ojo ajeno, no tenemos problema de encontrarla. Y cuando queremos ver el vaso medio vacío, tampoco. Es decir, cuando queremos ir en contra de alguien, vamos sin miedo y sin vergüenza, por que lo importante es hacerle daño a quien parece ser mejor que yo, o, simplemente, porque mi visión de las cosas es diferente y pareciera que molesta quien hace bien las cosas.
Es que somos tan compliciados los humanos. Si se nos da por ponernos a pensar mal de alguien, como se dice: no hay dios que me pare, y lo mismo al revés. Pero si a las palabras que dijera le pongo un espejo delante y las oriento hacia mí mismo... pensaría o diría lo mismo?
Es muy fácil criticar y lanzar al aire jucios destructivos hacia los demás. Es muy fácil, como hacen los programas rosas y los telediarios amarillentos, atacar a los demás y levantar comentarios no fundados en la verdad, en contra de los demás. Pero ¿cuando la verdad sale a la luz y se demuestra la inocencia del acusado alguien sale a "limpiar" su honor?
No, no somos capaces de reconocer nuestros errores y restablecer una comunicación seria y verdadera con quien he ofendido. Nos quedamos en "nuestros 13" y no decimos nada, como se dice: el tiempo hará lo suyo. Y nos quedamos tan tranquilos por que "algo habrá hecho".
Así le pasó a Jesús, la plebe se unió a las falsas acusaciones de los judíos y en el fervor del momentos, casi todos, se unieron sus voces para pedir su crucifixión. Y cuando resucitó quisieron tapar con la espada la verdad. Pero la Verdad no se deja matar, sino que siempre resucita.

 

jueves, 25 de marzo de 2021

El misterio de nuestra reconciliación

De las Cartas de san León Magno, papa
 
    La majestad asume la humildad, el poder la debilidad, la eternidad la mortalidad; y, para saldar la deuda contraída por nuestra condición pecadora, la naturaleza invulnerable se une a la naturaleza pasible; de este modo, tal como convenía para nuestro remedio, el único y mismo mediador entre Dios y los hombres, Cristo Jesús, hombre también él, pudo ser a la vez inmortal, por la conjunción en él de esta doble condición.
    El que es Dios verdadero nace como hombre verdadero, sin que falte nada a la integridad de su naturaleza humana, conservando la totalidad de la esencia que le es propia y asumiendo la totalidad de nuestra esencia humana. Y, al decir nuestra esencia humana, nos referimos a la que fue plasmada en nosotros por el Creador, y que él asume para restaurarla.
    Esta naturaleza nuestra quedó viciada cuando el hombre se dejó engañar por el maligno, pero ningún vestigio de este vicio original hallamos en la naturaleza asumida por el Salvador. Él, en efecto, aunque hizo suya nuestra misma debilidad, no por esto se hizo partícipe de nuestros pecados.
    Tomó la condición de esclavo, pero libre de la sordidez del pecado, ennobleciendo nuestra humanidad sin mermar su divinidad, porque aquel anonadamiento suyo -por el cual, él, que era invisible, se hizo visible, y él, que es el Creador y Señor de todas las cosas, quiso ser uno más entre los mortales- fue una dignación de su misericordia, no una falta de poder. Por tanto, el mismo que, permaneciendo en su condición divina, hizo al hombre es el mismo que se hace él mismo hombre, tomando la condición de esclavo.
    Y, así, el Hijo de Dios hace su entrada en la bajeza de este mundo, bajando desde el trono celestial, sin dejar la gloria que tiene junto al Padre, siendo engendrado en un nuevo orden de cosas.
    En un nuevo orden de cosas, porque el que era invisible por su naturaleza se hace visible en la nuestra, el que era inaccesible a nuestra mente quiso hacerse accesible, el que existía antes del tiempo empezó a existir en el tiempo, el Señor de todo el universo, velando la inmensidad de su majestad, asume la condición de esclavo, el Dios impasible e inmortal se digna hacerse hombre pasible y sujeto a las leyes de la muerte.
    El mismo que es Dios verdadero es también hombre verdadero, y en él, con toda verdad, se unen la pequeñez del hombre y la grandeza de Dios.
    Ni Dios sufre cambio alguno con esta dignación de su piedad, ni el hombre queda destruido al ser elevado a esta dignidad. Cada una de las dos naturalezas realiza sus actos propios en comunión con la otra, a saber, la Palabra realiza lo que es propio de la Palabra, y la carne lo que es propio de la carne.
    En cuanto que es la Palabra, brilla por sus milagros; en cuanto que es carne, sucumbe a las injurias. Y así como la Palabra retiene su gloria igual al Padre, así también su carne conserva la naturaleza propia de nuestra raza.
    La misma y única persona, no nos cansaremos de repetirlo, es verdaderamente Hijo de Dios y verdaderamente hijo del hombre. Es Dios, porque ya al comienzo de las cosas existía la Palabra, y la Palabra estaba con Dios y la Palabra era Dios; es hombre, porque la Palabra se hizo carne y puso su morada entre nosotros.

miércoles, 24 de marzo de 2021

La fuerza de la fe

 

"Sidrac, Misac y Abdénago contestaron al rey Nabucodonosor:
«A eso no tenemos por qué responder. Si nuestro Dios a quien veneramos puede librarnos del horno encendido, nos librará, oh rey, de tus manos. Y aunque no lo hiciera, que te conste, majestad, que no veneramos a tus dioses ni adoramos la estatua de oro que has erigido».
Hermosa respuesta es la que sale de los labios de los tres jóvenes: no adoran a Dios porque puede librarlos, sino lo adoran porque es Dios, y, por eso mismo, no se arrodillarán a adorar a nadie más, sólo a Dios, aunque eso les cueste la vida.
En este tiempo de cuaresma el Señor nos invita a profundizar en esta respueusta de los jóvenes, que, no sólo es para jóvenes, sino para todos los que decimos creer en Dios: ¿por qué creemos en Él? ¿Lo adoramos sólo a Él o tenemos otros dioses a quienes adoramos? ¿Seríamos capaces de responder como estos jóvenes en la misma situación?
No siempre tenemos esa respuesta en las situaciones de dolor y de cruz. Claro es que no tenemos otros dioses en nuestras vidas, pero cuando la "cosa se pone fea", vamos en buscar de otros dioses o renegamos del nuestro o le protestamos o nos alejamos de Él porque no hace lo que quiero, porque no me da lo que le pido.
Muchas veces digo y cuento que la primera vez, o una de las primeras veces, que hice un bautismo y le pregunté a los padres (como sugiere el rito bautismal): ¿qué vienen a pedir a la Iglesia para su hijo? Ellos contestaron (como hacían muchos): la salud, otros decían: que sea buenito; algunos: suerte, que le vaya bien, etc. etc. Pero a casi nadie le surgia la respuesta: el don de la Fe, o el bautismo...
Porque hemos concebido la religión como un seguro para que no nos pase nada, y si nos pasa algo, no cambiamos de religión; o si no nos gustan los curas, o si me he peleado con mi párroco, o... siempre hay una causa por la que me puedo alejar de Dios o dejar de creer en él.
En cambio, en la respuesta de los tres jóvenes del Antiguo Testamento nos ayudan a ver que creer en Dios va mucho más allá de lo que pueda o no pueda suceder, de lo que me conceda o deje de conceder. Creo en Él porque encuentro en Él la fuerza, la Gracia, la Verdad, la Vida. Creo en Él porque he llegado a conocerlo y amarlo y es Quien me muestra el Camino a recorrer en la vida, y anima y fortalece cada paso de mi vida, y, como dice el Salmo: "aunque camine por cañadas oscuras nada temeré".

martes, 23 de marzo de 2021

La Cruz, fuente de bendición y Gracia

De los Sermones de san León Magno, papa

    Nuestro entendimiento, iluminado por el Espíritu de la verdad, debe aceptar con corazón puro y libre la gloria de la cruz, que irradia sobre el cielo y la tierra, y penetrar con su mirada interior el sentido de las palabras del Señor, cuando habla de la inminencia de su pasión: Ya ha llegado la hora en que va a ser glorificado el Hijo del hombre. Y un poco más adelante: Ahora -dice- mi alma está agitada, y ¿qué vaya decir? ¿Padre, líbrame de esta hora? ¡Pero si precisamente para esto he llegado a esta hora! Padre, glorifica a tu Hijo. Y como llegase del cielo la voz del Padre, que decía: Lo he glorificado y lo glorificaré de nuevo, Jesús, dirigiéndose a los circunstantes, dijo: No por mí, sino por vosotros se ha dejado oír esta voz. Ahora viene la condenación de este mundo; ahora el señor de este mundo va a ser arrojado fuera. Y yo, cuando sea levantado en alto sobre la tierra, atraeré a todos hacia mí.
    ¡Oh admirable poder de la cruz! ¡Oh inefable gloria de la pasión! En ella se encuentra el tribunal del Señor, el juicio del mundo, el poder del crucificado.
    Atrajiste a todos hacia ti, Señor, a fin de que el culto de todas las naciones del orbe celebrara, mediante un sacramento pleno y manifiesto, lo que se realizaba en el templo de Judea sólo como sombra y figura.
    Ahora, en efecto, es más ilustre el orden de los levitas, más alta la dignidad de los ancianos, más sagrada la unción de los sacerdotes; porque tu cruz es la fuente de toda bendición, el origen de toda gracia; por ella, los creyentes reciben, de la debilidad, la fuerza, del oprobio, la gloria y, de la muerte, la vida. Ahora, asimismo, abolida la multiplicidad de los antiguos sacrificios, la única oblación de tu cuerpo y sangre lleva a su plenitud los diferentes sacrificios carnales; porque tú eres el verdadero Cordero de Dios, que quitas el pecado del mundo; y así, en tu persona, llevas a la perfección todos los misterios, para que todos los pueblos constituyan un solo reino, del mismo modo que todas las víctimas ceden el lugar al único sacrificio.
    Confesemos, pues, hermanos, lo que la voz del bienaventurado maestro de las naciones, el apóstol Pablo, confesó gloriosamente: Sentencia verdadera y digna de universal adhesión es ésta: Cristo Jesús vino al mundo para salvar a los pecadores.
    En efecto, tanto más admirable es la misericordia de Dios para con nosotros, cuanto que Cristo murió, no por los justos o los santos, sino por los pecadores y los injustos; y, como era imposible que la naturaleza divina experimentase el aguijón de la muerte, tomó, naciendo de nosotros, una naturaleza que pudiera ofrecer por nosotros.
    Ya mucho antes amenazaba a nuestra muerte con el poder de su propia muerte, diciendo por boca del profeta Oseas: Oh muerte, yo seré tu muerte; país de los muertos, yo seré tu aguijón. Al morir, en efecto, se sometió al peder del país de los muertos, pero lo destruyó con su resurrección; sucumbiendo al peso de una muerte que no hacía excepción, la convirtió de eterna en temporal. Porque lo mismo que en Adán todos mueren, en Cristo todos serán llamados de nuevo a la vida.

 

lunes, 22 de marzo de 2021

Si alguno, abogado tenemos ante el Padre

Del Comentario de san Juan Fisher, obispo y mártir, sobre los salmos

    Nuestro sumo sacerdote es Cristo Jesús y nuestro sacrificio es su cuerpo precioso, que él inmoló en el ara de la cruz por la salvación de todos los hombres.
    La sangre derramada por nuestra redención no era de terneros o de machos cabríos (como en la ley antigua), sino la del Cordero inmaculado, Cristo Jesús, nuestro salvador. El templo en que ofició nuestro sumo sacerdote no era hecho por mano de hombre, sino edificado únicamente por el poder de Dios. Y así, él derramó su sangre a la vista de todo el mundo; y el mundo es el templo construido por la sola mano de Dios.
    Este templo tiene dos partes: una es esta tierra que nosotros habitamos al presente, la otra nos es aún desconocida a nosotros, mortales.
    Primero, cuando sufrió la muerte dolorosísima, ofreció el sacrificio aquí en la tierra. Después, cuando revestido de la nueva inmortalidad penetró por su propia sangre en el santuario, esto es, en el cielo, presentó ante el trono del Padre aquella sangre de un valor inmenso, que había derramado abundantemente por todos los hombres, sujetos al pecado.
    Este sacrificio es tan acepto y agradable a Dios que, en el mismo instante en que lo mira, compadecido de nosotros, se ve forzado a otorgar su clemencia a todos los que se arrepienten de verdad.
    Es, además, un sacrificio eterno, ya que se ofrece no sólo cada año (como sucedía entre los judíos), sino cada día, más aún, cada hora y a cada momento, para que en él hallemos consuelo y alivio.
    Respecto de él, dice el Apóstol: Obteniendo una redención eterna, pues de este sagrado y eterno sacrificio se benefician todos aquellos que están verdaderamente contritos y arrepentidos de los pecados cometidos, los que tienen un decidido propósito de no reincidir en sus malas costumbres y perseverar con constancia en el camino de las virtudes que han emprendido.
    Lo cual expresa san Juan con estas palabras: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, el justo. Él es propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero.

domingo, 21 de marzo de 2021

El dolor de la fidelidad

“Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre».

Entonces vino una voz del cielo: «Lo he glorificado y volveré a glorificarlo».

Jesús como hijo de Dios, como Dios, conoce cuál es el Plan del Padre, sabe lo que va a venir, por eso, varias veces se lo dijo a los apóstoles, en varias oportunidades habló de Su Hora. Y esa Hora se aproxima, y, como hombre, siente la angustia de la muerte, el dolor de la Cruz, y por eso “su alma se agita”, se agita de pesar. Sí, como nos sucede a nosotros cuando nos enfrentamos a nuestras cruces, cuando en un momento de la vida se nos presenta una situación de dolor o de muerte, y nos parece haber perdido la fe, la esperanza, y surgen muchas preguntas y rebeldías. Jesús también las siente y las sufre, pero su respuesta ante el dolor de la Cruz, es muy diferente a la que, muchas veces, damos nosotros:

“Ahora mi alma está agitada, y ¿qué diré?: Padre, líbrame de esta hora. Pero si por esto he venido, para esta hora. Padre, glorifica tu nombre”.

Una aceptación incondicional a la Voluntad de Dios. Conoce el cómo y el cuando, pero eso no le impide seguir siendo Fiel, hasta en el momento más duro del Huerto de los Olivos, nos habla de fidelidad a la Voluntad de Dios: “pero que no se haga mi voluntad sino la Tuya”.

No, no es fácil aceptar la Cruz, pero no es imposible para los que nos dejamos conducir por Dios, pues Él mismo se hace nuestro Cirineo y nos da la fortaleza, como se la dio a Su Hijo, para poder cargarla hasta el final del Camino.

Seguramente en el Camino nos tropezaremos y caeremos más de una vez, pero siempre tendremos Su Mano extendida para poder levantarnos y seguir recorriendo ese Camino y no otro, pues otro Camino no lleva a la misma plenitud, sino sólo el Camino que Él pensó para nosotros desde antes de la creación del mundo


sábado, 20 de marzo de 2021

El Camino y la Verdad

"Los guardias respondieron: «Jamás ha hablado nadie como ese hombre».
Los fariseos les replicaron; «¿También vosotros os habéis dejado embaucar? ¿Hay algún jefe o fariseo que haya creído en él? Esa gente que no entiende de la Ley son unos malditos».
A veces nos creemos tan dueños de la verdad que cuando alguien acepta algo diferente a lo nuestro ya los catalogamos como malditos, como tontos, como inútiles... o simplemente, como hicieron los doctores de la ley, vamos tras ellos para hacerlos desaparecer. ¿Qué es la Verdad? ¿Cuál es la Verdad?
Cada quien tiene su propia religión, y en cada religión hay una verdad. Lo importante no es saber cuál de todas tiene la Verdad, sino aprender a respetar lo que cada uno quiere vivir como verdad.
Para nosotros, los cristianos, sabemos Quién es la Verdad: "Yo el Camino, la Verdad, y la Vida", nos dijo el Señor. Y a esa Verdad tenemos que adherir con todo nuestro ser y nuestro entendimiento. Y nuestra vida tiene que ser coherente con esa Verdad, pero no podemos ir atacando a quienes adhieren a otra verdad, a otros ideales. No se puede seguir crucificando a gente que no piensa como yo, o no vive lo que yo quiero vivir. Sino que el valor de la tolerancia y el respeto tiene que estar por encima de toda religión e ideología.
Hoy muchos son los que se proclaman dueños de derechos, y dueños de la libertad, y dueños de la tolerancia, y dueños del respeto... pero no dejan a los demás su libertad, no los dejan ejercer sus derechos, ni los respetan y tampoco los toleran. Hay una violencia tan brutal en la vida del mundo, que creemos que con la violencia podemos llegar a imponer la verdad que creemos. Y no... No es así. La violencia sólo engendra violencia, y en la violencia ya no podemos hablar de que se están respetando los derechos de nadie, pues los violentos destrozan los derechos de los demás.
Pero no nos quedemos sólo en los violentos, sino que también están aquellos que desde su "sabiduría" van desprestigiando a todos aquellos que no "saben" como ellos.
"Ellos le replicaron:
«¿También tú eres galileo? Estudia y verás que de Galilea no salen profetas".
Creemos que nuestra sabiduría es mayor que la de Dios, y "no puede salir nada bueno de Galilea", sin embargo, Jesús le decía a esos mismos: "si haceís callar a éstos, gritarán las piedras". Cuando nos creemos más sabios, más justos, más santos que los demás, es porque la vanidad y la soberbia se han apoderado de nuestro corazón, y ahí es cuando nos damos cuenta que nada sirve de nuestros juicios y prejuicios, pues no le hemos dejado lugar a Dios para que nos ayude a ver el Camino, la Verdad y la Vida.

 

viernes, 19 de marzo de 2021

Fiel cuidador y guardian

De los Sermones de san Bernardino de Siena, presbítero

 

Es norma general de todas las gracias especiales comunicadas a cualquier creatura racional que, cuando la gracia divina elige a alguien para algún oficio especial o algún estado muy elevado, otorga todos los carismas que son necesarios a aquella persona así elegida, y que la adornan con profusión.

Ello se realizó de un modo eminente en la persona de san José, que hizo las veces de padre de nuestro Señor Jesucristo y que fue verdadero esposo de la Reina del mundo y Señora de los ángeles, que fue elegido por el Padre eterno como fiel cuidador y guardián de sus más preciados tesoros, a saber, de su Hijo y de su esposa; cargo que él cumplió con absoluta fidelidad. Por esto el Señor le dice: Bien, siervo bueno y fiel, pasa al banquete de tu Señor.

Si miramos la relación que tiene José con toda la Iglesia, ¿no es éste el hombre especialmente elegido, por el cual y bajo el cual Cristo fue introducido en el mundo de un modo regular y honesto? Por tanto, si toda la Iglesia está en deuda con la Virgen Madre, ya que por medio de ella recibió a Cristo, de modo semejante le debe a san José, después de ella, una especial gratitud y reverencia.

Él, en efecto, cierra el antiguo Testamento, ya que en él la dignidad patriarcal y profética alcanza el fruto prometido. Además, él es el único que poseyó corporalmente lo que la condescendencia divina había prometido a los patriarcas y a los profetas.

Hemos de suponer, sin duda alguna, que aquella misma familiaridad, respeto y altísima dignidad que Cristo tributó a José mientras vivía aquí en la tierra, como un hijo con su padre, no se la ha negado en el cielo; al contrario, la ha colmado y consumado.

Por esto, no sin razón añade el Señor: Pasa al banquete de tu Señor. Pues, aunque el gozo festivo de la felicidad eterna entra en el corazón del hombre, el Señor prefirió decirle: Pasa al banquete, para insinuar de un modo misterioso que este gozo festivo no sólo se halla dentro de él, sino que lo rodea y absorbe por todas partes, y que está sumergido en él como en un abismo infinito.

Acuérdate, pues, de nosotros, bienaventurado José, e intercede con tus oraciones ante tu Hijo; haz también que sea propicia a nosotros la santísima Virgen, tu esposa, que es madre de aquel que con el Padre y el Espíritu Santo vive y reina por siglos infinitos. Amén.


jueves, 18 de marzo de 2021

Mi testimonio es verdadero?

"Si yo doy testimonio de mí mismo, mi testimonio no es verdadero. Hay otro que da testimonio de mí, y sé que es verdadero el testimonio que da de mí".
Aunque muchos digamos que no nos importa lo que piense la gente de nosotros, no es tan verdad, pues siempre nos tiene que importar lo que la gente piense de nosotros, pues lo que se vea de nosotros es lo que da testimonio de nuestra vida. Otra cosa es lo que la gente se quiera inventar sobre nosotros, como le pasó a Jesús con los judíos.
Por eso, un día, Jesús le pregunto a los discípulos qué decía la gente sobre Él, pero no para saber y repensar su vida, sino para saber qué era lo que ellos entendían o podrían estar comprendiendo de su Palabra.
Nosotros tenemos que escuchar lo que dicen de nosotros, pero saber, también y sobre todo, mirarnos a nosotros mismos para ver cómo actuamos y por qué actuamos así. Algunas veces escuchamos la famosa frase: "no importa lo que los demás digan de mí", pero escuchar lo que los demás crean de mi, me ayudará a saber si, realmente, me estoy expresando como creo o si realmente estoy siendo coherente entre lo que digo y lo que hago.
¿Todo esto por qué? Por que nuestra vida tiene que ser testimonio de nuestra fe. Es cierto que no debo quedarme esperando los aplausos de la gente, porque un día eres un dios y al otro un demonio, pero sí tengo que tener en cuenta que Jesús nos llamó para dar testimonio de la Verdad, y por eso tengo que saber cómo muestro la Verdad; nos llamó para iluminar el Camino de la gente, y por eso tengo que saber cómo ilumino ese camino; nos llamó para ser sal en el mundo...
Tenemos una misión, y esa misión se lleva a cabo en el día a día, no sólo con actos extraordinarios donde me vean como el más santo, sino que, en cada acto de cada día, tengo que vivir con santidad, justicia, verdad, amor...



 

miércoles, 17 de marzo de 2021

Por qué y para qué...

"Esto dice el Señor:
«En tiempo de gracia te he respondido, en día propicio te he auxiliado; te he defendido y constituido alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: "Salid", a los que están en tinieblas: "Venid a la luz."
¿Por qué nos eligió el Señor? ¿Para qué nos llamó de la muerte a la Vida? ¿Por qué nos rescató del pecado y nos dio una Vida Nueva con su muerte y resurrección? ¿Por qué nos ha elegido para ser sus discípulos? Y, sobre todo: ¿por qué hemos respondido con un Sí a ese llamado?
Para ser "alianza del pueblo, para restaurar el país, para repartir heredades desoladas, para decir a los cautivos: 'salid', a los que están en tinieblas: `venid a la luz'", para eso el Señor nos ha llamado en este Tiempo de Gracia, en este día de hoy, y en cada uno de nuestros días.
No siempre sabemos las respuestas a tantos por qués que nos surgen a lo largo de la vida, pero sí tenemos un sentido para tantas preguntas y tantos silencios, pues el Señor no necesita hablar más, pues ya habló lo suficiente por medio de los Profetas, y, llegada la plenitud de los tiempos, por medio de su Hijo.
¿Por qué y cómo somos alianza de su pueblo? Porque por medio del bautismo nos dio un sacerdocio real a imagen de Jesús, quien se hizo Alianza de amor con el Padre, para devolvernos la filiación divina, y así, somos nosotros, los bautizados una alianza eterna con Dios Padre para la salvación de los hombres.
¿Cómo restauramos el país? Así como Jesús restauró la imagen perdida del hombre, haciéndose uno con nosotros, menos en el pecado, y muriendo en la Cruz para darnos una vida nueva, así nosotros, muertos al pecado y viviendo en fidelidad al Padre, damos una Vida Nueva a todo lo que hacemos, y vamos restaurando al hombre devolviéndole su primitiva hermosura, en gracia y santidad.
Así vamos reciibendo la heredad que nos fue prometida en el paraíso, y, como decimos en el Padre nuestro, vamos realizando el Reino de los Cielos aquí en la tierra ¿cómo? Como lo hizo Jesús: "Yo no puedo hacer nada por mí mismo; según le oigo, juzgo, y mi juicio es justo, porque no busco mi voluntad, sino la voluntad del que me envió". Y viviendo así liberamos a los cautivos por el pecado e iluminamos el camino de los que viven en tinieblas, para que se puedan encontrar con la libertad de los hijos de Dios y lleguen a la meta de la santidad y la salvación.

 

martes, 16 de marzo de 2021

Ser agua que purifica

"Se marchó aquel hombre y dijo a los judíos que era Jesús quien lo había sanado.
Por esto los judíos perseguían a Jesús, porque hacía tales cosas en sábado".
Hay personas que no se pueden alegrar, nunca, de las alegrías de los demás, están tan metidas en sí mismas que todo lo ven como un peligro para sí, y, por eso, siempre buscan un argumento o se inventan una "verdad" para intentar destruir a quienes obrar de acuerdo al amor, a la verdad, al bien común.
¿Por qué perseguían a Jesús los judíos? No por que obrar los milagros en sábado, sino porque creían que él iba a por ellos, porque les estaba quitando protagonismo y, como decía la gente, "habla con autoridad, como nunca habíamos escuchado a nadie". Y al seguirlo tanta gente se sentían desautorizados por sus Palabras.
Exacto, pero no miremos hacia los demás, sino que nos tenemos que mirar a nosotros mismos: ¿somos así? Puede que no, puede que sí, pero seguro que siempre hay una pequeña espina de envidia con alguna persona o con alguna situación. Por eso, no dejemos que esa espina se transforme y se convierta en un estado de desesperación o de enfado, o hagamos lo mismo que hacen los judíos que no le dejaban a Jesús obrar bien por miedo a que los desautorice a ellos.
A veces la verdad o la vida de los demás me ayuda a ver mis errores, y verlos y aceptarlos, me ayuda a corregirlos y hacer nueva mi vida, puee mi vida también será para los demás un espejo en donde mirarse y ayudará, seguramente, si vivo en Gracia de Dios, a que otros puedan, también, descubrir la voz de Dios en mis actos y palabras.
Por eso, la imagen que nos muestra Ezequiel es la vida de los bautizados que al salir del templo llenos de la Gracia de Dios van purificando el ambiente por donde pasan y por donde viven. Pero si la pureza del agua bautismal se pierde, entonces se pierde la fuerza de la Gracia en nosotros y, en lugar de purificar, no lo hacemos. Somos los instrumentos que Dios quiere utilizar para purificar el mundo de sus pecados y sus atrocidades, no seamos parte del mismo caos, sino que llevemos la pureza de la Voz de Dios y de Su Espíritu para que todo pueda encontar su verdadero sentido y alcanzar la Vida Verdadera.

 

lunes, 15 de marzo de 2021

Cristo, propiciación de nuestros pecados

De las Homilías de Orígenes, presbítero, sobre el Levítico

    Una vez al año, el sumo sacerdote, dejando a fuera al pueblo, entraba en el lugar donde se hallaban el propiciatorio, los querubines, el arca de la alianza y el altar de los aromas; lugar donde sólo al sumo sacerdote le estaba permitido entrar.
    Pero fijémonos en nuestro verdadero sumo sacerdote, el Señor Jesucristo. Él, habiendo tomado la naturaleza humana, estaba con el pueblo todo el año, aquel año, a saber, del cual dice él mismo: Me envió a evangelizar a los pobres y a proclamar el año de gracia del Señor. Y, una vez durante este año, el día de la expiación, entró en el santuario, es decir, cuando, cumplida su misión, penetró en los cielos, entró a la presencia del Padre, para hacerle propicio al género humano y para interceder en favor de todos los que creen en él.
    El apóstol Juan, conocedor de esta propiciación que nos reconcilia con el Padre, dice: Hijos míos, os escribo esto para que no pequéis. Si alguno peca, abogado tenemos ante el Padre, a Jesucristo, el justo. Él es propiciación por nuestros pecados.
    También Pablo alude a esta propiciación, cuando afirma de Cristo: A quien Dios ha propuesto como instrumento de propiciación, por su propia sangre y mediante la fe. Por lo tanto, el día de nuestra propiciación continúa hasta el fin del mundo.
    Dice la palabra de Dios: Pondrá el incienso sobre las brasas delante del Señor, para que el humo del incienso cubra el propiciatorio que está sobre el documento de la alianza, y así él no muera. Después tomará sangre del novillo y rociará con el dedo el lado oriental de la placa o propiciatorio.
    Este texto nos recuerda el modo como en el antiguo Testamento se celebraba el rito de la propiciación ante Dios; pero tú que has venido a Cristo, verdadero sumo sacerdote, que con su sangre te hizo a Dios propicio y te reconcilió con el Padre, trasciende con tu mirada la sangre de las antiguas víctimas y considera más bien la sangre de aquel que es la Palabra, escuchando lo que él mismo te dice: Ésta es mi sangre, que será derramada por vosotros para el perdón de los pecados.
    El hecho de rociar el lado oriental tiene también su significado. De oriente nos viene la propiciación, pues de allí procede el varón cuyo nombre es Oriente, el que ha sido constituido mediador entre Dios y los hombres.
Ello te invita a que mires siempre hacia oriente, de donde sale para ti el sol de justicia, de donde te nace continuamente la luz, para que no camines nunca en tinieblas, ni te sorprenda en tinieblas aquel día último;
para que no se apodere de ti la noche y oscuridad de la ignorancia, sino que vivas siempre en la luz de la sabiduría, en el pleno día de la fe, bajo la luz de la caridad y de la paz.

domingo, 14 de marzo de 2021

Cerca de la Luz

“Este es el juicio: que la luz vino al mundo, y los hombres prefirieron la tiniebla a la luz, porque sus obras eran malas. Pues todo el que obra el mal detesta la luz y no se acerca a la luz, para no verse acusado por sus obras.

En cambio, el que obra la verdad se acerca a la luz, para que se vea que sus obras están hechas según Dios”.

Cuanto más nos acercamos a la luz más podemos ver, así lo hacemos cuando nos queremos vestir bien, cuando nos peinamos o cuando queremos quitar una mancha de alguna prenda de vestir. Pero cuando no queremos que algo se vea nos alejamos de la luz, o de los lugares donde haya mucha luz, para poder pasar desapercibidos, ya sea por timidez, porque se me ha manchado la ropa, o por alguna causa especial.

Quizás el resto de la gente no se de cuenta de que algo está mal, pero uno sabe en su conciencia que hay algo que está mal y no quiero que lo vean o descubran.

No es el Señor quien nos condena, sino la Verdad la que nos juzga, porque sabemos cuándo obramos bien y cuándo obramos mal. No hace falta ser muy estudioso para saber distinguir entre el bien y el mal, pues es un razonamiento que aprendemos a usar apenas comenzamos a usar nuestra capacidad de razonar, nuestra capacidad intelectual.

Y, aunque intentemos (como lo hacen las ideologías modernas) de disfrazar la mentira de verdad, siempre sabremos cuándo no obramos de acuerdo con la Voluntad de Dios. Está claro y es evidente que Jesús le está hablando a gente que saber cuál es la Verdad, que ha conocido la Ley de Dios y que sabe cuál es el Camino que ha de seguir. Y lo mismo nos lo dice a nosotros que hemos elegido un Camino, por eso nos llamamos cristianos.

Por eso, el pecado no es que nos equivoquemos sin saber, sino que, sabiendo, hacemos lo que no debemos, y, lo hacemos con conciencia de que no estamos viviendo la Voluntad de Dios. Pero, tenemos la Gracia de la Reconciliación que el Señor, justo y sabio, conocedor de nuestro corazón, nos regala por medio del Sacramento de la Reconciliación para que, reconociendo nuestro pecado, podamos volver al Camino correcto, y seguir insistiendo con el proyecto de Dios para nuestra vida


sábado, 13 de marzo de 2021

El que se enaltece será humillado

"En aquel tiempo, dijo Jesús esta parábola a a algunos que confiaban en sí mismos por considerarse justos y despreciaban a los demás....".
Siempre podemos llegar a caer en la vanidad, no sólo cuando nos creemos mejores que los demás, sino, aunque lo habiamos pensado antes, cuando entre amigos nos ponemos a criticar a otras personas. Sí, porque nos creemos con el derecho de juzgar y hablar de los demás como si uso fuese algo interesante, o mejor dicho, siempre nos parece interesante sacarle brillo a la vida de los demás.
Lamentablemente nos sucede muy a menudo, o, al menos, como dicen algunos: yo no hablo de los demás, pero siempre se da en el grupo de amigos esas conversaciones. Y, eso también es un pecado de omisión, porque me quedo escuchando sin decir ni una palabra, dejando que los demás critiquen a otras personas.
«El fariseo, erguido, oraba así en su interior: "¡Oh Dios!, te doy gracias, porque no soy como los demás hombres: ladrones, injustos, adúlteros; ni tampoco como ese publicano. Ayuno dos veces por semana y pago el diezmo de todo lo que tengo".
Cuando tanta necesidad tengo de decir lo que hago y cómo lo hago, de mostrar lo bueno y generoso que soy... como dice el Señor, ya tengo mi paga. Porque lo hago buscando la alabanza de los demás o mostrarle a los demás cómo trabajo, cómo me muevo, lo que he conseguido... y eso para vanagloriarme, por eso, el Señor nos dice: ahí tienes la paga.
"El publicano, en cambio, quedándose atrás, no se atrevía ni a levantar los ojos al cielo, sino que se golpeaba el pecho diciendo: "¡Oh Dios!, ten compasión de este pecador"
Os digo que este bajó a su casa justificado, y aquél no. Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».
Cuando realmente reconozco mi pecado y reconozco que lo que he podido lograr ha sido por Gracia de Dios, entonces ahí es cuando estoy en camino de alcanzar la humildad verdadera. Porque tener en cuenta mi pecado, mis errores, me ayudará a mirar a los demás con verdadero amor, sin creerme más que ellos, pues yo también caigo muchas veces.
Ser humilde no es sólo decir que no sirvo para nada, sino saber que es el Señor quien ayuda y da la Gracia suficiente y necesaria para obrar y crecer. Pero si sólo pienso que todo lo hice yo por propio esfuerzo y sacrificio... entonces ya he caído en la vanidad de creerme superior a los demás y puedo entonces ser el juez de todas sus acciones.
"Porque todo el que se enaltece será humillado, y el que se humilla será enaltecido».

 

viernes, 12 de marzo de 2021

El misterio de nuestra vivificación

De los libros de las Morales de san Gregorio Magno, papa, sobre el libro de Job

    El venerable Job, figura de la Iglesia, unas veces habla en nombre del cuerpo, otras en nombre de la cabeza; y, así, a veces está hablando de los miembros y, súbitamente, toma las palabras de la cabeza. Por esto dice: Todo esto lo he sufrido aunque en mis manos no hay violencia y es sincera mi oración.
    Sin que hubiera violencia en sus manos, en efecto, sufrió aquel que no cometió pecado, ni se halló engaño en su boca, y sin embargo padeció por nuestra redención los dolores de la cruz. Él fue el único que dirigió a Dios una oración sincera, ya que en medio de los sufrimientos de su pasión oró al Padre, diciendo: Padre, perdónalos; porque no saben lo que hacen.
    ¿Se puede, en efecto, pronunciar o pensar una oración más sincera que ésta, por la cual intercede por los mismos que lo atormentan? De ahí deriva el hecho de
que la sangre de nuestro Redentor, derramada por la furia de sus perseguidores, se convirtiera luego en fuente de vida para los creyentes, los cuales lo proclamarían Hijo de Dios.
    Con respecto a esta sangre, añade con razón el libro santo: ¡Tierra, no cubras mi sangre, no encierres mi demanda de justicia! Al hombre pecador se le había dicho: Eres tierra y a la tierra volverás.
    Pero esta tierra no sorbió la sangre de nuestro Redentor, pues cualquier pecador, al beber el precio de su redención, lo confiesa y proclama, y así se hace patente a todos su valor.
    La tierra no sorbió su sangre, pues la santa Iglesia ha predicado ya en todas partes el misterio de su redención. Es digno de notarse también lo que sigue: No encierres mi demanda de justicia. La misma sangre redentora que bebemos, en efecto, es la demanda de justicia de nuestro Redentor. Por eso dice Pablo: Os habéis acercado a la aspersión de una sangre que habla mejor que la de Abel. De la sangre de Abel se había dicho: La sangre de tu hermano está clamando a mí desde la tierra.
    Pero la sangre de Jesús habla mejor que la de Abel, pues la sangre de Abel pedía la muerte del hermano fratricida, mientras que la sangre del Señor impetró la vida para sus perseguidores.
    Por tanto, para que dé su fruto en nosotros el sacramento de la pasión del Señor, debemos imitar aquello que bebemos, y anunciar a los demás aquello que veneramos.
    Pues su demanda de justicia quedaría oculta en nosotros, si nuestra lengua callara lo que cree nuestra mente. Para que su demanda de justicia no quede oculta en nosotros, sólo falta que cada uno de nosotros, a medida de sus posibilidades, dé a conocer a los demás el misterio de su vivificación.

jueves, 11 de marzo de 2021

Se ha perdido la sinceridad

Hoy no sabría con qué párrafo de las dos lecturas me quedaría para reflexionar, pues las dos lecturas, completas, me hacen pensar. Lo que le dice el Señor al Pueblo de Israel por medio de Jeremías lo podría volver a repetir hoy para nosotros, el Nuevo Pueblo de Dios, la Iglesia, y todos sus integrantes:
«Esta fue la orden que di a vuestros padres:
“Escuchad mi voz. Yo seré vuestro Dios, y vosotros seréis mi pueblo. Seguid el camino que os señalo, y todo irá bien.”
Pero no escucharon ni hicieron caso. Al contrario, caminaron según sus ideas, según la maldad de su obstinado corazón.
Me dieron la espalda y no la cara.
Ya puedes repetirles este discurso, seguro que no te escucharán; ya puedes gritarles, seguro que no te responderán. Aun así les dirás:
“Está es la gente que no escuchó la voz del Señor, su Dios, y no quiso escarmentar. Ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca”».
Y lo que más fuerte me llegó es este párrafo: "ha desaparecido la sinceridad, se la han arrancado de la boca".
Y, en realidad, creo que es uno de los valores humanos que ha ido desapareciendo con el tiempo, y, sin darnos cuenta lo hemos aceptado como tantos otros que, también, han desaparecido. Aunque, en realidad, creo, es el que primero ha ido desapareciendo pues nos hemos estado engañando con que hacíamos muy bien las cosas, y, sin embargo, estábamos haciendo lo que queríamos con nuestra religión, con nuestra vida de fe, pues solo "cumplíamos" con algunos requisitos para quedar tranquilos en conciencia, y, en algunos casos, asegurarnos de no ir al infierno.
Tanto nos asustaron en su tiempo y nos decía que si no hacíamos tal cosa o tal otra íbamos al infierno, que cumplíamos esos requisitos, pero, en la realidad, no vivíamos la fe en Cristo Jesús. Y siempre volveré a repetir aquello de: "padre, esta misa me sirve?" Es una pregunta que siempre queda en el inconsciente colectivo católico: sirve la misa para cumplir el precepto, o no? porque si no me sirve no vengo, o busco una que me sirva para cumplir... Y así con muchas cosas del evangelio.
Por eso, aprovechemos este tiempo de cuaresma para volver a descubrir lo hermoso de nuestra fe, no para cumplir con requisitos, sino para vivir lo que Jesús nos propone: su propia vida en nuestra vida, para poder alcanzar aquello que decía San Pablo: ya no soy yo quien vive en mí, sino que es Cristo quien vive en mí.

 

miércoles, 10 de marzo de 2021

Viendo vuestras obras...

"Mirad: yo os enseño los mandatos y decretos, como me mandó el Señor, mi Dios, para que los cumpláis en la tierra donde vais a entrar para tomar posesión de ella.
Observadlos y cumplidlos, pues esa es vuestra sabiduría y vuestra inteligencia a los ojos de los pueblos, los cuales, cuando tengan noticia de todos estos mandatos, dirán:
"Ciertamente es un pueblo sabio e inteligente esta gran nación."
Algo que se nos olvida a los que somos cristianos es que, todos, sin excepción, estamos viviendo ante los "ojos de los pueblos", todos somos personales públicos a quienes se los mira y, en algunos casos, se los admira, y, en otros casos se los criticia.
¿Por qué somos personajes publicos todos? Porque así loha querido el Señor desde la elección del Pueblo de Israel: para mostrarle al mundo pagano cómo encontrar el Camino de la Salvación. Y, por si fuera poco, lo refrendó Jesús cuando nos dijo: "vosotros sois la luz del mundo", "vosotros sois la sal del mundo", "vosotros sois como el fermento en la masa", nos ha llamado para llevar al mundo pagano un nuevo estilo de vida, por eso "los hombres viendo vuestras buenas obras glorificarán a Dios", y el Señor le decía al Pueblo de Isarel: "cuando (los demás pueblos) tengan noticia de todos estos mandatos, dirán: ciertamente es un pueblo sabiio e inteligente esta gran nación".
Y, ahora, ha sido Jesús quien a fundado sobre esa base una Nueva Nación, un Nuevo Publo de Dios: la Iglesia, la comunidad de los bautizados.
Y, todo este argumento es para preguntarme: los demás pueblos viendo a los cristianos, viéndome a mí, dicen "¡que pueblo sabio e inteligente!"? No lo sé, porque últimamente no hacemos caso a los mandatos del Señor, ni a las exhortaciones de Jesús. O si lo hacemos, lo hacemos en la parte que más nos conviene, y dejamos lo que no nos gusta para que lo vivan los otros. Y, por eso mismo, no nos hemos convertido en un "pueblo sabio e inteligente", aunque, ciertamente, algunos se creen más inteligentes que otros porque se saltan los mandamientos o porque hacen un cristianismo personal a su medida y a su manera.
Y así, si el Señor nos dijo: los hombres viendo vuestras buenas obras glorificarán a Dios, entonces, al ver nuestras malas obras se alejarán de Dios. Y, ciertamente, así está pasando ¿verdad?

 

martes, 9 de marzo de 2021

Tres cosas importantes

 De los Sermones de san Pedro Crisólogo, obispo


    Tres cosas hay, hermanos, por las que se mantiene la fe, se conserva firme la devoción, persevera la virtud. Estas tres cosas son la oración, el ayuno y la misericordia. Lo que pide la oración lo alcanza el ayuno y lo recibe la misericordia. Oración, misericordia y ayuno: tres cosas que son una sola, que se vivifican una a otra.
    El ayuno es el alma de la oración, la misericordia es lo que da vida al ayuno. Nadie intente separar estas cosas, pues son inseparables. El que sólo practica' una de ellas, o no las practica simultáneamente, es como si nada hiciese. Por tanto, el que ora que ayune también, el que ayuna que practique asimismo la misericordia. Quien desea ser escuchado en sus oraciones que escuche él también a quien le pide, pues el que no cierra sus oídos a las peticiones del que le suplica abre los de Dios a sus propias peticiones.
    El que ayuna que procure entender el sentido del ayuno: que se haga sensible al hambre de los demás, si quiere que Dios sea sensible a la suya; si espera alcanzar misericordia, que él también la tenga; si espera piedad, que él también la practique; si espera obtener favores de Dios, que él también sea dadivoso. Es un mal solicitante el que espera obtener para sí lo que él niega a los demás.
    Hombre, sé para ti mismo la medida de la misericordia; de este modo, alcanzarás misericordia del modo que quieras, en la medida que quieras, con la presteza que quieras; tan sólo es necesario que tú te compadezcas de los demás con la misma presteza y del mismo modo.
    Hagamos, por consiguiente, que la oración, la misericordia y el ayuno sean los tres juntos nuestro patrocinio ante Dios, los tres juntos nuestra defensa, los tres juntos nuestra oración bajo tres formas distintas.
    Reconquistemos con nuestro ayuno lo que perdimos por no saberlo apreciar; inmolemos con el ayuno nuestras almas, ya que éste es el mejor sacrificio que podemos ofrecer a Dios, como atestigua el salmo: Mi sacrificio es un espíritu quebrantado: un corazón quebrantado y humillado tú no lo desprecias.
    Hombre, ofrece a Dios tu alma, ofrécele el sacrificio del ayuno, para que sea una ofrenda pura, un sacrificio santo, una víctima viva que, sin salirse de ti mismo, sea ofrecida a Dios. No tiene excusa el que niega esto a Dios, ya que está en manos de cualquiera el ofrecerse a sí mismo.
    Mas, para que esto sea acepto a Dios, al ayuno debe acompañar la misericordia; el ayuno no da fruto si no es regado por la misericordia, se seca sin este riego: lo que es la lluvia para la tierra, esto es la misericordia para el ayuno. Por más que cultive su corazón, limpie su carne, arranque sus malas costumbres, siembre las virtudes, si no abre las corrientes de la misericordia, ningún fruto recogerá el que ayuna.
    Tú que ayunas, sabe que tu campo, si está en ayunas de misericordia, ayuna él también; en cambio, la liberalidad de tu misericordia redunda en abundancia para tus graneros. Mira, por tanto, que no salgas perdiendo, por querer guardar para ti, antes procura recolectar a largo plazo; al dar al pobre das a ti mismo, y lo que no dejas para los demás no lo disfrutarás tú luego.