miércoles, 17 de febrero de 2021

Tiempo de cuaresma, tiempo de conversión

"Y como cooperadores suyos, os exhortamos a no echar en saco roto la gracia de Dios. Pues dice:
«En tiempo favorable te escuché, en el día de salvación te ayudé».
Pues mirad: ahora es el tiempo favorable, ahora es el día de salvación".
Tiempo de Cuaresma, tiempo de relfexión, introspección, oración y conversión. Muchas palabras para que, al final de la cuaresma, no nos hayamos dado cuenta de lo que hemos hecho. Más en este tiempo donde los medios nos dicen que no habrá Semana Santa. ¿Cómo? Sí, el mundo sólo conoce Semana Santa por lo que ve fuera de las Iglesias: las procesiones. Pero lo más importante y esencial de la Semana Santa sucede dentro del Templo, que es lo que casi ni se ve. Y así sucede con nosotros si vivimos sinceramente este Tiempo de Cuaresma: lo importante es lo que vivamos dentro de nosotros.
Cada tiempo que nos presenta la liturgia de la Iglesia, es un tiempo importante, y cada tiempo tiene sus características que nos llevan a vivir de un modo diferente la vida espiritual. Por eso, el tiempo de cuaresma es especial, pues nos lleva a lo profundo de nuestro corazón, pues vamos a recordar el núcleo de nuestra Fe: la Pasión, Muerte y Resurrección de Nuestro Salvador. Y nosotros, como dice san Pablo, somos sus "cooperadores" y por eso tenemos que estar, como ellos, a su lado para vivir con Él el Camino de la Vida.
"Anora es el tiempo favorable" ¿para qué? Para una renovación interior, para descubrir, junto a Jesús, qué cosas no son propias de su Vida y que he ido incorporando a la mía, y, por eso, mi vida no es totalmente cristiana, pues hay ideas, conceptos, pensamientos que no son propios del evangelio, que no son propiamente cristianos. Y son esos los que tengo que quitar de mi mente y corazón, para poder estar totalmente disponible, como María, para hacer la Voluntad de Dios.
Y, en este tiempo, como dice el Profeta Joel:
"Ahora -oráculo del Señor- convertíos a mí de todo corazón con ayuno, llantos, y lamentos; rasgad vuestros corazones, no vuestros vestidos, y convertíos al Señor vuestro Dios, un Dios compasivo y misericordioso, lento a la cólera, y rico en amor, que se arrepiente del castigo".
A veces, como los fariseos, hacemos cosas para que nos vean, pero nuestro interior sigue estando lejos del evangelio, por eso, ahora es el tiempo de volver a mirarnos y descubrir que aún quedan cosas para quitar y convertirnos al Señor, a nuestro Dios y descubrir que lo esencial no es lo que se ve, sino lo que se vive y se queda en el corazón y en el alma.

 

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