miércoles, 24 de febrero de 2021

A quien sigo? A quién escucho?

"La reina del Sur se levantará en el juicio contra los hombres de esta generación y hará que los condenen, porque ella vino desde los confines de la tierra para escuchar la sabiduría de Salomón, y aquí hay uno que es más que Salomón.
Los hombres de Nínive se alzarán en el juicio contra esta generación y harán que la condenen; porque ellos se convirtieron con la proclamación de Jonás, y aquí hay uno que es más que Jonás".
Tenía intención de volver a poner todo el evangelio, pero creo que con estos párrafos alcanzará. Quería ponerlo todo porque creo que es válido todo el evangelio para los tiempos que vivimos. Bueno, siempre es válido todo el Evangelio, pero quería decirlo en función de lo que hoy nos dice Jesús, y de lo que me llevó a mí a pensar.
"Aquí hay alguien que es más que Salomón", "aquí hay alguien que es más que Jonás", lo dice en función de que hubo gente que se desplazó miles de kilómetros para esuchar a Salómón, pero ahí no querían escuchcar a Jesús; hubo gente que se convirtió de su mala conducta por la predicación de Jonás, y Jesús es más que Jonás pero no le creyeron.
Y, creo, que a nosotros, los cristianos de estos tiempos nos puede estar pasando lo mismo. Hay muchos cristianos que no creen en la Palabra de Dios, y buscan otras palabras humanas para sentirse bien, para dar sentido a sus vidas, para encontrar la paz, la suerte, la salud. Y, lamentablemente, los entiendo.
¿Los entiendo? Sí, que los entiendo. Porque las generaciones de estos tiempos de cristianos somos como los fariseos de aquellos tiempos de Jesús. Sí, porque las exigencias que nos pide vivir Jesús para encontrar la Paz, para alcanzar la Vida, no son las exigencias que nos dan otros profetas humanos.
Los "nuevos profetas" de estos tiempos no nos hablan de la negación a nosotros mismos, no nos hablan de cargar con la cruz de cada día, no nos hablan de la pobreza espiritual, ni de la obediencia a la Voluntad de Dios. Y, entonces ¿a quien voy a escuchar? ¿a quien me ofrece todo sin pedirme nada a cambio o aquél que para darme la Vida me exige que le siga?
Pero, igualmente tenemos que guardar las formas cristianas, y, en realidad no soy cristiano, porque no creo en la Palabra de Cristo, ya que Él nos dijo: "que tu sí sea sí, y que tu no sea no", si digo que soy cristiano intentaré vivir como Cristo, sino no tiene sentido decirlo ni pensarlo. Si digo que soy cristiano no puedo mezclar las ideologías ni del mundo, ni de otras religiones o de pseudo religiones con las exigencias del evangelio. "No se puede servir a dos señores", y si los sirvo siempre me quedaré sólo con lo mejor y más fácil de cada uno, pero al final ¿qué es lo que ganaré?
Por esto tendré que entrar en la soledad de mi corazón y frente al Señor decidir qué vida quiero vivir: la de Cristo o la del mundo? y comenzar a purificar mi estilo de vida de acuerdo al evangelio, o dejar el evangelio de lado y seguir otro rumbo.

 

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