sábado, 27 de febrero de 2021

No parecer sino ser

La magnanimidad es un valor propiamente humano, es la búsqueda no sólo de lo grande sino de lo más grande, para nuestra vida, es la fuerza interior para superarnos y llegar a ser lo que debemos ser, aunque muchas veces, por el pecado original se desvía y termina siendo un apetito de poder y un mero deseo de tener, creyendo que el tener nos da poder.
Jesús utiliza este valor humano para hacer descubrir un nuevo camino, y nos muestra un horizonte para que ese valor lo podamos llevar a la verdadera plenitud de nuestro ser.
"Porque, si amáis a los que os aman, ¿qué premio tendréis? ¿No hacen lo mismo también los publicanos? Y, si saludáis solo a vuestros hermanos, ¿qué hacéis de extraordinario? ¿No hacen lo mismo también los gentiles? Por tanto, sed perfectos, como vuestro Padre celestial es perfecto".
Jesús no pretende que seamos simples cumplidores de la Ley, por eso nos ha dicho: "si vuestra justicia no es mayor que la de los escribas y fariseos no entraréis en el reino de los cielos". Él no entregó su vida para que nuestra vida sea sólo una máscara de cristianismo, sino que quiere que vivamos como Él vivió, y que amemos como Él amó.
Por eso, la perfección a la que Él nos invita no es la perfección del nunca pecar o nunca tener un traspié, sino la perfección del amor, pues sólo en el Amor podemos encontrar la perfección de nuestro ser. No hay otro camino que el Camino de la Vida en el Amor, pues del Amor hemos nacido y hacia el Amor vamos caminando, pues el Reino de los Cielos es el Reino del Amor, porque Dios es Amor.
Así que la invitación de Jesús no es sólo a cumplir con los requesitos mínimos, sino a ir más allá, como diría la Madre Teresa: hasta que duela. Y es cierto que dolerá llegar al extremo que nos pide Jesús: no hagamos lo que puede hacer cualquier persona que no tenga fe y no crea en Cristo Jesús, sino que nuestra vida es Vida en Cristo, nuestra vida es la Vida de Cristo, por eso nuestro vivir, nuestro actuar, nuestro hablar tiene que ser como el de Cristo, por eso nos llamamos cristianos. Ahora sólo nos queda ser cristianos.

 

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