«¿Cómo es que coméis y bebéis con publicanos y pecadores?».
Jesús les respondió:
«No necesitan médico los sanos, sino los enfermos. No he venido a llamar a los justos, sino a los pecadores a que se conviertan».
¿Quiénes son, generalmente, los que critican a Jesús? Aquellos que se creen demasiados santos y cumplidores de la Ley, y, buscan, en cada momento, algún detalle para condenarlo por blasfemo.
Y, así también, nos pasa a nosotros algunas veces (o muchas) nos creemos los mejores o más buenos, o creemos que sabemos qué es lo que hay que hacer, o, mejor aún, creemos que lo que el otro está haciendo no es lo que debería hacer, o, simplemente lo criticamos porque no sabemos qué o por qué hace lo que hace.
Y vuelvo, como siempre, a lo mismo: nuestro prejuicios y juicios. Los fariseos no sabían cuál era la intención de Jesús, ellos sólo se basaban en que no podían estar junto a cierta clase de gente, porque ellos eran el Pueblo Elegido y no podían mezclarse con los que no era parte de ellos. Entonces ¿cómo llegaba la Palabra de Dios a los demás?
Jesús buscaba siempre a aquellos que, realmente, necestaban oir la Palabra de Dios, aceptaba la cercanía de los que verdaderamente tenían el corazón preparado para aceptar Su Mensaje. Los otros no tenían el corazón abierto a la Palabra de Jesús, no lo comprendían, ni tampoco querían comprenderlo, porque para ellos ya estaba condenado de ante mano, no porque obraba mal, sino porque para ellos era una piedra en el zapato.
Y, por eso, por haber teniado ya un prejuicio elaborado sobre Jesús, no pudieron aceptar Su Palabra y por eso no pudieron convertirse, sino que, cada día, se fueron alejando más y más de la Palabra de Dios, aunque creyeran que eran los únicos que estaban cerca.
Así es el falso orgullo, el orgullo mal usado o la vanidad y la soberbia, nos van alejando de Dios, poco a poco, aunque creamos que lo llevamos en el corazón y que escuchamos su Palabra y todo eso, pero no, nos alejamos de Él porque no nos acercamos al que lo necesita verdaderamente, porque ya hemos condenado al que creemos pecador y por eso no le anunciamos el Amor MIsericordioso y Providente de Dios, no nos acercamos a ellos para darles la Buena Noticia de la Salvación, sino que los dejamos solos con sus pecados y nuestras condenas.
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