miércoles, 10 de febrero de 2021

Quién tuvo la culpa?

"El Señor Dios dio este mandato al hombre:
«Puedes comer de todos los árboles del jardín, pero del árbol del conocimiento del bien y el mal no comerás, porque el día en que comas de él, tendrás que morir».
La famosa frase con la que comenzó todo el lío del pecado original y la maldad en el hombre y en el mundo. Se podría decir que la culpa la tuvo Dios, porque prohibirle algo al hombre hizo que el hombre quisiera ese algo. Si es lo que nos pasa siempre.
Cuando alguien nos prohíbe algo, ese algo prohibido se vuelve algo deseoso que aunque nunca hubiéramos pensado que era apetecible, se vuelve apetecible por el mero hecho de que está prohibido.
Pero, bueno, no tuvo la culpa Dios al prohibirlo, sino que la debilidad del hombre nos hace querer tener lo prohibido, y la tentación siempre está delante nuestro para que caigamos. Y es ese el duro caminar del hombre en la tierra: enfrentándose a las tentaciones que le hacen perder la Gracia conseguida hasta ese momento.
Porque Dios no ha prohibido algo así por que sí, sino que nos ha dado razones de por qué no: "porque el día en que comas de él, tendrás que morir". Y así fue. Pero no siempre escuchamos el por qué no podemos hacer lo que nos han prohibido, o, nos hacemos los sordos ante las razones de las prohibiciones, porque lo más lindo es saltarnos las leyes para hacer lo que tenemos ganas y lo que los instintos nos incitan a hacer.
Y, así nos olvidamos de nuestra capacidad de razonar y de usar la fuerza de voluntad para hacer lo que debemos y no lo que queremos. No sólo pecamos haciendo lo que no debemos, sino que nos volvemos irracionales por dejarnos llevar sólo por los instintos animales.
Y, al llegar las consecuencias de lo que hemos hecho no somos, a veces, capaces de asumir nuestras responsabilidades, sino que buscamos un culpable de lo que hemos hecho: "la mujer que tú me diste me tentó".
El hermoso Don que Dios nos regaló con la libertad es la capacidad de razonar y discernir, de encontrar en el discernimiento las razones más fuertes para poder hacer lo que debemos y no lo que queremos, y, sobre todo, en nuestro casos que hemos conocido el Don de Dios y la Vida que Él nos regaló, buscar la Gracia suficiente para poder caminar en santidad. Pues no es que Dios nos suelta de su Mano, sino que somos nosotros los que hemos elegido caminar sin Dios, o fuera de los límites que Él nos ha ido marcando a lo largo de la Historia de la Salvación.

 

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