"Hermanos:
Todavía no habéis llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado, y habéis olvidado la exhortación paternal que os dieron:
«Hijo mío, no rechaces la corrección del Señor, ni te desanimes por su reprensión; porque el Señor reprende a los que ama y castiga a sus hijos preferidos».
Soportáis la prueba para vuestra corrección, porque Dios os trata como a hijos, pues, ¿qué padre no corrige a sus hijos?
Ninguna corrección resulta agradable, en el momento, sino que duele; pero, luego produce fruto apacible de justicia a los ejercitados en ella".
Siempre me ha impresionado este texto de la carta a los hebreos: "todavía no habési llegado a la sangre en vuestra pelea contra el pecado". Me impresiona porque nos olvidamos que vivimos en pecado, que, aunque el Bautismo nos liberó del pecado original, su espina sigue clavada en nuestra carne y nos sigue llevando por caminos que no debemos recorrer.
Vivimos como si realmente fuéramos ángeles, sin carne, y creemos que el pecado ya no reside en nosotros, sin embargo, lo experimentamos en nuestra vida, aunque, muchas veces hacemos "ojos ciegos" ante nuestra propia realidad.
La vida de los que hemos elegido el camino de fe que Jesús nos invitó a seguir, es una lucha constante y continua contra el pecado que habita en nosotros. Sí, quizás no sean grandes pecados mortales, pero sí pecados de todos los días que se van acumulando en nuestras espaldas y nos impiden alcanzar la Gracia de la santificación.
Dejamos, muchas veces, de corregir nuestras faltas pues nos parece que "como todo el mundo lo hace" ya han dejado de ser pecados mortales, graves o beniales. Pero, aunque todo el mundo lo haga sin pensar, nosotros tenemos que ponernos a reflexionar seriamente, sobre nuestra vida y nuestra lucha frente al pecado y nuestros esfuerzos de alcanzar la santidad que el Señor quiere para nuestras vidas.
Porque de nuestra decisión en la lucha por el pecado y en el ejercicio de santificación seremos luz para los que buscan el Camino de la Salvación, para los que buscan un sentido para vivir. Pero si, en este Camino vamos acumulando los pecados y los errores del mundo ¿cómo iluminaremos el caminar de los que buscan la Luz?
Es cierto, también, que es doloroso aquello que nos pedía San Juan Pablo II en el 2000: "sed mártires de remar contra la corriente del mundo", porque nos cansamos, muchas veces, de ir en contra de todos, y no nos gusta que nos llamen beatos. Pero esa es la vida que hemos elegido recorrer y por eso el Señor nos va a ir corrigiendo y nos va enseñando lo que tenemos que sacrificar para poder ser mensajeros de Luz, de Paz, de fraternidad. Porque, ya nos lo dijo al comienzo cuando nos invitó a seguirlo: "quien quiera venir en pos de mí: niéguese a sí mismo, cargue su cruz de cada día y sígame". Y esa será nuestra cruz de cada día: renunciar a los gustos y errores del mundo para vivir en el camino de la Verdad del Evangelio.
No hay comentarios:
Publicar un comentario
Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.