jueves, 25 de febrero de 2021

Está en mis hermanos

"Así, pues, todo lo que deseáis que los demás hagan con vosotros, hacedlo vosotros con ellos; pues esta es la Ley y los Profetas".
Una simple frase que marca un estilo de vida, pero que no siempre la tenemos en cuenta. Y lo mismo sucede con otra similiar, pero en negativo: "no hagáis a lo demás lo que no os gustaría que hagan con vosotros".
¿Por qué no las tenemos más en cuenta en nuestro diario vivir y actuar? Por que lo que más tenemos en la memoria es el: "ojo por ojo y diente por diente", la ley de la venganza y no la de la caridad, que es definitiva la que nos ha dejado Jesús como Testamento de Vida: "amaos unos a otros como yo os he amado". Y prueba de ello nos lo dio en su vida, pasión y muerte.
Y, claro, también nos lo muestra cada vez que vamos al sacramento de la Reconciliación pues siempre encontraremos el Perdón del Señor, si es que estamos sinceramente arrepentidos.
También es cierto que en muchos casos no usamos la venganza o el rencor, pero tampoco el amor, porque usamos otra famosa frase (que no es para nada evangélica), y decimos: "para mí fulanito o fulanita están muertos, me son indiferentes". Y paso de sus vidas... Y así vamos dejando rastros de gente "muerta" en nuestro camino, pero que, en realidad, siguen viviendo en nuestro corazón, pues a todos nos duele cuando no podemos estar con alguien con quien, sinceramente, hemos compartido la vida y estuvimos unidos profundamente.
Hay rastros en el corazón que no son fácilmente borrable, tanto el dolor como el amor. Y eso nos trae a cuenta cómo debemos entender las frases de Jesús: no es que nos quiere hacer difícil el vivir, el perdonar y el amar, sino que quiere que nuestra vida alcance la alegría del perdón, del seguir amando, del no guardar rencores que siempre nos quitarán la paz, sino que quiere que conservemos la paz del alma, porque sólo un alma en paz puede alcanzar la plenitud de la Gracia y la alegría del sabernos Amados, no solamente por Dios sino por nuestros hermanos.
Es cierto, también, que no podremos amar a todos, pero sí tener una relación afable con todos y buscar, en cada uno, lo que Dios le ha regalado y amar la obra de Dios en los hermanos. Siempre teniendo en cuenta aquello que nos dijo el Señor: "todo lo que hagáis con uno de esto mis hermanos, conmigo lo hacéis". Y ahí está el mayor trabajo de nuestra fe: mirar a nuestros hermanos, sobre todo a los que son más difíciles de comprender o amar, como si miráramos a Jesús, pues Él está en su corazón. Y así todo lo que hacemos con los demás lo estamos haciendo con Jesús, y buscaremos de ese modo hacer siempre lo mejor para demostrarle nuestra gratitud y amor.

 

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