"La serpiente era el más astuta que las demás bestias del campo que el Señor había hecho. Y dijo a la mujer:
«¿Conque Dios os ha dicho que no comáis de ningún árbol del jardín?».
La mujer contestó a la serpiente:
«Podemos comer los frutos de los árboles del jardín; pero del fruto del árbol que está en mitad del jardín nos ha dicho Dios: “No comáis de él ni lo toquéis, de lo contrario moriréis”».
Desde que el hombre tiene conocimiento del bien y del mal, y, sobre todo, desde que comenzó su relación con Dios, ha entendido que la tentación es lo que hace que pierda la razón de lo que está bien, y de lo que debe hacer.
El Tentador siempre está al acecho para que podamos dejar de hacer lo que debemos para hacer lo que no podemos, pero nunca se nos presentará con toda la verdad, sino que nos irá engañando con medias verdades, para poder entablar un diálogo que nos lleve a creer como bueno lo que no lo es.
La imagen de la serpiente es porque él siempre está escondido esperando su presa, esperando con paciencia que uno se acerque a su idea para presentársela y hacerlo caer en la trampa de la tentación, para que, sobre todo, deje de hacer lo que Dios le ha pedido que haga o que no haga.
La gran tentación del hombre siempre ha sido ser el Todopoderoso, ocupar el lugar de Dios, para él poder manejarse por su cuenta: hacer nueva todas las cosas a imagen de sí mismo, y así poder darse sus propios límites o no-límites, y, según él conociendo el bien y el mal dejarse llevar por su propio instinto y capacidades.
Si miramos hacia afuera y observamos el mundo vamos a descubrir que el hombre-todopoderoso que se cree dios no ha podido mejorar la creación, sino que va por un camino de destruir todo lo que no es "útil" según su propio criterio, y, así ha llegado a definir que "ciertas vidas no son útiles", por eso "tienen el derecho de no vivir". Eso no es un dios amor, eso es un dios egoista que sólo busca su propio interés y no el de los demás.
Nuestro Dios, en el que creemos a quien adoramos, es el que no dudó en enviarnos a su propio Hijo como propiciación por nuestros pecados, y dándonos su Vida nos dio una Vida Nueva basada en el Amor: amor a la Vida, amor a la Verdad, amor a los demás, y sobre todo Amor a los que son más débiles y necesitados, en lo humano y lo espiritual, por eso el Señor no considera ninguna vida como no-útil, sino que todas las vidas desde el momento de su concepción hasta su muerte natural, son útiles y tienen el derecho de vivir.
Hoy la serpiente del Edén está tan cerca de todos que no nos damos cuenta, y dejamos que su veneno se vaya introduciendo en las venas de nuestra vida de fe y vaya envenenando, lentamente, todos nuestros criterios religiosos y morales.
Con la Gracia de Dios intentemos quitar ese veneno de nuestras vidas y volver al Camino que, en la Verdad, nos ayuda a sanar y cuidar la Verdadera Vida.
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