sábado, 6 de febrero de 2021

Descansar con y en Cristo

"En aquel tiempo, los apóstoles volvieron a reunirse con Jesús y le contaron todo lo que habían hecho y enseñado.
Él les dijo:
«Venid vosotros solos a un sitio tranquilo a descansar un poco».
Porque eran tantos los que iban y venían, que no encontraban tiempo ni para comer.
Se fueron en barca a solas a un lugar desierto".
Esta es la imágen o el sentido que tendría que tener nuestra oración: encontrarnos con Jesús en un lugar desierto para poder hablar de todo lo que nos sucede. Y, sobre todo, poder escuchar lo que Él tiene para decirnos.
"No encontraban tiempo ni para comer", una realidad que hoy, la mayoría, lo está viviendo: una rutina que no deja tiempo para el descanso, o una realidad en la que el descanso pareciera una pérdida de tiempo, siendo que el descanso es necesario tanto para el cuerpo como para el alma. Y hasta Jesús lo quiere para Él y sus discípulos.
Por eso yo pienso, y muchas veces lo he dicho, que la oración es ese "salir" de la rutina diaria para descansar física y espiritualmente junto a Jesús. Un descanso justo y necesario que merecemos todos los días. Un descanso en el que abro la mochila del alma y dejo en las manos del Señor todo lo vivido, lo bueno y lo malo, lo alegre y lo triste, las oscuridades y las luces del día, y lo escucho a Él para que me aconseje, para que transforme todo lo vivido en Gracias para quien lo necesite o para mi propia alma.
Porque al compartir con el Señor mi vida, lo que Él me da, es Su Espíritu, Su Vida, Su Gracia lo que llega a mi alma y me fortalece, ilumina las oscuridades, fortalece las debilidades, consuela los dolores, y se alegra con mis alegrías. Y, sobre todo, me sigue enseñando el Camino a seguir, cómo hacer frente a mis miedos y oscuridades, cómo encontrar la luz y la fortaleza para afrontar situacioines difíciles o complicadas o de cruz diaria. Hay tanto que seguimos aprendiendo del Señor cada vez que nos sentamos a compartir la vida.
Por eso y por tantas otras cosas más, cuando decimos perder el tiempo rezando, no lo hacemos porque ganamos vida al compartirla con el Señor.

 

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