domingo, 19 de abril de 2020

Reconciliación y Unidad

«Paz a vosotros».
Y, diciendo esto, les enseñó las manos y el costado. Y los discípulos se llenaron de alegría al ver al Señor. Jesús repitió:
«Paz a vosotros. Como el Padre me ha enviado, así también os envío yo».
Y, dicho esto, sopló sobre ellos y les dijo:
«Recibid el Espíritu Santo; a quienes les perdonéis los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los retengáis, les quedan retenidos».
La misericordia del Señor se manifiesta en el Perdón de los Pecados, pues su Amor ha sido derramado de tal manera que tuvo a bien dejar, en manos de sus apóstoles, el mayor de los tesoros para la salvación de los hombres: la capacidad de perdonar los pecados en nombre de Dios.
Porque la misericordia brota de un corazón amante, que sabe que para amar verdaderamente también hay que saber perdonar, o, mejor dicho, para poder perdonar hay que amar, amar sin medida. Por eso, ya desde la Cruz el Señor nos mostró cuánto amaba al hombre, no sólo por que entregó su vida en la Cruz, sino porque le dijo al Padre: "perdónales, porque no saben lo que hacen".
Claro que cuando recurrimos al sacramento del Perdón (la confesión) vamos porque sabemos lo que hemos hecho, y sabemos por qué lo hemos hecho, por eso, reconociendo nuestro pecado recurrimos al Señor para que nos perdone y purifique, y así poder volver a recuperar la Gracia que el pecado nos quitó, o que perdimos con el pecado.
Pero, es que tenemos que recordar, siempre, que el pecado es la causa mayor de desunión en nuestras vidas, son sólo con nuestros hermanos, sino, también, con nosotros mismos, porque vamos perdiendo la Gracia que quiere actuar en nosotros a favor de nuestra santidad y salvación.
Por eso necesitamos, cada día más, estar en verdadera unión con el Señor y con los hermanos, porque en la vida comunitaria es donde se manifiesta nuestra vida interior. Por eso, el Señor nos dejó como mandamiento y, como expresión de nuestra pertenencia a Él, ser UNO como Él y el Padre son Uno, que también, nosotros, como comunidad seamos Uno. Es decir, vivir en unidad, y no porque seamos todos iguales y pensemos igual, sino porque todos intentamos vivir en la Gracia buscando la Voluntad de Dios.
Porque cuando cada uno busca su propia voluntad, ahí comienza a divirse la comunidad, pues la Unidad nos la da la decisión de tener a Dios como centro de nuestras vidas, y Su Voluntad el alimento de nuestro caminar diario.
"Con perseverancia acudían a diario al templo con un mismo espíritu, partían el pan en las casas y tomaban el alimento con alegría y sencillez de corazón; alababan a Dios y eran bien vistos de todo el pueblo; y día tras día el Señor iba agregando a los que se iban salvando".
De este modo viviendo en comunidad y creciendo en santidad, seremos instrumentos de Dios para todos aquellos que buscan salvarse. Pero cuando no vivimos de acuerdo a Él y nos dividimos comunitariamente, entonces somos lo contrario: instrumento de condenación para muchos.
Es ahí cuando hemos de buscar la Gracia de la reconciliación a través del Sacramento de la Reconciliación, con Dios, con los hermanos, y con uno mismo.

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