viernes, 21 de junio de 2019

Hizo grandes cosas

Realmente, me encanta san Pablo cuando habla con tanta fuerza y verdad, porque lo que dice, para muchos, parecerá soberbia, pero en realidad es humildad, porque la humildad no es no reconocer lo que uno es, sino reconocer con claridad lo que Dios ha hecho con uno, y lo que Dios le ha dado a vivir a cada uno. Por eso dice:
"Puesto que muchos se glorían de títulos humanos, también yo voy a gloriarme.
A lo que alguien se atreva - lo digo disparatando -, también me atrevo yo".
¿Por qué no hemos de gloriarnos en lo que Dios nos ha regalado y nos ha permitido vivir en nuestra vida? ¿Por qué no dar gracias continuamente por lo que Dios ha logrado en nosotros y por lo que hemos dejado hacer a Dios en nuestras vidas? ¿Por qué no poder reconocer cuánto ha costado seguir el Camino del Señor y descubrir que en ese Camino hemos sufrido penas, dolores, angustias, pero también alegrías y gozos, y todo eso ha regalado madurez y sabiduría?
San Pablo hace una narración de lo vivido, aunque no creo que haya contado todo, pero en cada una de sus cartas se puede descubrir trazos de su vida, sus penas y alegrías, sus luchas y conquistas, pero sobre todo la verdad con que dice las cosas destacando, siempre, y en cada momento, que todo lo vivido es por Gracia de Dios y descubriendo así que el Padre ha trabajado mucho desde su pequeñez, desde su debilidad, por eso:
"Si hay que gloriarse, me gloriaré de lo que muestra mi debilidad".
Porque en la debilidad es donde puede trabajar, mejor, nuestro Padre Dios. Cuando nos creemos todopoderosos y superhombres, o superapóstoles, entonces Dios no puede hacer nada con nosotros, porque creemos que lo sabemos todo y no damos lugar a que Él pueda guiarnos y modelar nuestras vidas de acuerdo a su Plan de Salvación. Pero cuando, reconociendo quiénes somos y lo poco que tenemos le damos lugar al Padre para modelarnos, entonces Él puede hacer con nosotros grandes cosas, así comenzó la Obra con la Pequeñez de María y la seguirá realizando con los más pequeños de sus hijos.
Y así, en María y en san Pablo, descubrimos que la humildad no es callarnos los progresos que ha realizado en Padre en nuestras vidas, sino reconociendo nuestra pequeñez y debilidad, dejarlo a Él seguir realizando su Obra en nosotros, de la cual tenemos que estar orgullosos y complacidos de lo que nos ha permitido y nos permitirá vivir.

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