lunes, 27 de octubre de 2025

Con un nuevo sentido

"Hermanos:
Somos deudores, pero no de la carne para vivir según la carne. Pues si vivís según la carne, moriréis; pero si con el Espíritu dais muerte a las obras del cuerpo, viviréis.
Cuantos se dejan llevar por el Espíritu de Dios, esos son hijos de Dios".
Desde el día de nuestro bautismo nuestra vida está en manos del Padre, pues hemos sido consagrados a Dios por la Gracia que nos dio el Hijo con su muerte y resurrección y nos envió Su Espíritu para devolvernos la dignidad de hijos de Dios. Una dignidad que debemos conservarla y madurarla a lo largo del tiempo, contando con la ayuda del mismo Espíritu que inhabita en nosotros. Un Espíritu que nos hace descubrir que somos verdaderos hijos de Dios, a imagen del Hijo Unigénito Nuestro Señor Jesucristo.
"Pues no habéis recibido un espíritu de esclavitud, para recaer en el temor, sino que habéis recibido un Espíritu de hijos de adopción, en el que clamamos: «¡Abba, Padre!».
Por esa razón, porque el Hijo nos ha regalado Su Vida para que también nosotros seamos hijo, es lo que Pablo nos habla de vivir de acuerdo al Espíritu Santo y no de acuerdo a la carne, o al espíritu del mundo que nos lleva al pecado y a la muerte.
Nos olvidamos, muchas veces, que debemos recordarnos, cada día, esta verdad que somos para que al despertar podamos ponernos en Manos de nuestro Padre para que sea el Espíritu quien nos vaya guiando y fortaleciéndonos para no caer en las redes del mundo, sino que permanezcamos fieles a la Vida de Cristo que hay en nosotros.
No es tarea sencilla ir contra la corriente del mundo, a veces creemos que no podemos avanzar en el camino de la santidad, pero es porque no lo dejamos al Espíritu conducirnos, no nos ponemos al comienzo de la mañana a tomar conciencia de quienes somos y de lo que necesitamos para ser Fieles, sino que nos hemos acostumbrado a vivir sin el Espíritu porque ya sabemos lo que tenemos que hacer. Sin embargo, cuando al despertar nos ponemos bajo su protección podremos, seguro, hacer las mismas cosas pero desde Dios, consagrar el día al comenzar la mañana es poder hacer las cosas ordinarias de manera extraordinarias porque las hago consagrándolas y entregándoselas al Padre.
Así nuestro día a día, nuestra rutina, ya no nos cansa sino que nos consigue la Gracia y los Dones del Espíritu para hacer que todo lo que hagamos lo hagamos por amor al Padre, al Hijo y al Espíritu, en favor de mi alma y de la conversión de los pecadores. O con cualquier otro deseo o intención con la cual quiera ofrecer el día a día. Y todo tendrá un nuevo sentido.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.