sábado, 11 de octubre de 2025

Amar y respetar y viceversa

"Y el rey les dirá:
“En verdad os digo que cada vez que lo hicisteis con uno de estos, mis hermanos más pequeños, conmigo lo hicisteis”.
Y ¿quienes son los hermanos pequeños del Señor? "Si no os hacéis como niños no entrareis en el reino de los cielos", dice el Señor. "Bienaventurados los pobres de espíritu porque ellos heredarán el reino de los cielos", dice el Señor. Y así podemos ir viendo que todo los que aceptamos el reino de los cielos podemos llegar a ser los hermanos pequeños del Señor.
Cuando aceptamos que sólo el Señor es el Señor, nos hacemos pequeños ante Él, y cuando reconocemos que Él es nuestro Padre, entonces permanecemos siendo hijos ante Él. Cada uno de los hijos de Dios, cada uno de los que han recibido el Espíritu de Cristo, llegamos a ser los hermanos pequeños de Jesús, y así Él está en el corazón de cada uno de ellos.
Pero, también está en el corazón de aquellos que no lo han llegado a conocer, de los que viven en la pobreza cierta y segura de la vida, como dice el Papa León en la exhortación Dilexi Te: La condición de los pobres representa un grito que, en la historia de la humanidad, interpela constantemente nuestra vida, nuestras sociedades, los sistemas políticos y económicos, y especialmente a la Iglesia. En el rostro herido de los pobres encontramos impreso el sufrimiento de los inocentes y, por tanto, el mismo sufrimiento de Cristo. Al mismo tiempo, deberíamos hablar quizás más correctamente de los numerosos rostros de los pobres y de la pobreza, porque se trata de un fenómeno variado; en efecto, existen muchas formas de pobreza: aquella de los que no tienen medios de sustento material, la pobreza del que está marginado socialmente y no tiene instrumentos para dar voz a su dignidad y a sus capacidades, la pobreza moral y espiritual, la pobreza cultural, la del que se encuentra en una condición de debilidad o fragilidad personal o social, la pobreza del que no tiene derechos, ni espacio, ni libertad.
Por lo tanto, como no podemos ver con los ojos de nuestro cuerpo quiénes son los pobres, quienes son los hermanos pequeños del Señor, tenemos que aprender a amar sin mirar a quien, tenemos que saber respetar al otro simplemente por ser otro, porque el otro, como yo tiene los mismos derechos y obligaciones, y tiene el mismo deseo de que lo amen y respeten como al mismo Señor y Dios.

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