miércoles, 29 de octubre de 2025

Llamando a la Puerta

«Esforzaos en entrar por la puerta estrecha, pues os digo que muchos intentarán entrar y no podrán. Cuando el amo de la casa se levante y cierre la puerta, os quedaréis fuera y llamaréis a la puerta diciendo:
“Señor, ábrenos”; pero él os dirá:
“No sé quiénes sois”:
Muchos creemos que el Señor es tan bueno que siempre nos perdonará, que no hay problema y que podemos hacer lo que queramos porque confiamos en su Misericordia que es infinita. Todo eso está bien pero... nos olvidamos de todo aquello que Él nos dice acerca del día del encuentro definitivo con Él, como en este pasaje del Evangelio, y eso nos tiene que dar a pensar ¿seré tan bueno y he actuado tan bien como para que el Señor me abra la puerta cuando me encuentre con Él? o ¿Habré hecho algunas cosas que no han estado tan bien como para que el Señor no abra la puerta al llegar al Cielo? ¿Diré igual que aquella gente...?
"Entonces comenzaréis a decir:
“Hemos comido y bebido contigo, y tú has enseñado en nuestras plazas”. Pero él os dirá: “No sé de dónde sois. Alejaos de mí todos los que obráis la iniquidad”.
Es que, más de una vez, nos hemos portado mal con el Señor, al portarnos mal con nuestros hermanos: hemos hablado de más, hemos difamado al prójimo, no hemos respetado sus opiniones, no hemos respetado su vida, hemos sembrado cizaña, etc. etc., todas esas cosas y muchas más somos capaces de hacer y quedarnos muy tranquilos con lo que hemos hecho, sabiendo que cuando nos confesemos el Señor nos perdonará.
Y ¿estás seguro que el Señor te perdonará por el daño que le has causado a tu hermano? ¿Tus palabras y gestos estás seguro que han sido la verdad y que has actuado con misericordia como quieres que el Señor actúe contigo? ¿No has sido acaso malicioso con tus palabras y gestos para con tu hermano, para con tu prójimo?
¿Qué es lo que quiere decir el Señor en este Evangelio? Que no nos quedemos solamente con que lo hemos escuchado y que ha estado por nuestra casa, que hemos ido a misa y que hemos rezado el rosario, sino ¿qué efecto ha causado todo eso en nuestra alma? ¿En verdad he actuado siempre con amor hacia mi prójimo? ¿He tenido las actitudes y las palabras de Jesús? ¿He amado como Jesús me ha amado? ¿He perdonado como Jesús me ha perdonado? Por eso, antes que tengamos que llamar a la Puerta de Jesús busquemos arrepentirnos y reconciliarnos con todos para que Él no tenga nada que decirnos y nos pueda abrir la Puerta al Paraíso.

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