lunes, 20 de octubre de 2025

Ricos y pobres ante Dios

“Haré lo siguiente: derribaré los graneros y construiré otros más grandes, y almacenaré allí todo el trigo y mis bienes. Y entonces me diré a mí mismo: alma mía, tienes bienes almacenados para muchos años; descansa, come, bebe, banquetea alegremente”.
Pero Dios le dijo:
“Necio, esta noche te van a reclamar el alma, y ¿de quién será lo que has preparado?”.
Así será el que atesora para sí y no es rico ante Dios».
Ser rico ante Dios es la mejor de las riquezas, pero ¿cómo se hace eso? No es que tengamos que tirar por la ventana todos los bienes que hemos alcanzado durante la vida, sino saber que todo eso viene de Dios pues es Él quien nos ha dado los dones con los que hemos podido alcanzar tales y cuales bienes. Lo que pasa que, muchas veces, alcanzar, hoy en día y siempre, todos los bienes que queremos nos va quitando vida, no nos va dejando vivir lo que Dios quiere que vivamos, nos centramos tanto en tener que nos olvidamos de ser.
También es cierto que hoy en día no solo nos ocupamos del tener, sino que, también, nos preocupa el aparentar. Si, hoy es más la gente que aparenta tener que lo que tiene, y eso también es una pobreza ante Dios porque renegamos de lo que somos o de lo que tenemos y buscamos dar una imagen diferente de lo que somos, es decir, mentimos sobre quienes somos.
La vida del mundo y su forma de actuar nos lleva, más de una vez, a mentir sobre nuestra forma de ser, de pensar, de vivir y eso también va en contra de lo que Dios quiere de nosotros, porque nos esclaviza a un ritmo de vida que no es el que deberíamos vivir.
Cuando nos dejamos guiar por el Espíritu y vamos buscando la Voluntad de Dios para nuestras vidas no tenemos que estar ni aparentando ni acumulando nada, porque quien busca la Voluntad del Padre e intenta, con la Gracia del Espíritu, ser Fiel a Dios su vida se va llenando de todo aquello que le hace falta para alcanzar la santidad. Es ahí cuando nuestra vida se enriquece porque va alcanzando la plenitud de su ser, de su vida, de aquello que realmente le hace ser lo que debe ser, y no tiene necesidad ni de aparentara ni de acumular, porque el que es Fiel al Padre va recibiendo y va entregando, y cuanto más se entrega a los hermanos más recibe. Así los bienes que recibo de Dios serán bienes para mi alma y no males que me alejen del camino que Dios quiere para mi vida, el camino que me conduce a la salvación de mi alma.

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